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Traducción inversa

Joan Garí

El latrocinio perfecto

15 dic 2009
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Me gustaría que, al publicarse este artículo, Aminatou Haidar hubiera logrado su objetivo y se encontrara ya volando hacia El Aaiún. Supongo, sin embargo, que lo más probable es que los gobiernos implicados todavía no sepan qué hacer con esta mujer débil de cuerpo pero moralmente indestructible. Su caso singular ha tenido la virtud de recordarnos a todos que el Sáhara existe y que es un país ocupado a la espera de que la comunidad internacional obligue a sus agresores a propiciar una solución.

Un asunto feo. Para empezar, Marruecos se ha comportado en este tema como el autor del latrocinio perfecto. Invadió en su día el Sáhara con una muchedumbre que ocultaba, tras sus coranes y sus pacíficas banderas verdes, afiladas cimitarras; luego se instaló allí y ahora asegura que ese territorio siempre fue suyo. El matiz otorgado a ese adverbio –“siempre”- es la clave de este arbitrario comportamiento. Ellos robaron el Sáhara y ahora se sienten profundamente heridos en su orgullo nacional porque los demócratas del mundo les exijamos su devolución. El matiz otorgado a ese adjetivo –“nacional”- también tiene mucho que ver en esta envenenada historia.

Francisco Franco ya era una piltrafa moral e ideológica cuando su deterioro físico se volvió irreversible. En ese momento (1975) España se desentendió de su antigua colonia y desde entonces la débil voz de los saharauis ha habitado un rincón desamparado de su conciencia. Aminatou Haidar ha venido a personificar y a amplificar esa voz. Ella sí que sabe lo que significa “siempre” y lo que significa “nacional”. ¿Triunfará su causa justa?

El Sáhara, el coma

30 nov 2009
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Rom Houben sufrió un accidente de automóvil en 1983. Durante 23 años los médicos han creído que estaba en coma, mientras le limpiaban las babas en su cama de hospital. Hace poco el neurólogo Steven Laureys, de la Universidad de Liege, descubrió que el cerebro de Houben estaba activo. De pronto, la brutalidad del hecho golpeó a propios y extraños: ese pobre muchacho había estado consciente todo el tiempo, sin poder mover ni un músculo, mientras el mundo a  su alrededor se organizaba como una tragicomedia obscena.

  Aminatou Haidar es una activista enfrentada al gobierno marroquí por su defensa de los derechos del Sáhara. Hace dos semanas fue arrestada por Marruecos cuando volvía a Al-Aaiun después de un viaje a los Estados Unidos. Fue enviada al aeropuerto de Lanzarote, donde está en huelga de hambre a la espera de que se le permita retornar a su país.

  Ustedes conocen estas dos historias. Los periódicos se han referido a ellas largamente en los últimos días. Han aparecido en diferentes páginas y secciones, pero de algún modo se han ido acurrucando juntas en la conciencia del lector, puesto que parecen compartir una misma monstruosa arbitrariedad. También el Sáhara Occidental vive en un estado vegetativo perpetuo, informativamente sumergido en lo que parece un coma perfecto desde que España, en los estertores del franquismo, lo abandonó a su suerte (es decir, a las lujuriosas apetencias expansionistas de Marruecos).

   Haidar sólo quiere ser una ciudadana libre en un país libre. Houben sólo quería que supieran que estaba vivo. Son extraños los destinos cruzados por la apresurada sintaxis de un periódico.