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Pleitos tengas y los pagues

26 ene 2012
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Si alguien pensaba que Gallardón se aburriría en el ministerio sosote que le había tocado, ya ven que no. Si cuando era alcalde sus palabras talismán eran “transformar” y “modernizar” (y ya saben los madrileños en qué consistía), ayer volvió a pronunciarlas, pero esta vez aplicadas a la Justicia.

Gallardón llegó a Justicia, agarró todas las carpetas que encontró sobre la mesa y decidió menearlas con energía. Quién dijo que Justicia es un ministerio aburrido: aborto, cadena perpetua revisable, ley del menor, despolitización en la elección de jueces, y el copago-repago.

El argumento para esta última medida es ya un clásico: al ser gratis, hay abusos. Ya saben: igual que hace falta copago sanitario por tanto jubilado que va al médico por vicio, para echar un rato de charleta con el doctor y hartarse de medicamentos gratis; hace falta cobrar más por los recursos judiciales porque hay gente que va al juzgado por vicio, para echar un rato de charleta con el juez y hartarse de sentencias gratis.

Pleitos tengas y los ganes, suele decirse a modo de maldición, y con toda la razón, como saben quienes han pasado por un juzgado, incluso si ganaron. No conozco a nadie que pleitee por gusto, ni por gratis (entre tasas, abogado, procurador, trámites y tiempo perdido sale caro), ni porque sea una vía fácil y rápida. Más bien acudimos a los jueces por falta de mecanismos de solución de conflictos al margen de la vía judicial. No tenemos cultura de mediación (ni recursos suficientes), de modo que si te divorcias, te despiden, te peleas con los vecinos o te sanciona el ayuntamiento, acabas en el juzgado.

Por supuesto, la medida reducirá la litigiosidad. Si en segunda instancia pierdes, y encima te cuesta más dinero, olvídate de seguir recurriendo. Es cierto que a veces te acaban dando la razón en el Constitucional o en Estrasburgo, pero muy convencido tendrás que estar a partir de ahora. En cambio, quienes más dinero tienen, y que son los que recurren por sistema para retrasar resoluciones en firme y forzar acuerdos, no tendrán problema en seguir de charleta con el juez.

Un, dos, tres, copago de qué

05 dic 2011
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Como en aquel Un, dos, tres… de nuestra infancia, estos días alguien ha formulado la pregunta y todos responden: “Por 25 euros, díganme servicios públicos a los que aplicar el copago, como por ejemplo la sanidad. Un, dos, tres, responda otra vez”. La sanidad… Los fármacos… Las autovías… La justicia… Los servicios sociales… La educación… El acceso al centro urbano… Las carreteras… “No, esa no vale, que ya la han dicho”. “Que no, que eran autovías, yo me refiero al resto de carreteras”. “Ah, entonces sí vale”.

La competición está abierta, y estos días todos se apuntan al Un, dos, tres, copago de qué, rivalizando por quién inventa la tasa más ingeniosa. A las voces que ya defendían el copago sanitario se unen otros: el subdirector de Tráfico pide peajes para circular; los jueces decanos proponen tasas judiciales “disuasorias”; varios ayuntamientos plantean pagar por servicios sociales… Y para llevarse el premio gordo, días atrás se rumoreaba un documento de CEOE pidiendo el “copago generalizado”, para acabar antes.

La veda está abierta, y estos días el cielo se llena de grandes globos sonda. Algunos acabarán en la estratosfera o pinchados, pero otros tomarán tierra y se harán realidad, pues para eso sirve cruzar líneas rojas (y la sanidad lo era): para que todo lo que queda por detrás de la línea sea pan comido. Ese es otro de los riesgos del copago sanitario: que si se implanta en algo tan sensible, todos los demás copagos vendrán solos.

Pasamos a la segunda pregunta: “Por 25 euros, díganme eufemismos para no decir copago, como por ejemplo tasa disuasoria. Un, dos, tres, responda otra vez”. Tasa disuasoria… Ticket moderador, propone Mas… Tasa pedagógica, sugieren los jueces decanos… Repago, grita un ciudadano cabreado… “No, esa no vale, tienen que ser eufemismos positivos”. “Ah, usted perdone.”

Llegamos a la última pregunta: “Por 25 euros, servicios en los que puede funcionar la colaboración público-privada, como por ejemplo la sanidad.” “Oiga, pero, ¿eso no es un eufemismo para la privatización de toda la vida?” “Hala, descalificado, por listo.”

El copago, a sorbitos

30 mar 2011
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“En ningún momento hablé de copago sanitario, dije que había que ser valiente y aplicar medidas.” -Ramón Luis Valcárcel, presidente de la Región de Murcia-

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Después de tantas veces como se abre y reabre el debate sobre el copago sanitario, y la manera en que suele cerrarse con desmentidos y promesas de jamás de los jamases, tengo dos cosas claras: una, que más pronto que tarde habrá copago. Y dos, que cuando eso ocurra no se llamará copago, tendrá otro nombre y nos jurarán y rejurarán que aunque lo parezca no es copago, es otra cosa.

El del copago es un globo sonda frecuente, pero de vuelo cortísimo: apenas levanta del suelo, corren a pincharlo, en ocasiones el mismo que lo ha inflado, como ayer el presidente murciano. Y sin embargo, no pasa mucho tiempo sin que vuelva a cruzar el cielo brevemente el globo del copago.

Parece como si se hubiesen puesto de acuerdo para que cada vez lo lance uno, y que no pasemos mucho tiempo sin sobresalto: unas veces le toca a un dirigente, otras un experto, la siguiente un organismo nacional o internacional, otro día aparece un estudio… Y aunque en todas las ocasiones se apresuran gobierno y oposición a rechazarlo, ahí queda, y va haciendo su labor de zapa.

Porque tras cada globo pinchado queda claro que no hay ambiente para el copago –que en realidad habría que llamar ‘repago’, pues pagaríamos dos veces-; pero los desmentidos siempre van seguidos de llamamientos al debate sobre la financiación sanitaria, lo insostenible del sistema, la obligada revisión de la cartera de prestaciones, etc.

No digo que no haya que debatir sobre la sanidad, incluida su financiación. Pero en esto, como en otras materias sociales, estamos en el peor momento para abrir debate, pues como ha pasado en las pensiones o el empleo, toda reforma sería a peor, a menos, e irreversible.

Está claro que una reforma sanitaria que afecte a su carácter universal, público y gratuito es una medicina muy dura de tragar, y que provoca en el cuerpo social intolerancia, irritabilidad, ardores y descomposición entre otros efectos secundarios. De ahí que nos vayan dando sorbitos espaciados para que el cuerpo vaya tolerando el jarabe. Aunque visto lo que cuesta tolerarlo, más que una medicina parece un veneno.