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La foto de la victoria en Libia

31 oct 2011
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Con Gadafi comiendo tierra en algún lugar del desierto, los liberadores ponen hoy punto final al ataque a Libia. La ONU ya ha aprobado la resolución que da por concluida una misión cuyo objetivo, recuerden, era establecer una zona de exclusión aérea para proteger a los civiles. También la OTAN empieza a retirarse del país, aunque suponemos que no lo hará del todo, pues siempre dejamos algún cuartelillo por si otro día hay que volver.

La Alianza Atlántica ha cantado victoria, aunque es cierto que no ha hecho muchas fiestas. “Hemos cumplido totalmente nuestra misión”, dijo el secretario general de la OTAN, Rasmussen, pero nadie se ha hecho una foto con la que ilustrar la victoria, a la manera de aquella fallida imagen de Bush sobre el portaaviones tras la caída de Bagdad. La foto de esta victoria ha quedado más bien fea, y pocos querrán guardarla en el álbum.

En el centro de la foto aparece Gadafi, hecho un guiñapo, golpeado, humillado y por lo visto sodomizado antes de recibir un tiro en la cabeza. Aunque todos le tenían ganas al tirano libio, la imagen de su captura y linchamiento es tan terrible que ha manchado el final feliz. En las esquinas de la misma foto se entreven otros guiñapos, más bien desenfocados pues apenas han recibido atención mediática, y además los tapa el propio Gadafi vejado: los muchos gadafistas, cuyo número ignoramos, muertos bajo las bombas, o directamente ejecutados por los vencedores.

El paisaje de fondo en la misma foto tampoco nos parece de postal: ciudades destruidas (las imágenes de Sirte son terribles), un país fragmentado y amenazado por luchas de poder que pueden estallar en cualquier momento, y un futuro incierto para los libios, que se han librado del tirano pero no deben de contemplar con demasiado optimismo su porvenir tras los precedentes de anteriores liberaciones de la OTAN: ahí están Afganistán e Irak, o incluso más atrás Kosovo, que no levanta cabeza desde que lo liberamos, y donde las mafias campan a sus anchas.

Si las fotos de posguerra suelen ser más bien feas, la de esta nos ha quedado especialmente sucia.

Los días de Gadafi siguen estando contandos

13 jun 2011
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“El tiempo está de nuestro lado, mantener nuestra determinación es importante; los días de Gadafi están contados.” -Hillary Clinton, secretaria de Estado de EEUU-

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¿Recuerdan cuando empezó el ataque a Libia? Yo sí, porque en aquellos días me costaba más de lo habitual entregar mis columnas al periódico. La velocidad de los acontecimientos era tal, que lo que escribía a mediodía tenía que corregirlo por la tarde, al acostarme me arrepentía de lo escrito, y al día siguiente el papel de periódico llegaba amarillento al kiosco.

Te levantabas para ir al baño y a la vuelta los rebeldes habían avanzado otros 200 kilómetros, la OTAN había destruido toda la capacidad de Gadafi, varios ministros desertaban, nuevas ciudades se sublevaban, y se rumoreaba que el dictador estaba herido o había abandonado el país.

Hoy en cambio es al revés: puedo escribir esta columna sobre Libia y dejarla en la nevera una semana, que no tendré que cambiarle una coma. Y es que va para tres meses que los días de Gadafi están contados, y ahí seguimos, contando. La OTAN acaba de ampliar su misión otros tres meses, y España va incluso más allá y no se pilla los dedos con plazos: prórroga indefinida.

Eso sí, no han sido tres meses cruzados de brazos: los bombardeos siguen, aunque no sabemos qué están destruyendo –después de que en los primeros días dijeran que toda la capacidad aérea y de movimiento estaba liquidada-, ni quién los sufre. Los rebeldes, por su parte, ya ejercen de autoridad reconocida, sin que sepamos todavía bien quiénes son. Sobre el terreno ya hay tropas extranjeras, aunque sean mercenarias. Y los países atacantes siguen soltando dinero, para la operación y para los rebeldes.

Y nosotros seguimos allí, en guerra, con nuestros aviones y barcos. Eso sí, sin soltar una bomba, que lo nuestro es la guerra humanitaria.

No creo que Libia sea comparable a Afganistán, donde los talibanes tienen los días contados desde hace diez años. Pero así, con el país dividido, los frentes más o menos estables, los barcos frente a la costa y unos cuantos misiles de vez en cuando, nos podemos pasar una buena temporada, mientras la población que íbamos a proteger sigue sufriendo. A todo esto, ¿cuál era el objetivo? ¿Para qué fuimos a Libia?

 

La decepción de los rebeldes libios

09 abr 2011
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“No pediremos perdón por el ataque. No nos compete a nosotros mejorar la comunicación con los rebeldes.” -Russell Harding, vicecomandante de la OTAN-

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Parece que lo de Libia se complica, por la falta de colaboración tanto de los rebeldes como de Gadafi. Los primeros, porque no son la infantería que la OTAN esperaba para seguir sobre tierra el camino que abriesen desde el aire. Ponen mucha voluntad y celebran con entusiasmo las victorias, pero son incapaces de aguantar una plaza conquistada más de una tarde. Y encima, no desaparece el recelo sobre quiénes son los llamados rebeldes.

En cuanto a Gadafi, tampoco está ayudando mucho al éxito de la misión. Se queja la OTAN de que el libio coloca sus tanques en zonas pobladas, en vez de alinearlos en el desierto para que los aviones puedan practicar el tiro al blanco a placer.

No sabemos si los rebeldes están arrepentidos de haber llamado a la OTAN, pero sí declaran ya su decepción. Ni les dan las armas esperadas, ni les despejan el terreno lo suficiente, y encima están negociando con el dictador bajo la mesa. Además, la operación no ha puesto fin a los ataques de los leales a Gadafi. Y para rematar, el fuego amigo, pues distinguir desde el aire a los buenos de los malos siempre es complicado, y pasa lo que pasa.

En lo único que se han dado prisa los atacantes extranjeros es en organizar la salida de petróleo de la zona oriental. Oficialmente es para garantizar ingresos a los rebeldes, pero nadie explica cómo se va a comercializar. Ahora se entiende que se dieran tanta prisa en reconocer a los rebeldes como representantes legítimos de Libia, para evitar la irregularidad que supondría disponer de los recursos de un país soberano.

No sabemos cómo saldrá la OTAN de este callejón sin salida. Tampoco sabemos si Gadafi caerá, le facilitarán una salida digna o le permitirán seguir en el poder, aunque sea con medio país. Por ahora, lo único cierto es que los rebeldes no van a ganar, no como esperaban. Si Gadafi sigue, ellos pierden. Pero si el dictador es expulsado, o si el país se divide y se quedan con la zona oriental, no será por méritos propios sino por la ayuda extranjera, y estarán en deuda con sus salvadores. Y tengan por seguro que se cobrarán la deuda.

 

Si Gadafi es como Franco, no es el de 1936

26 mar 2011
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“Los escépticos deben recordar lo que hicieron las potencias occidentales cuando la sublevación fascista en España en 1936.” -Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CCOO-

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Se ve que el recurso a Hitler está ya muy gastado tras usarlo con Sadam y Milosevic, así que para crear adhesión emocional en el ataque a Libia han recurrido a otro referente odioso: Francisco Franco, y su golpe de 1936.

El paralelismo lo puso en bandeja el propio Gadafi, cuya incontinencia verbal es sólo comparable a su estrafalario fondo de armario, cuando equiparó su entrada en Bengasi a la de Franco en Madrid. A partir de ahí, líderes y comentaristas en todo el mundo han estirado la comparación para convencernos de que abandonar a los rebeldes libios sería como cuando las potencias europeas dejaron a los republicanos solos contra Franco.

A mí me parece una trampa, dirigida precisamente a la izquierda, y son muchos los que han caído. Pero yo no veo el paralelismo. Aunque Gadafi pueda ser sanguinario como Franco, tampoco sabemos mucho de los rebeldes como para equipararlos a los republicanos, que por cierto no se rebelaron contra nadie.

Desconfío de las analogías históricas, pues la historia no se repite, y de la España de 1936 a la Libia de 2011 va un mundo. Pero además, puestos a buscar paralelismos, el Gadafi de los últimos años se parece más al Franco de los años cincuenta y sesenta que al de 1936.

Tanto Franco como Gadafi fueron inicialmente unos apestados, aislados y proscritos por Europa y Estados Unidos, uno por fascista, el otro por terrorista. Hasta que se convirtieron en socios preferentes de esos mismos países: Franco como aliado estratégico en la Guerra Fría, Gadafi como guardián contra el terrorismo y la inmigración y proveedor de petróleo. No hace falta recordar otra vez el abultado álbum de fotos de Gadafi con los mismos que hoy le bombardean, y que tal vez habrían acudido un día a su funeral de no ser por la revuelta.

Pero además, estos 70 años no han pasado en vano, y entre medias ha habido muchos pueblos aplastados por tiranos con la indiferencia o la connivencia de los mismos que ahora se dicen humanitarios.

Sepan que hoy hay manifestación contra la guerra. Y los convocantes no son precisamente franquistas.

 

Qué harías tú en vez de atacar Libia

22 mar 2011
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“Libia no es Irak, no tiene nada que ver, es una intervención justa y con todas las de la ley. De hecho, es el contraejemplo de Irak.” -Elena Valenciano, secretaria de Política Internacional del PSOE-

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Los partidarios del ataque a Libia se sienten tan seguros, sin las dudas de Irak, que casi no necesitan argumentario. Lo resumen en una pregunta, que lanzan a quienes rechazamos la agresión, y que pretende cerrar el debate: “vale, la guerra es mala, pero ¿tienes tú una alternativa mejor? ¿Qué habrías hecho, permitir las matanzas, mirar para otro lado?”. Pues bien, respondamos.

De entrada, hay que recordar que cruzarse de brazos y mirar para otro lado es repugnante, sí, pero es la norma. No lo justifico, pero invalida el argumento de que era obligatorio hacer algo, pues raramente se hace algo. Piensen en tantos países donde la población está más amenazada que en Libia, y no pasa nada. Un doble rasero más escandaloso cuando afecta a situaciones próximas: la firmeza contra Gadafi se debilita cuando a la vez miramos para otro lado en Bahrein.

En segundo lugar, para no llegar hasta aquí deberíamos haber evitado todo lo anterior. Si hoy tenemos un problema con Gadafi es porque durante años le reímos las gracias. Por tener, Gadafi tiene hasta la Llave de Oro de Madrid, que le entregó Gallardón en acto solemne, con la ausencia digna de los concejales de IU. Ya no sirve lamentarse, no hay vuelta atrás. Pero debería servir para evitar futuros gadafis, y para exigir cuentas a sus amigos de ayer, hoy enemigos.

En tercer lugar: si la guerra es el último recurso, significa que antes se han agotado todas las vías. ¿De verdad se agotaron todas las vías? ¿Se han llegado a explorar siquiera? Más bien parece que desde el principio estaba claro que la única vía era la militar, y no se intentó nada. Hubo propuestas de mediación internacional, como la de Chávez, rechazada y ridiculizada por quienes dicen que han agotado todas las vías.

Y un último argumento: una matanza no se evita con otra matanza. Tenemos muchos precedentes para dudarlo. De los muertos de Gadafi sólo sabemos de oídas, no hemos visto muchos. En cambio empezamos a ver cadáveres bajo nuestras bombas. Ah, claro, son partidarios de Gadafi, merecen ser eliminados.

 

No paremos la matanza con una matanza mayor

19 mar 2011
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“España, como miembro de la comunidad internacional, va a estar en disposición de tener una contribución importante.” -José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno-

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Si cuando lean esta columna no han empezado aún los ataques sobre Libia, tengan por seguro que no tardarán. Si hace una semana advertíamos de lo difícil que es devolver a sus bases barcos, aviones y soldados cuando ya se han puesto en camino, ahora con la resolución del Consejo de Seguridad hay motivo añadido para no volver atrás: no todos los días se encuentra uno con una autorización de la ONU, no la vamos a desperdiciar.

Por si teníamos poco con la amenaza nuclear en Japón, la crisis económica, una guerra abierta en Afganistán y otra mal cerrada en Irak, abrimos otro frente, y en nuestro charco trasero, el Mediterráneo, justo cuando toda la región anda más revuelta.

Gadafi no merece ninguna defensa. Sus últimos desvaríos comparándose con Franco no nos lo hacen precisamente simpático, pero estamos en lo de siempre: nuestras bombas no le van a despeinar, y serán otros los que reciban el castigo. Los soldados y mercenarios en primer lugar, que pasan a la categoría de aniquilables; pero también la población civil libia, y probablemente los propios rebeldes que hoy piden bombardeos, y que algún día se arrepentirán de haber pedido ayuda.

Tenemos ya experiencia sobrada en guerras ‘humanitarias’ como para prever lo que pasará: un arranque peliculero, con imágenes de videojuego y discurso triunfal, y luego empezará el goteo de “daños colaterales” con muertos y mutilados, pero también daños no tan colaterales en infraestructuras civiles, viviendas y todo lo que se ponga a tiro.

Kosovo, Irak, Afganistán. Algo podrían contarnos los habitantes de los tres países sobre intervenciones militares que, además de no conseguir los objetivos iniciales (frenar las matanzas, encontrar las armas de destrucción masiva, atrapar a Bin Laden), multiplican el sufrimiento de la población, condenada a un largo período de violencia, pobreza e inestabilidad.

Parece que de una vez para otra se nos olvida: una matanza no se para con una matanza mayor, los pueblos no se liberan a bombazos ni la democracia se impone con las armas. No a la guerra. A ésta tampoco.

 

¿Sólo falta poner nombre al ataque a Libia?

08 mar 2011
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“Es una crisis humanitaria en nuestro patio. No puedo imaginar que permanezcamos al margen si continúa.” -Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN-

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En el Mediterráneo se está rifando un bombardeo, y Gadafi lleva todas las papeletas. Bueno, Gadafi no: los libios, que serán los que sufran los humanitarios misiles si la OTAN decide salvarlos.

Se está rifando, y no sé si queda tiempo para detener la tómbola, porque veo muy lanzados a los partidarios de la intervención. No sólo se multiplican las declaraciones públicas y los contactos entre países para, como mínimo, establecer una zona de exclusión aérea. Además los preparativos militares siguen adelante, por si acaso.

Según contaba Al Yazira, Malta es ya el centro de operaciones, donde se está preparando todo lo necesario para una posible intervención. Y desde hace días los aviones de vigilancia AWACS sobrevuelan la región. A lo que se suma un confuso incidente con militares británicos sobre el terreno.

El ardor guerrero y los movimientos de tropas y armamento tienen siempre un punto de no retorno, cruzado el cual ya no hay más remedio que seguir adelante y llegar hasta el final. Lo que cuesta poner en marcha un ejército no es nada comparado con lo que cuesta detenerlo una vez echa a andar. Uno empieza a mover barcos, aviones y soldados, y a partir de cierto volumen ya no hay quien los devuelva a casa. No sabemos si hemos pasado ya ese punto crítico, pero parece que andamos muy cerca.

Ya sea con una coartada humanitaria, o con una coartada estratégica –ante un hipotético vacío de poder en un país cercano y donde hay tantos intereses-, me temo que vamos camino de otra guerra, para así cumplir esa ley no escrita de que todo presidente estadounidense debe empezar una.

Además, no veo a la gente con mucho ánimo de pancarta, y ya hay encuestas con una mayoría favorable a intervenir, cosa nada extraña dado el bombardeo de la otra guerra, la de propaganda. Para acabar de animar la rifa, los propios sublevados piden una intervención de la que quizás acaben arrepentidos un día.

A la velocidad que va todo, me temo que sólo falte un detalle: elegir el nombre de la operación. Ya saben, algo bonito tipo “Libertad duradera”. ¿Alguna sugerencia?

 

Todos pendientes de Libia

05 mar 2011
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“Irán hará todo lo que pueda para influir en las revueltas árabes, y nosotros haremos lo posible para evitarlo.” -Hillary Clinton, secretario de Estado de EEUU-

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Para alivio de algunos y desesperación de muchos, la ola de revueltas árabes ha encallado en Libia. Cuanto más se calienta allí, más se enfría en otros países que hasta hace poco parecían fichas de un dominó encadenado.

La crisis tunecina se resolvió en pocos días, con la huida de Ben Alí. En Egipto Mubarak se resistió más, estiró la tensión para agotar a los manifestantes, amagó con una respuesta violenta, pero acabó cediendo. Y de allí a Libia, donde los primeros días los medios internacionales exageraron tanto lo que pasaba que parecía que la caída de Gadafi era cosa de horas. De hecho, el relato mediático sonaba impaciente, como si los corresponsales tuvieran ya billete para Argelia, siguiente etapa de una revuelta sorprendentemente secuenciada.

Pero con Gadafi hemos topado, y el ‘tsunami’ democratizador que decían imparable se ha atascado. La revuelta se ha convertido en guerra civil, y ya no caben soluciones a la egipcia, con el ejército dividido y la relación de fuerzas congelada en un equilibrio violento.

Si hace semanas la caída de Mubarak era una pesadilla para los tiranos de otros países, una esperanza para sus pueblos oprimidos, y motivo de inquietud para la comunidad internacional, hoy los ojos de todos están puestos en Libia, pues su resolución marcará tendencia.

Si Gadafi aguanta, mostrará el camino a otros dictadores: represión violenta, resistencia a sangre y fuego, y bunkerización frente a la presión internacional. Pero si Gadafi cae, significa que puede caer cualquiera, que no habrá dictador en el mundo que se sienta seguro, aunque quienes pretendan seguir el camino de los libios sabrán que hace falta algo más que una convocatoria por facebook.

Y aún cabe una tercera lectura, por la que todos miran a Libia: si Estados Unidos, como amenaza una y otra vez, acaba interviniendo bajo pretexto humanitario, abrirá la puerta a soluciones similares en otros países a los que tiene ganas, siguiendo el modelo revolución-represión-intervención. Porque no seamos ingenuos: en la región está en juego mucho más que su democratización.

 

La otra guerra de Libia

03 mar 2011
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“Hemos enviado dos buques de asalto y varios centenares de marines para prestar la asistencia humanitaria en caso necesario.” -Robert Gates, secretario de Defensa de EEUU-

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No sabemos si lo de Libia es ya una guerra civil, o si puede desembocar en una guerra mayor con intervención extranjera. Lo que sí sabemos es que hay una guerra que ya ha comenzado, y que se recrudece según pasan los días: la guerra de propaganda.

Se trata de una guerra donde los bombardeados somos nosotros, así que preparémonos para resistir, que el asedio puede ser prolongado. El fuego a discreción a que fuimos sometidos los primeros días ya se ha cobrado la primera víctima, típica de en toda guerra: la verdad. Por muy odioso que nos parezca Gadafi (y para mí lo es), y por mucha simpatía que sintamos por el pueblo insurrecto, hay que reconocer que la información sobre Libia es más bien sospechosa.

En los primeros días se nos dijo que era como lo de Egipto, y aplicamos el mismo patrón. Se habló de “manifestantes”, “opositores”, ocultando el carácter violento del levantamiento popular. ¿Acaso debería escandalizarnos que se combata con las armas a una dictadura como la libia?

Se nos habló también de un genocidio con miles de muertos, y aviones bombardeando pacíficas manifestaciones. Pero llama la atención los pocos cadáveres que hemos visto, teniendo en cuenta que en las ciudades supuestamente más castigadas no hay censura posible de Gadafi, pues ya no las controla. Parece más lógico pensar en combates entre el ejército leal y los insurrectos, que están bien armados como se ve en las imágenes.

A partir de ahí, yo me meto en el refugio antibombardeos propagandísticos, y no me creo nada. Porque además ya estoy escaldado por experiencias anteriores, y lo de la catástrofe humanitaria y el genocidio me suena.

Si se trata de beneficiar a los opositores con unas cuantas mentiras y exageraciones, mal favor les hacemos, y damos munición a las teorías conspiratorias. Y si en cambio se busca justificar una intervención militar, peor me lo ponen, pues ya sabemos que las ‘guerras humanitarias’ sólo sirven para agravar los conflictos, y al final hasta acabarían haciendo bueno a Gadafi. Mal ayudaremos así a los libios. ¿O no se trataba de eso?

 

Quien con Gadafi se acuesta

25 feb 2011
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“De Libia puede llegar una ola de inmigración de proporciones catastróficas. Y nos preocupa Al Qaeda, que apoya a los rebeldes.” -Roberto Maroni, ministro de Interior italiano-

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Pues parece que tenemos un problema gordo al sur de Europa: inestabilidad en un país que está a tiro de piedra de nosotros, una posible salida de miles de refugiados, temor a que Al Qaeda en el Magreb aproveche las revueltas para coger terreno, y subida del precio del petróleo cuando todavía no hemos levantado cabeza con la crisis económica. Ah, sí, y unos pobres libios que están siendo masacrados, no entiendo cómo se me habían olvidado.

Una vez más se cumple el clásico proverbio de “quien con niños se acuesta, meado se levanta”. Durante años nos hemos encamado con Gadafi, le hemos reído las gracias, hemos hecho la vista gorda con sus excesos y crímenes, hemos cerrado buenos acuerdos económicos con él, lo hemos convertido en socio estratégico, y ahora nos levantamos meados de la cabeza a los pies, empapados en su declive.

Si Libia estuviera un par de miles de kilómetros más al sur, o en otro continente, no nos preocuparíamos tanto. Pero resulta que está en nuestro patio trasero, en pleno mediterráneo, y mientras se tambalea, Gadafi nos tiene cogidos por varios sitios sensibles. Durante años ha prestado buenos servicios a Europa, se ha hecho querer hasta ser imprescindible: gendarme de la inmigración africana, aliado en la ‘guerra contra el terrorismo’, buen socio comercial.

Una política cariñosa con Gadafi y que hoy están pagando los libios, que son aplastados mientras Europa se piensa qué hacer, pues antes de dar un paso tiene que contar con todos los escenarios, incluida la continuidad de un tirano al que tampoco queremos enfadar mucho no sea que nos tire algo más que una piedra.

Menos mal que los libios no necesitan nuestra ayuda para quitárselo de encima. La descomposición del régimen parece imparable, y su caída será cuestión de días. Y de muertos, por desgracia, aunque nos preocupa más que salgan en barco a que mueran bajo las balas que en su día le vendimos. Confiemos además en que Gadafi caiga cuanto antes y no le dé tiempo a enviar un cajón de papeles a Wikileaks sobre sus amistades europeas, no sea que alguno además de meado acabe cagado.