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De habaneras y milongas

23 sep 2009
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Yoani Sánchez, referente de la disidencia con la Cuba oficial desde el interior de la isla, se emocionó en el histórico concierto de hace tres días en La Habana. “Al menos esta tarde de domingo vivimos algo diferente. En un sitio donde se ha sembrado sistemáticamente la división entre nosotros, Juanes -al caer el sol- ha gritado ¡Por una sola familia cubana!”, escribe en su frecuentadísimo blog Generación Y. Sin embargo, a miles de kilómetros, los columneros diestros de la ex-metrópoli -siempre Plus Ultra- no dudan en enmendarle la plana a quien lo vive a pie de obra. “Juanes ha cambiado la camisa negra de su canción del verano de hace ya años, por la verde oliva de los hermanos Castro”, sentenció ayer en La Razón Javier González Ferrari.

La bofetada para el promotor del acto era, de todos modos, una excusa. A quien quería atizar de verdad el presidente de Onda Cero era a artistas más cercanos. Véanlo: “Se concentraban el sábado algunos cantantes, también españoles de esos de la ceja que discriminan entre guerras según envíen a los soldados los del PP o los socialistas, en un concierto, según ellos, por la paz”. Y por si no se le había visto suficientemente la oreja, remataba: “En la Habana sólo faltó Pilar Bardem haciendo tintinear toda la quincalla con la que se adorna cada vez que sale a alabar las bondades de Zapatero y a denigrar a la ‘derecha fascista y clerical’ que representa el PP. ¡Hay que joderse!”. Pues sí.

Las redacciones silenciosas

¿Y no hay hoy parte de la guerra neodigital?, se preguntarán. Poca cosa, tensa calma, aunque sí nos han dado mucho que pensar unas palabras del brillante columnista de El País Enric González: “Antes, las redacciones de los periódicos eran un guirigay muy entretenido. Había gritos, risas, lágrimas, discusiones: un ambiente ruidoso, industrial. Se hacían diarios bastante malos, pero amenos. Ahora es distinto. Las redacciones son graves y silenciosas. El silencio físico es atribuible a los ordenadores. Las causas del silencio mental se resumen en tres palabras: Bolsa, sinergias, multimedia”.

Interesante reflexión, que tal vez no cuadre con el final del texto: “Sean cuales sean las razones (sé tanto como cualquier lector), me gusta que El País sea crítico con Zapatero. Primero, porque manda. Segundo, porque lo merece. Tercero, porque prefiero el periodismo rabioso, aunque esté encadenado a la Bolsa, las sinergias y las concesiones televisivas”. ¿Seguro del todo en lo tercero?