Tags: corrupción Rodrigo de Santos
Ese asunto de Javier Rodrigo de Santos ha pasado un tanto desapercibido. En plena marea alta de corruptos y corruptores, encontrar a un concejal, ex número 2 del PP en el ayuntamiento de Palma, condenado por robar y abusar sexualmente de menores, parece peccata minuta. Quiero decir que casos como el de Fèlix Millet, Bartomeu Muñoz, el clásico Francisco Correa o cualquier otro personaje de actualidad diríase que contienen una mayor entidad, aunque sólo sea por el volumen de sus presuntos atracos a mano armada. En Rodrigo de Santos, sin embargo, se da una circunstancia peculiar: el buen hombre, director de la campaña electoral de Jaume Matas (otro que tal), es un católico de piedra picada y colaborador habitual de Camino Neocatecumenal. De hecho, los menores de los que abusó –según sentencia- estaban vinculados a sus actividades en esta pía asociación. Solía gastar la visa municipal, además, en clubes de prostitución masculina. Todo un catálogo inequívocamente edificante, como se ve.
Un caso feo, un caso eterno de doble vida, de hipocresía puesta al servicio de pasiones subterráneas. Choca el carácter ultrapapista del prenda en cuestión, aunque no mucho más que el de los sacerdotes pederastas, por ejemplo. La religión obra en estos desgraciados cortocircuitos colosales. ¿La religión es culpable? La beata que reza, pacífica e ingenua, para que su nieto apruebe el examen de selectividad no tiene culpa en todo esto. ¿Qué pasa por la cabeza de un tipo como De Santos? ¿Para qué demonios se unge en la frente la señal de la cruz? ¿Qué pinta “Dios” en medio de todas esas porquerías?
Tags: corrupción
Entre 2007 y 2008, investigadores del CSIC tomaron muestras de diversos puntos de la cuenca del Ebro como parte de un proyecto que buscaba trazar un mapa de los puntos de tráfico y consumo de droga en España. Se trataba de localizar, a partir del análisis del agua, las mayores concentraciones de restos de estupefacientes. El resultado del análisis determinó que en todo el Ebro había una carga de 620 kilos de cocaína y 420 de otras sustancias similares. La droga, que llega al río por la orina, se acumula en los peces y otros organismos acuáticos y hay que pensar que, cuando consumimos estos animales, vuelve a nosotros, cerrando el círculo. Todos nos convertimos, así, un poco en toxicómanos.
Es curioso, pero el mecanismo de la corrupción parece observar patrones similares. En algún municipio de España, un alcalde o un regidor corrompido acuerda con un constructor corruptor recalificar un terreno para repartirse los beneficios. Previamente, el munícipe ha maniobrado en el Plan General de la población para que el terreno, que era de uso escolar, pase a ser suelo urbanizable. El constructor paga al edil con una maleta llena de bin ladens. El político corrompido utiliza luego ese dinero para comprar un chalet y busca entonces al mejor arquitecto. El arquitecto, que es un hombre bastante honrado (dentro de lo que cabe), cobra sus honorarios y, como es su cumpleaños, le regala un broche a su novia. Cuando rompen, ésta vende la joya y da el dinero a una ONG, que resulta ser una tapadera del alcalde corrupto. Y es así, ni más ni menos, como fluye el río de la corrupción, que es como decir el río de la vida.
Tags: corrupción Francisco Camps Orange Market
Conforme se incrementan las noticias sobre el caso Camps, nuestra zozobra va en aumento. Teníamos al President de la Generalitat Valenciana por un político insustancial, beato, fachilla, tan estimulante intelectualmente como la merluza hervida. Lo que no nos esperábamos es que fuera un sinvergüenza y, especialmente, que se vendiera presuntamente por medio plato de lentejas. ¡Hombre, Camps, un poquito de por favor!
No le han faltado reflejos, sin embargo, para contraatacar cuando se ha sentido acorralado. Al pobre hombre le acusan de haber aceptado sobornos en especie en forma de trajes, que él se encargó de lucir en todos esos eventos con que ha dilapidado nuestros impuestos: la America’s Cup, la Fórmula 1, la visita del Papa… Una forma sencilla de desmentirlo hubiera sido presentar las correspondientes facturas. En lugar de eso, sin embargo, salió en tromba con todo su gobierno y proclamó, enfundado en un terno que no le tocaba el cuerpo, que quien estaba siendo atacada era “toda la Comunidad Valenciana”. La fórmula debió de gustarle, porque la injertó en uno de sus lacayos, el presidente de la Feria de Valencia, Alberto Catalá. Catalá, que también adjudicó algunos contratillos a Orange Market, repitió el otro día que “quien trata de ofender y dañar a Camps ofende y daña a la Comunidad Valenciana”.
Convendrán conmigo que todo esto, desde el punto de vista zoológico, es muy interesante. En realidad la fórmula original es de Jordi Pujol. Es conocido que, cuando arreciaron sobre el Molt Honorable del norte las acusaciones por el caso Banca Catalana, Pujol se defendió aduciendo que a quien se atacaba en su nombre era a Cataluña. En su lógica, puesto que “Madrid” era la capital de una nación rival a la suya, todo se reducía a un conflicto nacionalista. Pero Camps es más español que el no saber idiomas. No es que no tenga nada que ver con el modelo de derecha tolerante y culta de Convergència i Unió, es que para el hombre de Milano la capital de su única nación es Madrid. Y por eso resulta un poco ridículo clamar ahora que “Madrid” nos ataca.
No, Paquito. Si resultas ser un chorizo, lo serás tú solo, no cinco millones de valencianos. A ver si ahora, además de corrupto, nos vas a salir megalómano.