El río de la corrupción

03 Nov 2009
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Entre 2007 y 2008, investigadores del CSIC tomaron muestras de diversos puntos de la cuenca del Ebro como parte de un proyecto que buscaba trazar un mapa de los puntos de tráfico y consumo de droga en España. Se trataba de localizar, a partir del análisis del agua, las mayores concentraciones de restos de estupefacientes. El resultado del análisis determinó que en todo el Ebro había una carga de 620 kilos de cocaína y 420 de otras sustancias similares. La droga, que llega al río por la orina, se acumula en los peces y otros organismos acuáticos y hay que pensar que, cuando consumimos estos animales, vuelve a nosotros, cerrando el círculo. Todos nos convertimos, así, un poco en toxicómanos.

  Es curioso, pero el mecanismo de la corrupción parece observar patrones similares. En algún municipio de España, un alcalde o un regidor corrompido acuerda con un constructor corruptor recalificar un terreno para repartirse los beneficios. Previamente, el munícipe ha maniobrado en el Plan General de la población para que el terreno, que era de uso escolar, pase a ser suelo urbanizable. El constructor paga al edil con una maleta llena de bin ladens. El político corrompido utiliza luego ese dinero para comprar un chalet y busca entonces al mejor arquitecto. El arquitecto, que es un hombre bastante honrado (dentro de lo que cabe), cobra sus honorarios y, como es su cumpleaños, le regala un broche a su novia. Cuando rompen, ésta vende la joya y da el dinero a una ONG, que resulta ser una tapadera del alcalde corrupto. Y es así, ni más ni menos, como fluye el río de la corrupción, que es como decir el río de la vida.

2 comentarios

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  • Comentario por uno que pasaba por aqui

    03/11/2009 @ 11:50

    ”Previamente, el munícipe ha maniobrado en el Plan General de la población para que el terreno, que era de uso escolar, pase a ser suelo urbanizable”
    Para eso es necesario la implicación de la comunidad autonoma correspondiente que es la que finalmente aprueba los PGOU.

  • Comentario por lluvia

    03/11/2009 @ 12:53

    La gravedad de lo que acontece en el PP no puede ser percibida por sus dirigentes, mientras no lleguen a comprender, cosa imposible sin libertad de pensar, que son ellos mismos quienes reproducen y regeneran, junto a los demás partidos estatales, la causa primigenia de la corrupción, en tanto que factor de poder político y de gobierno. El caso Gürtel no es distinto de Filesa, los trajes de Camps no son diferentes de los abalorios de Corcuera, los safaris del tesorero del PP son hermanos gemelos de la pesca senegalesa del jefe de los servicios secretos. No hay corrupción de partido que no sea igual a sí misma, es decir, a la de cualquier otro partido estatal.

    Entre los tres tipos generales de corrupción -la ocasional, la consecuencial y la constitutiva-, el Estado de partidos se construyó sobre los cimientos y con el diseño de la corrupción constitutiva. En este tipo, la corrupción no aparece como fenómeno degenerativo de lo anterior, sino como gran virtud generativa de una nueva clase de degeneración política. Para comprenderlo bien basta compararla con los dos tipos de corrupción clásica. La ocasional, imposible de evitar por su carácter personal, no entraña peligro serio para las sociedades. No hay ladrón sin ocasión. La consecuencial solo pone en peligro la estructura de la institución de la que es consecuencia, y es evitable mediante reformas estatutarias. Ejemplo, la crisis económica ha descubierto que la corrupción de los ejecutivos de banca y de entidades financieras era mera consecuencia de la laxitud en las normas internas de control y en las externas de vigilancia. Por eso se acometen, a la vez, urgentes reformas en la estructura dirigente de las entidades y en el control de las autoridades financieras. La corrupción constitutiva es de naturaleza tan distinta de las otras dos, que apenas presenta similitudes con la del ladrón o la del banquero. La única que se asemeja a ella, por naturaleza, es la de la mafia. Y del mismo modo que no se puede combatir el terrorismo sin conocer sus causas, tampoco se acabará con la corrupción de partido sin saber de donde proviene. Sin embargo, la razón de que la actual corrupción política sea tan profunda, como inevitable en el Estado de Partidos, es fácil de explicar, aunque para los partidos sea imposible de entender. Ante la corrupción de partido, las elecciones no sirven para nada. No tanto porque los electores sean indiferentes, como parece a primera vista, sino porque votando erróneamente por deber, y siendo corruptos todos los partidos, no pueden elegir al menos malo, sino al que consideran suyo. El sistema proporcional perpetúa la corrupción de partido y la degeneración política.

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