Egunkaria, ¿y la reparación?

14 Abr 2010
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No sólo lo recuerdo. También lo guardo en mi archivo de los horrores. Al poner la radio aquel 20 de febrero de 2003, Luis del Olmo, entonces señor de las mañanas de Onda Cero, me atizó este directo al hígado: “En Euskadi están desmantelando a estas horas el aparato de captación de la banda criminal ETA, el diario Egunkaria”. Con su proverbial facundia, el cacareador hoy venido a menos inquirió a uno de sus palmeros opinativos: “No sé si conocías este panfleto”. Ni puñetera idea tenía el fulano.

Aturdido e indignado, pero dueño de mis actos, quise meterme en la boca del lobo episcopal. El futuro eurodiputado del PP, Luis Herrero, auriga de aquel programa moderado en comparación con lo que vendría después, tenía el tafanario hecho pepsicola: “Me da igual dónde trabajen. Esta operación, en todo caso, es una buena noticia y como tal hay que saludarla”. Y entró la cuña correspondiente: “Auna patrocina la buena noticia del día”.

¿Denuncias de tortura? ¡Qué risa!

Cuatro días después, algunos de los detenidos denunciaron haber sido víctimas de torturas. Manuel Antonio Rico, voceador nocturno de la Radio Nacional aznaril, se lo tomaba a guasa: “Yo lo de la bolsa, por un lado, no sé en qué consiste. ¿Qué es eso de la bolsa? ¿Alguien lo sabe? ¿Alguien ha sido torturado alguna vez?” Y claro, ahí estaba la divertida Curri Valenzuela: “Cuando has dicho eso de que dice este etarra o lo que sea, o director de periódico, que le habían torturado obligándole a decir quinientas veces que España empezaba en Irun y terminaba en Algeciras, yo iba en el coche y he dicho en alto: ‘mira, quinientas veces, no, pero una o dos que lo tuviera que decir, tampoco le pasaba nada’, ja, ja, ja”.

El jolgorio duró meses. En otoño de aquel negro año, sin media prueba más, Román Cendoya, garganta de alquiler de la radio pública con bigotillo, aullaba: “Hay que sentir vergüenza de que se utilice un periódico como instrumento terrorista. Esto era un zulo. Esto era un instrumento de la ETA, un arma tan arma como las pistolas”.

En las mismas ondas, Isabel Durán se engorilaba: “La realidad es que ese medio de comunicación estaba dirigido por ETA, se había nombrado por parte de la banda terrorista al director de turno. Hay pruebas absolutamente concluyentes de que ese medio de comunicación, su empresa editora, financiaba a ETA”. Este lunes la aún llamada Justicia concluyó que de eso, nada de nada. Absolución, sí. Pero, ¿y la reparación?


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