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Las guerras de la izquierda

02 nov 2011
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No falla: en cuanto empieza una guerra donde intervienen Estados Unidos y sus aliados, una de las primeras bombas siempre cae en el mismo sitio: sobre la izquierda, que salta hecha añicos. Con la excepción de Irak, donde hubo unanimidad, en otros conflictos se han reproducido las mismas diferencias en el seno de la izquierda.

Y cuando digo izquierda no me refiero a esos gobernantes que se dicen de izquierda y luego son los primeros en acudir al toque de corneta, sino a la izquierda de tradición antiimperialista y pacifista. Ocurrió en Kosovo de forma clara, cuando todos criticaban a la OTAN y a Milosevic, pero unos ponían el acento en la OTAN y otros en Milosevic, lo que llevaba a conclusiones diferentes.

Y acaba de pasar en Libia, donde todos coincidíamos en rechazar a la OTAN y a Gadafi, y en desear la libertad de los libios. Pero la coincidencia era sólo aparente: mientras unos consideraban el bombardeo un mal menor comparado con la represión gadafista, otros encontrábamos inaceptable la intervención, por malo que fuese el dictador.

No sé si han seguido la polémica. En foros de Internet y medios alternativos, unos y otros han intercambiado artículos, que lejos de acercar posturas ahondan unas diferencias que, en algunos casos, no tienen tanto que ver con Libia sino con fracturas históricas, de ésas que atraviesan la izquierda desde hace décadas y que se reabren a la mínima. La grieta se ha extendido por Europa pero también América Latina, con posicionamientos de partidos, movimientos sociales, intelectuales e incluso gobiernos.

Yo, que desde aquí he rechazado la intervención, reconozco que tengo dudas, sobre todo cuando leo a personas tan coherentes, informadas y fuera de toda sospecha como Santiago Alba Rico, uno de nuestros mejores intelectuales, que ha escrito textos certeros a favor de los rebeldes libios, que han recibido respuestas contundentes, incluso airadas, desde la izquierda.

Ahora, cerrado ese capítulo, Siria va ocupando las páginas que deja Libia. Y no sé si hará falta que caiga una bomba para que se abran las primeras grietas.

La foto de la victoria en Libia

31 oct 2011
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Con Gadafi comiendo tierra en algún lugar del desierto, los liberadores ponen hoy punto final al ataque a Libia. La ONU ya ha aprobado la resolución que da por concluida una misión cuyo objetivo, recuerden, era establecer una zona de exclusión aérea para proteger a los civiles. También la OTAN empieza a retirarse del país, aunque suponemos que no lo hará del todo, pues siempre dejamos algún cuartelillo por si otro día hay que volver.

La Alianza Atlántica ha cantado victoria, aunque es cierto que no ha hecho muchas fiestas. “Hemos cumplido totalmente nuestra misión”, dijo el secretario general de la OTAN, Rasmussen, pero nadie se ha hecho una foto con la que ilustrar la victoria, a la manera de aquella fallida imagen de Bush sobre el portaaviones tras la caída de Bagdad. La foto de esta victoria ha quedado más bien fea, y pocos querrán guardarla en el álbum.

En el centro de la foto aparece Gadafi, hecho un guiñapo, golpeado, humillado y por lo visto sodomizado antes de recibir un tiro en la cabeza. Aunque todos le tenían ganas al tirano libio, la imagen de su captura y linchamiento es tan terrible que ha manchado el final feliz. En las esquinas de la misma foto se entreven otros guiñapos, más bien desenfocados pues apenas han recibido atención mediática, y además los tapa el propio Gadafi vejado: los muchos gadafistas, cuyo número ignoramos, muertos bajo las bombas, o directamente ejecutados por los vencedores.

El paisaje de fondo en la misma foto tampoco nos parece de postal: ciudades destruidas (las imágenes de Sirte son terribles), un país fragmentado y amenazado por luchas de poder que pueden estallar en cualquier momento, y un futuro incierto para los libios, que se han librado del tirano pero no deben de contemplar con demasiado optimismo su porvenir tras los precedentes de anteriores liberaciones de la OTAN: ahí están Afganistán e Irak, o incluso más atrás Kosovo, que no levanta cabeza desde que lo liberamos, y donde las mafias campan a sus anchas.

Si las fotos de posguerra suelen ser más bien feas, la de esta nos ha quedado especialmente sucia.

Libia y la factura en la sombra

17 sep 2011
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La visita triunfal de Sarkozy y Cameron a la nueva Libia ha sido toda una lección de cortesía y buenos modales, fíjense. El líder del Consejo Nacional de Transición insistía en agradecerles la ayuda para derrocar a Gadafi, y los presidentes francés y británico no hacían más que repetir que no hay de qué, que ha sido un placer, que volverían a hacerlo y que si les necesitan en otra ocasión, sólo tienen que silbar. Sarkozy subrayó una y otra vez que no esperan contrapartida ninguna; lo repitió incluso cuando nadie le preguntaba por el asunto, de modo que acabó sonando a ‘excusatio non petita’.

Yo me imagino la conversación a puerta cerrada: “Queremos agradeceros vuestra ayuda, pero no se nos ocurre cómo”, diría el líder rebelde. “Pues no se me ocurre nada”, respondería Sarkozy mirando al techo. “A mí tampoco”, secundaría Cameron mirándose las uñas.

Que los nuevos gobernantes de Libia tienen mucho que agradecer a la OTAN, y especialmente a los países que han llevado la iniciativa, es innegable. Sin los bombardeos, sin el suministro de armas y sin el despliegue de “asesores”, no habrían conseguido expulsar a Gadafi de Trípoli, aunque el relato mediático invite a creer que todo ha sido fruto del heroísmo de los rebeldes, dado que en esta guerra, a diferencia de otras, se han cuidado mucho de no mostrarnos ni un solo bombardeo, ni las típicas imágenes desde el visor del piloto, ni las columnas de fuego y humo de otras veces.

Y teniendo tanto que agradecer, a todos se nos ocurre cómo. El petróleo de Libia es uno de los más cotizados del mundo, por su calidad y facilidad de extracción. Además, el país necesita una reconstrucción a fondo, para la que no faltarán empresas constructoras de adivinen qué países. Y por si fuera poco, Libia tiene una fortuna en el exterior, aunque retenida en cuentas en esos mismos países que hoy ofrecen ayuda.

En fin, que aunque Sarkozy y Cameron llegasen como amigos, más bien parecía la visita del cobrador que entrega en mano el recibo mensual. Con tanto insistir en la generosidad y el desinterés de la ayuda prestada, no sabemos si lo que entregaron fue una factura sólo informativa, como esa ‘factura en la sombra’ que algunas Comunidades quieren dar a los pacientes para que sepan lo que cuesta la atención sanitaria. Pero todos sabemos que, en el caso de los libios, acabarán pagándola.

Cómo acabar con el mes de agosto

01 sep 2011
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Hasta ahora, uno regresaba en septiembre y medía la duración de sus vacaciones por los cambios que veía en el barrio: un bar nuevo, una tienda cerrada, una glorieta reformada, una calle que cambia de sentido. Pero agosto ya no es lo que era, y este año volvemos con sensación de haber pasado un lustro en coma, por lo que ha cambiado todo.

De entrada, el ejemplar de la Constitución que tenemos en casa ya no sirve, pues los dos grandes partidos han acordado una reforma veraniega y a la carrera, en los minutos de la basura de la legislatura. Gracias a ello, tampoco el Estado del Bienestar es el que dejamos en julio, ya que el nuevo artículo de la Constitución es otra vuelta de tuerca en su desmontaje.

Más cambios en agosto: de repente el país huele más a incienso y agua bendita, España es menos aconfesional de lo que era hace un mes, o si lo prefieren, más confesional, tras su entrega incondicional al papa. Los de Madrid, a cambio, encontramos el aire más limpio, tras más de una semana con media ciudad cerrada al tráfico. También vemos la ciudad menos pecadora, tras los miles de absoluciones que los comerciales vaticanos repartieron en las rebajas del Retiro; aunque como el aire limpio, esto también durará poco, que ya nos conocemos.

Tampoco ha habido vacaciones en Libia, donde la OTAN conquistó Trípoli y casi se ha embolsado un nuevo país petrolero. Sí, la OTAN, porque aunque en las fotos aparezcan los heroicos rebeldes, es la Alianza (es decir, nosotros) con sus toneladas de bombas, drones, envíos de armas y los eufemísticamente llamados “asesores”, quien va a ganar esta guerra, garantizando que la nueva Libia nazca en deuda con sus salvadores, y necesite su protección durante una temporada.

No sé a ustedes, pero a mí me parece fatal que hagan y deshagan tanto en un mes que hasta ahora se respetaba como inhábil. Es como si te meten un gol en el descanso, mientras estás en la ducha, y sube al marcador. Tongo, tongo. De modo que el principal cambio de este agitado agosto ha sido precisamente la abolición de agosto, y sin consultarnos en referéndum.

Yo, de natural mal pensado, temo que además de aprovechar que estamos con la guardia baja, haya otra intención: cargarse agosto para de paso acabar con las vacaciones (pagadas, se entiende), que se han ido convirtiendo en un privilegio de cada vez menos trabajadores.

Para lo que hacen en Libia, que vayan a Gaza

20 jun 2011
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“Ningún barco entrará en Gaza. Haremos todo lo que tengamos que hacer para detener los barcos que rompan el bloqueo.” -Fuente militar israelí que pidió no ser identificada-

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Desde hace tres meses tenemos desplegados frente a las costas de Libia siete aviones, una fragata y un submarino, además de 500 soldados. No sabemos bien para qué están allí, pues tienen orden de no participar en los ataques, y tampoco hay ya mucho espacio aéreo que vigilar toda vez que a Gadafi no puede levantar un avión del suelo. Bueno, sí sabemos lo que hacen allí: legitimar la intervención militar.

Para que no se aburran, y para que hagan algo útil, propongo que les den una misión para los próximos días: escoltar y proteger a la veintena de barcos que saldrán rumbo a Gaza en la segunda ‘Flotilla de la Libertad’, entre ellos el ‘Gernika’, con varias decenas de españoles a bordo y un cargamento de ayuda humanitaria para los palestinos.

A los activistas que pretenden romper el bloqueo ilegal de Israel sobre Gaza y aliviar la situación crítica en que viven desde hace años los palestinos, les vendría bien la escolta, pues es previsible que en esa zona del Mediterráneo se encuentren con piratas, y de los más peligrosos: los mismos piratas que hace un año asaltaron el ‘Mavi Marmara’ y asesinaron a nueve voluntarios, además de herir a otros treinta y detener ilegalmente a medio millar de ciudadanos de varias nacionalidades.

Por ahora Exteriores se ha limitado a desaconsejar a los españoles que se suban a ese barco, por lo que pueda pasarles. Y para meter más miedo, el ejército israelí se ha dedicado en los últimos días a entrenar maniobras de asalto naval, y a dejar hueco en sus cárceles.

Y sin embargo, los voluntarios no tienen miedo, siguen adelante con su plan y en los próximos días zarparán rumbo a Gaza. Si Israel pensaba que con su criminal acción de castigo del año pasado disuadiría a futuras expediciones, ya ven que no.

En cuanto a nuestros buques, aviones y soldados en Libia, como no cabe esperar que en efecto cambien de misión y se dediquen a proteger a la Flotilla de la Libertad, exijamos que regresen a España cuanto antes: esta tarde, en el Teatro Lara de Madrid, se celebrará un acto contra la guerra en Libia.

 

Los días de Gadafi siguen estando contandos

13 jun 2011
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“El tiempo está de nuestro lado, mantener nuestra determinación es importante; los días de Gadafi están contados.” -Hillary Clinton, secretaria de Estado de EEUU-

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¿Recuerdan cuando empezó el ataque a Libia? Yo sí, porque en aquellos días me costaba más de lo habitual entregar mis columnas al periódico. La velocidad de los acontecimientos era tal, que lo que escribía a mediodía tenía que corregirlo por la tarde, al acostarme me arrepentía de lo escrito, y al día siguiente el papel de periódico llegaba amarillento al kiosco.

Te levantabas para ir al baño y a la vuelta los rebeldes habían avanzado otros 200 kilómetros, la OTAN había destruido toda la capacidad de Gadafi, varios ministros desertaban, nuevas ciudades se sublevaban, y se rumoreaba que el dictador estaba herido o había abandonado el país.

Hoy en cambio es al revés: puedo escribir esta columna sobre Libia y dejarla en la nevera una semana, que no tendré que cambiarle una coma. Y es que va para tres meses que los días de Gadafi están contados, y ahí seguimos, contando. La OTAN acaba de ampliar su misión otros tres meses, y España va incluso más allá y no se pilla los dedos con plazos: prórroga indefinida.

Eso sí, no han sido tres meses cruzados de brazos: los bombardeos siguen, aunque no sabemos qué están destruyendo –después de que en los primeros días dijeran que toda la capacidad aérea y de movimiento estaba liquidada-, ni quién los sufre. Los rebeldes, por su parte, ya ejercen de autoridad reconocida, sin que sepamos todavía bien quiénes son. Sobre el terreno ya hay tropas extranjeras, aunque sean mercenarias. Y los países atacantes siguen soltando dinero, para la operación y para los rebeldes.

Y nosotros seguimos allí, en guerra, con nuestros aviones y barcos. Eso sí, sin soltar una bomba, que lo nuestro es la guerra humanitaria.

No creo que Libia sea comparable a Afganistán, donde los talibanes tienen los días contados desde hace diez años. Pero así, con el país dividido, los frentes más o menos estables, los barcos frente a la costa y unos cuantos misiles de vez en cuando, nos podemos pasar una buena temporada, mientras la población que íbamos a proteger sigue sufriendo. A todo esto, ¿cuál era el objetivo? ¿Para qué fuimos a Libia?

 

A esperar sentados

24 abr 2011
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“Serán necesarios muchos años antes de que las cosas vuelvan a estar bien en España pese a que el gobierno hace lo correcto.” -Informe ‘Perspectivas Mundiales’ del FMI-

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Uno intenta ser optimista, pero la realidad se empeña en contagiarnos su pesimismo. Llevamos una racha en la que acumulamos nuevos problemas sin lograr resolver los que ya tenemos, que se estancan, se cronifican o dejan para otro año la salida.

Hagan la prueba, tomen los principales asuntos de las últimas semanas, y ya verán qué panorama. ¿La economía mundial? Ahí sigue, tras tres años de crisis y sin que se vea todavía aquella luz al final del túnel de la que llevamos años oyendo hablar. No hay informe gubernamental, de organismo institucional o de expertos que no aplace la recuperación un par de añitos como poco, y eso viendo la botella medio llena.

¿El paro? Otro tanto. El gobierno presentó hace un par de semanas su escenario macroeconómico para los próximos años, y según sus previsiones nos podemos dar con un canto en los dientes si dentro de cuatro años logramos bajar de los cuatro millones de parados, a un ritmo que nos permitirá llegar al pleno empleo en un par de siglos.

¿La guerra de Libia? Para allá se fue la OTAN con sus aviones, pensando que Gadafi saldría huyendo con las primeras bombas y los rebeldes se darían un paseo con la cobertura área, y ya nos están advirtiendo que va para largo. Si pensamos en la capacidad de supervivencia de Gadafi, que ya sabe lo que es vivir como un paria mundial, y en la incapacidad de la OTAN para cambiar de estrategia cuando no funciona -como en Afganistán-, puede ir para muy largo.

¿Fukushima? Ahí siguen los heroicos trabajadores, que casi no pueden acercarse, y la empresa propietaria de la central dice que espera controlar la situación en un plazo de seis a nueve meses, plazo que nos tememos será revisado dentro de poco, vista la trayectoria informativa de los nucleares japoneses.

Pues vaya temporadita nos espera: si la previsión es que dentro de un año sigamos en crisis económica, con paro estratosférico, en guerra con Libia y con varios reactores echando mierda, lo mejor que podemos desear es que no venga otra desgracia, vista la racha que llevamos. Virgencita que me quede como estoy.

 

La decepción de los rebeldes libios

09 abr 2011
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“No pediremos perdón por el ataque. No nos compete a nosotros mejorar la comunicación con los rebeldes.” -Russell Harding, vicecomandante de la OTAN-

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Parece que lo de Libia se complica, por la falta de colaboración tanto de los rebeldes como de Gadafi. Los primeros, porque no son la infantería que la OTAN esperaba para seguir sobre tierra el camino que abriesen desde el aire. Ponen mucha voluntad y celebran con entusiasmo las victorias, pero son incapaces de aguantar una plaza conquistada más de una tarde. Y encima, no desaparece el recelo sobre quiénes son los llamados rebeldes.

En cuanto a Gadafi, tampoco está ayudando mucho al éxito de la misión. Se queja la OTAN de que el libio coloca sus tanques en zonas pobladas, en vez de alinearlos en el desierto para que los aviones puedan practicar el tiro al blanco a placer.

No sabemos si los rebeldes están arrepentidos de haber llamado a la OTAN, pero sí declaran ya su decepción. Ni les dan las armas esperadas, ni les despejan el terreno lo suficiente, y encima están negociando con el dictador bajo la mesa. Además, la operación no ha puesto fin a los ataques de los leales a Gadafi. Y para rematar, el fuego amigo, pues distinguir desde el aire a los buenos de los malos siempre es complicado, y pasa lo que pasa.

En lo único que se han dado prisa los atacantes extranjeros es en organizar la salida de petróleo de la zona oriental. Oficialmente es para garantizar ingresos a los rebeldes, pero nadie explica cómo se va a comercializar. Ahora se entiende que se dieran tanta prisa en reconocer a los rebeldes como representantes legítimos de Libia, para evitar la irregularidad que supondría disponer de los recursos de un país soberano.

No sabemos cómo saldrá la OTAN de este callejón sin salida. Tampoco sabemos si Gadafi caerá, le facilitarán una salida digna o le permitirán seguir en el poder, aunque sea con medio país. Por ahora, lo único cierto es que los rebeldes no van a ganar, no como esperaban. Si Gadafi sigue, ellos pierden. Pero si el dictador es expulsado, o si el país se divide y se quedan con la zona oriental, no será por méritos propios sino por la ayuda extranjera, y estarán en deuda con sus salvadores. Y tengan por seguro que se cobrarán la deuda.

 

Si al final ocupamos Libia será sin querer

02 abr 2011
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“Estoy preocupado por evitar una extensión de la misión y un final abierto. Conocemos Afganistán. Conocemos Irak.” -Robert Gates, secretario de Defensa de Estados Unidos-

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A la vista de los últimos días, con los aliados llenos de dudas y discrepancias sobre qué hacer, si bombardear más o menos, si armar o no a los rebeldes, cualquiera pensaría que la guerra es pura improvisación, y que los países atacantes tienen poco entusiasmo, que van desganados, como obligados.

No sabemos cómo acabará la cosa, pero si al final de la partida nos encontramos, como en Irak y Afganistán, con otro estado títere y una guerra inacabable, también parecerá que hemos llegado sin intención, sin querer, porque no quedaba otro remedio, obligados por la inevitable lógica de los acontecimientos; es decir, la lógica de los hechos consumados, que nunca es inocente.

Lo de menos es que prometan que no invadirán, o que la resolución 1973 excluya fuerzas de ocupación. Si miramos a Irak y Afganistán, comprobaremos que en esos casos tampoco estaba la creación de un estado títere entre las intenciones iniciales confesas. Igual que a Libia vamos por proteger a la población, a Irak fuimos a por armas de destrucción masiva, y a Afganistán a por Bin Laden. Pero luego las cosas salieron como salieron, y hemos acabado donde hemos acabado.

La secuencia de hechos consumados va encadenando nuevas situaciones que exigen nuevas respuestas que a la vez generan nuevas situaciones y etcétera. En Irak sólo bombardeamos al principio, pero los ataques hicieron inevitable la operación terrestre, y ésta obligó a derrocar a Sadam, lo que creó un vacío de poder que había que llenar y por ello hubo que alargar la ocupación, para finalmente, ante la inestabilidad generada, sostener un gobierno títere como única solución.

En Afganistán, más de lo mismo: primero atacamos, después usamos a la oposición como infantería, al final hubo que entrar con tropas, y como el país era ingobernable hubo que gobernarlo, resultando en una descomposición que hace imprescindible un gobierno títere.

Vamos, que ya está todo inventado. Si al final también hay que poner pie a tierra en Libia porque se vuelve ingobernable, lo haremos sin querer, porque los hechos nos obligarán.

 

Los saudíes podrán reprimir sin sudar

29 mar 2011
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“Todavía no estamos preparados para una participación de la mujer en las elecciones municipales.” -Abdel Rahman al Dahmash, jefe de la Comisión Electoral Saudí-

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La próxima vez que Bahrein pida ayuda a sus vecinos para aplastar las protestas, y las tropas de Arabia Saudí crucen de nuevo el puente que les une a la isla, tal vez lo hagan a bordo de tanques de fabricación española. E irán fresquitos, pues se los vamos a vender con aire acondicionado, para que no suden mucho, que en el desierto ya se sabe.

Hace meses que la monarquía feudal de Arabia Saudi negocia la compra de 250 tanques Leopard de fabricación española. En noviembre vino de compras el ministro de Defensa saudí, y entró por la puerta anunciando que venía dispuesto a gastar mucho dinero y que quería que le hicieran la pelota. Fue recibido por el rey, el presidente y la ministra de Defensa, y dejó apalabrados 3.000 millones en tanques, con el encargo de que se los adaptasen al clima local, climatización incluida.

El contrato, fruto del acuerdo de cooperación militar que España firmó con Arabia Saudí hace un par de años, quedó en la nevera unos meses, primero por desencuentros con el propietario alemán de la patente, y luego por el estallido de las revueltas árabes, pues no quedaba bien colocarle 250 tanques a una dictadura con la que estaba cayendo.

Pero según informaba ayer un diario económico, todo está ya arreglado y habrá contrato. Imagino que a los saudíes les ha entrado la prisa, visto lo caliente que se está poniendo la región; y tampoco los fabricantes españoles querrán esperar mucho, no sea que aparezca por Riad un comercial de la competencia y les levante el cliente, que ya saben que las guerras animan el mercado.

Si alguien pensaba que tras lo de Libia los gobiernos harían propósito de enmienda y serían más cuidadosos en no vender armas a tiranos, ya ven que no: Arabia Saudí, uno de los mayores compradores de armas hoy –y al que también queremos vender un AVE, así que hay que llevarse bien-, es una dictadura férrea, que aplasta a disidentes propios y ajenos, y cuya gran concesión a la democracia es la convocatoria de elecciones municipales donde no podrán participar las mujeres. Pues nada, que lo disfruten, y vayan fresquitos.