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Traducción inversa

Joan Garí

A Aguirre le sobra España

17 mar 2010
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Ella, la lideresa, condesa consorte, ex ministra, ex presidenta del Senado, ex mosquita muerta, amiga de Saramago (junto o por separado), ambiciosa sin límites, enemiga de hijoputas y otros obstáculos internos en el camino. Ella, Esperanza Aguirre, va a  seguir dando qué hablar (mucho más). La “rebelión fiscal” es simplemente un pequeño detalle. Es curioso cómo a esta señora le gusta calcar las novedades que llegan de América (pero sólo la del Norte). Al fin y al cabo, su levantamiento contra los impuestos y contra las leyes del Estado se parece mucho a la tirria que experimenta el movimiento ultraconservador estadounidense conocido como Tea Party ante las obligaciones públicas. Los amigos del Té no soportan al gobierno federal porque no creen en las prestaciones sociales comunitarias. Al mismo tiempo, experimentan cierto sudor frío ideológico ante el color de la piel de Obama. A su discípula Aguirre sólo le falta, en ese sentido, acusar a Zapatero de ser negro. Todo se andará.

  Ya hace tiempo que Esperancita está convencida de que Madrid no tiene nada que envidiar, por ejemplo, a la Catalunya nacionalista. Si para conquistar la Moncloa hay que crear la Nación Madrileña, pues nadie más chulo. Tenemos así un simpático “nacionalismo” sin nación.  En esto Aguirre ya va tomando lecciones de Francisco Camps. Y eso que la Valencia del PP es por antonomasia –de eso se encargan en comandita Camps y Barberá, con permiso de Milano y Vuitton, respectivamente- un buen trasunto de Madrid: su playa, su espíritu, su sostén y su espejo cóncavo.

  Pero si Madrid se rebela, le sobra España.  Ustedes mismos.

Improperios en “off”

02 feb 2010
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La tecnología ha extendido su imperio pero es lógico que donde dé juego sea precisamente en sus márgenes. El desliz de Esperanza Aguirre viene a sumarse a una larga lista de francachelas discursivas que se creían en off. Dice que no, pero todo el mundo sospechó en seguida que a quien se refería Aguirre con su sonoro hijoputa era a Gallardón. Todo lo contrario que en el caso de Carlos Fabra, que le plantificó un hijo de… con todas las letras a su oponente político en la Diputación de Castellón, el buenazo de Francesc Colomer, y luego no tuvo reparos en asumirlo (porque, según dijo, era una manera de hablar particularmente consuetudinaria).

  Con la sinceridad coloquial, en realidad, ocurre como con la corrupción. El pueblo sano se ve reflejado en esos esforzados políticos que, después de todo lo que tienen que aguantar, deciden llevarse algunos milloncejos a casa (o un coche o algunos trajes, puesto que el pago en especie también goza de buena prensa en la cola de la carnicería). Todo ello no hace sino redundar en la buena imagen de los sujetos en cuestión.

  Seguro que, en las próximas elecciones, los votantes centrales se dividen entre los que deciden votar al PP ante el reclamo del gran macho alfa de la política madrileña (es decir, Espe) y los que prefieren directamente al hijoputa. Al fin y al cabo, si algo tiene este partido es que se puede confiar en él con los ojos cerrados, puesto que sus líderes son humanos, completamente humanos: sinceros, brutales, un poco corrompidos, moderadamente navajeros y creyentes, muy creyentes (algunos en Dios). Y luego está la vertiente off. ¡Uf!