Ya era bastante atrevido lo de la semillita que papá dejaba en la tripa de mamá, como para que venga la panda de sátiros gobernantes con la idea de llevar a las aulas la educación sexual. Carpetovetonia se planta y denuncia al lúbrico ejecutivo: “Hay algunos ministros de este gabinete que desean imponer la pedofilia educativa y el voyeurismo. Llevar la asignatura sexual a los infantes de tres años desvela el psicoanálisis de los ministros Ángel Gabilondo y de Trinidad Jiménez Villarejo, creo que necesitados de bromuro en el agua mineral”, se explayaba ayer Martín Prieto -sí, él- en La Razón.
Eso era la versión con sacarina. Dos cuadras a la derecha del periódico de la mancheta azul, en Libertad Digital, el inefable Pío Moa ponía el grito en un cielo aún más alto: “Una ‘educación sexual’ en manos de delincuentes como los políticos actuales no me parece, francamente, que pueda producir otra cosa que delincuentes semejantes. Tal educación sexual se llamaba en otros tiempos perversión de menores”. Si creen que lo de exterrorista no es superable, verán que queda casi versallesco al lado de la descarga de bilis de Juan Bosco Martín Algarra en La Gaceta. Cuerpo a tierra: “A mis hijos tú no los vas a educar, Trini, y menos en cuestiones de pitología. porque lo que tú piensas sobre el sexo me da asco, Trini. ¿Te enteras de una maldita vez, Trini? Asco. Me da, y nos da (a miles de españoles), un asco gigantesco”.
Elogio de la santa ira
Eso está a la altura del mismísimo Juan Manuel De Prada, que ayer contaba en ABC que se le habían puesto los pelos como escarpias al ver a un sacristán expulsando de una iglesia a un turista con pantalón corto al grito de “Tú, cerdo, vete a hacer fotos a la pocilga de tu casa, donde tu madre te dejará ir vestido como un mamarracho”. Tras la narración del edificante episodio, el corolario pradiano: “Transido de emoción, me arrodillé y rogué fervorosamente a Dios que concediera muchos años de vida a aquel sacristán, y que le mantuviera incólume la virtud de la santa ira”.
Si es cierto que la mala leche es vehículo de santidad, pronto tendrá sitio en los altares Salvador Sostres, que les mandaba desde su columna en El Mundo este recado a los activistas españoles apaleados en Marruecos: “Lo que resulta absurdo, e inadmisible por cierto, es la sorpresa, esas exclamaciones de indignación como de niña tonta en medio de una orgía”. La pieza se titulaba “¿Qué os esperabais?”
Siete letras. Cubrecráneos legionario cuya próxima eliminación del ajuar de los ennoviados con la muerte está provocando una hemorragia de nostalgia rancia en las papelas de choque. No vayan a Google. Chapiri es el nombre del sagrado gorro que llama a preservar, entre otros, Libertad Digital, recordando que antes de este tremendo golpe ya hubo una ordenanza “para acabar con la especial indumentaria y aspecto físico de los legionarios que puso coto a barbas frondosas, patillas y camisas abiertas mostrando el pecho. Es decir, lo más característico de este cuerpo que lo hace tan querido por los españoles”.
Más ofendido aún, Luis E. Togores, biógrafo del fundador de la garbosa tropa, asaeteaba desde La Razón a la ministra de Defensa: “Sepa usted que ese grito que tan poco le gusta -¡Viva la muerte!-, sus cantos legionarios, su disciplina, sus códigos de honor, su entrenamiento y su uniformidad componen un todo que se llama estilo legionario y que son la base de su eficacia y de su disciplina”. Y por si cupieran dudas de por dónde derrota ideológicamente, el glosador de las hazañas de Millán Astray añadía: “Muchos ciudadanos echamos de menos aquellos gobiernos en que la cartera de Guerra era desempeñada por un soldado como el ministro Villalba”. Socialdemócrata no parece.
Barcelona Acció Solidaria, en el punto de mira
Decepcionante, La Gaceta pasaba de largo el charco de la marcial cofia. Desde la innoble vuelta con vida de los secuestrados en Mali, los sabuesos del adiestrador Carlos Dávila dedican todo su tiempo a husmear el doble fondo de la ONG a la que pertenecen. “El director de Acción Solidaria acumula tres cargos públicos en Barcelona”, aventaba a todo trapo. En la letra pequeña eso se quedaba en aire, pero faltaba la acusación definitiva: “Se define en Facebook como amante de la aventura y de no hacer nada”. ¡Al cadalso con él!
Sin duda, apoyaría la moción Alfonso Ussía, que ha tardado cinco días en mojar su pluma en el lodo del secuestro y cuando por fin lo ha hecho, no ha sido muy original. “Los cooperantes de no se sabe qué llegaron a Cataluña y se olvidaron del resto de España. De la nación que ha rescatado sus vidas del perverso capricho de los terroristas”, anotaba cansinamente en La Razón. Compitiendo en agilidad, ABC llevaba a su primera una noticia vieja que pretendía renovar con el comodín de los epítetos: “El proetarra Gara jalea que el Gobierno negocie por fin con terroristas”. Tal cual.
Les resumo en una frase la doctrina oficial cavernaria sobre Afganistán: hay que estar pero hay que irse. ¿Que eso es muy pobre? Pues compárenlo con la brillante teoría del editorialista de La Gaceta, que sostiene que si los miembros del Gobierno no hubieran hecho novillos en su día, no estarían ahora de lamentaciones. Como suena: “El Gobierno no aprende, y no aprende porque no sabe Historia: episodios como ése -musulmanes infiltrados en la llamada Policía indígena- jalonaron la guerra de Marruecos hasta culminar en la gran traición del desastre de Annual (1921)”.
Esa lección venía en la Enciclopedia Álvarez, y también las nociones básicas de aritmética que le han sido de mucho provecho a Edurne Uriarte, como demostraba en su columna de ABC: “El Gobierno ha salvado a dos españoles del fundamentalismo islámico. Pero sólo unas horas después ha perdido a tres compatriotas a manos de ese mismo fundamentalismo”. ¿Quién dijo que no se podían sumar o restar peras y manzanas?
Un toque catalán y otro vasco
Era imposible que los cocteleros de Diestralandia evitaran mezclar el episodio afgano con la liberación de Vilalta y Pascual. Y para hacer más diurético el mejunje, que no falte un golpe de crema catalana. Así lo sirve Román Cendoya en La Gaceta: “¿El Estatut dice algo respecto a que la Generalitat pague los gastos devengados por las imprudencias temerarias de los suyos? ¿Y por qué no lo paga la ONG del camión con banderita catalana y europea? Por lo menos, como agradecimiento, podían haber puesto la de España”.
Si aún les parece floja la pócima, no duden en añadir un poco de txakoli, como hace el barman y herpetólogo Jesús Mari Zuloaga en La Razón: “ETA va a utilizar la negociación con Al Qaida en el secuestro de los cooperantes”. ¿Se basaba en algún secretísimo documento interno de la banda? Más bien, en un editorial del diario Gara. Caray, con la clarividencia.
También en La Razón, el argonauta César Vidal contaba que en Texas, actual parada y fonda de su peregrinaje yanki, las cosas se arreglan de otro modo. Lo de Melilla, por ejemplo, habría sido coser y cantar, según consejo de uno de sus aguerridos camaradas imaginarios: “Le voy a decir lo que haríamos en Texas con gentuza que se aprovecha de la riqueza de nuestro país y además quiere crear conflictos. Primero, detendríamos a todos los revoltosos por violar la ley y, tras una temporada en la cárcel, los echaríamos a patadas”. Que corra el Bourbon.
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No estaba todo dicho sobre la liberación de Pascual y Vilalta. Los amanuenses rezagados reclaman, en compañía de los columneros de la penúltima fila, su derecho a píar. Pase el primero, de nombre, Paco Reyero, con domicilio en La Razón: “La necesidad de aventura de Pascual y cía ha derivado en una oportunidad de lucimiento para Zapatero, dispuesto siempre al arrullo de aquellos ‘españoles por el mundo’ con los que se saca brillo a las uñas”.
Premien al meritorio con un ¡oooh! admirado y déjense seducir por Miguel Durán, padre de Don Sebastón y cachiporrero dialéctico de La Gaceta, que tiene una pregunta para ustedes: “¿Se moverían ZP y su Gobierno junto con toda la ‘progresía subvencionada’ de igual modo si los secuestrados fueran unos cuantos curas o monjas?”
Más difícil todavía, ¿y si hubieran sido españoles de pura cepa? Desde ABC, Martín Ferrand se temía que tampoco. “Lo de los cooperantes de la ONG secuestrados el pasado noviembre en una caravana en la que no lucía ninguna bandera española y sí varias cuatribarradas, es otra tartita de la pastelería monclovita”, anotaba el perspicaz opinador.
El milagro de Mali
Ahí está el matiz, diría Cantinflas, y con él, Arcadi Espada, que celebraba en El Mundo el milagro obrado por el cautiverio en uno de los secuestrados: “Es que Vilalta había dicho ‘nuestro Gobierno’. No sólo eso: su Gobierno era el Gobierno del Estado español. Y postdata: lo estaba diciendo en lengua catalana, que siempre es más dulce y donde el signo lingüístico tiene que hacer piruetas. ¿Cuántos años hace que no oía eso en boca de un catalán?” ¡Albricias!
Si eso no les ha enternecido, sólo podrá hacerlo el editorialista de Cope con su advertencia a los Señores del Mal. Vean: “Al Qaeda debe saber, de una vez por todas, que el mundo libre detesta el terrorismo y está dispuesto a luchar con armas sólo aparentemente menos fuertes. Esperemos pues, que la pacífica solución de este secuestro refuerce los lazos policiales y jurídicos e impida que Al Qaeda imponga su barbarie”. “Ríndete, Bin Laden”, habría añadido Ruiz Mateos.
Y quien dice Bin Laden, dice Zapatero, que tanto monta, según bramaba Agapito Maestre en Libertad Digital: “La vuelta al vale todo, incluida la violencia y el terror, del estalinismo y, por supuesto, del trotskismo, que también en esto coinciden estos dos ismos, tiene en Rodríguez Zapatero uno de sus iconos contemporáneos”. Que se sepa y no se olvide.
Roque Pascual y Albert Vilalta bajaron por su propio pie del avión en El Prat. Chasco para los enterradores vocacionales de Carpetovetonia, que habrían preferido recibir dos féretros tapizados con la rojigualda. Y no se esfuerzan en disimularlo. “La rendición como modelo”, titulaba en Libertad Digital el psicodélico colectivo Gees una soflama que empezaba tal que así: “¿Dejará Zapatero en algún momento de satisfacer los deseos de los terroristas? Su ansia infinita de paz transita inquebrantable por el valle de la desbandada de Irak, los escombros de la T4, y ahora, el desierto de la rendición al chantaje de Al Qaeda en el Magreb”.
Abochornado por el imperdonable hecho de que los miembros de Acció Solidaria conserven el pellejo, el editorialista de El Mundo lamentaba no ser súbdito de cualquiera de los heroicos países que han dejado apiolar a sus secuestrados: “El orgullo exhibido por los terroristas saca los colores al Gobierno español, que al contrario que Francia y Reino Unido ha cedido al chantaje de los integristas y les ha dejado en bandeja una enorme victoria propagandística”. Media docena de páginas más allá, Salvador Sostres vertía su bilis sobre los vergonzosamente liberados: “Ni Albert ni Roque son unos héroes. Son unos niñatos. Sería un insulto a tanta gente que trabaja en serio para aliviar el sufrimiento de los más desfavorecidos que Albert y Roque pasaran por valientes cuando no son más que unos fantasmas”.
Tertsch con la factura
Faltaba, claro, Hermann Tertsch, desde su expendeduría de certificados de buen español en ABC, pasando la factura a Vilalta y Pascual: “España ha pagado muy caras su libertad y la insensatez de su jocoso turismo solidario. Con mucho dinero y con serias fisuras en su Estado de derecho y su doctrina antiterrorista”. Lo curioso es que el editorial del vetusto diario hablaba de “Liberación feliz” y que su discutido director, Ángel Expósito, proclamaba en su videoblog que “el trabajo del Gobierno en este caso ha sido de chapeau”.
Y para colmo, Rubalcaba se baja a Rabat a conferenciar con el infiel. Otra claudicación, se queja el ardoroso editorialista de Cope, que ve en el viaje la demostración de “la debilidad de un gobierno, y de un Presidente de gobierno, que sistemáticamente ha enviado mensajes de debilidad acomodaticia”. Aún más ofendida, La Gaceta denuncia con foto en primera: “Rubalcaba se ríe con su homólogo marroquí de la crisis en la frontera”.
Al fondo a la derecha no gustan los finales felices. “Zapatero vuelve a bajarse los pantalones ante los terroristas accediendo a sus demandas pecuniarias”, se indignaba el editorialista de Libertad Digital por la resolución del secuestro -previo pago, según parece- de los cooperantes Roque Pascual y Albert Vilalta. Decepcionado por tan poco heroico desenlace, el opinador oficial de El Mundo, parecía preocupado por los cuchicheos del vecindario internacional: “¿Qué pensará hoy el Gobierno británico que vio morir a uno de sus ciudadanos por negarse a ceder al chantaje?”, se preguntaba.
No respondan. Necesitarán todas sus neuronas para desentrañar el misterio que encierra el comienzo de la última columna de Curri Valenzuela en ABC: “En el resto de España extraña poco que un madrileño descerraje a tiros a la conductora del vehículo que chocó contra el suyo, como ocurrió el viernes pasado”. ¿Han comprendido algo? ¿No? Prueben con el final: “Fuera de Madrid las luchas intestinas por el poder dentro de los partidos se aplazan hasta que remite el calor y, por lo general, la gente no se pega, ni mucho menos se dispara, por un choque de coches ni aunque el culpable tenga caducado el seguro”.
La reconquista desde Catalunya
Esa curiosa formulación del hecho diferencial madrileño no cuadra con la ortodoxia editorial del vetusto diario, bastante mejor expresada en la viñeta de ayer firmada por Mingote, que mostraba a tres musulmanes en animada conversación. “Cuando los nacionalistas, con la inestimable colaboración de Zapatero, hayan destruido España, nosotros iniciaremos la reconquista de la península desembarcando en Cádiz”, decía uno de ellos, a lo que otro respondía: “Mejor en Barcelona, donde hay muchos catalanes que no quieren ser españoles y puede que el Islam les haga ilusión”.
También hay un recuerdo emotivo -cuándo no- a Catalunya en la última epístola americana de César Vidal en La Razón. Está emocionado el turista incidental porque acaba de llegar al Estado de la estrella solitaria, ese que le puso las peras al cuarto a los malditos nordistas libertadores de esclavos: “Estos días he emprendido un viaje a Texas, el Estado adonde se dirigieron tantos confederados al final de la Guerra Civil en busca de un nuevo futuro y que, a diferencia de Cataluña o de las Vascongadas, sí fue una nación independiente al inicio de su Historia”. En la maleta traerá como souvenir un capirote con las iniciales KKK.
El Séptimo de Michigan hace mutis del Fort Apache iraquí siete años y miles de muertos después para cabreo de los que tienen enmarcada la foto de las Azores. “El Nobel de la Paz abandona a los iraquíes”, titula en primera La Razón sobre una imagen de los libertadores en retirada que deja hueco para esta apostilla: “Uno de cada cuatro estadounidenses piensa que su presidente es musulmán”. Chincha y rabia, Barack Hussein.
Como si al aludido le importase media higa la opinión de un amanuense de Ciscarpetovetonia, el editorialista de ABC apunta su pluma al huésped de la Casa Blanca: “Su opción es clara: unos Estados Unidos retraídos sobre sí mismos, con poca voluntad de ejercer ningún papel dominante en el mundo. Otras fuerzas con voluntad global se alegran de ello”. Y como remate para la moral del baranda del mundo libre, un tal Cefas le espeta desde La Razón: “Nunca he tenido la más mínima duda de que fue una guerra tan acertada como necesaria. Irak está mejor sin un dictador sanguinario como Sadam y Aznar acertó al apoyar la intervención militar”.
De patriotas y machos-machos
Pónganse en pie que se ha nombrado al patriota que, vestido de sport entre tanta chilaba, puso las peras al cuarto al infiel. Si les pica, que se rasquen, proclama en El Mundo Salvador Sostres: “Puede que esta visita no guste a Mohamed ni a su gente, y que se enfaden como histéricos. Tampoco importa. Ya les gustaremos cuando ganemos”. ¡Ahhhh! Y con esa victoria volverán los tiempos que recordaba emocionado Emilio Campmany en Libertad Digital: “Con Aznar se acabó el ser amigo de dictaduras, por buenas que fueran las propinas que pagasen. Luego, vino el 11-M y los socialistas volvieron al poder y revirtieron todo lo que Aznar había conseguido”. Otro con el calendario parado.
Y mientras España y el planeta se derrumban, el Bogart de cuarta regional Arcadi Espada se pone pilongo en su columna de El Mundo. Ahí les van unos quintales de caspa rijosa: “No sería novedad que las chicas de derechas estuvieran más buenas. La gran novedad es que ahora son también más calientes”. Traguen saliva y adminístrense el resto de la machirulada: “Las chicas de izquierdas son ahora las impenetrables. Ni una mala palabra aceptan: o denuncian a sus amantes o, la peor hipótesis, les ríen devastadoramente en el mismo centro del susurro crápula. El respeto (esa odiosa palabra de mi juventud) ya les pertenece enteramente”, remata el intelectual.
Tras su gesta melillense, José Mari matamoros luce esplendoroso en los papeles adictos, aunque alguno deja a la vista el verdadero motivo de la excursión. “Aznar devuelve a Zapatero la zancadilla de su viaje a Rabat”, canta de plano El Mundo. En pretendido elogio de la virilidad del caudillo gaviotil, el vate de ABC Ignacio Camacho descubre que fue el rencor más que el patriotismo lo que le hizo cruzar el Estrecho: “A este hombre le corre sangre por las venas, aunque mezclada con una dosis considerable de resentimiento. A otros parece que no les corre más que horchata”.
Dos corcheas de entrega más arriba, el editorialista del vetusto diario recuerda que los héroes de la nación van donde les sale de la sobaquera: “Aznar es una referencia indiscutible para el centro derecha español. Como es natural, está en su legítimo derecho de realizar actividades públicas y pronunciarse sobre cuestiones relevantes de la política española”.
Perejil en la memoria
¿Sólo legítimo derecho? ¡Más que eso! Es un deber, según palmotea en La Gaceta Carlos Dávila, evocando el glorioso episodio del islote con nombre de condimento: “El PP y Aznar (que impidió la conquista de Perejil) tienen la obligación de estar donde no están ni Zapatero ni Moratinos ni Rubalcaba”. Y por si no se había captado la grandeza de la hazaña, el editorialista -o sea, él mismo- vuelve a recitarla: “A los socialistas les escuece la presencia del gobernante que paró los pies a Marruecos en la crisis de Perejil, en 2002, y al que no le tembló el pulso al defender a España”. Al alba y con fuerte viento de Levante de 35 nudos. ¡Cómo olvidarlo!
Desde su puesto de acollejamiento en ABC, Hermann Tertsch también lanza aleluyas por el Hombre Nuevo de Valladolid y envía un rayo destructor a quienes no le rinden pleitesía: “Están de los nervios. Y ya no saben más que insultar a los adversarios, desposeídos como están de cualquier argumento en esta realidad tan desagradecida con sus buenas intenciones”. Fantástico autorretrato.
Esto sólo lo puede redondear uno de los oníricos amigos americanos de los que nos habla César Vidal en La Razón. Admírenlo: “Well… si yo no lo he entendido mal, me dice usted que menos de catorce millones de españoles están manteniendo a casi cinco millones de funcionarios, a unos cinco millones de parados y a más de ocho millones de pensionistas. Los que producen son muy pocos para mantener a toda esa gente que no produce”.
Tras su gesta melillense, José Mari matamoros luce esplendoroso en los papeles adictos, aunque alguno deja a la vista el verdadero motivo de la excursión. “Aznar devuelve a Zapatero la zancadilla de su viaje a Rabat”, canta de plano El Mundo. En pretendido elogio de la virilidad del caudillo gaviotil, el vate de ABC Ignacio Camacho descubre que fue el rencor más que el patriotismo lo que le hizo cruzar el Estrecho: “A este hombre le corre sangre por las venas, aunque mezclada con una dosis considerable de resentimiento. A otros parece que no les corre más que horchata”.
Dos corcheas de entrega más arriba, el editorialista del vetusto diario recuerda que los héroes de la nación van donde les sale de la sobaquera: “Aznar es una referencia indiscutible para el centro derecha español. Como es natural, está en su legítimo derecho de realizar actividades públicas y pronunciarse sobre cuestiones relevantes de la política española”.
Perejil en la memoria
¿Sólo legítimo derecho? ¡Más que eso! Es un deber, según palmotea en La Gaceta Carlos Dávila, evocando el glorioso episodio del islote con nombre de condimento: “El PP y Aznar (que impidió la conquista de Perejil) tienen la obligación de estar donde no están ni Zapatero ni Moratinos ni Rubalcaba”. Y por si no se había captado la grandeza de la hazaña, el editorialista -o sea, él mismo- vuelve a recitarla: “A los socialistas les escuece la presencia del gobernante que paró los pies a Marruecos en la crisis de Perejil, en 2002, y al que no le tembló el pulso al defender a España”. Al alba y con fuerte viento de Levante de 35 nudos. ¡Cómo olvidarlo!
Desde su puesto de acollejamiento en ABC, Hermann Tertsch también lanza aleluyas por el Hombre Nuevo de Valladolid y envía un rayo destructor a quienes no le rinden pleitesía: “Están de los nervios. Y ya no saben más que insultar a los adversarios, desposeídos como están de cualquier argumento en esta realidad tan desagradecida con sus buenas intenciones”. Fantástico autorretrato.
Esto sólo lo puede redondear uno de los oníricos amigos americanos de los que nos habla César Vidal en La Razón. Admírenlo: “Well… si yo no lo he entendido mal, me dice usted que menos de catorce millones de españoles están manteniendo a casi cinco millones de funcionarios, a unos cinco millones de parados y a más de ocho millones de pensionistas. Los que producen son muy pocos para mantener a toda esa gente que no produce”.
Llegó el Generalísimo Aznar con su tableta de chocolate y su melena, y los infieles, ya maduros por la imponente presencia del adelantado Pons, inclinaron la cerviz. “Baño popular para Aznar en Melilla”, celebraba la edición digital de ABC, que añadía sin reprimir la emoción: “Decenas de personas aclamaban al ex presidente como si todavía lo fuese”.
Se lo pierde Zapatero, que se hubiera llevado toda la gloria de haber hecho caso -del enemigo, el consejo- al ariete de La Razón Alfonso Ussía: “En la hoja correspondiente al 20 de agosto, escriba ‘Melilla’. Y cámbiese el reloj de muñeca para recordar lo que quiere decir ‘Melilla’. Que actúe de una puñetera vez, que parece marroquí”. Lo de “marroquí”, claro, con permiso de Antonio Burgos, al que esa palabra y su sinónimo más utilizado sacan de sus hispánicas casillas. “Yo prohibiría llamar la cursilada de ‘reino alauita’ a lo que toda la vida de Dios ha sido la morería del romance de Abenámar”, se explayaba en ABC.
Catalanismos que afean el español
Tres columnas, tres, se ha apañado el vivo columnero con el chollo de las prohibiciones. Vean qué más proscribiría: “El ‘pienso de que’, el ‘han habido’, el ‘sacarse la chaqueta’ y tantos feísimos catalanismos que se están colando en nuestra lengua”. Ya ven, también de eso tienen la culpa los pérfidos catalanes. Y si no se lo creen, atiendan al lingüista aficionado Amando de Miguel en Libertad Digital: “No me vale el argumento de que en Cataluña todos los catalanes pueden expresarse tranquilamente en los dos idiomas oficiales, catalán y español. Ese argumento falaz lo repiten algunas personas eminentes que anteponen el ‘pienso de que’ a esa declaración”.
En el pecado llevan la penitencia los disolventes de la sacra lengua común. Además de separatistas, son unos antiguos, según revelaba La Gaceta, apuntando esta vez hacia la terrible Vasconia. “Guipúzcoa rechaza la bandera de moda”, titulaba el papel intereconómico un texto que arrancaba así: “Con seguridad, no hay ahora mismo en todo el mundo una bandera más popular y respetada que la nuestra bicolor, la española. Sin embargo, la diputación de Guipúzcoa del PNV, alentada por la necesidad de votos de Zapatero, la rechaza porque, según advierte en una declaración pegada a su fachada, está impuesta por la ley de la fuerza”. Como prueba del delito, una fotografía de la citada declaración, festoneada por el portadista con un marco rojo, amarillo y rojo. Puro glamour.
Dime cuánto te tiemblan las piernas cuando insinúan una subida de impuestos y te diré de qué tamaño es tu cartera. Las de los ruiseñores de Carpetovetonia deben de ir bien surtiditas a juzgar por el crujir de dientes. “Zapatero castigará a los españoles con la mayor carga fiscal de la zona euro”, melodramatizaba Libertad Digital. “El Gobierno no tiene un euro y quiere meter mano a nuestra cartera sin piedad”, se tiraba de los pelos -es un decir- Carlos Dávila desde La Gaceta.
Ni se les ocurra explicarles que -a lo mejor, quién sabe, pudiera ser- esos impuestos son para financiar la sanidad, la educación o las carreteras. Les contestarán, como Carlos Rodríguez Braun en La Razón, con el primer versículo de la Biblia liberal. El que quiera esos vicios, que se los apoquine: “Los humanos libres nos protegemos, por ejemplo, con seguros, y no tenemos por qué aceptar como obvio el que nos arrebaten la libertad y los bienes a cambio de una seguridad que definen otros y pagamos todos”.
Señorito recién llegado a la Hermandad Neocon, Salvador Sostres señalaba en El Mundo con una mueca de desprecio al hijo de descamisados que ha anunciado la subida: “Las únicas circunstancias que conoce Pepiño son las de su padre camionero y las de su madre costurera, y las suyas propias, de empleado socialista. Seguro que los tres han pagado mucho menos de lo que han recibido a cambio”. Chusma, y además, roja, sentenciaba en ABC Ignacio Camacho: “Ser de izquierdas consiste en penalizar el ahorro, frenar la inversión y lastrar el crecimiento. Como toda la vida”.
En USA no se habla de otra cosa
Les sorprenderá saber que en Estados Unidos, a falta de otros problemas, la situación de la economía española va de boca en boca. Hay tal pasión por conocer los intríngulis financieros de la piel de toro, que el otro día el veraneante César Vidal pasó un mal rato, según contoba en La Razón: “Lo que les resulta más enigmático, casi digno de un relato de Poe, es cómo hemos podido pasar de la floreciente situación económica de la Era Aznar a este desastre. Hoy me han arrinconado y no he podido eludir el tema”. No teman por el arriesgado turista. Largó y salió con vida.
Un héroe, Vidal, como su vecino de tinta Alfonso Ussía, que tiene la solución para lo de Melilla: “Si hay que llenar el ferry Málaga-Melilla de alimentos, se hace. Si para ello hay que dejar en tierra los coches de los marroquíes, en tierra los coches”. Y si no, la Legión, ¿no?