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Arrímate, que hace frío

03 feb 2012
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Escuchaba ayer a un meteorólogo en la radio, y por un momento no sabía bien de qué me estaba hablando: Europa azotada por un frío como no había sufrido en muchos años, víctimas en varios países, gente acaparando combustible y alimentos básicos, sectores económicos paralizados, y la recomendación de las autoridades de no salir a la calle. ¡Ah, es la ola de frío siberiano! ¿En qué estaría yo pensando?

Ya digo, por un momento me confundí, sobre todo después de ver cómo el termómetro laboral volvía a batir marcas históricas: 177.470 nuevos parados inscritos en un solo mes, pocos días después de conocer que el paro real supera con creces los cinco millones, y mientras se multiplican las noticias sobre la miseria que recorre Europa: más población en riesgo de pobreza, casos de desnutrición en Grecia, y la estampa cada vez más cotidiana de quienes buscan en la basura.

Y todos con el frío metido en el cuerpo, sin salir a la calle, que la ola polar de la crisis aprieta de lo lindo e invita a no moverse demasiado para conservar el poco calor que nos queda, y a ver quién es el valiente que se planta en mitad de la plaza o convoca algo, una manifestación, una acampada, una huelga, con lo calentito que se está en casa, que para protestar ya está el twitter.

Algunos, aunque sean pocos, insisten en plantar cara al invierno social, y así cada día sabemos de una nueva protesta por aquí, un “yo no pago” por allá, una acción para impedir otro desahucio; pequeños fuegos que intentan prender en una hoguera mayor, sabedores de que en estos tiempos de castañeo de dientes hay que buscar el calor en los demás, juntándose para pasar menos frío, que como te quedes en casa cualquier día el vendaval te levantará el tejado y las paredes y te dejará en esa intemperie cada vez más concurrida.

Para colmo, la marmota Phil predijo ayer que el invierno será todavía largo, y otra marmota más temida, Standard & Poor’s, salió también de su madriguera para anunciar que hay muchas probabilidades de que pasemos un 2012 siberiano. Lo dicho: busquen con quien juntarse, que a solas se lleva peor.

Hoy toca hablar del paro

28 ene 2012
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Me sumo al coro de quienes aplauden la manera decidida en que el gobierno reaccionó ayer a la publicación de la EPA. Recordemos: a las nueve de la mañana, nada más conocerse el dato, el presidente convocó un gabinete de crisis en Moncloa, y llamó a los partidos de la oposición y agentes sociales para que se sumasen al mismo. A continuación, dirigió un mensaje al país y nos hizo saber que ni el déficit ni las reformas, que su prioridad era cortar la destrucción de empleo, y que esa misma mañana había telefoneado a Bruselas y a Berlín para exigirles que revisasen el calendario de déficit y decirles que, si ellos no lo hacían en Europa, él estaba decidido a cambiar la política económica desde hoy mismo, dado el fracaso de la austeridad y las reformas hasta ahora.

Vale, vale, no ocurrió nada de eso. El gobierno siguió su rutina, sus portavoces se acomodaron a la habitual retórica (“una tragedia”, “inaceptable”), prometieron “trabajar con más intensidad” para combatir el paro, y alguno hasta recordó de pasada que este paro no era de Rajoy sino del gobierno socialista, al que que supongo habrá que colgarle los 2,7 millones de empleos destruidos desde el comienzo de la crisis, y los que todavía se seguirán destruyendo este año y el que viene.

En fin, yo mismo escribo hoy esta columna con una resignación fastidiosa, como asumiendo que hoy toca hablar de “el drama del paro” e impostar un poco la voz, recordar las historias humanas tras las grandes cifras y recurrir a cálculos llamativos de esos que antes hacíamos con los niños que morían de hambre en el tiempo que tardábamos en ver un anuncio de ONG: en 2011 se destruyeron 1.580 empleos al día, 65 por hora, un parado por minuto.

Pero nada: trimestre tras trimestre, después de superar los cuatro millones, y luego los cinco, nuestra capacidad de alarma está desbordada, y si Montoro, igual que adelantó unas horas el dato malo de la EPA para amortiguar el impacto, decidiese adelantarnos las EPAs de los próximos dos años y nos anunciase hoy mismo que cruzaremos la barrera de los seis millones, tampoco pasaría nada.

Vuelve, a casa vuelve

23 ene 2012
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La escena ya la conocemos, es un clásico navideño que un anuncio de turrón actualiza año tras año: en el hogar familiar, la madre prepara la mesa para la cena de nochebuena. Entonces aparece el hijo que hace años marchó de casa, entra sin llamar, llega por la espalda y le tapa los ojos a la madre para darle la sorpresa, bajo la sintonía ñoña del “vuelve, a casa vuelve…”

Vale, límpiense la lagrimilla, porque el anuncio sigue: pasó la navidad y el muchacho no se ha ido, sino que ha trasladado sus cosas y ha vuelto a tomar posesión del dormitorio infantil convertido desde su marcha en el cuarto de la plancha. Ya no hay nostalgia navideña, ni turrón ni cancioncilla, sino la realidad pura y dura que cada vez más jóvenes viven.

Según el Observatorio de la Juventud, medio millón de jóvenes que ya le habían dado a sus padres el disgusto (o la alegría, según los casos) de emanciparse, han vuelto a casa desde 2008. Medio millón de hogares donde el anuncio del turrón suena a recochineo cuando lo ven. Y la previsión es que siga creciendo el número, por la recesión que no escampa, y por la supresión de ayudas como la renta básica de emancipación.

Jóvenes, y no tan jóvenes: conozco varios que no son ya veinteañeros, y alguno ni treintañero siquiera. Ahí está, según los sociólogos, la explicación a la paz social que aún vivimos: el colchón familiar, en el que vuelven a dormir muchos miembros de esa condenada “generación perdida”.

El problema es que en muchas casas ese colchón cada vez está más desgastado, le asoman los muelles, está lleno de parches y son demasiados los que duermen apretados en él. Pero el problema es también de futuro: si nuestros padres pudieron construir ese colchón para los malos tiempos, muchos están quemando ahora su oportunidad de construir un colchón para ellos mismos, y no digamos ya para sus hijos en el incierto futuro.

Aquel viejo chiste del joven que aspiraba a vivir de los padres hasta que pudiese vivir de sus hijos va camino de hacerse realidad, y tal vez dé mucho juego para los guionistas de telecomedias. Pero no tiene ninguna gracia.

Minitrabajos maxibasura

15 dic 2011
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Si creían que con los contratos basura y el trabajo precario ya lo habían visto todo en materia de deterioro laboral, agárrense que vienen curvas: los minijobs. El nombre con que nos venden el invento debe de ser cosa de algún propagandista hábil, porque da hasta ternura, como una mascota. “Cariño, he conseguido un minijob”. “Ay, qué mono, qué chiquitín”.

Es de temer que lo único mini que tengan sea el sueldo y los derechos sociales: 400 euros mensuales y menos cotizaciones. Todo lo demás será previsiblemente talla XXL: maxiprecariedad, maxiexplotación, maxidesprotección y maxibeneficio para la empresa. Vista la deriva del mercado laboral, los trabajos basura de toda la vida se convertirían en minitrabajos maxibasura. Si usted es de los que se queja de tener un trabajo de mierda, en adelante puede encontrarse con un minitrabajo de maximierda.

Por ahora los minijobs hacen mucha gracia, y ya circulan los primeros chistes, pero no es para risas. Si la CEOE y el próximo gobierno han echado a volar el globo sonda, échense cuerpo a tierra, porque últimamente todos los globos acaban aterrizando. Y los minijobs no sólo son un problema para los parados, pues la precariedad de unos acaba irradiándose a todos, ya que los salarios bajos, como el paro elevado, presionan al resto: si hay alguien dispuesto a cobrar 400 euros, dónde vas tú ganando 1.000, criatura. Por si no tenemos ya bastantes minisueldos y miniderechos, nos darán otro empujoncito.

Ah, esperen: que es un invento alemán, que allí lo implantaron en 2003. Si lo hacen ellos será bueno, que para eso son los campeones. Pues vale, pero aparte de que ni la situación de partida ni la mentalidad empresarial son las mismas en los dos países, y que aquí los minijobs se adaptarían a la idiosincrasia empresarial local, a los germanófilos les recomiendo una lectura: Con los perdedores del mejor de los mundos, el descenso del legendario periodista Günter Wallraff al infierno laboral que cada vez más alemanes conocen gracias a reformas como esa de los minijobs. Yo que ustedes me preparaba para maxirresistir.

Lo primero, el empleo

13 dic 2011
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Ya que ha nacido una nueva Europa, llevo desde el viernes releyendo la declaración que salió de la cumbre, a ver si me entero de dónde vamos a vivir.

Como la letra grande ya me la sé, he pasado la lupa a los siete folios para escrutar la letra pequeña. No por desconfianza, aunque sé que siempre nos la cuelan en caracteres microscópicos, sino por buscar el párrafo donde hablan del que muchos creemos que es el principal problema hoy: el paro, con 25 millones de europeos sin trabajo, y la pobreza y desigualdad en alza.

Pero nada: o la letra es más pequeña de lo que mi lupa permite, o los líderes se han despistado con tanto trasnochar y se les ha pasado hacer alguna mención, por pequeña que sea. Nada de nada, ni una palabrita suelta, ni siquiera la típica frase retórica que no compromete pero que al menos nos mantiene la esperanza de que piensan en ello. Nada.

Lo confirmó ayer Sarkozy, al fijar los tags de la nueva Unión: “va a nacer otra Europa, donde las palabras clave serán la convergencia de las economías, las reglas presupuestarias y la fiscalidad.” De los millones de parados, ni palabra.

Ya sé que la letra grande tampoco sirve para mucho. Ahí está el PP, que lo puso en el centro del cartel electoral: “Lo primero, el empleo”. Ayer Rajoy y sus ministrables fijaron las prioridades inmediatas: reestructurar la banca saneando sus balances, reajuste del sector público y estabilidad presupuestaria. Ah, y la reforma laboral, que ya sabemos por experiencia cuánto empleo crean esas reformas. La misma que nos receta el comisario europeo de Economía, que sí se ha acordado de nuestro paro, aunque a la vista de la receta casi mejor que siga desmemoriado.

Cristobal Montoro nos pide paciencia, y dice que para crear empleo hay que esperar al menos a 2013. Pues menos mal que era lo primero, que si llega a ser lo segundo o lo tercero… Que sí, no me lo cuenten, que ya me lo sé: la austeridad, el equilibrio y la confianza traerán crecimiento, y el crecimiento por fin empleo. Así que a esperar, que el empleo, que era lo primero, está al final de la infalible fórmula.

95.817 pedradas más en el estanque

05 oct 2011
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Como en España sólo sabemos ajustar la economía destruyendo empleo, ahí seguimos, de cien mil en cien mil otro mes más. Es que no se nos ocurre otra cosa: si nos dicen que hay que ajustar, siempre apretamos por el mismo sitio. Lo señaló en un informe la Comisión Europea a finales del año pasado: España es el único país de la Unión donde todo el ajuste de la crisis se ha hecho destruyendo empleo.

Aquí todo el que se ha ajustado para resistir la recesión lo ha hecho poniendo gente en la calle. No sólo el hinchado sector de la construcción se ajustó al pinchazo largando a cientos de miles al paro. Todos, desde los medios de comunicación al sector automovilístico, pasando por las telefónicas (incluso con beneficios, pero había que ajustarse para seguir ganando) y por supuesto la banca, las cajas, el comercio o las pymes, todos se han ajustado igual.

De ahí que no sorprenda que, llegado ahora el momento de que las administraciones se ajusten, todas den por buena la sinonimia entre ajuste y destrucción de empleo: unos cuantos miles de interinos por aquí, empleados de empresas públicas por allá, o un buen número de trabajadores de la sanidad, la dependencia o las residencias de mayores a la calle ante la reducción de recursos y los retrasos en los pagos.

Unos 15.000 sólo el mes pasado, según Trabajo. Y eso no es nada comparado con la destrucción masiva de empleo que supone el frenazo en inversiones que todos, desde el Gobierno central hasta el último ayuntamiento, han decretado. No hay otra vía, por lo visto: ya se trate de presupuestos restrictivos, reorganizar estructuras, aplazar proyectos, cerrar servicios o recortar gastos, el resultado sólo puede ser uno: más paro.

Pero además, llegados a este punto, cada aumento del paro sólo puede generar más paro, como las ondas de la pedrada en el estanque: cuanto más sube el paro, menos confianza hay (de los parados, y de los que pueden serlo, que somos todos), menos consumo, menos demanda de bienes y servicios, de modo que más empresas se ajustan o cierran, y más trabajadores al paro, lo que supone otra piedra con nuevas ondas destructivas, atrapados en ese círculo infernal, del que no nos van a sacar ni los unos que dicen que la recuperación está cada día más cerca, ni los otros que aseguran tener la fórmula mágica para que todo cambie en cuanto gobiernen. Socorro.

Alguien tendrá que comprar escobas

10 sep 2011
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En vez del millón de nuevos empresarios que promete el PP para acabar con el paro, más le valdría crear un millón de consumidores. Porque el problema hoy no es que haya pocos empresarios y haga falta un millón más, sino que los que hay no venden una escoba, así que se asfixian en sus deudas, y de paso no pagan a sus acreedores, que tampoco venden una escoba ni pagan lo suyo, en un círculo infernal que se va estrechando.

No se vende una escoba porque nadie la compra, porque estamos todos en economía de crisis: unos no consumen por no tener, y otros, teniendo, tampoco gastan por lo que pueda pasar en el futuro negrísimo que todos pintan. Así que la cosa no mejora, no hay actividad, y la insistencia en el ajuste impide levantar el vuelo. Y como hasta que inventemos otra cosa nuestra economía se basa en la demanda de bienes y servicios, las empresas siguen cerrando o recortando plantilla, y los trabajadores que no se van al paro tampoco suelen quedar con ganas de comprar escobas. (Los últimos, como ya saben, los trabajadores de este diario, a los que mando todo mi apoyo en momentos complicados).

Que las cosas funcionan así, y que con la obsesión por la austeridad y los recortes nos vamos al carajo, lo saben hasta los niños: cuando mis hijas juegan con sus amigos a que son dependientas, camareras o peluqueras, eso que tanto gusta a los niños, se reparten los papeles por turnos: unas veces les toca hacer de trabajadores y otras de clientes, porque si no, si todas quieren ser peluquera y nadie pide un corte de pelo, no hay juego posible, se quedan todas en paro.

Lo saben los niños, y cada vez más economistas y gobernantes, incluso en las filas ortodoxas. La cruzada por la austeridad está ahogando la economía mundial, y muchos ya se dan cuenta de que hace falta también poner algo de dinero para salir del hoyo. Un informe de la ONU esta semana auguraba una década de recesión mundial por unos planes de ajuste que “empujan hacia el desastre.”

Lo sabe Obama, que ha presentado un plan que, aunque modesto, va en ese camino. Lo saben quienes empiezan a pedir que la austeridad vaya acompañada de estímulos (así lo llaman, para no decir gasto público), porque sin crecimiento no cuadran las cuentas ni se pagan las deudas, y no se acaba con el problema más grave hoy, que no es el déficit ni la prima de riesgo, sino el paro.

Sé cómo crear empleo, pero no me preguntes

05 jul 2011
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“Sería casi delictivo tener la solución contra el paro como dice el candidato socialista y no haberla aplicado.” -María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP-

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Nada como la proximidad de las elecciones para estimular la imaginación de los candidatos. Por lo visto tanto el aspirante del PSOE como el del PP tienen la receta milagrosa para acabar con el paro: Rubalcaba presumió el domingo de saber lo que hay que hacer, y asegura que lo hará si es presidente. También Rajoy promete tener el remedio, y por eso insiste en que unas elecciones anticipadas permitirán iniciar la recuperación cuanto antes.

Eso sí, ninguno suelta prenda, más allá de las vaguedades habituales (estimular la economía, fomentar la contratación…). No sabemos si revelerán algo antes de las elecciones, o si los debates electorales serán del tipo: “Si es verdad que usted tiene la receta, cuéntela”, “No, usted primero”, “Después de usted”…

Hay que tomárselo a broma para no cabrearse demasiado. Si malo sería que Rubalcaba tuviera la solución y se la hubiese callado durante estos años, igualmente “delictivo” sería que el PP tuviese la fórmula y en lugar de ofrecérsela al Gobierno se la guardase hasta llegar a la Moncloa. De lo que cabe pensar que ninguno de los dos la tiene, que ninguno sabe qué hacer para reducir el paro y sacar la economía del coma en que está.

En cualquier caso, concediéndoles el beneficio de la duda, si de verdad tienen un plan para crear empleo, exigimos conocerlo antes de votar, a ser posible firmado ante notario, para luego no llevarnos sorpresas como en esta legislatura, con reformas y recortes que no estaban en el programa. Más que nada porque sospechamos que la salida pasa por seguir el camino regresivo iniciado.

Por ahora, el panorama laboral es para llorar: el paro bajó ayer, sí, pero con contratación temporal de verano, que tal como llega se irá cuando llegue el otoño. Y un estudio de Randstad publicado ayer decía que siete de cada diez trabajadores afirman que su carga de trabajo ha aumentado en el último año sin que por supuesto aumente su sueldo, por efecto del ajuste de plantillas. Ambos datos trabajan contra cualquier recuperación del empleo, y harán falta algo más que fórmulas milagrosas.

 

¿Somos el ‘Haití’ laboral de Europa?

14 may 2011
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“Los segmentos más frágiles del mercado laboral –jóvenes, trabajadores poco cualificados y temporales- han sufrido más.” -Informe de Perspectiva del FMI sobre Europa-

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La experiencia demuestra que no hay terremotos pequeños o grandes, sino construcciones más o menos resistentes. Dos seísmos de la misma magnitud pueden arrasar ciudades y dejar miles de muertos en un país pobre, o quedar en un susto y dejar unas cuantas grietas en un país que construya edificios resistentes.

Ahí está el terremoto de Haití, que con siete grados dejó 300.000 muertos y un millón y medio de personas sin casa, mientras Japón ha sufrido decenas de seísmos de siete grados sin apenas víctimas. Y sí, con el último tuvo 20.000 muertos. Pero era de nueve grados: imaginen cómo habría quedado Haití si cae allí.

Sin embargo no es de terremotos de lo que quiero hablar, sino de otro tipo de sacudidas: las económicas. Y la diferente resistencia de unos países y otros.

El mismo día que tembló Lorca, el FMI publicó un informe que dice lo que ya sabíamos: que no todos los países han sufrido los mismos daños con la crisis global. Así, mientras en el norte de Europa el paro ha aumentado ligeramente, en España el mercado laboral ha colapsado. Es decir, que en términos de sismología económica, somos el Haití de Europa.

Podemos discutir si la crisis ha sido de grado siete o de grado nueve. Pero lo indudable es que nuestras infraestructuras económicas y sociales no estaban preparadas. Mientras en otros países construían su bienestar con cimientos sólidos, aquí levantábamos chamizos que por fuera parecían lujosos pero cuya estructura era como la casa del cerdito que vuela cuando el lobo sopla. Y no sólo eso. En los terremotos, la resistencia de un país se mide en los daños, pero también en su capacidad de recuperación cuando cesa el temblor. Y en eso también somos Haití: tenemos casi cinco millones de parados en tiendas de campaña, y no hay mucho que ofrecerles.

Hasta ahí llega la comparación, pues la crisis no es una desgracia natural, no es un terremoto, ni el FMI puede dar lecciones de arquitectura. Pero a los países en zona sísmica se les exige prevención. La que nos ha faltado para no quedarnos en la calle cuando temblase la economía.

 

9’99 euros es mucho más barato que 10

29 abr 2011
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“La cifra tiene un simbolismo, pero la previsión es que no alcanzaremos los cinco millones durante este año; esperemos.” -Valeriano Gómez, ministro de Trabajo-

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Aviso a comerciantes: si quieren venderle unos calcetines al ministro de Trabajo o a la vicepresidenta económica, no marquen el precio a 10 euros, que tal vez los vean demasiado caros. Pónganselos a 9’99 y ya verán como pican y se llevan dos pares. Ellos, y todos los que estos días entran en el juego de si el paro superará o no los cinco millones.

Por lo visto, cuando hoy se publique la EPA del primer trimestre habrá quien respire aliviado si al final no se supera la temida cifra de los cinco millones de parados. Lo más probable es que nos quedemos alrededor de los 4’9 millones, y no es que vayan a descorchar cava, pero sí habrá quien lo viva como una victoria moral, un empate en el último minuto de un partido que parecía perdido.

En realidad, tampoco pasaría nada si cruzásemos la línea y entrásemos en el quinto millón, y ni siquiera es descartable que suceda más adelante. ¿Ya no nos acordamos de cuando se superaron los cuatro millones, y cómo el anterior ministro de Trabajo veía improbable esa cifra? Luego desbordamos los cuatro, poco después los cuatro y medio, y ahí seguimos como si nada, porque con los números grandes nos pasa siempre igual, lo mismo con parados que con niños hambrientos en el mundo: a partir del primer millón ya nos da lo mismo ocho que ochenta, el efecto dramático se diluye.

Y en realidad la subida no es lo más importante: lo peor es la bajada, que será mucho más lenta que el ascenso, y puede hacer que nos quedemos instalados en los cuatro millones largos durante años. Las previsiones macroeconómicas del Gobierno dan como inevitable que sigamos ahí arriba al menos un lustro, y eso siendo optimistas y que no se nos tuerza nada más de aquí a entonces.

Para reforzar el efecto psicológico positivo de no superar los cinco millones, el Consejo de Ministros aprobará hoy un plan contra el empleo sumergido, que es una forma de decirnos que no son tantos, pues hay trabajadores que ponen cara de parados y en realidad trabajan de tapadillo. O sea, que a los calcetines todavía les regatearán un euro y pensarán que es una ganga.