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De Afganistán a Texas

27 ago 2010

Les resumo en una frase la doctrina oficial cavernaria sobre Afganistán: hay que estar pero hay que irse. ¿Que eso es muy pobre? Pues compárenlo con la brillante teoría del editorialista de La Gaceta, que sostiene que si los miembros del Gobierno no hubieran hecho novillos en su día, no estarían ahora de lamentaciones. Como suena: “El Gobierno no aprende, y no aprende porque no sabe Historia: episodios como ése -musulmanes infiltrados en la llamada Policía indígena- jalonaron la guerra de Marruecos hasta culminar en la gran traición del desastre de Annual (1921)”.

Esa lección venía en la Enciclopedia Álvarez, y también las nociones básicas de aritmética que le han sido de mucho provecho a Edurne Uriarte, como demostraba en su columna de ABC: “El Gobierno ha salvado a dos españoles del fundamentalismo islámico. Pero sólo unas horas después ha perdido a tres compatriotas a manos de ese mismo fundamentalismo”. ¿Quién dijo que no se podían sumar o restar peras y manzanas?

Un toque catalán y otro vasco

Era imposible que los cocteleros de Diestralandia evitaran mezclar el episodio afgano con la liberación de Vilalta y Pascual. Y para hacer más diurético el mejunje, que no falte un golpe de crema catalana. Así lo sirve Román Cendoya en La Gaceta: “¿El Estatut dice algo respecto a que la Generalitat pague los gastos devengados por las imprudencias temerarias de los suyos? ¿Y por qué no lo paga la ONG del camión con banderita catalana y europea? Por lo menos, como agradecimiento, podían haber puesto la de España”.

Si aún les parece floja la pócima, no duden en añadir un poco de txakoli, como hace el barman y herpetólogo Jesús Mari Zuloaga en La Razón: “ETA va a utilizar la negociación con Al Qaida en el secuestro de los cooperantes”. ¿Se basaba en algún secretísimo documento interno de la banda? Más bien, en un editorial del diario Gara. Caray, con la clarividencia.

También en La Razón, el argonauta César Vidal contaba que en Texas, actual parada y fonda de su peregrinaje yanki, las cosas se arreglan de otro modo. Lo de Melilla, por ejemplo, habría sido coser y cantar, según consejo de uno de sus aguerridos camaradas imaginarios: “Le voy a decir lo que haríamos en Texas con gentuza que se aprovecha de la riqueza de nuestro país y además quiere crear conflictos. Primero, detendríamos a todos los revoltosos por violar la ley y, tras una temporada en la cárcel, los echaríamos a patadas”. Que corra el Bourbon.

Juegos prohibidos en Moncloa

23 jul 2010

Lo de los indios y vaqueros, las comiditas y los médicos no se lleva en la ludoteca de Moncloa. Según El Mundo, el niño grande que la habita prefiere agasajar con otros juegos a sus amiguitos. “Zapatero juega con Montilla a que Cataluña es una nación”, contaba ayer en primera el diario pedrojotesco, enfadado por el sagrado lugar del palacio donde tuvo lugar la travesura: “El ‘Honorable’ compareció en la misma sala que los mandatarios extranjeros”. ¡Pero si ahí sólo pueden jugar los mayores!

Escandalizado por el atrevimiento de los talluditos rapaces, en las mismas páginas, Luis María Anson blandía la Biblia y preguntaba: “¿Venderá Esaú Zapatero la unidad de España por un plato de escaños catalanes?”. Tramposete, el académico ya había contestado a la pregunta citando un presunto antecedente del malandrín monclovita: “Pero ¿qué es lo que quiere Zapatero, el embustero? Quiere los escaños catalanes. A los vascos les ha regalado ya CajaSur para que el PNV vote los Presupuestos Generales del Estado”.

Antes de que desde el norte levanten la mano para protestar por la mentira, nos rendimos a otra, enunciada con la preceptiva convicción por el editorialista de La Razón: “La fuerza del socialismo en Cataluña nunca ha sido ejercer de nacionalistas. Una elección tras otra perdieron frente a Pujol porque se alejaron del sentir de la mayoría de sus votantes en las elecciones generales”. Claro, por eso gobiernan con el discurso más catalanista de su historia.

España, maltratada por los catalanes

Aquí hay un problema, ¿no creen? Desde ABC, Edurne Uriarte nos aclara cuál es: “El problema de España es, crecientemente, el malestar de España. El malestar de los españoles que se sienten maltratados por Cataluña”. Con su natural belicoso, también en el vetusto diario, Hermann Tertsch viene a decirnos cómo se debería arreglar el pleito: “Este discurso grotesco con el que el Gobierno intenta ocultar sus vergüenzas y evita debatir sus fracasos podría habernos llevado ya a las manos”.

Aunque les sorprenda, Carlos Dávila se muestra partidario de la solución deportiva. En su soflama diaria en La Gaceta se felicitaba por la presencia de la selección española de basket en Vitoria: “Me temo mucho que los independentistas (que no son tales, sino terroristas con facha de guarros) van a soportar el entusiasmo que suscita un enorme equipo deportivo. Al fin, el deporte está construyendo lo que Zapatero destruye: la unidad de España”.