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La mirada del inocente

01 dic 2009
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La mano derecha de ABC no debe de saber lo que hace su otra mano derecha. Fue el centenario periódico el que el pasado sábado, sobre una fotografía de alguien que horas después se revelaría libre de toda sospecha, tituló en primera página “La mirada del asesino de una niña de tres años”. Aunque la funesta cantada fue general en la prensa, ningún medio llegó tan lejos en el escarnio. Por eso resulta para nota que dos días después -ayer- las mismas páginas acogieran una columna titulada “La muerte de Aitana” en la que, además de obviar la columpiada siniestra de ABC, Juan Manuel De Prada insinuaba que estas cosas pasan porque concedemos demasiada importancia a los casos de violencia sexual contra menores.

Les prometo que es una interpretación benévola, pero prefiero que juzguen ustedes. Aquí tienen una muestra: “Sólo la insidiosa acción de la propaganda oficial explica que la sociedad, para mantener su conciencia aliviada, necesite a cada poco nutrirse para su regodeo de casos -reales o ficticios- adornados con las circunstancias más perversas”. Una objeción, Prada: por cada caso ficticio, hay miles que son cruelmente reales. Mejor dejarlos correr, ¿no? Me sirve como respuesta otro párrafo de la columna: “Tal clima de histeria no es producto del azar, ha sido artificiosamente fabricado por la propaganda de los politicastros, que obliga a los médicos a guiarse por turbias y calenturientas figuraciones”. La pregunta no es en qué mundo vive alguien que piensa así, sino en qué mundo le gustaría vivir.

ABC y La Razón se contraprograman

Vayamos a asuntos, en comparación, menores. En el mismo ejemplar de ABC donde completábamos el autorretrato pradiano, la codiciada tercera llevaba la firma de José María Aznar López. “Juan Carlos I: la Transición coronada” era el título de un texto justificatorio del premio con que FAES agasajará al Rey por inventar la democracia española. A eso suena, por lo menos, este párrafo: “Su persona fue la clave para que España coronara la conquista de su libertad, coronara su transición a la democracia”.

En la acera de al lado, La Razón contraprogramaba con una entrevista de alfombra azul a Mariano Rajoy. El editorial de acompañamiento nos regalaba esta sentencia lapidaria: “Rajoy, con mano firme, pero con ánimo templado, sin atender a las presiones y en un ejercicio de absoluta independencia, supo encauzar convenientemente los puntuales desarreglos en la organización”. Enternecedor.