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Traducción inversa

Joan Garí

Alfredo Urdaci, ruega por nosotros

20 abr 2011
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A ese intento del PP valenciano de intentar que las televisiones no adictas dejasen de usar los términos “imputados” y “corrupción” para referirse a sus listas electorales se le ha prestado poca atención. Génova lo paró en seco, es cierto, pero ahí queda. En realidad, cualquiera que viva en Madrid o Valencia sabe perfectamente qué es lo que el PP entiende por libertad de expresión o código deontológico. Sólo hay que dedicar unos minutos a los informativos de Telemadrid o Canal 9. Lo de ponerle el cuño de ETA a Zapatero o a Rubalcaba no es nada comparado con la abnegada labor que cada día realizan estas dos cadenas, el buque insignia de la concepción “liberal” de la vida en esta parte del mundo libre.

Con estos antecedentes, es lógico que Francisco Camps haya prohibido la recepción de TV3 en el País Valencià. El sábado pasado, decenas de miles de valencianos se lo recriminaron en la calle. TV3, para entendernos, fue la única cadena en donde, a la mañana siguiente del 11M, ya se planteó sin ambages que la opción de la autoría de ETA era una patraña. No me lo contó nadie: lo vi yo con mis propios ojos. No hay que extrañarse ni lo más mínimo, por tanto, de que Camps y sus adláteres ejecuten fríamente el programa para el que están más dotados: lograr un universo informativo en manos de paniaguados, adictos fervorosos y los tontos útiles que hacen al caso. Un coro de muy agradecidos –y muy agraciados económicamente- que están escribiendo las páginas más negras de la historia del periodismo local. Y esto no ha hecho nada más que empezar.

Las vergüenzas de dos teles públicas

08 feb 2010
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Cuando un médico comete, por ejemplo, un error quirúrgico, los tribunales toman la palabra. Cuando un abogado se aprovecha de la buena fe de un cliente, hay consecuencias penales. Incluso cuando un escritor plagia, aunque asegure que sólo está “homenajeando”, se le endosa la condena correspondiente. ¿Qué podemos hacer, sin embargo, con esos paniaguados de TeleMadrid o Canal 9 que conculcan cada día cualquier clase de deontología profesional? Se llaman periodistas pero, ¿cómo evitar que se homologuen a aquellos de sus colegas que son decentes y se ven marginados sólo porque no se han vendido por un plato de lentejas?

  Saco el caso de estos dos canales de televisión porque se han constituido en el ejemplo más palmario de manipulación informativa desde 1975, excluyendo, por supuesto, a la TVE de Alfredo Urdaci. ¿Qué armas tiene la profesión y la sociedad democrática contra esos tipos que, en cada telediario, aumentan la bola de la mentira hasta constituir un alud absolutamente imparable? Creo que va siendo urgente que se constituya un Consejo del Audiovisual o algún organismo semejante donde se contemplen sanciones y revocaciones del título de periodista a los que están participando en este aquelarre desinformativo.

  Seguir tolerando la situación con los brazos cruzados –ya que la vía judicial parece complicada- significa hacer convivir a los buenos periodistas –que son la mayoría- con los culos agradecidos a Esperanza Aguirre o Francisco Camps, y eso es tremendamente injusto.

  En todas las profesiones hay manzanas podridas. En el periodismo se detectan por sus desmesuradas genuflexiones.