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Traducción inversa

Joan Garí

El centralismo es un mal negocio

26 may 2010
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Donde mejor se ha retratado el absurdo del centralismo en los últimos años es en la política de infraestructuras. Felipe inauguró el AVE entre Madrid y Sevilla y, veinte años después, estas vías veloces continúan sin conectarnos con Europa. España será la región continental con más quilómetros de alta velocidad pero, ¿para ir adónde? En tiempos de vacas flacas, deberíamos empezar a reclamar una cierta cordura. El mes que viene, por ejemplo, los ministros de transportes de la Comisión Europea se reunirán en Zaragoza para analizar el futuro de las redes transeuropeas. José Blanco debería cumplir entonces su promesa de incluir el eje mediterráneo entre los proyectos que no admiten más dilación.

  El AVE está a punto de llegar a Valencia pero, ¿de qué sirve que un pasajero desde esta plaza pueda plantarse en Madrid con más celeridad cuando las empresas del País Valenciano y de Catalunya (que generan más del 30% de la riqueza española y casi el 50% de las exportaciones) no pueden enviar por tren sus mercancías hacia el interior de Europa por culpa del modelo radial del sistema ferroviario? Quizá algún guasón sugiera que las mercancías descargadas en los puertos de Valencia y de Barcelona pasen por Madrid antes de llegar a Francia…

  El centralismo es un mal negocio porque no es eficiente, ni (eco)lógico, ni útil. Se equivocan quienes plantean una alta velocidad recreativa y turística, pensada para que los madrileños visiten las “provincias” y viceversa. Por desgracia, nuestro sector exportador no necesita visitas turísticas, sino ejes productivos que dinamicen la economía. ¿Se habrá entendido la lección?

Un libro para mañana

03 sep 2009
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Ya se sabe que lo que diferencia a un político al uso de un estadista es que el primero cierra su horizonte en los próximos cuatro años, mientras que el segundo trabaja para la próxima generación. En los últimos años hemos asistido al surgimiento –o la oportuna reconversión- de demasiados politiquillos a los que se les ha llenado la boca con la palabra España, como si este inocente corónimo, sólo con formalizarse entre los labios, indujera en el sujeto alguna suerte de espasmo incontrolable y babeante. A esta clase de petimetres –y sus aliados periodísticos- les recomiendo vivamente el libro La deriva de España. Geografía de un país vigoroso y desorientado, de Enric Juliana (editorial RBA).

  Juliana es un periodista de La Vanguardia, que es un medio no sospechoso de demasiados extremismos. El libro es oportuno porque, como precisa su autor, se trata de explicar la deriva de España (es decir, su rumbo) y no de lamentarse por una hipotética, histérica e interesada “España a la deriva”. No cree Juliana que el Estado español goce precisamente de mala salud en ningún campo, al margen de la galopante crisis económica. Para este fino analista político la clave para el futuro es profundizar en la descentralización materializando, por ejemplo, el eje ferroviario mediterráneo, puesto que Zaragoza, Barcelona y Valencia (el mayor triángulo logístico de la península) no pueden permitirse el lujo de que sus relaciones económicas con Europa sigan pasando por Madrid, por culpa del vetusto modelo ferroviario radial.

  Esto, naturalmente, es un mensaje especialmente dedicado a los estadistas. ¿Hay alguien ahí?