Sabroso caramelo para la casta columnada, el aluvión de vídeos verderones de la campaña catalana. La libido opinativa está en cotas históricas. Agapito Maestre, por ejemplo, anda que se sube por las paredes de Libertad Digital: “Una vez que el estadito catalán ha reducido el sexo y el amor, últimos reductos de la individualidad, a efluvios y malas babas de putas y golfos, pretenden hacer lo mismo con el ámbito público”. Y de su redactor jefe, Carmelo Jordá, ni les cuento. Allá donde pone el ojo, ve lascivia. Hasta en el avatar de la candidata del PP a lomos de una gaviota: “En vista del panorama me permito cuestionarme si con ese subirse a una gaviota no estaremos ante una involuntaria insinuación zoofílica”. ¡Uf!
Metido a psicoanalista, el autor de uno de los minieditoriales de La Razón pontifica: “En realidad, la procaz estrategia revela la ínfima calidad de una parte de esa clase política y la pobre opinión que tienen de sus potenciales votantes”. Tiene su gracia leerlo en el mismo periódico donde se ejercita a diario el rijoso confeso José Luis Alvite, que ayer mismo nos dejaba el estómago para el arrastre así: “Era joven y tuve mis mejores sueños en las peores camas. Me carraspeaba en la garganta el olor de las ingles”.
S.S. también opina
Arden de deseos de saber qué dice Salvador Sostres de todo esto. Castigado en la edición de papel de El Mundo a hacer entrevistillas, hay que buscar su opinión en la versión digital. Él, claro, está muy a favor de los vídeos con jadeos y gemidos, aunque sean de su odiado PSC: “Una chica corriéndose es una magnífica metáfora de la alegría de estar viva, aunque esta izquierda que nunca ha creído en la libertad no pueda comprenderlo”. Todos a una: ¡Puagh!
A nadie sorprende ya nada del “infortunado propalador de una especie repulsiva en Telemadrid”, como lo adjetiva en La Gaceta Carlos Dávila. Sí, sí, Dávila. Eso sí, a Isabel San Sebastián, avalista del gañán bocachón en Telelideresa, que no se la toquen, porque por ella ¡ma-ta!. O cosa así: “Ahora, la pieza es San Sebastián, que es caza mayor para estos pertinaces de la algarabía y el paro (viven de eso porque son liberados) y que, con certeza, se han portado como corsarios secuestrando un vídeo pirata”.
No es de extrañar que hasta a Martin Ferrand le entre el bajón y proclame en ABC: “Ser español, y que se regocije en serlo quien le venga en gana, es una carga y comienza a ser un aburrimiento”.
Arrepentíos, rompepatrias, la contrarreforma está en marcha. “El otro Pacto del Tinell”, anunciaba ayer en primera El Mundo bajo una imagen de Alberto Núñez Feijóo, Alicia Sánchez Camacho y Antonio Basagoiti. Cual coristas aficionados, sostenían la partitura que nos explicaba el subtítulo: “Compromiso del PP de Cataluña, Galicia y el País Vasco para que las comunidades históricas defiendan la unidad de España”. La versión de ABC tenía más épica. “Galeusca española”, cacareaba sobre una fotografía a toda plana del triplete de llaneros pateando, cual reconquistadores, el Barrio Gótico de Barcelona.
¿Pero no va en cabeza de los sondeos el secesionista Mas? Según el editorialista del vetusto, eso es caza menor para la heroína de la gaviota: “La candidatura que lidera Alicia Sánchez Camacho está en condiciones de jugar un papel decisivo en Cataluña, actuando como bisagra para reconducir los excesos nacionalistas que Artur Mas proclama sin rodeos”. Desde La Razón, el pensador de cabecera de Aznar, José María Marco, vende la piel del mismo oso aún no cazado: “Llega la hora de Cataluña y, si los sondeos se cumplen, también aquí, como en Galicia, el experimento habrá llegado a su fin. Así que parece haber llegado la hora de poner fin a estos años extraños, irregulares, de la vida catalana”.
El PP se va con los malos
Cae, pues, la fatua que impedía al PP tener trato con malvados catalanistas. Lo que sigue siendo imperdonable es ir junto a la izquierda, aunque sea a denunciar el silencio de Moncloa ante la masacre marroquí del pueblo saharaui. “¿A qué fue Pons a la manifestación de los Bardem y compañía? Quizá fue sólo a conquistar unos pocos votos. Pobre. Ingenuo”, afeaba Agapito Maestre desde Libertad Digital la presencia del dirigente popular en la protesta del sábado. Y aún era más severo César Alonso de los Ríos, que señalaba en ABC con quién debe alinearse un partido de orden: “En el caso del Sahara los dirigentes del PP habrían debido tener en cuenta la política común de Washington y Madrid, empeñada obviamente en crear con Marruecos un muro de contención de la yihad que avanza hacia Algeciras”.
Terminamos en La Gaceta, hecha unas castañuelas por la recuperación de uno de sus lugares sagrados. “Una multitud desafía a Zapatero en el Valle de los Caídos”, se felicitaba el papel intereconómico por la celebración anticipada del 20-N que tuvo lugar el domingo en la siniestra Arcadia de los vencedores.
Está dura la competencia en territorio amarillo por ver quién le cuelga a Pérez Rubalcaba el sambenito más gordo. Hasta el momento de redactar estas líneas, la clasificación provisional de la guantada al superministro la lidera la vieja gloria del sermoneo José María Carrascal, que ayer comparó en ABC al de Solares con… Mejor que lo vean ustedes: “Con ‘los judíos son los causantes de todos los males de este mundo’ y ‘los eslavos son una raza inferior’, Hitler aniquiló a millones de ellos. Y ahora nos sale don Alfredo a descubrirnos el gen machista de los peperos. ¿Habrá que eliminarlos también?”
Más clásico, Gabriel Albiac tira -también en el vetusto diario- del manido paralelo con Fouché, padre putativo del espionaje moderno. “La imagen de Fouché me vuelve, desde el día en el cual el gestor de tinieblas Rubalcaba, fue ascendido a guardaespaldas de Zapatero. La gran perversidad de Estado -Talleyrand- no está al alcance de un cualquiera. Sí, la administración de alcantarillas”, escribía el provocador de bostezos.
Necesitado de ser siempre más original, el percusionista de La Razón César Vidal dejaba a Rubalcaba en segundo plano y elegía como alter ego histórico de Zapatero al príncipe siciliano Lampedusa. He aquí la explicación: “Vuelve a dirigir el timón hacia las playas del paraíso de la izquierda situando en Trabajo a un huelguista que lidió con aquel escándalo de la UGT que fue la PSV y en Medio Ambiente a una comunista que era capaz de chuparle cámara al mismísimo obispo de Córdoba”.
Libertad Digital contra Wikileaks
Tras esos alardes de erudición, llega la decepción encarnada por el editorialista de El Mundo, que a estas alturas descubre la gaseosa. Lean: “El encumbramiento de Rubalcaba y la designación de Jáuregui como ministro de la Presidencia también forman parte de unos movimientos en relación con ETA”. Escrito ayer, se lo juro.
Mejor si cambiamos de asunto. En realidad, peor, porque no creo que les deje indiferentes este alegato de Libertad Digital a favor del ocultamiento de la tortura y los asesinatos sistemáticos: “La filtración de Wikileaks, obsesiones ideológicas al margen, debería ser observada como lo que es: un misil dirigido contra la estrategia de defensa de Occidente en general y de Estados Unidos en particular”. El corolario lo pone desde La Gaceta, Carlos Dávila: “En el Periodismo se están volcando los que más tienen que callar, los que tienen la lengua más sucia”. Y tanto.
Habrá que reconocer a los sindicatos, esos de los que se dice que están en fase terminal, que conservan facultades para alborotar el gallinero diestro. Un vídeo paródico y una palabra gruesa les han bastado para tomar el monte alto y plantar la bandera de la huega general del día 29. “Toxo y Méndez presentan la gran putada”, anunciaba en primera La Razón, subyugada por el vocabulario recio del secretario general de Comisiones Obreras. Bajo los efectos del mismo hechizo, El Mundo titulaba “Marchando una de gran putada”, y se recreaba en uno de sus editoriales: “La huelga general es una ‘gran putada’, en efecto, porque es la demostración palpable del fracaso de los sindicatos en su aportación al desarrollo del país”.
Mejor que no se hayan cansado del exabrupto, porque a Ignacio Camacho le ha debido de hacer especial gracia. Hasta media docena de veces lo reproducía con indisimulada delectación en su columna de ABC. Tres de ellas, en una misma frase, esta: “La huelga es, en efecto, una putada, una gran putada para todos: para sus convocantes, para sus sufridores y en general para un país que ya está bastante puteado”.
El violento vídeo de UGT
Con el reloj opinativo retrasado, como casi siempre, Agapito Maestre vivía aún en la hora del vídeo de UGT. Su veredicto, solemnemente dictado en Libertad Digital, es que habría que prohibir la guasa protagonizada por David Fernández: “El ‘humor’ socialista, como el del vídeo de los sindicatos, es una forma agresiva, muy peligrosa por su violencia, que debería proscribirse de sociedades civilizadas, entre otras cosas, porque toda posible contestación a esa basura, degradación máxima del lenguaje político, nos obligaría e entrar en las reglas violentas de quienes utilizan ese humor”, sentenciaba el belicoso filósofo.
Seguramente, Maestre hubiera preferido que el guión fuera de Antonio Burgos. ¡Ése sí que tiene gracia! Verán las agujetas en el estómago que les va a provocar un fragmento de lo que escribió ayer el ingenioso cómico sevillano en ABC. Hablaba -si es que a todo le encuentra la vuelta chisporroteante este hombre- del último comunicado de ETA: “Todos hablan de ‘los encapuchados’. Pero nadie ha destacado que el comunicado de la vieja farsa lo leyó una tía, una nekane rabiosa, de éstas pelorratas teñidas de berrendo en colorado. O sea, que deben ser ‘encapuchados y encapuchadas’, como los ‘trabajadores y trabajadoras» de Rodiezmo”. Eso es arte.
No se pueden quejar los emplumados del ultramomente de la perita en dulce que les ha regalado ETA comunicando la nada entre dos platos desde la BBC. “Otra trampa de ETA”, chutaba a puerta vacía La Razón en primera. “ETA ofrece una farsa de tregua para colarse en las municipales”, se adornaba ABC en jugada largamente ensayada, mientras El Mundo se permitía una de esas fintas que sólo se hacen en las pachangas: “ETA se niega a declarar la tregua pedida por Batasuna”, interpretaba con sorprendente tino el diario de Ramírez.
Esas eran las versiones templadas de los medios volantes. Los extremos diestros se empleaban con mayor espectacularidad. “Una tregua para salvar a Zapatero y liquidar el Estado de Derecho”, editorializaba con postas Libertad Digital, donde el trotón de la filosofía, Agapito Maestre, se daba su propio festín: “Los dos, Zapatero y ETA, están en fase terminal. Se necesitan. De ahí el anuncio de la tregua”. Desde EsRadio, tentáculo herciano del conglomerado liberal, su comandante Federico Jiménez Losantos se arrogaba la última palabra: “Yo no sé si a Rubalcaba le va a entrevistar en TVE un encapuchado o viceversa, pero da la impresión de que esta tregua, más que la ETA, la ha decretado el Gobierno”.
La Gaceta y las autoprofecías
No debe de ser casualidad que el latigador de Teruel haya empezado a hacer bolos en Intereconomía Televisión, porque la doctrina es calcada a la inoculada por La Gaceta, el periódico del mismo grupo. “Los asesinos de ETA confirman la negociación con el Gobierno”, se exaltaba la hoja volandera en el mismo ejemplar que promocionaba un DVD a mayor gloria de José Antonio Primo de Rivera. Para redondear, su director, Carlos Dávila, se daba la razón a sí mismo: “Nadie creerá que esta tregua no está pactada. Desde enero, La Gaceta viene insistiendo en que la negociación estaba abierta”. El editorialista de Cope apoyaba la moción: “Los precedentes hacen sospechar que el Gobierno pretende acabar con el terrorismo utilizando atajos”.
Si no les gusta esa interpretación, Iñaki Ezkerra les ofrece desde La Razón otra medio gramo más exótica: “La verdadera diana de la nueva tregua-trampa de ETA es el pacto vasco de socialistas y populares. El nacionalismo está actuando de manera ‘espontáneamente orquestada’ para atacar ese pacto por todos los flancos, por el peneuvista del apoyo a los Presupuestos Generales y por el etarra del regreso a los ayuntamientos”. Va a ser eso.
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No estaba todo dicho sobre la liberación de Pascual y Vilalta. Los amanuenses rezagados reclaman, en compañía de los columneros de la penúltima fila, su derecho a píar. Pase el primero, de nombre, Paco Reyero, con domicilio en La Razón: “La necesidad de aventura de Pascual y cía ha derivado en una oportunidad de lucimiento para Zapatero, dispuesto siempre al arrullo de aquellos ‘españoles por el mundo’ con los que se saca brillo a las uñas”.
Premien al meritorio con un ¡oooh! admirado y déjense seducir por Miguel Durán, padre de Don Sebastón y cachiporrero dialéctico de La Gaceta, que tiene una pregunta para ustedes: “¿Se moverían ZP y su Gobierno junto con toda la ‘progresía subvencionada’ de igual modo si los secuestrados fueran unos cuantos curas o monjas?”
Más difícil todavía, ¿y si hubieran sido españoles de pura cepa? Desde ABC, Martín Ferrand se temía que tampoco. “Lo de los cooperantes de la ONG secuestrados el pasado noviembre en una caravana en la que no lucía ninguna bandera española y sí varias cuatribarradas, es otra tartita de la pastelería monclovita”, anotaba el perspicaz opinador.
El milagro de Mali
Ahí está el matiz, diría Cantinflas, y con él, Arcadi Espada, que celebraba en El Mundo el milagro obrado por el cautiverio en uno de los secuestrados: “Es que Vilalta había dicho ‘nuestro Gobierno’. No sólo eso: su Gobierno era el Gobierno del Estado español. Y postdata: lo estaba diciendo en lengua catalana, que siempre es más dulce y donde el signo lingüístico tiene que hacer piruetas. ¿Cuántos años hace que no oía eso en boca de un catalán?” ¡Albricias!
Si eso no les ha enternecido, sólo podrá hacerlo el editorialista de Cope con su advertencia a los Señores del Mal. Vean: “Al Qaeda debe saber, de una vez por todas, que el mundo libre detesta el terrorismo y está dispuesto a luchar con armas sólo aparentemente menos fuertes. Esperemos pues, que la pacífica solución de este secuestro refuerce los lazos policiales y jurídicos e impida que Al Qaeda imponga su barbarie”. “Ríndete, Bin Laden”, habría añadido Ruiz Mateos.
Y quien dice Bin Laden, dice Zapatero, que tanto monta, según bramaba Agapito Maestre en Libertad Digital: “La vuelta al vale todo, incluida la violencia y el terror, del estalinismo y, por supuesto, del trotskismo, que también en esto coinciden estos dos ismos, tiene en Rodríguez Zapatero uno de sus iconos contemporáneos”. Que se sepa y no se olvide.
Mientras Rajoy recarga la batería opositora, el látigo de azotar al inquilino de Moncloa está en las mejores manos. ¿González Pons? ¿Montoro? Ya quisieran ellos tener la muñeca de la Virgen de Agosto, inspiradora, según La Gaceta, de una rebelión contra el leonés que deja en broma la de Gómez: “Si Zapatero, con su cruzada turbolaicista, se empeña en retirar los crucifijos de las aulas, son miles y miles de familias las que hoy desfilarán al completo en las procesiones de cada uno de nuestros pueblos y ciudades, manteniendo sin ningún problema ideológico la vieja terna del comer, beber y rezar”, proclamaba el heraldo de Intereconomía el domingo.
Ustedes, pecadores, se han quedado en dos de tres de esa terna. Así les va. Ni siquiera llevan en el salpicadero del coche una estampita con la leyenda “Yo conduzco, ella me guía”. Pues dice el editorialista de Cope que no hay forma más efectiva de ahorrar puntos de carné y vidas. Vean: “Para los creyentes, la razón de esa esperanza, incluso teniendo en cuenta los problemas y los riesgos de la carretera, se funda en la certeza de que, en el viaje hacia una meta, Dios camina con el hombre y lo preserva de los peligros”. Palabrita de los obispos encargados de la Pastoral de Carretera. Les juro que existe tal cosa.
Comulguemos
Deberían saber que en la Conferencia Episcopal hay de todo, incluso un prefecto para el culto divino y la disciplina de los sacramentos al que Juan Manuel De Prada dedicaba en ABC una pieza titulada “Qué grande eres, Cañizares”. Aplaude al cardenal el lamepilas zamorano por su propuesta de rebajar la edad en que se suministra la primera comunión a los católicos alevines. El razonamiento les va a dejar las cejas a la altura del flequillo: “Cuanto más pequeño sea el niño más posibilidades hay de que comulgue creyendo en la naturaleza del sacramento, creyendo que de verdad Cristo viene a vivificar su fe para siempre. Y esto es lo que los enemigos de la Iglesia pretenden evitar a toda costa”. Vamos, que cuanto más tiernas, más fácil será engañar a las criaturas.
Y como va de comuniones, para terminar, una rueda de molino administrada por Agapito Maestre en Libertad Digital: “Mientras existan jueces en la Audiencia Nacional que permitan manifestaciones de carácter abertzale, ETA seguirá viva, presente en las calles y, por supuesto, legitimada para negociar su actualización en las instituciones democráticas”. ¡Demócrata!
Agarrados al clavo ardiendo de la Fiesta que ya no será Nacional en Catalunya, los columneros trabucaires no se cansan de cargar, apuntar y disparar al trozo del mapa peninsular que envenena sus sueños. Cuerpo a tierra, que aprieta el gatillo Agapito Maestre desde su trinchera en Libertad Digital: “Una vez que se ha matado España, la libertad, el espacio público político es ocupado por la chusma y el nacionalismo. Cataluña está ya fuera de la civilización nacional. La aldea catalana está abocada a la miseria, el abismo y la nada”.
No levanten aún la cabeza, que Marina Castaño -por todo oficio, viuda de Cela- se ha inscrito en el cursillo de pirotecnia y hace sus primeros ejercicios en La Razón. “Iremos y lo contaremos, contaremos la falta de libertad que impone la dictadura nacionalista, agrediendo a la educación y a la cultura en general, sometiendo a todos los catalanes a su absolutismo, del cual muchos votantes son responsables”, detonaba la heredera de Don Camilo en el periódico de la mancheta azul.
Vidal y los vascos
Bajo la misma divisa, César Vidal escribía desde Atlanta con rencor para darnos cuenta de los progresos de sus amigos imaginarios en el conocimiento de la política patria. De los catalanes ya lo saben todo, así que preguntaban por los otros disolventes de la nación y él respondía: “¿Y los vascos? ‘Ésos’, le informo, ‘tienen un acuerdo privilegiado en virtud del cual pagan los impuestos que quieren y los demás cubrimos sus gastos. Su sanidad cuesta a cada español dos mil euros al año’. ‘¡Dios santo!’, exclama aterrado el economista”.
Nos quedamos en la interminable batalla del norte, realimentada con las medidas penitenciarias para los terroristas que se han apartado del nido de la serpiente. Desde ABC, José María Carrascal se malicia que ese arrepentimiento provocará oleadas de peticiones de ingreso en ETA. Se lo juro: “Si los jóvenes abertzales les ven llegar un día a sus herriko tabernas, con las medallas de sus asesinatos en el pecho, tras el simple trámite de firmar una carta circular en la que se arrepienten de sus crímenes, aseguran haber abandonado la banda y prometen pagar una indemnización a sus víctimas, esos jóvenes abertzales pueden verse animados a ingresar en ETA”.
Y como postre por hoy, un pestiño amasado por F. J. Fernández de la Cigoña en la intereconómica Gaceta de la Iglesia: “La inmensa mayoría de delitos de pederastia los cometen homosexuales”. Ya.
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Sigue el colocón cornúpeta en el monte alto. Es lo que tiene la tauritina, que liga bien con cualquier licor. El sandunguero editorialista de Cope, por ejemplo, lo mezclaba ayer con el aguardiente favorito de su mueble-bar: “Llama poderosamente la atención el paralelismo de alborozo y entusiasmo que se dio en el Parlamento catalán con el que mostraron los ministros y diputados socialistas cuando aprobaron el aborto libre en el Congreso de los Diputados”. Hics.
En el ambigú de La Gaceta, Román Cendoya pedía al camarero que le rellenase la copa. ¿Con qué? Con lo que sea, menos cava o vino del Penedés, a ver si aprenden estos ingratos: “De la misma manera que Cataluña puede elegir prohibir los toros, el resto de la población española puede elegir libremente qué compra y qué consume. No cuela. Cataluña se queda sin corridas. ¿Y sin ventas?”, se farruqueaba el opinador intereconómico.
Que les den la independencia
Acodado en la barra de El Mundo, Fernando Sánchez-Dragó celebraba la idea y soñaba en voz alta que España se liberaba del yugo cuatribarrado: “Concédase unilateralmente la independencia a esa hermosa región de España que ya no quiere llevar eñe. ¿Por qué, de momento, no expulsan de la liga nacional de fútbol a los equipos catalanes? ¡Eso sí que sería un buen gol metido por la escuadra de los nuevos escuadristas y un balonazo en las partes pudendas de Laporta!”, farfullaba. A su lado en el chiringuito pedrojotil, Adolfo Suárez Illana, degustador de cebollas rellenas de Sama de Langreo y candidato fallido, proclamaba: “La única víctima en este caso es la libertad. El único asesino, una vez más, el integrismo intolerante”.
En ABC, convertido en after temático de sangre y arena, el poeta Francisco Brines exploraba en el fondo de su vaso los límites de la hipérbole. “Si esto lo siguieran los demás lugares donde hay toros, lo que se conseguiría sería lo que no logró Hitler con los judíos: el Holocausto, el Tauricidio total”, escribía el miembro de esa Academia de la Lengua que acaba de demostrar que no tiene ni pajolera idea de lo que es un abertzale. La peculiar recreación de “El triunfo de Baco” de Velázquez se completaba con el libador solitario Agapito Maestre, que en una esquina de Libertad Digital maldecía a los que le habían servido, ¡ay!, garrafón ideológico: “¡Bravos y valientes son estos muchachotes! Conducen la manada con pericia de cabrones. Vale”. Eso, vale, basta. Con perdón, prou.
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Se olían los monosabios opinativos que su divertimento de sangre y cuernos iba a abandonar en mulilla el Parlament y ayer salieron de toriles con la tirita lista para recibir la herida. “Dicen toros, pero es España”, voceaba ABC en primera sobre un grotesco dibujo de Mingote que mostraba un toro citado por un matador armado con una senyera por muleta. “Pretender alimentar la prohibición antitaurina con sentimientos nacionalistas es una forma de limpieza cultural de Cataluña, instrumental de una estrategia mucho más amplia que busca convertir en cuerpo extraño a la identidad catalana cualquier vínculo con lo español”, se desgañitaba el editorialista. Ignacio Camacho le hacía los coros: “Se trata de un intento de desespañolización simbólica, una maniobra de independentismo virtual, un puyazo a la identidad común”.
Eso era sólo una faena de aliño comparada con la de Carlos Dávila en La Gaceta. Vean: “Los socialistas, que se hinchan los pulmones fumándose purazos en todos los cosos de España. Ellos podrán viajar a Benidorm, donde los morlacos están más afeitados que el tafanario de Puigcercós”. Parejo en finura, desde Libertad Digital, el irregular diestro Agapito Maestre se borraba del festejo a lo Curro Romero: “Creo que lo mejor que podría hacerse con este personal es concederles la independencia, sí, uno a uno, y pagando al resto de los españoles todo lo que les hemos costeado”.
Al lado de estos embistes, La Razón flojeó. Lo había dado todo la víspera y el único cartucho que le quedaba llevaba la firma de Martín Prieto: “Si los toros salieran a la arena con la senyera como divisa no se habría forzado la surrealista votación de hoy, que nada tiene que ver con el derecho animal, sino con la monomanía identitaria”.
Afganistán y la propaganda
También hacía el periódico de la mancheta azul un editorial de trámite, pero resultaba más jugoso otro que echaba sacarina sobre el comportamiento de los másters del Universo en Afganistán. Lean: “En una guerra, que no una misión de paz, una decisión en un segundo es la diferencia entre morir y vivir. La lucha contra el terrorismo es una causa justa, que arrastra situaciones trágicas”.
Menos cínico, el Grupo Gees se retrataba en Libertad Digital: “Nosotros -los buenos de la contienda- deberíamos ponernos de acuerdo en una adecuada estrategia para ganar las mentes y los corazones de la opinión pública para ofrecer una narración favorable de los acontecimientos”.