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Traducción inversa

Joan Garí

Devolver competencias

13 ago 2011
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Como serpiente de verano pudo haber funcionado, aunque las he visto mejores. De pronto, todos los presidentes autonómicos del PP salieron a la palestra a entonar el mismo himno: Devolver competencias. Como la crisis apretaba de lo lindo, estos tipos tuvieron su genial idea: antes que gestionar la justicia (o la educación o la sanidad) con números rojos mejor endosársela al Estado. Muy bonito, claro. Ahora imaginémonos, por un momento, que esa actitud se generalizase. Es como si contratas a un chófer y, una vez en su puesto de trabajo, la primera cosa que te dice es que sería mejor devolver el coche al concesionario. Entonces vas tú y despides al chófer, ¿no?

No podemos despedir a los políticos incompetentes (sin competencias), puesto que los han votado ciudadanos que quizás también tienen sus lógicas limitaciones competenciales. Lo que si podemos preguntarnos es qué demonios hace esta gente en los puestos que ocupa. Que yo sepa, no es obligatorio regir los asuntos públicos. Si tú no crees en la sanidad o en la educación pública, entonces ¿por qué te postulas para gestionarlas? Lo primero que se le debería exigir a un político es que creyera en la cosa pública. Si no, pues que se vaya a Telefónica (empresa privatizada por los que no creían en lo público, por cierto) a cobrar su buen sueldo a cuenta de los accionistas.

Esta teoría, lo reconozco, es un poco ingenua. Qué sería de algunos políticos, en realidad, si no pudieran meter la mano en los presupuestos públicos. Ahí tienen ustedes lo que hizo durante años la Generalitat Valenciana con la CAM. Nada mejor que una caja de ahorros para disponer de ellos para caprichitos sin importancia. Que si financiar Terra Mítica o la Fórmula 1, y muchos otros proyectos igualmente inútiles y deficitarios. Se perdió el dinero pero ¡con qué grandilocuencia, con qué elegancia, con qué alardes de nuevo rico!

Y es que algunos políticos sólo creen en lo privado y en las privatizaciones, pero para llevar a cabo sus proyectos necesitan el dinero público. ¿Y si no hay suficiente dinero porque nos lo gastamos todo en la época del ladrillo feliz? No pasa nada: ahí tenemos a papá Estado. Le devolvemos las competencias con la misma determinación con que echamos la CAM a los lobos. Que se coman otros ese marrón. Y ahora, amigos, seguid votando a esos amados líderes. Y el último que apague la luz.

El ejemplo gallego

09 mar 2011
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Hay una historia reciente, muy instructiva, a la que no sé si se le ha prestado la atención que merece. Resulta que el Gobierno gallego estableció un catálogo de medicamentos susceptibles de ser financiados por los poderes públicos. Este excluía ciertas marcas en favor de los correspondientes genéricos. La norma se demostró plenamente acertada: en poco más de dos semanas –según datos oficiales-, la Xunta pudo ahorrar 4 millones de euros en la factura farmacéutica. ¿Y qué hizo, ante esto, el Gobierno del Estado? Pues elevar un recurso al Tribunal Constitucional en contra de la medida. Ese recurso fue aceptado el viernes pasado y la ley gallega está suspendida.

Vamos a ver si nos aclaramos. Resulta que la Xunta establece un plan que se demuestra exitoso para ahorrar en los gastos farmacéuticos. Y al Gobierno central no se le ocurre otra cosa que aducir que esa actuación “rompe la igualdad entre los españoles”, puesto que algunos medicamentos que podían comprarse por ejemplo en Santander no estaban a la venta en Ourense.

A mí, sinceramente, todo esto me parece una soberana tomadura de pelo. No creo ser sospechosos de estar a favor de las políticas del PP, pero si uno de sus gobiernos actúa con precisión y eficacia, responderles con argumentos ranciamente decimonónicos está fuera de lugar. A la Xunta, en este caso, no habría que denunciarla, sino emularla. ¿O es que las iniciativas inteligentes contra la crisis sólo pueden venir desde Madrid?

Alguien está haciendo el tonto en todo este asunto y no son precisamente los gallegos.