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Traducción inversa

Joan Garí

Cuentos sobre la infelicidad

13 jul 2009
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A primeros de este mes murió Shi Pei Pu. Puede que este nombre no les diga nada, pero seguro que recuerdan las diferentes obras que se inspiraron en su extraña historia: la pieza de Broadway M. Butterfly o la película de David Cronenberg del mismo nombre. Shi Pei Pu era cantante en el Pekín de los años 60 y tenía buenas relaciones con los círculos de diplomáticos extranjeros en esa capital. En 1964 conoció allí a Bernard Boursicot, contable de la embajada francesa, y tuvieron relaciones íntimas. Lo más peliagudo del caso es que Shi convenció a Boursicot que era una mujer y mantuvo esa arriesgada hipótesis bajo sus sábanas. Shi era realmente un hombre muy guapo, con esa belleza andrógina que está en la frontera entre la masculinidad y la feminidad. El joven e inexperto Boursicot, de alguna manera, cayó en la trampa, o se dejó arrastrar por una pasión turbadora.  El resto de la historia es conocido: los chinos hicieron chantaje a la pareja y obligaron a Boursicot a hacer de espía en su favor. Los amantes se reencontraron en Francia, Boursicot conoció allí el verdadero sexo de su amante y ambos fueron condenados –y luego indultados- por espionaje.  Ahora que ha muerto Shi Pei Pu casi al mismo tiempo que Michael Jackson, es natural relacionar estos casos en las antípodas, pero curiosamente cercanos. Al fin y al cabo, Shi decía que era una mujer encerrada en un cuerpo de hombre, y Jackson fue un afroamericano enfermizamente dedicado a sacar a la luz el blanco encarcelado tras su rostro negro. Ambos representan el desajuste entre ser y querer, el gran baile de máscaras de nuestro tiempo.

Michael Jackson versus John Lennon

30 jun 2009
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El viernes pasado nos desayunamos con la muerte de dos emblemas de la talla de Farrah Fawcett y Michael Jackson. Esta clase de noticias generan una algarabía mediática muy interesante, aunque es cierto que nada es comparable a lo que acontece en nuestro interior. Con cada uno de estos nombres desaparece también algo de nuestra adolescencia y de nuestra juventud, esas horas pasadas ante la televisión viendo series más o menos ratoneras, o ese hilo musical perpetuo que asedia nuestros oídos, inadvertidamente, a lo largo de la vida.

  En alguna de las crónicas que acompañaban estos luctuosos acontecimientos, sin embargo, había elementos que te obligaban a reflexionar.  Un fan de Michael Jackson, por ejemplo, declaraba ante un micrófono que, para su generación, la muerte del autor de Thriller sería tan importante como lo fue para la suya el asesinato de John Lennon. Pero, ¿de verdad son equivalentes estos dos gigantes de la música popular moderna? Es obvio que la influencia de Jackson es tangible y planetaria, tanta como la de Lennon en su momento. Y, no obstante, me resisto a considerar que la peripecia de este negro que quería ser blanco pueda ni siquiera compararse a lo que representó John Lennon –sólo o en compañía de los Beatles- en los años 60 y 70.

  Veremos qué recorrido tiene la leyenda de Jackson. La leyenda de Lennon, por su parte, nos sigue hablando aún hoy de un tiempo en que se pensó que el mundo podía transformarse, que la imaginación podía aspirar a suplir al materialismo en el poder, que la juventud podía liderar ese cambio. Y esos sí que son los auténticos mimbres de un mito.