Extremistas y símbolos
Tengo muy viva aquella escena, aunque han pasado más de veinte años. A mediados de los años 80 decidí participar, por curiosidad, en la llamada “Procesión cívica” de Valencia. Era un 9 de Octubre, y se conmemoraba la conquista de Valencia por Jaime I llevando en procesión la bandera de la ciudad, desde el ayuntamiento a los pies de la estatua del conquistador. En aquel tiempo ya no estaba en discusión cuáles debían ser los símbolos oficiales del País Valencià: la derecha había ganado la partida e impuso sus opciones. Las instituciones, sin embargo, estaban gobernadas por la izquierda. El alcalde de Valencia, Ricard Pérez casado, era el encargado de presidir la procesión de la senyera, y lo hizo, como era habitual desde hacía algunos años, entre los abucheos y los insultos de la extrema derecha, que se consideraba alma y salvaguarda de los símbolos triunfantes. A metro y medio de donde yo estaba, tres mozalbetes levantaban el brazo haciendo el saludo fascista ante autoridades y público… sin que nadie moviera un dedo para evitarlo.
Eso fue en Valencia, hace veinte años. Ahora, me sorprende que en la fiesta del 12 de Octubre la manada ultra abuchee al presidente del Gobierno y todo lo que tengan que decir las autoridades al respecto (Rubalcaba) es lamentarse de que “la extrema derecha se apropie de la fiesta de todos”. Pues en esas estamos: el modelo valenciano –famoso por sus pulsiones regresivas- ha acabado exportándose a Madrid. Del 9 de Octubre al 12 de Octubre, y los fascistas apropiándose de los símbolos. Por eso no me gustan sus banderas: porque les gustan demasiado a ellos.









