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Sigue el colocón cornúpeta en el monte alto. Es lo que tiene la tauritina, que liga bien con cualquier licor. El sandunguero editorialista de Cope, por ejemplo, lo mezclaba ayer con el aguardiente favorito de su mueble-bar: “Llama poderosamente la atención el paralelismo de alborozo y entusiasmo que se dio en el Parlamento catalán con el que mostraron los ministros y diputados socialistas cuando aprobaron el aborto libre en el Congreso de los Diputados”. Hics.
En el ambigú de La Gaceta, Román Cendoya pedía al camarero que le rellenase la copa. ¿Con qué? Con lo que sea, menos cava o vino del Penedés, a ver si aprenden estos ingratos: “De la misma manera que Cataluña puede elegir prohibir los toros, el resto de la población española puede elegir libremente qué compra y qué consume. No cuela. Cataluña se queda sin corridas. ¿Y sin ventas?”, se farruqueaba el opinador intereconómico.
Que les den la independencia
Acodado en la barra de El Mundo, Fernando Sánchez-Dragó celebraba la idea y soñaba en voz alta que España se liberaba del yugo cuatribarrado: “Concédase unilateralmente la independencia a esa hermosa región de España que ya no quiere llevar eñe. ¿Por qué, de momento, no expulsan de la liga nacional de fútbol a los equipos catalanes? ¡Eso sí que sería un buen gol metido por la escuadra de los nuevos escuadristas y un balonazo en las partes pudendas de Laporta!”, farfullaba. A su lado en el chiringuito pedrojotil, Adolfo Suárez Illana, degustador de cebollas rellenas de Sama de Langreo y candidato fallido, proclamaba: “La única víctima en este caso es la libertad. El único asesino, una vez más, el integrismo intolerante”.
En ABC, convertido en after temático de sangre y arena, el poeta Francisco Brines exploraba en el fondo de su vaso los límites de la hipérbole. “Si esto lo siguieran los demás lugares donde hay toros, lo que se conseguiría sería lo que no logró Hitler con los judíos: el Holocausto, el Tauricidio total”, escribía el miembro de esa Academia de la Lengua que acaba de demostrar que no tiene ni pajolera idea de lo que es un abertzale. La peculiar recreación de “El triunfo de Baco” de Velázquez se completaba con el libador solitario Agapito Maestre, que en una esquina de Libertad Digital maldecía a los que le habían servido, ¡ay!, garrafón ideológico: “¡Bravos y valientes son estos muchachotes! Conducen la manada con pericia de cabrones. Vale”. Eso, vale, basta. Con perdón, prou.
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Los amanuenses de Carpetovetonia se ponen muy faltones cuando palman. La prueba, en esa primera página que El Mundo donó ayer a la antología de la sobrada. “Triunfaron los animales”, pretendía ofender el portadista bajo una foto de Montilla y Carod Rovira. En el interior, el bípedo plumífero editorialista desarrollaba la gracia: “Podría decirse en este contexto que en Cataluña han triunfado los animales políticos menos racionales”. Después de doce páginas de llanto y morro torcido por la pérdida de su sangrienta diversión, Salvador Sostres berreaba: “La izquierda es esta rabia. Siempre han querido nuestras mujeres y nuestro dinero. Y hundirnos el yate sólo porque ellos no saben navegar”.
Eso, como botón de muestra. Lo demás, se lo sirvo sin anestesia. “Es una vara de castigo clavada en el morro de un toro simbólico llamado España”, se dolía Ignacio Camacho en ABC. “Todos estabulados y felices bajo la señera y del manto de la arrogancia. Dóciles todos y con vocación de ganado de establo, el toro bravo y la lidia son para ellos una provocación”, bramaba Hermann Tertsch también en el vetusto diario. “Bravo, tontitos”, se adornaba Carlos Dávila en La Gaceta, que acusaba en su primera página: “Zapatero calla ante el tauricidio en Cataluña”. A ver quién explica a los intereconómicos que “tauricidio” es, justamente, lo que se ha prohibido.
Lo próximo, los orgasmos
Luego hablarán en nombre de la lengua, como hacía en La Razón Paco Reyero: “Cataluña esgrime el derecho a decidir sin límites y mientras prohíbe los toros e impide la enseñanza en castellano.”. Su vecino de páginas azules, José Luis Alvite, derrotaba, como en él es costumbre, por la ingle: “Los seres humanos somos tan idiotas que el día menos pensado castigaremos algo tan natural como que la tentación de buscar el orgasmo concluya a veces en el placer de conseguirlo”, vaticinaba.
En Libertad Digital, la herida que escocía era la de rigor: “Menos España es menos libertad, también en los toros”, avisaba el editorialista. Por ahí va la obsesión de Jaime González, que en soberbia imitación de Arias Navarro gimoteaba en su videoblog de ABC que “España está en peligro”. Desde El País, parecía tranquilizarlo Fernando Savater subrayando la inequívoca españolidad de la medida: “El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros pero de paso reinventa el Santo Oficio, con lo cual se mantiene dentro de la tradición de la España más castiza y ortodoxa”.
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Se olían los monosabios opinativos que su divertimento de sangre y cuernos iba a abandonar en mulilla el Parlament y ayer salieron de toriles con la tirita lista para recibir la herida. “Dicen toros, pero es España”, voceaba ABC en primera sobre un grotesco dibujo de Mingote que mostraba un toro citado por un matador armado con una senyera por muleta. “Pretender alimentar la prohibición antitaurina con sentimientos nacionalistas es una forma de limpieza cultural de Cataluña, instrumental de una estrategia mucho más amplia que busca convertir en cuerpo extraño a la identidad catalana cualquier vínculo con lo español”, se desgañitaba el editorialista. Ignacio Camacho le hacía los coros: “Se trata de un intento de desespañolización simbólica, una maniobra de independentismo virtual, un puyazo a la identidad común”.
Eso era sólo una faena de aliño comparada con la de Carlos Dávila en La Gaceta. Vean: “Los socialistas, que se hinchan los pulmones fumándose purazos en todos los cosos de España. Ellos podrán viajar a Benidorm, donde los morlacos están más afeitados que el tafanario de Puigcercós”. Parejo en finura, desde Libertad Digital, el irregular diestro Agapito Maestre se borraba del festejo a lo Curro Romero: “Creo que lo mejor que podría hacerse con este personal es concederles la independencia, sí, uno a uno, y pagando al resto de los españoles todo lo que les hemos costeado”.
Al lado de estos embistes, La Razón flojeó. Lo había dado todo la víspera y el único cartucho que le quedaba llevaba la firma de Martín Prieto: “Si los toros salieran a la arena con la senyera como divisa no se habría forzado la surrealista votación de hoy, que nada tiene que ver con el derecho animal, sino con la monomanía identitaria”.
Afganistán y la propaganda
También hacía el periódico de la mancheta azul un editorial de trámite, pero resultaba más jugoso otro que echaba sacarina sobre el comportamiento de los másters del Universo en Afganistán. Lean: “En una guerra, que no una misión de paz, una decisión en un segundo es la diferencia entre morir y vivir. La lucha contra el terrorismo es una causa justa, que arrastra situaciones trágicas”.
Menos cínico, el Grupo Gees se retrataba en Libertad Digital: “Nosotros -los buenos de la contienda- deberíamos ponernos de acuerdo en una adecuada estrategia para ganar las mentes y los corazones de la opinión pública para ofrecer una narración favorable de los acontecimientos”.
Anuncian los clarines la hora de la suerte suprema para la llamada fiesta nacional al nordeste de la piel -qué dolor- de toro. Revuelto, el tendido carpetovetónico agita, no los pañuelos, sino la partida de nacimiento del renegado President. “El puyazo del cordobés” descabellaba a Montilla El Mundo en primera y añadía “El presidente de la Generalitat, el cordobés José Montilla, otrora aficionado a los toros, ha dado libertad de voto al PSC para que la puntilla a la Fiesta en Cataluña no quede sólo en manos de CiU”.
Marcando taleguilla, La Razón se largaba una porrada de páginas protaurinas y su maletilla José Antonio Vera lanzaba también su estoque contra el Judas del arte de Cúchares: “Que un andaluz de Iznájar pueda cargar con el mérito de ser el president que abolirá las corridas taurinas no deja de ser llamativo. Me lo imagino mañana absteniéndose cual Pilatos en la votación del Parlament”. Invitado a la capea del periódico de la divisa azul, el espontáneo Fernándo Sánchez-Dragó se lucía con la exageración: “Nunca en la Historia de España se había perpetrado un crimen cultural tan salvaje como lo será éste”.
Desde la Cope defensora de la vida, el eterno sobrero Alfonso Merlos prefería embestir, para pasmo de propios y extraños, por el flanco económico: “En la Cataluña nacionalsocialista de la Esquerra, de Montilla y de Izquierda Unida quiebran el triple de empresas que en la Comunidad de Madrid”. Síganle la corriente, digan olé y hagan como que el arranque tiene algo que ver con el debate.
Tapemos lo de Afganistán
Prudente, ABC reservaba su espada para cuando se acerque el momento de la verdad, y prefería echar un capote a los guardianes del orden mundial, descubiertos en flagrante renuncio. “Por si alguien no se había enterado, en Afganistán hay una guerra en la que están involucradas tropas españolas con una situación agravada en los últimos dos meses. Y a todos nos va mucho en ganar la guerra”, justificaba el editorialista. Media playa más allá, Florentino Portero metía al mensajero en el saco de los malos: “Los responsables de Wikileaks, desde presupuestos morales, se han puesto al servicio de los islamistas difundiendo una información que facilitará el trabajo de aquellos que sostienen que la guerra ya está perdida”.
Y para terminar, también en las páginas del vetusto diario, un regalo de Hermann Tertsch: “Mi contrato me exige al menos un par de frases serias por columna”. ¿Un par?
Que le den dos duros a Coubertain. Lo importante no es participar, sino ganar, como hicieron el mismo día Alonso, Contador y Lorenzo para delirio patriotero de los cantores de gesta de Diestralandia. “Del rojo al amarillo”, marcaba la línea cromática La Razón para que El Mundo la redondease con un exultante “Rojo y gualda”. Aún más hábil en el manejo de los símbolos, ABC titulaba “España se instala en la victoria”, bajo una fotografía del patrocinador de la jornada, el apóstol Santiago. Tras él, en la imagen aparecía el cuarto triunfador del mágico domingo, Juan Carlos de Borbón, y al pie, su regia prez: “Ilumina a los políticos para que sirvan al interés general”.
Para tener más opciones de ser escuchado, el morador de Zarzuela lo pidió, como subrayaba La Vanguardia, “en el marco de la Constitución”. Razón de más para que el vetusto diario le diera dosis triple de jabón en su editorial: “En el cumplimiento ejemplar de las funciones que le atribuye la Constitución, el Rey de todos los españoles ha sabido conectar una vez más con la sensibilidad de la gran mayoría social”. Y si les pica, so progres, coman ajos, que ya nos aclaraba el docto Ignacio Camacho que el invocado en la lucha contra los infieles no es santo para devociones melindrosas: “Matamoros y patrón de España: una celebración fastidiosa para un gobernante posmoderno”.
Las confesiones de Zapatero
Eso último iba por Zapatero, que el domingo confesó a El País su insomnio… y otras intimidades que han irritado allende la línea azul. “Zapatero se jacta de ofrecer a ETA la anexión de Navarra al País Vasco”, se desgañitaba ayer en primera La Gaceta con su proverbial y rentable histrionismo. Con ganas de no rezagarse en la hipérbole, Libertad Digital llamaba a su parroquia a armarse de palos reales para colocarlos en las ruedas imaginarias de la presunta nueva negociación: “No podemos permitir que Zapatero y ETA, cada uno desde sus propios intereses, se anoten otro éxito con la nueva negociación”, se delataba el editorialista.
Aguardamos con ansiedad la opinión de los invisibles amigos yankis que rodean a César Vidal en sus vacaciones. Ayer nos presentó en La Razón a uno versado en la sentencia del Estatut: “Nadie puede entenderlo e incluso pronuncian expresiones irreproducibles. Es el caso de Tom, un veterano abogado sureño curtido en millares de pleitos. ‘¿Esa Casas es una enajenada mental?’, me pregunta Tom”. Otro agosto prometedor.
Tres cuartos de la columnada de choque no pasaría hoy el test de estrés. Tienen las rodillas temblonas por culpa del Tribunal Internacional de Justicia y una sentencia que El Mundo ha visto como un Redbull de cien litros: “La decisión de La Haya sobre Kosovo da alas al soberanismo”. Pero hay solución para que los cantonalistas patrios no se suban a la parra: no se acata el dictamen y punto. Lo proponía el editorialista del diario pedrojotiano, recordando que España nunca ha reconocido a Kosovo: “Esa posición, aunque minoritaria, debe ser mantenida firmemente porque a nadie se le escapa que la sentencia de ayer va a suponer un aval a las reivindicaciones independentistas en Cataluña, el País Vasco y Galicia”.
Por ahí piaba también en ABC Rafael Bardají, para quien los jueces de La Haya no merecen más respeto que el jurado de Mira quién baila: “La comunidad internacional no reconoció en su día a Kosovo y no debería hacerlo porque ellos lo dicten ahora”. Más taimado, el editorialista del vetusto diario recordaba que no hay sentencia que no se pueda manipular a beneficio de obra: “Cuando una diplomacia no puede evitar que se produzca una circunstancia, debe trabajar para ajustarla al máximo a sus intereses”.
Felicidades, Zapatero
Sin cambiar de páginas, un acertijo. Díganme a quién se puede estar refiriendo Ignacio Camacho: “Un político sin solvencia ni preparación, veleidoso, frívolo, hueco, relativista, cuya propiedad más sólida es un sentido pragmático de la supervivencia a cualquier precio, adaptadizo, de ideas superficiales”. Cierto, nueve de cada diez políticos encajan con la descripción, pero ustedes saben sumar dos y dos han adivinado que se trata de Zapatero, que acaba de cumplir diez años al frente del PSOE.
No ha sido Camacho el único amanuense que le ha agradecido al vallisoletano-leonés las decenas de columnas inspiradas por él y en él. Carlos Dávila también le enviaba su emocionado regalo envuelto en las páginas de La Gaceta: “Ha casado a los homosexuales y ha propiciado abortos para púberes; ésa es su gran obra social. ¿La política?: destruir literalmente España”.
Para que Rajoy no se cele, Jiménez Losantos le dejaba en El Mundo un detallito: “En vísperas del nuevo 34, Rajoy ha decidido discursear, como Gil Robles en el 36. Y ante la secesión, o sea, en el nuevo 36, el PP irá a pedir ayuda al Rey y al Ejército, irreversiblemente apolillados. Todo igual, pues, pero peor”. Glups.
Lo de los indios y vaqueros, las comiditas y los médicos no se lleva en la ludoteca de Moncloa. Según El Mundo, el niño grande que la habita prefiere agasajar con otros juegos a sus amiguitos. “Zapatero juega con Montilla a que Cataluña es una nación”, contaba ayer en primera el diario pedrojotesco, enfadado por el sagrado lugar del palacio donde tuvo lugar la travesura: “El ‘Honorable’ compareció en la misma sala que los mandatarios extranjeros”. ¡Pero si ahí sólo pueden jugar los mayores!
Escandalizado por el atrevimiento de los talluditos rapaces, en las mismas páginas, Luis María Anson blandía la Biblia y preguntaba: “¿Venderá Esaú Zapatero la unidad de España por un plato de escaños catalanes?”. Tramposete, el académico ya había contestado a la pregunta citando un presunto antecedente del malandrín monclovita: “Pero ¿qué es lo que quiere Zapatero, el embustero? Quiere los escaños catalanes. A los vascos les ha regalado ya CajaSur para que el PNV vote los Presupuestos Generales del Estado”.
Antes de que desde el norte levanten la mano para protestar por la mentira, nos rendimos a otra, enunciada con la preceptiva convicción por el editorialista de La Razón: “La fuerza del socialismo en Cataluña nunca ha sido ejercer de nacionalistas. Una elección tras otra perdieron frente a Pujol porque se alejaron del sentir de la mayoría de sus votantes en las elecciones generales”. Claro, por eso gobiernan con el discurso más catalanista de su historia.
España, maltratada por los catalanes
Aquí hay un problema, ¿no creen? Desde ABC, Edurne Uriarte nos aclara cuál es: “El problema de España es, crecientemente, el malestar de España. El malestar de los españoles que se sienten maltratados por Cataluña”. Con su natural belicoso, también en el vetusto diario, Hermann Tertsch viene a decirnos cómo se debería arreglar el pleito: “Este discurso grotesco con el que el Gobierno intenta ocultar sus vergüenzas y evita debatir sus fracasos podría habernos llevado ya a las manos”.
Aunque les sorprenda, Carlos Dávila se muestra partidario de la solución deportiva. En su soflama diaria en La Gaceta se felicitaba por la presencia de la selección española de basket en Vitoria: “Me temo mucho que los independentistas (que no son tales, sino terroristas con facha de guarros) van a soportar el entusiasmo que suscita un enorme equipo deportivo. Al fin, el deporte está construyendo lo que Zapatero destruye: la unidad de España”.
No hay verano sin serpiente. Y mejor, si es la genuina, la que va enroscada en un hacha y, además de asesinar, da un sabroso caldo gordo a los medios de choque. Que nueve terroristas se arrepientan es una mala noticia y por eso La Gaceta la ofrece así a su parroquia: “Rubalcaba libera a todos estos asesinos etarras”. Debajo, las fotos de los aludidos, y a pie de página, la descarga de ira de Carlos Dávila: “El Gobierno está soltando a los etarras y encima hace un cántico a su bondad sobrevenida. Esto no es que huela, es que hiede.¡Ah!, y que no nos digan que estemos callados, que éste es asunto de Estado. ¡Ni hablar! Ni Rubalcaba, ni Zapatero, ni acaso el PP, pueden orinarse en el abrigo de los muertos”.
Para no perder comba en el cross del ultramonte, Libertad Digital se largaba un editorial titulado “Los etarras y el temor al castigo”, que en realidad era una versión ligera de la columna firmada en su misma web por el colectivo GEES. La tesis, ya se lo imaginan, la del profeta Mayor Oreja: “Los socialistas negocian, y el Gobierno está utilizando la política penitenciaria para impulsar el nuevo ‘proceso de paz’ o la continuación del proceso, como el lector prefiera. En cualquier caso, la actitud de Rubalcaba demuestra que las negociaciones van en serio, que el proceso se ha acelerado y que los próximos meses serán decisivos para un nuevo proceso de rendición del Estado hacia ETA”. En dos frases, cuatro veces la palabra ‘proceso’.
La Razón: “Hay que dialogar”
A todo esto, La Razón apuesta por la negociación. Abandonen la cara de pasmo, que no es con los del pasamontañas y la pistola, sino con los controladores aéreos de frágil salud y astronómica nómina. “La solución, en el diálogo con los controladores”, titulaba uno de sus editoriales. ¿En serio?, se preguntarán. Pues parece que sí, miren: “Es necesario subrayar que únicamente el diálogo traerá la solución. Especialmente cuando los propios controladores militares ven precipitada la medida y los pilotos se oponen a ella”. Para los huelguistas del Metro de Madrid no se pedía el mismo trato.
El último regalo por hoy nos lo hace, desde las páginas de ABC, Antonio Burgos, que definía así a los mandatarios africanos recibidos recientemente por Zapatero: “Señores importantísimos, porque todos eran progres. Negros, pero progres: la progresía, como el amor, no distingue razas ni colores”. La carcundia rancia, por lo visto, sí hace esa distinción.
El Estado Mayor de Diestralandia ha activado el Defcon 2 ante el inminente peligro de una nueva conjura rojoseparatista. “Cumbre nacionalista: CiU y PNV deciden el futuro del Gobierno”, atruena en primera La Razón. La sirena del frontispicio de ABC aúlla “El PSOE se vuelca para lograr los favores de los nacionalistas vascos”, y en letras más grandes destaca la heroica resistencia del ocupante de Ajuria Enea: “Patxi López planta cara a Zapatero por sus coqueteos con el PNV”. Que no espere kokotxas el leonés en la próxima fiesta de la rosa en Barakaldo. Buñuelos de gaviota, y gracias.
El Mundo añade el tinte melodramático. “Zapatero se agarra al PNV para llegar a 2012”, titula, y deja para su editorial la prueba del algodón de la claudicación del naúfrago monclovita. Lean: “El PSOE lanzaba ayer mismo un guiño al PNV ante las dificultades que tiene para encontrar apoyos parlamentarios con los que llegar hasta 2012. A nadie escapa que relajar las medidas penitenciarias a los presos de ETA sería bien visto por los nacionalistas vascos”. El raca-raca, que no falte.
Bono, separación de conveniencia
Mientras los taimados nacionalistas y los pérfidos socialistas gobernantes se disponen al amancebamiento de conveniencia, el presidente del Congreso anuncia su divorcio también guiado, no por el desamor, sino por el interés, según el perspicaz editorialista de La Gaceta. “La ruptura no hace sino acrecentar la sensación de que estamos ante otro apaño de conveniencia”, se maliciaba el aspirante a tertuliano de Dónde estás, corazón, que añadía: “Hay que preguntarse si esta separación beneficia de algún modo la estrategia de disimulo que viene practicando Bono para no dar cuenta del origen de su sorprendente fortuna”.
En Libertad Digital, baño de miel para la gran resolvedora del conflicto del metro madrileño: “Esperanza Aguirre ha sido plenamente coherente hasta el momento. Prometió sentarse a negociar y escuchar, y lo ha hecho, prometió tomarse muy en serio las demandas sindicales, y lo ha hecho”. Puede. El que no parece muy coherente es el editorialista, que hace diez días suspiraba por una lideresa de hierro que pusiera firmes a los sindicalistas.
Y la última gragea por hoy, de La Razón, cuyos sabuesos han dado con la primera menor que ha abortado sin consentimiento paterno. “¿Qué miembro del Gobierno explicará a esa menor las consecuencias de un hecho que puede marcarla de por vida?”, plañía un editorialista.
Tras la sobredosis de La Roja, ABC saca de paseo La Azul. En primer tiempo de saludo el cadete Juan Manuel de Prada glosaba las gestas de “la División Azul, quizá la última gran aventura acometida por el genio español”. ¿No les conmueve? Pues tendrían que ponérseles los pelos como escarpias al recordar a “aquellos ‘guripas’, que al ardor en el combate sumaban la magnanimidad hacia el enemigo, llegando a protagonizar episodios ímprobos de abnegación y sacrificio que a cualquier español bien nacido deberían llenar de orgullo”.
Escribía el gallardo zamorano a rebufo del comandante de infantería de marina Juan Chicharro, que dos días antes se había marcado en el vetusto diario una Tercera titulada “La División española de voluntarios en Rusia”. Una sola frase les dará una idea del tenor de la soflama: “Los hombres de la División colocaron el nombre de las armas españolas en un lugar sin parangón cercano a la gloria”.
Por si se les había pasado por alto, el domingo fue 18 de julio. También en el periódico que fletó el avión de Franco, Antonio Burgos lo celebraba a su manera: “Igual que el de la bandera republicana, existe el tonto de la bandera palestina, imprescindible en toda manifestación que se precie. Y el tonto de la bandera saharaui. Y el tonto de la estrellada bandera separatista catalana”.
Losantos y el doble ahorcamiento de ZP
Falta en la enumeración el listo de la bandera fetén, título al que oposita desde El Mundo Federico Jiménez Losantos con esta triple bofetada al inquilino de Moncloa: “ZP se pronuncia en defensa del pronunciamiento golpista del Parlamento catalán contra la legalidad española. O sea, que se pronuncia por partida doble: acción y omisión. Riego lo habría ahorcado dos veces”.
Chapoteando en el mismo charco, el del Estatut, César Vidal apunta desde La Razón su dedo acusador a la presidenta del Tribunal Constitucional. Reconozcan que borda el papel de predicador: “Ignoro si María Emilia Casas es creyente y en qué, pero no me cabe la menor duda de que Dios le va a pedir cuentas por haber convertido la garantía de nuestras libertades en una mera caja de resonancia de un ejercicio despótico del poder”.
Al lado de eso, casi desmejora el editorial de Cope titulado “Ofensiva total contra la vida”. Y eso que su autor se esmeraba en el falsete: “La Iglesia y las organizaciones pro vida tendrán que seguir luchando en solitario por defender la vida y por ayudar a las mujeres con problemas”.