Lo que un médico debe saber
Decía la prensa hace unos días que algunos médicos de hospitales públicos de Baleares se habían manifestado en contra de tener que demostrar conocimientos de catalán. El gobierno balear lo exige y determinados facultativos no están por la labor. Bien. A mí me parece que en el fondo de esta cuestión late el problema de qué debe saber un médico. Debe saber anatomía, debe saber cirugía, debe lidiar con mil y una patologías pero, por encima de todo, lo que nunca debería ignorar es cómo establecer una comunicación cálida y humana con su paciente. Y ahora me gustaría explicar qué relación tiene esto con el tema de las lenguas, y disculpen ustedes por dedicarme, una vez más, a divulgar obviedades. Yo mismo conozco, en el área de Castellón, a muchas personas de la tercera edad, catalanoparlantes de toda la vida, que se expresan muy pobremente en castellano. Cuando estas personas van al médico, ¿quién empatizará más con sus achaques, un doctor que les hable en su propio idioma, o un tipo arrogante que establezca con ellos, entre otras, la barrera de la lengua? Ciertos matasanos que dedican cinco minutos a sus víctimas pretenden arrogarse también el derecho a seguir siendo monolingües en un territorio con dos lenguas oficiales. Pero no es sólo un problema médico: la cuestión se plantea igual con cualquier funcionario público, sea juez, policía o profesor. Es el modelo de la función pública lo que está en entredicho, y hemos de decidir si las antiguas figuras del juez tonante, el policía hijo de perra o el administrativo del “vuelva usted mañana” siguen teniendo bula en nuestro ordenamiento jurídico. El funcionario se debe a su clientela. Y debe hablar la(s) lengua(s) de ésta. En Mallorca, en Castellón, en Vitoria, en Murcia, en París y en el Congo Belga. Todo lo demás son ganas de reclamar privilegios periclitados. En este contexto, me alegré de que la nueva presidenta del Parlamento vasco, Arantza Quiroga, decidiera desautorizar al líder de su grupo, Antonio Basagoiti, y declarara su disposición a aprender bien el euskara. Cada vez que un político, o cualquier otro servidor público, se reconoce en la realidad y se pone a hablar en el idioma de sus administrados ganamos todos. Y de eso se trata.








