Consideraciones sobre el euskera

28 Jul 2009
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  Parece ser que el Gobierno vasco ha comenzado a desmontar el edificio legislativo que pretendía convertir el euskera en lengua predominante en el ámbito escolar. La justificación de esas medidas se hace a favor de lo que el ejecutivo viene en llamar un “bilingüismo integrador”. Esta curiosa expresión quiere significar que las dos lenguas del País Vasco –el euskera y el castellano- deben fomentarse por igual. Permítanme, entonces, que manifieste mi más sosegado escepticismo.  Para empezar, no me cansaré de explicar (y lo siento: soy lingüista de formación) que el “bilingüismo” es un fenómeno individual, que afecta a las personas y no a los territorios. No tiene ningún sentido afirmar que Euskadi es “un país bilingüe”. Los que son bilingües son una parte de sus habitantes, en concreto aquellos que hablan euskera y castellano. Los que sólo hablan castellano (puesto que ya no quedan hablantes exclusivos en euskera) son monolingües. En este sentido, cualquier política que no tenga por objetivo incrementar el conocimiento del euskera es una política contra el bilingüismo y el Partido Socialista de Euskadi se equivocará gravemente si se suma a los ímpetus monolingüistas de la muchachada popular.  Extender el bilingüismo real (es decir, aumentar la masa de hablantes capaz de utilizar indistintamente y a la perfección el euskera y el castellano) es apostar por la paz social, la convivencia, el arraigo al país y el sentido común. La alternativa sólo contribuirá a radicalizar a los vascohablantes (quienes, muy coherentemente, se sentirán agredidos al ser obligados a ser los únicos bilingües). Ustedes eligen.

Paseando al bisabuelo

19 May 2009
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Tenía a Mayor Oreja por un político plano, sin sustancia, sin nada interesante que aportar, de no ser algún vahído ideológico hilvanado con tristuras. Y sin embargo, he de reconocer que me equivocaba. Sin sospecharlo, nos ha proporcionado el gran hallazgo moral de la precampaña electoral. Sí claro, el fascismo posmoderno se burlaba del abuelo de Zapatero, un muerto demasiado poco honorable, puesto que lo mató Franco y no Txapote. En contrapartida, Mayor ha sacado a pasear a su bisabuelo. Ya lo había contado en algún libro, pero el jueves pasado, en Barcelona, lo catapultó definitivamente al estrellato. El bisabuelo: prohibió que sus hijos hablaran en vasco. Y dice el biznieto con orgullo: “Para que no se encerrasen en el granero”. Y añade, con arrobo: “Para que aprendieran bien el español”.

  Caramba con el bisabuelo. Un espíritu bienintencionado, sin duda. Quién demonios querría vivir en un granero –y hablando sólo vasco. La historia, qué duda cabe, sería entrañable de no ser por un pequeño detalle. Como resultado de la castración lingüística de aquel Mayor –o de aquel Oreja, que no sé de qué rama hablamos-, ahora sus descendientes hablan sólo castellano, pero se hartan de promover “el bilingüismo”. Pero hombre, Mayor, para ser “bilingüe” hay que saber dos lenguas, y usted sólo sabe una. Su bisabuelo cumplió con su propósito, usted salió del granero… y ahora somos los demás los que nos gustaría refugiarnos entre el heno, para no tener que aguantar su desvergonzada hipocresía.

  Si Europa es algo, es un horizonte de multilingüismo. Los monolingües no tienen ningún futuro. Ni dentro ni fuera de su granero (mental).

¿Galicia bilingüe?

28 Feb 2009
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  La circunstancia electoral gallega nos ha proporcionado nuevos e interesantes elementos relacionados con la polémica lingüística. El pasado día 8, por ejemplo, hubo una manifestación en Santiago convocada por una entidad llamada Galicia Bilingüe en contra de la imposición del gallego en la enseñanza.

  No soy gallego, pero como vivo en  el País Valenciano, donde también se hablan diferentes lenguas, seguí con interés los avatares de la querella. Para empezar, me sorprendieron algunas pancartas del acto. Un tipo con un disfraz a manchas blancas y negras sostenía una donde decía: “El gallego sólo sirve para hablar con las vacas”. Comprendo que los que piensen como el rumiante en cuestión vivan realmente con gran desazón en Galicia. Para ellos debe de resultar insoportable comprobar cómo el gallego salta la valla y se expande fuera de la lechería.

  Me resulta también curioso que los organizadores se cobijen bajo el rótulo “Galicia bilingüe” y que su batalla se concentre en el derecho de los padres a elegir en exclusiva la lengua de la escuela de sus hijos. Según ellos “sobre la base de la imposición no se puede construir una sociedad libre”. Y ése es, en efecto, el quid de la cuestión.

  Para empezar, el bilingüismo es un fenómeno estrictamente individual. Un país no puede ser “bilingüe”: un individuo sí. ¿Y cómo puede un escolar gallego llegar a dominar perfectamente el gallego y el castellano? Pues en eso los sociolingüistas están todos de acuerdo: sólo la enseñanza mayoritariamente en gallego puede garantizar el bilingüismo. No hay ningún peligro de que ese niño no aprenda castellano (de hecho, no hay ningún ciudadano de España, a día de hoy, que no sepa castellano). Pero si lo que pretendemos es que sea bilingüe, y no monolingüe en castellano, entonces debe estudiar mayoritariamente en gallego. Así dominará las dos lenguas y luego usará la que querrá.

  Quizá suene paradójico, pero el Estado –la Xunta, en este caso- tiene todo el derecho del mundo a “imponer” la enseñanza en gallego, como lo tiene a imponer las normas de tráfico o el impuesto sobre la renta. De hecho, esa es su obligación, puesto que los derechos de  los padres acaban donde empiezan los derechos de la sociedad democrática. Sólo así se asegurará realmente la existencia de una “Galicia bilingüe”. De donde se sigue que toda la polémica subsiguiente no tiene ningún sentido, salvo que lo que se pretenda es convertir al gallego en pasto para las vacas…