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Gallardón el despolitizador

30 ene 2012
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La justicia está politizada, quién la despolitizará, el despolitizador que la despolitice… El ministro Gallardón ha querido ser el protagonista del trabalenguas judicial, y en plena “semana fantástica” de la Justicia (Camps, Garzón, anuncios de reformas de peso) ha prometido despolitizar el gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, primer paso para una Justicia “profesional” que quede en manos de los togados y donde el poder legislativo meta sus sucias manos lo menos posible.

Así dicho, suena estupendo. ¿Hay alguien que no esté a favor de despolitizar la Justicia? Con el desprestigio que la política se ha ganado, y el espectáculo que tan a menudo han dado los partidos en órganos como el Tribunal Constitucional (el reparto de cuotas, el bloqueo interesado a la renovación, la adivinación de sentencias según quien componga la sala), cualquier encuesta daría un noventa y mucho por ciento de ciudadanos favorables a despolitizarla.

Ahora bien: ¿lo contrario de esta Justicia partidista va a ser una justicia apolítica, pura, escrupulosamente profesional? No lo tengo tan claro. Por ahora, conocido el fuerte peso del conservadurismo entre los jueces, la despolitización que propone Gallardón conseguirá en efecto que deje de haber jueces de derecha y de izquierda, para que a cambio haya jueces de derecha o muy de derecha.

Nos guste o no, la Justicia tiene que ver con la política. Aunque pueda parecerlo, la administración de Justicia no es una ciencia exacta, ni los jueces son máquinas de aplicar la ley dictando sentencias como quien aplica una fórmula matemática. Que el modelo por el que se ha pretendido hasta ahora que la Justicia refleje la composición de la sociedad (que siempre es más plural que la tradicional composición de la judicatura) haya fallado no significa que la alternativa sea el corporativismo, dejar la justicia en manos de sus profesionales, pues por la misma regla de tres acabaríamos dejando que los jueces hiciesen todas aquellas leyes que deben aplicar, que para eso son los que saben del asunto. Ojo con los despolitizadores.

Pleitos tengas y los pagues

26 ene 2012
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Si alguien pensaba que Gallardón se aburriría en el ministerio sosote que le había tocado, ya ven que no. Si cuando era alcalde sus palabras talismán eran “transformar” y “modernizar” (y ya saben los madrileños en qué consistía), ayer volvió a pronunciarlas, pero esta vez aplicadas a la Justicia.

Gallardón llegó a Justicia, agarró todas las carpetas que encontró sobre la mesa y decidió menearlas con energía. Quién dijo que Justicia es un ministerio aburrido: aborto, cadena perpetua revisable, ley del menor, despolitización en la elección de jueces, y el copago-repago.

El argumento para esta última medida es ya un clásico: al ser gratis, hay abusos. Ya saben: igual que hace falta copago sanitario por tanto jubilado que va al médico por vicio, para echar un rato de charleta con el doctor y hartarse de medicamentos gratis; hace falta cobrar más por los recursos judiciales porque hay gente que va al juzgado por vicio, para echar un rato de charleta con el juez y hartarse de sentencias gratis.

Pleitos tengas y los ganes, suele decirse a modo de maldición, y con toda la razón, como saben quienes han pasado por un juzgado, incluso si ganaron. No conozco a nadie que pleitee por gusto, ni por gratis (entre tasas, abogado, procurador, trámites y tiempo perdido sale caro), ni porque sea una vía fácil y rápida. Más bien acudimos a los jueces por falta de mecanismos de solución de conflictos al margen de la vía judicial. No tenemos cultura de mediación (ni recursos suficientes), de modo que si te divorcias, te despiden, te peleas con los vecinos o te sanciona el ayuntamiento, acabas en el juzgado.

Por supuesto, la medida reducirá la litigiosidad. Si en segunda instancia pierdes, y encima te cuesta más dinero, olvídate de seguir recurriendo. Es cierto que a veces te acaban dando la razón en el Constitucional o en Estrasburgo, pero muy convencido tendrás que estar a partir de ahora. En cambio, quienes más dinero tienen, y que son los que recurren por sistema para retrasar resoluciones en firme y forzar acuerdos, no tendrán problema en seguir de charleta con el juez.

¡Alberto, no nos dejes!

22 dic 2011
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El amor es imprevisible, y el amor político también: cuando menos te lo esperas, zas, flechazo. Quién me iba a decir a mí, después de tanto criticar a Gallardón, que acabaría queriéndole. Aunque sea en el último minuto, mi cariño es sincero, y por eso se lo confieso ahora que aún está a tiempo de dar un paso atrás: Alberto, alcalde, no te vayas, no nos dejes, no jures de ministro, los madrileños no sabremos vivir sin ti.

Vuelve a casa, que estoy dispuesto a perdonártelo todo, todo. Te perdono la deuda multimillonaria, incluso aunque sepa que el año próximo habrá que dedicar uno de cada cinco euros del presupuesto a pagarla. Te perdono el abandono de los barrios, las obras faraónicas, la conversión de Madrid en una ciudad escaparate donde da gusto venir de turista pero habitarla es cada día más duro.

Te perdono la boina de contaminación, prometo ir por la calle respirando a pulmón lleno y gritando que nunca había visto un aire tan limpio. Por perdonar, te perdono hasta la carrera olímpica: si te quedas juro que me sumaré a ella, seré voluntario de la candidatura de 2020, 2024 o 2028, todas las veces que quieras intentarlo yo estaré a tu lado con el chándal puesto. Reniego de las veces que he ido a manifestaciones o firmado contra tus políticas; lo retiro todo, pero no te vayas.

¿Cómo dices? Qué va, cómo puedes pensar algo así: te prometo que mi cariño es sincero, no tiene nada que ver con que nos dejes de alcaldesa a Ana Botella. No te quiero sólo como mal menor para no soportar cuatro años de alcaldía ultraconservadora; no te imploro que regreses por miedo a que la FAES desembarque en Cibeles; no te lloro porque piense que con Botella nos puede ir incluso peor y que su nombramiento como primera alcaldesa de España no nos compensa ni por las risas que nos garantizan ella y su alcalde consorte.

Vuelve con nosotros, Alberto. Si lo haces, ni siquiera te reprocharé tu desprecio hacia la ciudad por presentarte a las elecciones para sólo unos meses y luego colocarnos a una que no ha sido candidata. Todo está perdonado, pero no nos dejes así, con ella.

Gallardón no es el único con ilusión

15 oct 2011
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Pensábamos que la promesa de recuperar la ilusión por la política era otra cosa, pero ahora vemos que no: las próximas elecciones van a ser una fiesta de ilusiones cumplidas, pero no las nuestras, sino las de quienes verán realizados sus sueños políticos.

El primero, el todavía alcalde Gallardón, que lleva dos días repitiendo que le hace muchísima ilusión ser diputado. Feliz como un niño con su entrada en la lista del PP por Madrid, cuesta creer que la ilusión del ambicioso Gallardón se agote en calentar un escaño del Congreso, sabiendo lo poco que lucen los diputados de infantería cuando están en la oposición. De ahí que todos asumamos que su ilusión apunta más alto.

“Lo que le haría de verdad ilusión a Gallardón es ser ministro”, dijo ayer Esperanza Aguirre, que de los sueños del alcalde sabe mucho, y por eso hace cuatro años le cortó las alas, al sospechar que su ilusión apuntaba más alto que un ministerio ante la posible caída en desgracia de Rajoy. Entonces la presidenta madrileña dijo que para ilusión la suya, y los dos se quedaron sin cumplir su fantasía. Como esta vez, el 20-N, se hará también realidad la ilusión de Rajoy, Aguirre ya no ve tan peligrosos los deseos de Gallardón, y le deja ir.

El temor ya no es de Aguirre, sino de muchos madrileños. Porque si lo que a Gallardón le hace de verdad ilu es ser ministro, son palabras mayores. No sólo por el peligro de poner un presupuesto en manos de alguien que se funde millones de mil en mil, sino por la herencia que deja a los madrileños: a la lista de calamidades (una deuda espantosa y por varias generaciones, una atmósfera insana, una ciudad escaparate con barrios cada vez más abandonados) se suma otra desgracia sobrevenida: la posibilidad de que Ana Botella ocupe el sillón del Ayuntamiento.

Los méritos de Botella para un cargo así son tan evidentes que, cada vez que un comentarista la identifica como señora de Aznar y atribuye a la influencia conyugal su ascenso político, no se oye ni una sola voz feminista que rompa a su favor no ya una lanza, ni un mondadientes. De modo que uno se mosquea y se pregunta quién tiene más ilusión: si Gallardón por ser ministro, Ana Botella por ser alcaldesa accidental, o su marido por convertirse en alcalde consorte.

No sé ustedes, pero para mí es otro motivo para ir esta tarde a la manifestación. Será por motivos.

Pasando olímpicamente de todo

14 jul 2011
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“Habría sido irresponsable renunciar a que Madrid tuviera la posibilidad de unos Juegos poniendo como excusa la crisis económica.” -Manuel Cobo, vicealcalde de Madrid-

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No hay duda de que lo de Gallardón es espíritu olímpico en estado puro. Sólo hay que ver cómo pasa olímpicamente de todo: crisis, deuda municipal, rechazo ciudadano, incertidumbres de futuro; y se lanza a buscar los Juegos por tercera vez. Olímpico es también su desprecio a los madrileños, que no estamos para más fuegos artificiales, con lo caros que salen.

Incluyo también a parte de sus votantes, pues en el programa electoral no planteaba esta tercera candidatura, sino que se limitaba a decir, con ambigüedad calculada, “no vamos a renunciar” y “volveremos a poner fecha cuando, entre todos, consideremos que es el momento más adecuado”. Ahora vemos quién incluye ese “entre todos”: el PP y sus aliados olímpicos del PSOE, que en este caso van de la mano.

Asegura Gallardón que no debemos preocuparnos por el bolsillo, pues estos serán los Juegos de la austeridad. No me digan que no es un oxímoron delicioso: Juegos austeros, como si uno dice “voy a pegarme un banquete austero”. Promete que en el intento gastará la mitad de lo que se fundió en los anteriores, pero no sabemos cuánto es esa mitad, pues seguimos esperando una auditoría que muchos ciudadanos pedimos en su día, y nadie sabe cuánto se gastó –ni el propio alcalde, me temo-.

El problema, esta vez, no es gastar dinero para nada, dedicar recursos y tiempo y que luego se lo lleve otra ciudad. El problema es precisamente que esta vez tenemos más posibilidades que nunca: por la rotación continental, porque con la crisis no habrá muchas ciudades dispuestas, y hasta supongo que por insistencia.

Lo malo no es que nos presentemos y luego no lo consigamos. Lo malo es que al final nos los concedan, pues sería la puntilla para este Madrid cuyo modelo económico y urbanístico es ya demencial, y que con unos Juegos enloquecería del todo. Lo de menos es que no haya dinero: si hemos sido capaces de sumar 7.000 millones de deuda, aguantamos lo que nos echen, que sería mucho más, pues hace décadas que todos los Juegos pierden dinero.

Gallardón sigue con su sueño olímpico. A ver si lo despertamos.

Un buen alcalde, pero no para los vecinos

31 mar 2011
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“Como siempre he hecho, quiero contar con tus ideas y propuestas para seguir mejorando. Porque a ti y a mí nos gusta Madrid.” -Presentación de la web ‘Gallardón con Madrid’-

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Estoy deseando ver el programa electoral de Gallardón para la alcaldía, a ver qué nos promete. Con la caja vacía y la asfixiante deuda, esta vez no podrá ilusionarnos con olimpiadas ni históricas transformaciones urbanísticas. El único gran evento a la vista es la venida del Papa. Y en cuanto a obras faraónicas, habrá que dejar para otra ocasión la conversión de la Castellana en un canal navegable, tal como aparece en la última novela de Rafael Reig (no se la pierdan) y que no me extrañaría que estuviese entre los proyectos del alcalde.

Imagino a Gallardón melancólico, mirando la ciudad desde su nuevo despacho de Cibeles y lamentando que Madrid vaya a librarse de los grandes planes que tiene para ella. Porque otra cosa no, pero hay que reconocerle que bajo su mandato la capital ha cambiado hasta cumplir eso que gusta a tantos gobernantes de “cuando acabe con ella, no la va a conocer nadie”. Gallardón no ha sido precisamente un alcalde que se limite a gestionar lo ya existente. Lo nota cualquiera que venga de visita. Y por lo general, los visitantes están encantados con los cambios. Mucho más que los vecinos.

Y es que Gallardón ha sido un buen alcalde, pero para los visitantes: turistas y viajeros de negocios que disfrutan de una ciudad bien maquillada, llena de atractivos, atenciones y oportunidades para pasarlo bien. También ha sido un buen alcalde para las constructoras y las concesionarias, que tanto se han beneficiado de su pasión transformadora y sus privatizaciones.

Pero Madrid no sólo tiene visitantes y comisionistas. También tiene vecinos, y ahí la alegría va por barrios. En cuanto uno sale de ese centro urbano convertido en enorme centro comercial y de ocio (y donde los vecinos tampoco disfrutan tanto como los turistas) se encuentra barrios abandonados, faltos de recursos y con servicios deficientes, y que encima son los que hoy pagan el alto precio de hacer de la ciudad un escaparate.

Son muchos los vecinos y colectivos hartos. Hoy han convocado una manifestación cuyo lema no puede ser más claro: “Contra el saqueo de Madrid”.

 

Gallardón no necesita rescate

19 nov 2010
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“Que no nos ayuden no quiere decir que Madrid no vaya a cumplir sus objetivos y completar su fabulosa transformación en los próximos años.” -Alberto Ruiz Gallardón, Alcalde de Madrid-

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Si alguien cree que el alcalde de Madrid va a acabar pidiendo un plan de rescate a Europa y al FMI, se equivoca. Da igual que su gestión económica sea como para tirarse dos veces al Manzanares (dos, porque cubre poco), o por lo menos para no presentarse a las elecciones por pura vergüenza. Pero nada de eso. Aunque Gallardón salió de la Moncloa “decepcionado” por la respuesta de Zapatero, la preocupación le durará poco: lo que tarde en encontrar una fórmula con la que arreglar las cuentas para que vuelvan a cuadrar.

Total, es lo que lleva haciendo desde que se sentó en el sillón municipal: ser un mago de la ingeniería financiera y los trucos contables. Sobre todo en los últimos años, cuando la deuda era ya tan grande que había que disimular el agujero negro. Hagan la prueba, intenten averiguar el coste real de cualquiera de las infraestructuras, obras o reformas de los últimos años, y ya verán.

Los famosos túneles de la M-30, por ejemplo. Se presupuestaron en 1.700 millones, luego se dobló a 3.500, y han terminando costando mucho más. Hasta ahí nada extraño, lo que pasa en cualquier obra pública. Pero no sabemos cuánto más nos ha costado, pues el Ayuntamiento fraccionó la obra para dejar fuera parte del gasto, contabilizó por separado los intereses de la deuda, metió un socio privado que se comía parte del marrón a cambio del mantenimiento de los túneles… Ya digo, puro arte.

Lo mismo pasa con el costoso proyecto olímpico, el arreglo de Cibeles para el traslado del Ayuntamiento, o la alegría con que se renueva el mobiliario urbano cada vez que se levanta una acera. Todo aquello que ha conseguido hacer de Madrid una ciudad ideal para venir de visita, ir de museos o de compras, o montar un gran evento, pero cada vez más inhabitable para sus vecinos.

Estoy seguro de que algo nuevo se le ocurrirá para hinchar más la deuda y seguir la ‘transformación’ de la ciudad. Además, sabe que no le faltará quien le preste dinero, pues sus acreedores están encantados: el Ayuntamiento (es decir, los ciudadanos) paga más de 700.000 euros diarios en intereses a los bancos. Así cualquiera.

La cara B de Esperanza Aguirre

03 jun 2010
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“Ya sabéis que yo soy un poquito descuidada, espontánea y abierta. A micro cerrado casi nunca digo nada.” -Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid-

 

Siempre que oigo hablar de la presidenta madrileña me acuerdo de la que fue ministra de Educación y Cultura en 1996, y que casualmente también se llamaba Esperanza Aguirre. Hasta ahí llegan las coincidencias, pues como recordarán, aquella ministra Aguirre tenía fama de cortita, y se le atribuía todo tipo de gazapos, reales o apócrifos.

Qué diferencia con esta otra Esperanza Aguirre, mucho más astuta que su homónima, de la que nunca más se supo. La que hoy preside Madrid de tonta no tiene un pelo. Al contrario, su inteligencia política es enorme. Ahora por ejemplo ha descubierto el juego que dan los micrófonos inadvertidamente abiertos, con los que puede hacernos llegar la cara B de su discurso. Una cara B que unas veces sirve para ampliar la cara A, y otras para disimularla.

Sus frases “espontáneas” son otra pieza en el personaje que viene construyéndose, y que explica parte de su éxito. En tiempos de descrédito, cuando la valoración de la clase política está por los suelos, Aguirre adapta el modelo Berlusconi a la realidad española: se presenta como la antipolítica, el verso suelto, la que dice lo que piensa, sin pelos en la lengua; la que mete unas veces la pata y otras el dedo en el ojo, la que se enfrenta a su propio partido.

Y se ve que el truco funciona: en la última encuesta electoral publicada hace un par de días doblaba en escaños al PSOE.

Aguirre tiene mucho mérito, pero no todo es suyo. No iría tan sobrada si no tuviera enfrente a una oposición como la que tiene. El calamitoso PSOE madrileño, que ya le regaló la presidencia por llevar en sus filas a elementos como Tamayo, no ha sido capaz de oponer un programa político serio en estos años. A día de hoy ni siquiera tiene claro quién será su candidato, si quedarse con el apagado Tomás Gómez o buscar un candidato estrella para el que no sobran voluntarios. Y tampoco IU está mucho mejor.

Los madrileños tenemos Aguirre para rato. Pero no nos quejemos, las cosas pueden ser aún peor: se rumorea de nuevo que Gallardón podría dejar la alcaldía tras ser reelegido, para que la ocupe Ana Botella. Glup.

Sin endeudarse, luce menos ser alcalde

27 may 2010
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“No vamos a rendirnos a la crisis. Vamos a plantarle cara con los recursos de los que Madrid se ha dotado en estos años.” -Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid-

 

Vaya faena eso de que los ayuntamientos no puedan endeudarse. Yo que pensaba presentarme a alcalde, que me hacía ilusión, y ahora se me han quitado las ganas. Ya me fastidiaba haberme perdido los años dorados del ladrillazo. Y hasta me resignaba a no colocar una primera piedra de AVE o aeropuerto tras el recorte en infraestructuras. Pero si encima no voy a poder endeudar al municipio, ¿qué me queda? ¿Con qué cara me presento ante los vecinos si no puedo prometerles un gran túnel, un puente colgante o un evento mundial del que ser sede? ¿Con qué voy a ilusionarlos? ¿Con guarderías y equipamientos para los barrios? ¡Venga ya! Esas cosas también cuestan dinero, y no lucen tanto.

No son los ayuntamientos quienes han provocado esta crisis, es cierto. Pero muchos se pusieron espléndidos en los años felices, y hoy se ven con la caja vacía y rodeados de vecinos necesitados. Entonces había dinero, mucho dinero, pero las prioridades eran otras: no tanto mejorar la vida de los vecinos como “modernizar”, “transformar”, poner “guapa” la ciudad. No necesitan hacer memoria, basta dar una vuelta pues todo sigue ahí: edificios singulares (palacios de congresos, museos, puentes, todos de autor) cuyos altos presupuestos sumaban sobrecostes; estadios y pabellones para grandes eventos que como llegaron se fueron; tranvías, túneles, puentes, y por supuesto candidaturas a ser sede de todo lo que se pusiera a tiro.

Todo muy bonito, premiado y fotografiado, pero también infrautilizado, de mantenimiento carísimo, y sin relación entre lo gastado y el beneficio para los ciudadanos. En Madrid, ya lo he contado otras veces, tenemos M-30 subterránea, caja mágica, noches blancas y alfombras azules en la Gran Vía; pero mis vecinos tienen que llevar a sus hijos a la guardería a las siete de la mañana. Y quien dice Madrid dice otras ciudades, como Sevilla, donde van a comerse con patatas el Metropol Parasol.

Hubo dinero, pero las prioridades de gasto eran otras. Hoy que no hay dinero, nos tememos las prioridades de recorte.

Cuidado, okupas, que Gallardón os reeducará

11 ene 2010
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“Es un proceso complejo, que grupos antisistema se incorporen al sistema. Pero noto cierto cambio, voluntad de participar.” -Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid-                  

                   

El alcalde madrileño ha encontrado la solución para los okupas: que se presenten a los concursos municipales y consigan subvenciones para sus actividades. Cómo no se nos había ocurrido antes. Tan sencillo como eso: para qué van a andar metiéndose en edificios cochambrosos y enfrentándose a la ley, con lo fácil que es pedir una ayuda y un local al ayuntamiento. 

Imagino que a Gallardón, tan modosito, no le gusta la imagen de decenas de antidisturbios sacando a jóvenes de un edificio, como sucedió hace unos días en el Patio Maravillas. Tampoco será ajeno a la opinión favorable de los vecinos, después de que los okupas revitalizasen una zona tan carente de espacios públicos y actividades sociales. Y en tercer lugar, sabe que el movimiento okupa está muy presente en esas capitales europeas que tanto envidia. 

Así que el alcalde se ha mostrado dispuesto a dialogar con los okupas, para encontrar fórmulas de entendimiento, que por supuesto pasan por respetar la propiedad privada y rellenar los formularios de solicitud que pueden recoger en cualquier ventanilla municipal. Lástima que los okupas no tienen paciencia y han tomado otro edificio cercano, propiedad de una inmobiliaria en quiebra. 

Al final va a resultar que lo que buscan los okupas no es tanto casa gratis o un espacio público donde no hay, sino denunciar con sus acciones la colisión entre la intocable propiedad privada y los muchos derechos lesionados por los especuladores inmobiliarios. Como el alcalde no es tonto, no hace falta que nadie se lo explique. Más bien habría que advertir a los okupas: que tengan cuidado con él, que es capaz de seducirlos y convertirlos en okupas desokupados.