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Trece horas poniendo naipes

22 feb 2012
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Esos malditos griegos, no contentos con malgastar nuestro dinero, contagiarnos su crisis de deuda, poner en riesgo el euro y hacer que los pobres bancos renuncien a parte de lo prestado, además de todo eso hacen perder a los ministros europeos un tiempo precioso que bien podían emplearlo en arreglar sus propios países: trece horas duró la reunión del Eurogrupo.

¡Trece horas! ¿De qué pueden hablar los ministros durante trece horas, teniendo en cuenta que antes ya hubo contactos telefónicos, intercambio de papeles, reuniones preparatorias de técnicos y varias cumbres? Yo se lo explicaré: trece horas es lo que se tarda en levantar un enorme castillo de naipes y que te aguante en pie al menos un par de semanas. Al salir de la reunión los ministros contenían la respiración y cerraban la puerta despacito, para que no se cayese.

Dice la declaración resultante que con el rescate, la quita y el ajuste, la deuda griega se reducirá al 120,5% de su PIB en 2020. ¿Cuántas cumbres del tipo “Grecia y el euro se salvan en el último minuto” caben de aquí a 2020? ¿Cuántas reuniones de trece horas? ¿Cuántos nuevos planes de rescate en esos ocho años?

Lo previsible es que el nuevo castillo de naipes no aguante mucho en pie, pues se apoya sobre demasiados “si”: se cumplirá si todos los acreedores aceptan la quita, si el FMI aporta una suma importante, si el gobierno griego aprueba todos los ajustes y reformas exigidos, y el ‘si’ más importante e improbable: si la economía griega se recupera y empieza a crecer en un par de años, algo que nadie se cree, pues las propias exigencias del rescate son una condena a la recesión más profunda.

El castillo de naipes sólo tiene una parte sólida, de cemento: la pérdida de soberanía de Grecia, sometida a un control propio de país perdedor de una guerra: no podrá tocar un euro sin que lo apruebe la Troika, que se instalará permanentemente en Atenas; el dinero se destinará a los acreedores antes que a los ciudadanos; y los partidos se comprometen a aplicar el programa gobierne quien gobierne. Se entiende que los griegos no salgan a la calle a celebrarlo.

La olla empieza a soltar vapor

21 feb 2012
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Parece de justicia que las primeras cabezas abiertas de la crisis sean en Valencia, que los primeros puntos de sutura a manifestantes se cosan en el cuero cabelludo de valencianos. Tanto decir que esta comunidad es la Grecia de España por la situación de quiebra en que la han dejado años de corrupción y despilfarro, que lo esperable era que las primeras escenas atenienses se produjeran en las calles valencianas, aunque sea (por ahora) a pequeña escala.

También es de justicia que las primeras cabezas abiertas sean de estudiantes, y cuánto más jóvenes, más acertado: son ellos, los hoy adolescentes, las mayores víctimas de la crisis y las políticas contra la crisis. Mientras sus padres tienen más o menos resuelta ya la pensión futura, y sus hermanos mayores todavía pueden aspirar al mileurismo, ellos sufrirán de inmediato el deterioro del sistema educativo, para el día de mañana ser arrojados a un mercado de trabajo salvaje, con ofertas de empleo irrenunciables en Laponia.

Por supuesto, hay que condenar la violencia de estos muchachos. Porque lo suyo es violencia pura y dura, y merece jarabe de porra. Ya saben cómo va esto: cortar la calle es violencia; recortar el presupuesto educativo no es violencia; manifestarse sin autorización administrativa es violencia; hacer pagar a la comunidad educativa tu mala gestión de décadas no es violencia.

Quien no quiera verlo, que siga con los ojos cerrados, que piense que lo de Valencia son sólo un puñado de alborotadores, juegos de adolescentes que encuentran diversión en correr delante de la policía. Otros en cambio vemos en el pequeño estallido valenciano un chorro brusco de vapor que sale de la olla a presión en que están convirtiendo este país, con cada vez más colectivos cabreados, cada vez más gente al límite de su paciencia, y cada vez más ciudadanos que, como en Grecia, ven con desesperación que su protesta pacífica es desoída.

La temperatura de la calle está subiendo, y quien no lo vea y se entretenga en echar cuentas de manifestantes (como ayer Cospedal con las protestas del domingo pasado), acabará quemándose.

Menos cerebro, más alma

20 feb 2012
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Aparte de un país empobrecido y desigual, la crisis nos está convirtiendo en un país descerebrado: la “fuga de cerebros” va en aumento, para desgracia de nuestro futuro. Ya saben de qué hablo: la marcha de miles de investigadores a otros países, una emigración científica que irá a más en los próximos tiempos, a la vista de los recortes que ya afectan a todo tipo de instituciones y programas, y a la espera del tiro de gracia en los presupuestos generales.

La fuga llega tras unos años en que presumíamos de que por fin, tras una larga historia de atraso científico, nos subíamos al tren de la investigación, con nuevas promociones de estudiantes que no iban a pensar eso de que “investigar en España es llorar”, y sobre todo con el regreso a casa de unos cuantos cerebros ilustres que habían hecho su carrera allende, y a los que el gobierno español ponía alfombra roja y los recursos necesarios para que, en expresión de un ministro optimista, emulásemos en el terreno científico los éxitos de nuestros deportistas.

Pero está visto que la ciencia aquí es un lujo que sólo podemos permitirnos cuando nos sobra el dinero y no sabemos ya en qué gastarlo, en vez de un suelo firme sobre el que levantar ese nuevo modelo económico del que tanto hablan los gobernantes, tan amigos de pronunciar esas siglas mágicas, I+D.

Leo una noticia sobre la fuga de cerebros que comparte página con otra sobre la recaudación de la Iglesia Católica en el IRPF. El contraste es inevitable: mientras en cerebro flaqueamos, el alma está fuerte como un roble. El alma católica, se entiende, pues aparte de la engañosa casilla del IRPF (que los científicos proponen copiar, a ver si los contribuyentes están por el cerebro tanto como por el alma), la iglesia es una de las pocas instituciones, si no la única, que se salva de los recortes. Mientras para la ciencia no hay dinero, los obispos siguen recibiendo lo suyo (que es lo nuestro), vía impuestos, programas, ayudas, conciertos y las generosas exenciones fiscales de que siguen gozando.

Lo dicho: seremos un país sin cerebro, pero a alma no nos gana nadie.

Grandes éxitos contra la crisis

17 feb 2012
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Recapitulemos, para apreciar en su totalidad la lista de los éxitos más recientes. En primer lugar, el gobierno despliega una agenda de reformas para hacer eso que Rajoy dice que sabe que hay que hacer: recortes, subida de impuestos, reformas, estabilidad presupuestaria… Todo lo necesario para recuperar la confianza. Resultado: aunque durante unas semanas parecía que nos sonreía la fortuna, seguimos donde estábamos, con la prima de riesgo disparada, mientras el Tesoro Público, tras unas pocas subastas favorables, vuelve a pagar intereses más altos.

Siguiente éxito: el problema financiero que estrangula la economía. El gobierno lo aborda con una reforma para sanear nuestra banca y que siga siendo esa banca campeona de la que estábamos tan orgullosos. Y ahí está: el mismo día en que el Congreso aprueba la reforma, los bancos se hunden en Bolsa, y Moody’s anuncia que revisará la nota de 21 entidades españolas. En cuanto al crédito, nadie confía en que vaya a fluir, sobre todo teniendo en cuenta que los bancos se están limitando a hacer ajustes contables mientras la gran balsa tóxica sigue ahí.

El próximo éxito, a la vista de los resultados a corto plazo de las anteriores medidas, parece obvio: la reforma laboral. ¿Adivinan cómo será la próxima EPA? La próxima, y la siguiente, y la de más allá, pues el gobierno ni se molesta en convencernos de que la reforma tenga algo que ver con la creación de empleo, y da por perdidos los próximos dos años. Y el mismo futuro triunfal podemos esperar del crecimiento, el consumo y hasta el sagrado déficit.

Por supuesto, el repertorio de éxitos no es exclusivo de este gobierno, tras el brillante palmarés del anterior; ni de este país, visto cómo le va a los vecinos.

Ante tal colección de victorias, caben varias explicaciones: echar la culpa a los griegos; insistir en que el problema de las reformas y ajustes es que siguen siendo insuficientes (hasta la reforma laboral se ve ya insuficiente, tras olvidar el derecho de huelga); o reconocer que son esas políticas las que nos llevan de derrota en derrota hasta la recesión final.

Para qué sirve Grecia

15 feb 2012
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Ya pueden estar tranquilos los griegos, que Europa no abandonará al país. Lo mantendrá colgando del abismo, agarrado por los pelos y siempre a pocos minutos de la quiebra total, pero no permitirá que se hunda del todo, pues Grecia hoy cumple una función esencial en Europa. La imagen de un país roto, asfixiado, sometido a chantaje, despojado de su soberanía, con la población sufriendo sucesivas vueltas de tuerca y las calles incendiadas, tiene varias utilidades.

Para los gobernantes, es la oportunidad de usar el ‘coco’ griego para convencernos de que hay que portarse bien, hacer los deberes y cumplir el déficit, que si no ya ves los griegos, cómo han acabado por su mala cabeza. “Miren lo que pasa en Grecia hoy mismo”, decía Sarkozy a los franceses el lunes: “¿quién querría que Francia estuviera en la situación de Grecia?”.

Los apóstoles del shock también sacan provecho a la situación griega: es un laboratorio en condiciones reales, con los ciudadanos como cobayas, para probar hasta dónde es posible liquidar, empobrecer y humillar un país sin que salten las costuras. Sí, quemaron edificios, tiraron piedras, pero la vida sigue, y bajo el ruido y el humo Grecia no ha conocido aún un estallido social, así que seguiremos apretando para ver hasta dónde aguanta.

En cuanto a los ciudadanos europeos, la enseñanza de Grecia cae por su propio peso: “Ya ves para lo que sirve protestar, sólo para romperlo todo, pero sin conseguir nada”. “Para qué vamos a hacer una huelga, los griegos llevan unas cuantas y nada.” E incluso: “Bueno, la reforma laboral es dura, pero no estamos tan mal, peor están los griegos…”

Lo de que no consiguen nada no es del todo cierto. No han parado los recortes, pero en la última votación hubo 43 diputados desertores, y Papademos está sudando para sacar adelante su plan. Y en la policía empiezan a aparecer agentes que no están dispuestos a seguir gaseando a sus vecinos, como ese sindicato policial que pidió el arresto de la Troika. Y en todo caso, la lección para nosotros debería ser otra: “Los griegos solos no pueden. Necesitan nuestra ayuda.”

Marx is back

13 feb 2012
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Desde hace tres años, en el cementerio londinense de Highgate se oye por las noches una risa atronadora que hiela la sangre a los vigilantes. Atraído por el caso, nuestro Iker Jiménez hizo noche entre las lápidas y localizó el origen de las carcajadas: salen de la tumba del más ilustre de los inquilinos de Highgate: Karl Marx.

Marx ha vuelto, como se titula el último libro de Daniel Bensaïd, que viene a decirnos lo que muchos ya sospechábamos: que el pensador de Tréveris está más vivo que nunca, y la quiebra del capitalismo nos lleva a revisar su obra, donde ya se anticipaban crisis como esta. No estaba muerto, ni de parranda, ni tampoco es otro zombi. Más bien lo enterraron vivo, prematuramente, y ahora, cuando el capitalismo global degrada por igual el planeta, las condiciones de vida y su propia supervivencia, está de vuelta. En las librerías se multiplican las ediciones resumidas de El Capital, y todo tipo de títulos que actualizan su obra, al tiempo que cada vez más gente emplea términos proscritos del lenguaje político durante demasiados años en los que decir “lucha de clases” te hacía pasar por trasnochado.

Como sus sepultureros sabían que no estaba muerto, se ocuparon de echar sobre su tumba varias capas de hormigón, en forma de tópicos difamantes para que nadie se acercase a su tumba, no sea que le oyesen removerse en el ataúd. Ya conocen esos tópicos, pues hemos crecido con ellos: el marxismo pasó a la historia, fracasó como sistema político, llevó miseria y terror a millones de personas, es incompatible con la libertad y la democracia, reduce todo lo humano a cuestiones económicas, ya no hay lucha de clases ni tampoco clase obrera, creó monstruos como Stalin…

A refutar una por una todas esas críticas y devolver toda su frescura al marxismo original se dedica un libro formidable cuyo título ya es una declaración: Por qué Marx tenía razón, de Terry Eagleton, que además funciona como introducción asequible al pensador que mejor comprendió el funcionamiento de ese mismo capitalismo que hoy intenta refundarse a nuestra costa. Léanlo, y rían con él.

¿Será “agresiva” la respuesta?

11 feb 2012
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Como ya sabemos lo que piensan en la intimidad nuestros gobernantes, cuando creen que el micrófono está cerrado y presumen de agresivos ante sus colegas europeos, estaría bien contar también con micrófonos traicioneros en otros lugares, ahora que ya conocemos la reforma laboral.

Por ejemplo, en los despachos de los sindicatos, para ver qué opinan en la intimidad de lo aprobado ayer. Así veríamos si dicen, parafraseando al ministro: “vamos a hacer una huelga general extremadamente agresiva”. O si, por el contrario, temen convocar una huelga de trámite que sólo sirva para que Rajoy la exhiba en Bruselas como prueba de su dureza.

Para salir de dudas, los sindicatos querrían a su vez contar con otros micrófonos igualmente traicioneros, colocados en los pasillos de las empresas, los vestuarios, junto a la máquina del café o en la puerta a la hora del pitillo. Así sabrían qué piensan en la intimidad los trabajadores: si dicen, como el pillado Rajoy, que “esta reforma le tiene que costar una huelga general al gobierno”; o si se impone el “virgencita, que me quede como estoy”.

No sabemos qué respuesta darán hoy los sindicatos, ni si el ánimo (o desánimo) colectivo da para convocar una huelga general que merezca tal nombre. Aplicando una elemental regla de tres, la convocatoria debería ser automática: si la reforma de 2010 provocó una huelga, la de ayer también debería, pues es una prolongación de aquella, e incluso va más lejos: generaliza el despido de 33 días, y sobre todo facilita el low cost de 20 días, cuya condición de tres trimestres con menos ingresos la cumple cualquier empresa hoy.

Pero las matemáticas de la protesta no son tan sencillas, y desde aquella huelga de 2010 ha llovido mucho. En algún caso para bien, con el 15-M; pero sobre todo ha llovido para mal, y los trabajadores estamos ya calados y tiritando de tanto chaparrón de reformas, recortes, paro y deterioro. Que lo aprobado es un ataque a los derechos laborales, qué duda cabe. Que baste para una movilización que no han logrado las sucesivas vueltas de tuerca de los últimos años, está por ver.

¿Quebrar Grecia? ¿Más todavía?

09 feb 2012
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Cada vez que oigo eso de “Grecia negocia contrarreloj para evitar la quiebra”, me hago siempre la misma pregunta: ¿Quebrar Grecia? ¿Es que puede quebrar más todavía?

Ah, ya entiendo: hablan de la quiebra formal, de cara a la banca y los inversores, esa declaración de bancarrota que pondría en problemas a los bancos acreedores y a la zona euro, y que los dirigentes europeos intentan evitar a toda costa, no por compasión, sino porque mientras los carroñeros sigan cebándose con ese cadáver no picotearán demasiado en otros países.

Porque al margen de esa quiebra técnica, que no acaba de descartarse, el país no puede estar ya más quebrado. Tenemos por un lado la quiebra económica, con un país arruinado y al que el tratamiento recetado por Europa condena a no poder andar solo durante muchos años. Por otro lado, la quiebra social, con una ciudadanía abandonada a su suerte, víctima de una política de tierra quemada que extiende la miseria e hipoteca el futuro de varias generaciones.

Está también, no menos importante, la quiebra democrática: un gobierno obligado a renunciar, un Parlamento sometido al chantaje de la ‘troika’, y un gobierno tecnocrático impuesto que pese a todo no consigue los resultados esperados. Si falla también Papademos, si ni con él se dejan torcer el brazo tanto como se les exige, ¿qué será lo siguiente? ¿Bastará con imponer un comisario europeo que administre el país, como piden algunos en Alemania? ¿O habrá que ocuparlos militarmente?

Teniendo quebradas la economía, el Estado, la sociedad, la democracia, la soberanía y el futuro, ¿qué será lo siguiente que le rompan? ¿Cuál será la siguiente quiebra, como pago para evitar la Quiebra con mayúscula? ¿La quiebra territorial, perdiendo unas cuantas islas, como ya se insinuó en su día? ¿La quiebra patrimonial, subastando sus riquezas arqueológicas? ¿La quiebra nacional, disolviendo el país y dividiendo sus pedazos entre los acreedores para que hagan con ellos lo que quieran (montar un Las Vegas, por ejemplo)?

Tal vez Grecia logre al final salvarse de la quiebra, sí. Grecia, o lo que quede de ella.

La marea negra de los recortes

07 feb 2012
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En las aguas revueltas que vivimos, abundan las mareas de colores, cada una agrupada en una causa: la marea verde por la educación pública, la marea blanca por la sanidad pública, la marea violeta contra los recortes en igualdad, o la marea amarilla de los bibliotecarios.

Pero por desgracia, el color de moda es otro: el negro. Para marea, la marea negra que tiñe comunidades autónomas y ayuntamientos y que amenaza con cubrir de chapapote todo lo público, a base de reducciones presupuestarias y de personal, cierre de servicios, deterioro de la calidad y privatizaciones. Una marea pegajosa que no respeta nada, que ennegrece las líneas que antes eran rojas y se lleva por delante todo aquello que creíamos intocable.

¿En qué momento lo público pasó a ser parte del problema? Porque si no recuerdo mal, en el origen de la crisis no estaba el sector público, ni mucho menos estaban la sanidad o la educación públicas. Antes bien, los problemas presupuestarios de las administraciones no son causa, sino consecuencia de la crisis, debido a la caída de la actividad económica, la consiguiente reducción de ingresos, y el esfuerzo hecho por los estados para rescatar el sector financiero y la economía tras el estallido.

A partir de ahí, los ideólogos del shock han hecho de la necesidad virtud, y están aprovechando la crisis –y el pánico colectivo por la misma- para llevarse por delante un Estado de Bienestar que, en el caso de España, aún no había remontando su retraso histórico cuando ha empezado a ser desguazado.

Por ahora, la defensa de lo público la estamos dejando en manos de sus trabajadores, que sostienen las mareas de colores frente al empuje de la marea negra. Pero lo público es –hay que recordarlo, por obvio que parezca- cosa de todos, no sólo de sus trabajadores. Estos días se suceden las convocatorias de protesta. Esta tarde salen a la calle los trabajadores públicos en Madrid, el sábado la comunidad educativa catalana, y muchos más. La única forma de levantar un dique contra la marea negra es sumarnos todos: padres, alumnos, pacientes, usuarios, ciudadanos.

Necesitamos bancos fuertes

05 feb 2012
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Ya saben eso que se dice: si debes mil euros al banco, tienes un problema; pero si debes mil millones, el problema lo tiene el banco. Para actualizarlo habría que añadir: si la deuda del banco es de varios miles de millones, el problema es de todo el país.

Más o menos de eso se trata en las sucesivas reformas financieras, incluida esta última: el problema de la banca es un problema nacional, y hay que salvarla para salvarnos todos. De ahí que hagamos lo que haga falta para “sanear” un sector financiero que carga con 175.000 millones en activos podridos. Y ese “lo que haga falta” incluye, por supuesto, aflojar dinero público.

Me hace gracia la insistencia del gobierno, primero en negar, y luego en minimizar las ayudas a los bancos. Tras haber puesto ya varios miles de millones para engrasar fusiones, sostener entidades malheridas y nacionalizar las moribundas, la nueva reforma incluye también dinero público, faltaría más.

“Pero tendrán que devolver las ayudas”, aclara el gobierno, como si tuviéramos que celebrar que sea un préstamo y no un regalo. “Y con intereses”, añaden, como si fuese un castigo para un sector basado en la usura. “Y serán sólo 6.000 millones”, rematan. Ya ven, calderilla, que se suma a los miles de millones ya usados en ayudas y avales. Y eso en caso de que todo salga bien, pues si un banco no levanta cabeza ni por esas, el préstamo se convertirá en acciones (devaluadas) mediante esos bonos CoCos de los que tanto se habla. Y si mañana hace falta, pondremos más dinero, quién lo duda.

El pensamiento oficial da por bueno que el problema de la banca es nuestro problema, y que si a la banca le va mal, nos irá mal a todos (y al revés: si a la banca le va bien, dará créditos fáciles y pisos baratos, ja). El mensaje es claro: hay que fortalecer el sector, sanearlo, hacerlo viable. Pues qué bien: si con una banca debilitada, intoxicada y con no pocas entidades inviables seguimos siendo sus rehenes, devolvámosle el vigor perdido (y con más fuerza, por la concentración) para que siga teniéndonos bien cogidos por donde suele, pero con doble vuelta.