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Traducción inversa

Joan Garí

Consideraciones sobre China

15 dic 2010
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Liu Xiaobo dejó su silla vacía en el lujoso salón donde se le tenía que entregar el premio Nobel, pero eso no va a empañar más que unos instantes la extraña fascinación que despierta hace tiempo el gigante asiático. Cuando la crisis nos golpea con toda su crudeza, son muchas las miradas que se posan en esa economía boyante gracias a cuyos ahorros aún rueda el mundo. China emerge, de pronto, como la inquietante metáfora de un futuro probable, demasiado probable. Al fin y al cabo, su modelo representa la unión de lo peor del comunismo (el autoritarismo y la falta de libertades) con lo peor del capitalismo (la explotación de la mano de obra), pero de esa doble negatividad emerge una luz que deslumbra a Occidente. Esa luz la hace aparecer, para los más incautos (o quizá los más vanguardistas), como el sistema económico y político ideal.

Mientras el imperio americano llega a su ocaso de despilfarro y acaricia de nuevo el aislamiento, mientras Europa perece en la integridad de sus principios ilustrados y sus derechos humanos, China es un continente virgen dispuesto a enseñarle al mundo cómo se puede producir a bajo precio y no tolerar ni una maldita huelga. He ahí un síntoma inquietante. En un mundo enfermo, quien aguante mejor la fiebre es el que sobrevivirá.

Creo que fue Umberto Eco el que nos alertó con una metáfora ecológica pero también sistémica: cuando los chinos comiencen a usar papel higiénico, el mundo temblará. Muy bien, pues ese día ha llegado. Y no es que el confort, a lo largo de la Gran Muralla, se haya vuelto ecuménico. Es que la mierda ya llega por la cintura.

Más sobre el muro

12 nov 2009
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  Estos días, en que coincidía curiosamente el aniversario de la caída del muro de Berlín y la elección de José Luis Centella en el XVIII Congreso del Partido Comunista de España, se han escuchado algunas voces que ponen en cuestión que la implosión del sistema soviético constituya un avance sin paliativos en la historia de la libertad humana. Por supuesto, no estoy de acuerdo. Que te mate Hitler por ser judío, Franco por ser masón o Stalin probablemente sin motivo (o por ser comunista sincero, que de todo hubo): ¿dónde está la diferencia? El llamado “socialismo real” fue un fracaso sin paliativos, muy real y muy poco socialista. Eso lo entendieron perfectamente aquellos marxistas honestos –como Alexander Dubcek, el protagonista de la “Primavera de Praga”- que intentaron conjugar comunismo y democracia. Su fracaso es un poco el de todos nosotros. Pero hay que estar a favor de Dubcek y no de sus verdugos. Hay que tener un poco de decencia ideológica.

  ¿Se puede ser comunista en 2009? Supongo que sí, porque aunque las respuestas fallaron las preguntas de siempre (por qué el mundo es esencialmente injusto) siguen estando ahí. Leer a Marx en pleno siglo XXI, más que un anacronismo, puede ser un acto de provocación y de rebeldía. Leerlo como lo hace Fidel Castro, en cambio, es confundir el culo con las témporas. Toda revolución nace contra los fusiles y acaba engendrando sus propios fusiles. ¿Hay sitio para una izquierda marxista en Europa y en el mundo? Sí, a condición de que no esté orgullosa de haber erigido “muros antifascistas” y de haber disparado contra los que lo querían saltar. Ese es el reto.