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Traducción inversa

Joan Garí

Ideologías

16 nov 2009
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Quizá deberíamos ser capaces de sacar algunas lecciones positivas de la caída del muro de Berlín. Al fin y al cabo, el siglo XX –la centuria más corta (comienza en 1914 y acaba en 1989) y más sanguinaria de la historia- es un compendio de horrores donde la vida humana importa muy poco. Por supuesto, cada cual ha hecho de los acontecimientos berlineses de hace veinte años su particular lectura. Los que enarbolaron la tabarra del fin de la historia estaban convencidos, por ejemplo, de que cualquier modelo que no fuera el del capitalismo liberal quedó desautorizado para siempre. Santa inocencia. El problema no es la izquierda. El problema son las masas de desposeídos del mundo, los niños hambrientos, los pobres de solemnidad que viven con menos de un euro al día. Contra este nuevo muro podemos proponer tiritas made in Fondo Monetario Internacional. O podemos –no sé qué es peor- interpretar con las gafas de las mismas ideologías que llevaron al colapso el siglo XX.

  El problema con las ideologías es que algunos tipos las utilizan como prótesis para evitar que la realidad entre en contacto con su carne mórbida. Yo puedo estar en contra de que la iglesia intente ocupar un lugar que ya no le corresponde en una sociedad laica pero, ¿tengo que ser, por eso, necesariamente “anticlerical”? No digo que lo ideológico sea necesariamente negativo. Ni es bueno ni es malo per se. Es el uso que hacemos de las ideologías lo que determina su bondad o su maldad. Cuando aún quedan tantos muros en el mundo, no vendría mal reflexionar sobre todo esto con un poco de tranquilidad. Es mi humilde propuesta, por lo menos.