Cuatro años para emitir un fallo, y al Constitucional no se le ocurre mejor idea que soltar el del Estatut a una hora en la que el que reparte las consignas está apagado o fuera de cobertura. ¿Resultado? El orfeón opinativo diestro no sabe si entonar un aleluya o un réquiem. Optimista, La Razón se decantaba por un himno patriótico y feliz. “El TC sentencia: Cataluña está dentro de la indisoluble unidad de la nación española”, titulaba en primera con generosa tipografía, como anticipo a un editorial que señalaba al autor del gol de la victoria: “Mariano Rajoy cumplió estrictamente con su deber y es ahora cuando es de justicia reconocerle que, gracias a su determinación, se ha podido ajustar el Estatuto de Cataluña a la Constitución”.
En ABC, un calco. “El TC purga el Estatut”, celebraba el vetusto diario en primera y, como su vecino de kiosko e ideas, en el editorial sacaba a hombros al artífice de la heroica gesta: “Mariano Rajoy ha hecho lo que tenía que hacer: defender, y con éxito, el interés nacional”. ¡Torero!
Tras las palmas, los pitos
El jarro de agua fría llegaba en El Mundo, con un titular a prueba de miopes que denunciaba: “Casas salva el Estatut mediante un último apaño”. Sin disimular el cabreo, la papela pedrojotiana se largaba dos editoriales de vellón sobre el asunto. “Una gran chapuza jurídica que debilita a España”, protestaba en el primero de ellos.
Esa es la versión con sacarina. Al editorialista de Libertad Digital le gustan los sabores más recios. Vean: “Parece evidente que el nacionalismo catalán ha obtenido una victoria histórica. La práctica totalidad del Estatuto de Zapatero se salva tal cual fue concebido por la Generalidad”. A mala leche, naturalmente, lo de Generalidad. Y aún es precio de amigo al lado del airado opinador en jefe de Cope, que sacaba a paseo sus demonios favoritos: “Es evidente que [el fallo] da alas al nacionalismo más radical que, asociado a Zapatero, han acabado con el modelo territorial que nos dimos en la Constitución del 78”.
¿Y qué decían las principales cabeceras de la tierra que tendrá que pechar con el descosido que le ha hecho el alto tribunal al texto votado por sus ciudadanos? Con su tiento habitual, La Vanguardia enunciaba: “El TC rebaja el Estatut”. Más contundente, El Periódico de Catalunya reivindicaba: “Volem l’Estatut”. Sin pelos en la rotativa, Avui resumía “El TC fulmina l’Estatut”. Da para un sabroso ejercicio comparativo, ¿verdad?
La Carpetovetonia toda está de hinojos exudando albricias por la buena nueva. Decenas de las firmas que alfombran habitualmente esta columna entonan al unísono el Bienvenido Mister Ratzinger con cinco meses de antelación. Bienvenido, y gracias por liderar la lucha contra el Maligno: “Queremos agradecer también al Papa su clarividencia e insistencia sobre el auge del relativismo. Es precisamente ese relativismo la fuente inspiradora de iniciativas contrarias al derecho a la vida, a la familia y a los derechos de los padres como primeros responsables de la educación de sus hijos”.
Semper plus ultra, desde La Razón José María Marco añadía una posdata para contextualizar la próxima visita del baranda vaticano a estas tierras paganas: “En el siglo XX nos matamos unos a otros, hoy hemos decidido dejarnos morir. Eso es lo que esta crisis pone sobre la mesa, y el telón de fondo, particularmente agudo en España, de la próxima visita de Benedicto XVI”. La propina, en Cope, emisora oficial del evento, cuyo editorialista voceaba: “Resulta indudable hoy para cualquiera, la enorme talla humana e intelectual de este Papa, pero ninguna virtud hay comparable en él a la transparencia con la que muestra a Cristo en cada gesto y en cada palabra”. ¿No era un pecado la idolatría?
Víctimas y memoria
No, no lo es. Se lleva la exageración. “La Democracia honra por fin la memoria histórica de sus víctimas”, se ponía solemne ABC en su primera página para dar lustre al homenaje del pasado domingo en el Congreso a quienes han padecido en sus carnes el terrorismo. Cualquier lector despistado de El Mundo pudo pensar que el acto fue un fiasco al ver este titular en sus páginas interiores: “Sólo Patxi López acudió al homenaje”. Y debajo, el tirón de orejas para los que hicieron novillos: “Faltó el resto de presidentes autonómicos, Manuel Chaves y cuatro ministros”.
Libertad Digital se maliciaba la existencia de un gato encerrado en el reconocimiento. “Para lo que no deben de servir ni los homenajes, ni las palabras de reconocimiento ni las indemnizaciones a las víctimas es para encubrir vías de apaciguamiento que, al margen del estado de derecho, traten de restablecer el diálogo con ETA y su entorno”, escribía el suspicaz editorialista. Su jefe, Jiménez Losantos, remataba en El Mundo: “Queda por investigar en la España de hoy un atentado político de salvajismo sólo superado por su silenciamiento: el 11-M”. Y dale.
¡Ay, la heroica (ejem) Roja! ¡Cuántos suspiros provocas a siniestra y a diestra! Sí, a diestra también, pese a ese alias que más que resabios a barricada, tiene música con letra de Pemán. Desde La Razón, José Antonio Vera desenvaina la Tizona y reta a duelo a quien ponga en duda la inveterada españolidad de lo bermejo, carmesí o colorado: “El color rojo es, amén del que lleva nuestra selección en su camiseta desde siempre, el que exhibimos con orgullo en nuestra bandera, y en los escudos de Castilla y de Navarra, y en las enseñas de los antiguos reinos de Aragón y de Valencia”.
Ahí tienen a un auténtico defensor de las esencias hispánicas, no como esa asociación de guardias civiles que ha pedido retirar el castizo lema “Todo por la patria”, que preside desde 1937, Primer Año Triunfal, sus cuarteles. Le tienen contento a Carlos Herrera, que se despachaba así contra los beneméritos en ABC: “Me temo que les ha entrado un ataque de cursilería, que es precisamente lo último que se espera de un Guardia Civil, uno de esos refugios en los que la Patria se siente como en casa, segura, al abrigo de insidias”. Que se lo digan a Tejero.
Nostalgias del recluta Ussía
Se nos van los valores por el desagüe. ¿Y saben por qué? Por haber liquidado la mili, según pontificaba ayer en La Razón el orgulloso recluta Alfonso Ussía: “Una buena parte de la falta de educación que hoy exhibe un amplio sector de nuestra juventud viene de la descomposición familiar, la nula disciplina escolar y la ausencia de contacto y experiencia de nuestros jóvenes con el estamento militar”.
Para colmo de desgracias, la perversa progresía se apresta a quitar los crucifijos de las paredes públicas de esta nación milenaria. ¡Con lo que libera verlos ahí, tan clavaditos! Menos mal que tenemos al sabio editorialista de Cope para recordárnoslo: “La presencia de la Cruz no es coactiva, sino liberadora. A nadie le obliga a confesar su dimensión teológica y salvífica. Basta con reconocer que el cristianismo está, por derecho propio, en la raíz de la cultura europea”.
Claro que sí. La cruz es liberadora. Y el burka ni les cuento. Lo que pasa es que, como decía en la emisora episcopal el mulá Juan Manuel De Prada, en esta parte del mundo somos unos fariseos: “Uno no acaba de entender muy bien por qué en Occidente se considera denigrante que una mujer se tape la cara y no se considera denigrante que una mujer enseñe el culo”. Ahí les han dado, ¿eh?
Debate de profundidad -séptica, por supuesto- en la cátedra vespertina de Cope sobre el uso del burka. Miren que hay motivos para ser partidario de su prohibición, pero seguro que ni se les ha pasado por la cabeza el que se sacó de la sobaquera Cristina López Schilichting: “Yo me niego a que en los barrios españoles uno camine y se encuentre con cinco mujeres que vienen hacia ti y no sepas si son marcianos, señores o guardias civiles con bigote”. Parece un argumento irrebatible, ¿verdad? Pues aún así, Gustavo Villapalos, rentista de su pretérito cargo de rector de la Universidad Complutense, consigue empatarlo: “Yo estaría encantado de que se llevara burka porque no llevaría corbata la mayoría de los días ni me tendría que afeitar. Iría estupendamente con el burka todo el santo día”. Sólo el esgrimista Juan Manuel De Prada podía romper las tablas: “Yo, si gobernara un país, no permitiría que ninguna mujer llevara burka… porque no las dejaría entrar al país”. Punto y partido para el zamorano.
La noria vasca
Se acusa el final de temporada. Las plumas de carga están con hambre de toalla y chiringuito. Hasta a Hermann Tertsch se le nota que anda lejos de su mejor estado de forma. Era esperable que terminase en escabechina su columna en ABC sobre los últimos episodios del folletón del norte, pero no. Un par de coscorrones de aliño al sufrido presidente de los socialistas vascos, y a firmar: “Algunos no estamos muy de acuerdo en que nuestro País, que es el Vasco, y nuestra nación, que es España, queden en manos como las de Eguiguren, probablemente lo peor del socialismo vasco. Lo más inmoral, según tantos, al que las víctimas traen al pairo”.
Mucho más divertido, el tirabuzón sobre el mismo asunto de La Razón, que en la sección de chau-chaus El Submarino dice haber descubierto por qué hemos vuelto a la eterna rueda de molino. Atenta la compañía, que va el eskup: “Detrás del empeño de su presidente [del PSE] y del periodista que le hace de altavoz, había algo más que una cabezonería de guipuzcoanos. Se ha sabido que los movimientos que estamos conociendo en las últimas semanas pueden obedecer a una estrategia político-comercial, destinada a preparar el aterrizaje en el mercado editorial de un libro al que, por supuesto, no son ajenos los dos guipuzcoanos”. ¿Estará Jaime Mayor Oreja, que es donostiarra, en este complot de Gipuzkoa contra la humanidad? Él soltó la liebre, creemos recordar.
Intolerable. Después de negar el palio en el Museo del Ejército a las gestas del Alcázar y la División Azul, la malvada ministra de la milicia quitará la chacha a los bravos miembros de los tercios hispanos. Como imaginan, La Razón está de uñas. “Defensa vuelve a la ‘mili’: quiere que los soldados limpien su cuartel”, protestaba ayer a gritos desde su primera página y completaba su desahogo en uno de los editoriales menores: “Defensa quiere ahorrarse esos contratos y que los militares cojan la fregona. Fuerzas de paz y ahora con escoba”. Pero alguien debió de transmitir mal la consigna en el boletín oficioso de la soldadesca, porque el chusquero José Antonio Vera aplaudía la decisión ministerial: “Cuando se va a la guerra no puede andar uno pendiente de si llega el catering a tiempo o si la señora de la limpieza te hizo la cama como es debido”. Ahí tienen a un caballero como los de antes.
Y aquí tienen a otro. Atiende por Arcadi Espada y se ha erigido desde su columna en El Mundo como abanderado del machirulismo con caspa. Caten la rijosidad: “Las piernas de las mujeres son un elemento de distracción colosal; y es en invierno, glaseadas por las medias, cuando alcanzan su gran momento. En el peor invierno hay una esquina urbana atestada, donde de pronto todo se detiene para que se oiga un nanosegundo de seda frotando los muslos”.
La pederastia es de izquierdas
Sacúdanse la perplejidad, que seguimos con una recreación de manual de la parábola de la paja y la viga en según qué ojo. Lartaun de Azumendi, monaguillo de Cristina López Schlichting en las cañís tardes de la radio episcopal, carraspea y suelta: “No hay que olvidar que la pederastia en Europa no ha sido nunca mal vista por la izquierda. En mayo del 68, en la época de los 70 han hecho apología de eso”. Se lo prometo: en Cope, la emisora de la misma Iglesia que… Bueno, ustedes ya saben.
A esta columna le está faltando el delicado toque vasco que vuelve a estar de moda tras meses en la nevera. Paso a Ignacio Camacho, que llega desde ABC con una ración recalentada de esas palabras que ponen a tono a su parroquia: “Ese aquelarre de delirio soberanista en el que algunos ingenuos esperaban la conversión democrática de Batasuna forma parte de la estrategia marcada -por escrito para que no haya dudas- por la dirección de ETA”. Aquelarre, delirio soberanista, estrategia marcada por ETA. Aprendan esos mantras y tendrán hueco en cualquier tertulia.
Entre la afición y la aflicción, toda la papela patria suspira con la no tan divina Roja, pero La Razón lo hace con más fervor con la Azul. La División, por supuesto: “Los historiadores rechazan la decisión de Defensa de marginar a la División Azul”, protesta por segundo día consecutivo en su primera página, justo debajo de una foto del guaje Villa rotulada con un contundente “¡Que viva España!” Con sus correajes majestuosamente ceñidos a la pluma, Alfonso Ussía reclama el pedestal más alto del museo del Ejército para los que corrieron en auxilio de Hitler a la estepa rusa: “Hubo en la División Azul heroísmo, firmeza, desolación, duda y muerte. Era una guerra. Muchos españoles entregaron su vida. Otros tantos permanecieron once años en los campos de concentración de Stalin”.
Tenía que aparecer él, Stalin, el amigo de Saramago, según denunciaba desde el mismo periódico Carlos Rodríguez Braun, con la mirada inyectada en odio que debieron de tener los delatores durante la Caza de brujas: “Pero ¿con qué estaba comprometido Saramago? Con el comunismo, el sistema más criminal que nunca haya sido perpetrado contra los trabajadores”. El portugués ya está en la Historia. A Braun no se le espera.
Notas necrológicas
Y tampoco parece que vaya a tener un lugar muy destacado Tomás Cuesta, ordeñador de demagogias facilonas y experto en tirabuzones argumentales. Vean cómo se ejercitaba en las páginas de ABC: “Mientras se despabilan tumbas para reavivar la saña y mientras cada cual saca a sus muertos del almario, sucede que, hoy por hoy, cinco millones de personas han sido sepultadas en la cuneta del paro”.
Hablando de sepulturas, desde El Mundo levanta el dedo el enterrador vocacional Luis María Anson. Agita con sus nerviosas manos el enésimo certificado de defunción del inquilino de Moncloa. Esta vez, para que le hagamos caso, se adorna a modo: “Zapatero es un cadáver político que se descompone en su palacio monclovita entre incesantes rumores. El difunto está de cuerpo presente y así lo mantendrán todo el tiempo que puedan sus vuvuzelas, las Malenis, Chacones, Bibianas y Elenas, encantadas de disfrutar gratis total de la plácida vida del poder.”
Esto necesita un corolario. Nos lo sirve, diligente, el editorialista de Cope: “La ocultación de la verdad se ha convertido, desde hace tiempo, en uno de los juegos preferidos de los políticos secundados por poderosos medios de comunicación”. Sabe de qué habla.
Abran paso, que vuelve la batalla del norte a dar cuerda a plumas y lenguas. “EA se convierte en el nuevo caballo de Troya proetarra”, se adornaba El Mundo ayer en su primera para dar cuenta del penúltimo espectáculo de luz y sonido de la Izquierda abertzale ilegalizada en coproducción con el partido que fundó Carlos Garaikoetxea. Al quite, el editorialista extraía la conseja de la fábula y, de propina, afeaba la conducta del niño malo del PSE: “Lo ocurrido ayer debe servir de lección a quienes siguen abogando por un diálogo a toda costa para acabar con ETA, caso del socialista Txusito Eguiguren”. Qué familiaridad.
También el autor de los editoriales hablados de Cope estaba creativo. Por lo menos, lo suficiente como para titular su pieza “Maniobras abertzales en la oscuridad”. Ahí se acababa la lírica. El resto era una prosa por la que asomaba la patita: “Nada sería más dañino que sucumbir a la tentación de volver a las andadas y permitir el regreso de los batasunos a las instituciones”.
Un momento: ¿Y si condenan las acciones de ETA, como siempre se les ha exigido? Pues tampoco. Lean al adelantado Ignacio Cosidó en Libertad Digital: “Ni siquiera una separación fehaciente entre Batasuna y ETA debe permitir a los cómplices políticos de los terroristas colarse en las urnas”. Y si quieren otra versión de lo mismo, la tienen en el editorial de La Razón titulado “Pantomima de Batasuna”: “La única posibilidad de que Batasuna pueda volver a la legalidad se producirá cuando ETA sea vencida y sus pistoleros encarcelados. Y para eso aún queda mucho trecho”.
Nostalgia azul
Se le agolpan las preocupaciones al periódico de la mancheta azul. Ahora resulta que la gloriosa División de ese mismo color que combatió en Rusia no va a tener una presencia acorde con sus gestas en el Museo del Ejército. Y eso duele: “Parece que, según el departamento de Carme Chacón, si no se puede cambiar la Historia, lo mejor es suprimirla, despreciando así la vida y la muerte de muchos españoles que lucharon por sus ideales”, echaba pestes el ofendido editorialista.
Un poquito más de nostalgia rancia y cañí para terminar. Firma, desde ABC, el chaval que descubrió su vocación de juntar letras leyendo “Flechas y pelayos”, Juan Manuel De Prada: “Todo sea para que, cuando se vea con perspectiva (o perspetiva), Zapatero sea reconocido como el gobernante que nos restituyó lo que Franco nos había arrebatado: la miseria”.
Si de verdad Zapatero quiere darle un meneito al Gobierno, debería poner a Rouco Varela como ministro de Economía. Lean el titular de primera de La Razón de ayer y comprenderán por qué: “La Iglesia ahorra al Estado más de 30.000 millones, el doble del tijeretazo”. Lo de los panes y los peces multiplicados era un chiste comparado con los logros de Monseñor. De hinojos ante el Rey Midas de Villalba, el editorialista del periódico de la mancheta azul titulaba su pieza “Lección de honradez y eficacia”. Y como él también se administra bien, le llegaba para dar propina a los herejes monclovianos: “Cifras y datos apabullantes que dejan en ridículo a los laicistas rampantes del Gobierno, cuya última ofensiva es inventarse una ley de ‘libertad religiosa’ para asfixiar a la Iglesia, ponerle trabas a su actividad pública y recluirla en las sacristías. Además de sectarios, son ruinosos para la sociedad”.
Pronto se estudiará en las escuelas de negocios este método infalible para que la pasta chorree de los bolsillos. Claro que tampoco tiene tanto mérito, porque según el editorial hablado de Cope, todo lo ha hecho un gerente divino: “Dios quiera que la vitalidad de la comunidad católica en España siga dando muestras de la creatividad que genera la fuerza del amor y que la sociedad española y sus instituciones públicas lo reconozcan, protejan y fomenten cordialmente y sin prejuicios”. Amén.
Va de milagros
Ya ven, descreídos, que los milagros existen. Aquí tienen a Cristina López Schlichting confesando en La Razón uno que le ha ocurrido a ella. Ha visto a Marx, se lo juro: “Qué quieren, me surge una nostalgia escandinava o marxista de lo más sospechosa. No voy a exagerar, pero me da pena esta sociedad que evoluciona hacia el imperio radical del dinero”. Y aguarden, que no es la única. También el liberal de libro Ignacio Camacho se ponía ayer en su columna de ABC el pañuelo de Rodiezmo: “Va a ser una escabechina. La reforma laboral teóricamente destinada a estimular el empleo ha acabado, por mucho que se trate de disimular con el eufemismo de la ‘flexibilización’, en un decreto de fomento del despido”. Aprendan, Méndez y Toxo.
Último regalo por esta semana. Nos lo sirve sin sacarina Salvador Sostres desde El Mundo: “He aquí la estrategia feminista. No buscan acabar con la violencia que ellas llaman ‘machista’, sino que buscan crear una violencia, ésta sí que claramente feminista, aún más agresiva”.
Estamos para bromitas. “Los especuladores suizos disparan el riesgo de España. Baja la cotización y crece el diferencial con Alemania”, nos helaba la sangre en primera El Mundo. Buff, falsa alarma. Era un chiste para contar que los inventores del reloj de cuco habían derrotado a la gloriosa Roja en el Mundial de Suráfrica. Más simplona en la inevitable metáfora económico-futbolera, La Razón titulaba “Depresión española”, y le ponía una puntita de cayena antigubernamental: “La crisis contagia al fútbol. Ni la selección dio un respiro al Gobierno, que hizo coincidir la reforma laboral con el debut de La Roja”.
ABC, que ahorraba comparaciones en primera, las derrochaba a toneladas en su sala de columnas. “El rojo y la roja”, se gustaba a sí misma Edurne Uriarte, y dejaba para la historia este par de frases: “Y llegó la roja y decepcionó tanto como el rojo. Ahora que el rojo ha abrazado con fervor el patriotismo”. También era intención de Hermann Tertsch regodearse en la alegoría, y de hecho su pieza se titulaba “España campeona”. Pero el bisonte tira al pasto, y al final su moraleja era la de sus mil últimos textos: “Nuestros listos del pesebre nos sacarán mil argumentos para cimentar esta política de la mentira constante. Sabemos quiénes son, están identificados y cada uno es libre de despreciarlos a su manera”.
De Prada, un gafe
Invitado inesperado en estos juegos florales, Juan Manuel De Prada se delataba en la Cope como el gafe que provocó el petardazo ante Suiza. Toda la vida echando pestes del balompié, y horas antes del partido salía del armario de los forofos: “Esta tarde, siquiera por unas horas, me dejaré arrastrar por la certeza de ser español y, siquiera por unas horas, gritaré exultante mientras me abrazo a otro español. ¡Más goles! ¡Vengan más goles para España!” A este, el lunes, que lo encierren bajo siete llaves o hay drama frente a Honduras.
En otra onda, Luis María Anson diparaba desde El Mundo sus golpes francos contra la portería de Carod Rovira. ¿Por qué? Lean: “Lo que más revienta a José Luis Carod Rovira es el auge del idioma castellano. De las 32 naciones que han llegado a la fase final del campeonato mundial de fútbol, siete tienen la desfachatez de exhibir como idioma oficial el español”. Y como remate, este punterazo: “La putísima España, que figura entre las favoritas en Sudáfrica y que tiene pegados al televisor a todos los catalanes”. Penalti y expulsión.
Loado sea Mayor Oreja. A su hija putativa, la tregua-trampa, le ha nacido una hermanastra, la huelga-trampa. La criatura ha sido presentada en sociedad por La Razón, que ayer titulaba “29-S. La huelga amañada” sobre una espectral fotografía en contrapicado de la pareja de moda, Méndez y Toxo. En el interior, los columneros soplaban con brío la vuvuzela. “Y volverán los mal llamados piquetes informativos, y los cánticos contra la patronal y seguro que contra la derecha. Al Gobierno poca leña, que son de los nuestros”, escribía Ernesto Sáenz de Buruaga. Mientras, José Antonio Vera, que llevaba meses azuzando a los sindicatos, confesaba que era de mentirijillas: “No se trataba de que convocaran huelga general, como entendieron erróneamente algunos. Se trataba de ejercer el contrapoder sindical para cortar la destrucción de empleo en España”.
Desde su púlpito con fecha de caducidad en Cope, Nacho Villa regaba la misma flor conspiranoica: “Una huelga pactada con el gobierno: tú pataleas en la calle y yo hago como que me enfado”, decía. Antes, eso sí, se había bañado en credibilidad, pues su comentario -pásmense- va patrocinado por una marca de coches y empieza tal que así: “Si vienes este mes al concesionario equis, te regalamos las alfombrillas”. Con su propia voz, se lo juro.
Hay quintales de tinta y saliva derramadas sobre la convocatoria diferida, pero nos conformaremos por hoy, a modo de corolario, con la sentencia lapidaria del exmaoísta Federico Jiménez Losantos en El Mundo: “Una Huelga General sólo sirve para derribar a un Gobierno o a un régimen. Es un acto político violento que no favorece a los trabajadores ni al país”.
Homosexualidad y pederastia
Ahora que ya lo saben, están listos para asombrarse ante el enfado de Arcadi Espada -seguimos en El Mundo- con la consellera de Sanidad catalana por haber abierto un expediente a una clínica que promete curar la homosexualidad. Atentos a la comparación: “La consejera Geli, antes de ejercer uno de sus feos intervencionismos, podría responder, por ejemplo, si considera que la pederastia es una enfermedad. Y si existe evidencia científica”.
Por lo menos, no llamaba zorra a la consellera, como el bocabuzón de Intereconomía, convertido ahora en víctima por su empresa. “Brutal ofensiva de Zapatero y su Gobierno contra Intereconomía”, plañía ayer La Gaceta, tentáculo impreso del Grupo ultramontano. Si es que ya no le dejan a uno ni insultar a gusto.