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Romances de la fosa vacía

24 dic 2009
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Además de la Navidad, los abanderados de la amnesia selectiva celebran estos días el fracaso de la búsqueda de los restos de Federico García Lorca. La Razón, el mismo periódico que hace unas semanas sacaba lustre a la gran gesta franquista del Alcázar de Toledo, es un jubiloso cotillón de columnistas encantados de que los huesos del poeta -¡y de quienes pudieran estar enterrados en la misma fosa!- continúen en paradero desconocido. Lo han adivinado. Alfonso Ussía es uno de los más eufóricos, aunque su alegría se le congela al pensar en la insistencia de quienes trabajan por la reparación moral de la injusticia: “Me temo que los buscadores de huesos y de euros no cejarán hasta que puedan considerar rentables -para ellos, no para Lorca- los restos del poeta. Objetivo que hasta la fecha ha sido un rotundo chasco”.

¿Y por qué quieren que no los encuentren? Seguramente descubrirán una aproximación a la respuesta en las palabras de José Antonio Gundín, que se delata a sí mismo en la acusación que formula: “La izquierda de la revancha removió gobiernos, jueces y dineros públicos para alcanzar un propósito: exhumar la prueba forense de que el PP es el heredero de los asesinos de Lorca. Todo el circo puesto en marcha no tenía otra función que hacer bailar al oso cavernario para asustar al respetable”. Bien sabe Gundín que nadie espera hallar una gaviota junto a los restos. No tendría nada que temer. ¿O sí?

¡Que hubieran ganado la guerra!

Sí, sí lo tiene. Y de nuevo deja que nos hable su conciencia. Lo que le molesta es que los que perdieron la guerra tengan algo parecido a un reconocimiento: “En los mondos huesos de Federico pretendían identificar a todos los caídos del bando republicano y erigir con esa especie de resurrección laica un Valle de los Caídos alternativo, el valle de Josafat de los justos y benéficos. Redimidos en Lorca, al fin, setenta años después”. Que hubieran escogido bien el bando, ¿verdad?

Sirva como corolario una frase del recién llegado a La Razón Martín Prieto: “O escribes la historia, o te la inventan”. No hablaba de Lorca ni del 36, sino de 1810, año de la emancipación de España de varias naciones latinoamericanas. Al cumplirse el bicentario de su independencia, protesta Prieto, esas repúblicas “preparan festejos y serán torticeras tanto con la Conquista como con la Independencia. La Madre Patria ha quedado en bobería de eruditos y las naciones hermanas no son más que hermanastras”.