Había hambre de revancha tras el autogol machirulo del regidor de Pucela, y a José Blanco se le ocurrió piar en un mitin que a Rajoy se le ve el plumero, expresión que desde anteayer debe de tener una carga sexual que no habíamos descubierto en decenios de utilizarla. “Ni igualdad ni gaitas: cuando se calienta un debate, el español cabreado siempre acaba llamando maricón al adversario”, celebraba en ABC Ignacio Camacho lo que para él era el tanto del empate en el marcador del desbarre político de cloaca. De nada sirve que el ministro jure que no había intención verderona en sus palabras: “Las risas cómplices del auditorio desmienten el desmentido: si no quería decir lo que dijo su tono equívoco fue interpretado de forma inequívoca”, hacía de su capa un sayo el escribidor.
Añadiendo un punto paternalista, La Razón tampoco cree que el que no hubiera intención sea motivo para ahorrar tan suculento coscorrón al titular de Fomento: “Mejor hubiera sido no haberlo dicho. Así José Blanco hubiera evitado un equívoco como éste que al único que deja en mala posición es a él”. Desde su columna de El Mundo, siempre más allá del bien y del mal, Raúl del Pozo no decía ni que sí ni que no, pero aprovechaba el viaje para enfangar el campo y anotarse una frase lapidaria: “Los políticos se llaman unos a otros maricones o putas de carretera, pero rebajando los insultos con ñoñismos o disimulos”.
Canéforas y travestis
Si cambian “político” por “académico”, la sentencia le ajusta como un guante a Luis María Anson, que en las mismas páginas pedrojotianas tiraba de cultismo para largarse algo que suena a faltada del nueve largo: “Así [Zapatero] se regocijaría hoy, rodeado en Moncloa de sus púberes canéforas al frente de los grandes ministerios: Elena en Economía, Carmina en Defensa, Trinidad en Asuntos Exteriores y Bibiana en Interior”. No es fácil imaginarse a Blanco diciendo algo así, pero si lo suelta, se tiene que exiliar en Andorra, como poco.
Y no les digo nada si se le ocurre, ya más en cañí, espetarle a cualquiera de la oposición lo que Carlos Dávila le llama a Josep Montilla en su diario pimpampum de La Gaceta. Con inesperada metedura de dedo en el ojo de un prohombre del PP, por cierto. Cinturones abrochados, por favor: “En la televisión norial le han lavado la cara con reportajes horteras y cursis. Desde Trillo con Perejil, no se ha escuchado nada más ñoño que la botadura de este travesti tedioso”.
Tembleque de piernas y castañeteo de dientes en Carpetovetonia. “Todo a Rubalcaba” aúlla en primera ABC, secundado desde el interior por Hermann Tertsch, que tira de matasuegras y versionea el titular: “Todo el poder a los soviets de Fouché”. La Gaceta, que celebra su primer año de agitación y propaganda en el kiosko, derrota por el mismo costado. “Todo el poder para el heredero Rubalcaba”, titula el pasquín davileño. Como propina, una fotografía calculadamente soez donde se ve al superministro en equívoco gesto ante una parlamentaria agachada frente a su escaño.
Sin chuscas connotaciones verderonas, El Mundo ilustra su primera con una instantánea en la que la mano del hombre fuerte del Gobierno parece una amenazadora garra de oso. “Zapatero deja España en manos de Rubalcaba”, completa la idea el titular. Por si quedaban dudas, el editorialista pedrojotiano apuntilla: “Zapatero abdica en un virtuoso del trabajo sucio”. Unas páginas más allá, Isabel San Sebastián piropea con veneno: “Rubalcaba es, sin duda alguna, la persona más inteligente de cuantas rodean a Zapatero, si consideramos que la inteligencia es la herramienta que garantiza al ser humano la supervivencia en un entorno hostil”.
Caperucitas azules
Esas facultades acongojan lo suyo también a José Antonio Vera, que encabeza su columna de La Razón con un ilustrativo “Qué miedo”. Vean cuál es el temor del amanuense: “Rubalcaba tiene todo el poder y este hombre con poder produce respeto. Sabe mover los hilos, encantar a la Prensa, maniobrar bajo tierra, controlar a los poderes fácticos y deslizarse sinuosamente por donde otros tropiezan”. Desde ABC, Ignacio Camacho agranda la leyenda: “Sabe componer gestos exactos, interpretar roles complejos y mover a su conveniencia la maquinaria del poder sin pillarse los dedos en el engranaje”.
Sabiendo que eso se puede superar, el editorialista de La Gaceta vuelve a pedir a turno: “Rubalcaba, el bombero pirómano, el maestro de la simulación y la maniobra, que dirige por un lado la lucha contra ETA y por otro permite el chivatazo del bar Faisán”. Desde Libertad Digital, el hijísimo Emilio Campmany se suma a los temerosos del presunto Rasputín cántabro: “Yo, si estuviera ahogándome y viera a Rubalcaba correr hacia mí con un salvavidas, nadaría con todas mis fuerzas en dirección opuesta. Y supongo que Zapatero haría lo mismo”. Pues da toda la impresión de que ha hecho exactamente lo contrario.
No se acaban las celebraciones en la orilla diestra. Tras el entierro de los perniciososs sindicatos, le ha llegado su hora al Mal con mayúscula. “Comienza el postzapaterismismo”, anuncia el heraldo azul de La Razón, no sin antes colarle al vencedor un epíteto cargado de intención: “El ‘esquirol’ Gómez gana el pulso al presidente”. El notario interesado Ignacio Camacho certifica en ABC el advenimiento de la nueva era, al tiempo que vacía un jarro de agua helada sobre Gómez: “El postzapaterismo está en marcha de modo irreversible. Su victoria ha abierto el melón sucesorio, pero a la tierra prometida casi nunca llegan los que empezaron el camino”.
Desde su peana en La Gaceta, Carlos Dávila no es mucho más amable con quien presuntamente ha hecho morder el polvo a su peor enemigo: “Nada, han perdido, pero eso sí, han hecho de un alcalde pueblerino un líder aceptable. Eso se lo atribuirán, no quepa duda. Puesto a disimular, el trío zetapero es capaz de vestirse de clarisa”. Y por ahí le andaba el editorialista de Libertad Digital: “Tanto Trinidad Jiménez como Tomás Gómez tienen las mismas ideas y los mismos modos que Zapatero: el populismo socialista cuya consistente aplicación está llevando a la ruina a España.
Sí, sí, candidato de la derecha…
Un momento, ¿no era este el candidato de la derecha? Sé, pero no. Había truco, como delata este fragmento del editorial de La Razón: “El buen trabajo realizado por Esperanza Aguirre durante estos años no se lo pondría fácil a Trinidad Jiménez, pero con Gómez, la posibilidad de ganar en Madrid se aleja sin remedio”. Ya ven por qué lo apoyaban. Igual que El Mundo: “Gómez quizá sea peor candidato que Jiménez para las expectativas electorales del PSOE”. Sin tanta doblez, en las páginas pedrojotianas, Jiménez Losantos celebraba por anticipado la arrasada de su amada lideresa sin olvidar unos recaditos a Génova: “Aguirre ha sobrevivido incluso a Mariano, El Judas Ilicitano, y al políticamente ruin Gallardón. Y si ni cobos ni corullos, ni génovas ni córcegas han podido con ella desde dentro, ¿cómo van a poder desde fuera trinis o trinos, tomases o tomasas, lisabisnes o dopavezstkis?”
A río revuelto, el editorialista de ABC tira la caña a ver si cae algo más. Por pedir que no quede: “El desgaste de Jiménez es suficiente para cuestionar incluso su continuidad en el Gobierno, porque agrava y extiende la imagen derrotista que transmite el equipo ministerial de Zapatero”.
Etiquetas:
abc,
antonio burgos,
edurne uriarte,
el mundo,
federico jiménez losantos,
ignacio camacho,
josé luis gonzález quirós,
josé maría carrascal,
la gaceta,
la razón,
libertad digital,
manuel llamas
¿Qué es la huelga general?, me preguntan clavando sus pupilas laboralmente reformadas en las mías. Mejor que les conteste un tal José Luis González Quirós, columnero de La Gaceta: “La huelga general es un golpe de Estado encubierto, un intento de sustituir la soberanía popular que se expresa en el Parlamento por el diktat de unos iluminados que, en realidad, sólo buscan la manera de seguir gozando de sus privilegios”. Bueno, es eso y, según una descacharrante “guía práctica para ir a trabajar” que publicaba ayer en primera el desmelenado papel de Intereconomía, también una posibilidad de sacarse un pico extra. Léase el punto 3: “Algunas empresas prevén gratificaciones para los trabajadores no huelguistas”.
Tal vez El Mundo fuera uno esos generosos patronos, y Federico Jiménez Losantos cobre su correspondiente aguinaldo por haber escrito ayer, 29-S, esto: “Hoy es el Día de la Matonería, la jornada en que bandas organizadas de sindicalistas violentos, organizadas y pagadas por el Gobierno, impedirán a los ciudadanos ejercitar su libertad de trabajar o no trabajar”. Y de postre, ¡zas!, en toda la boca de la corona: “Ah, y el Rey se declara neutral entre los matones y sus víctimas”.
Heil, Méndez; Heil, Toxo
El Rey, puede, pero su cohorte mediática de cobistas tenía muy claro con quién estaba. “No a la huelga” atronaba La Razón, y no precisamente en marcha, como dice la letra de La Internacional. Para que todo el mundo se quedara con la cara de los culpables, una foto de Méndez y Toxo, y esta leyenda: “Un gran día para los dos cómplices del paro. UGT y CC OO asumen que hoy habrá actos violentos, pero se lavan las manos”.
No iban a ser menos en ABC, con Antonio Burgos de chistoso contrapiquete: “¿General? ¿Usted cree que general? Yo creo que esta huelga no va a llegar ni a comandante”. A las palmas, Ignacio Camacho adjetivaba “Huelga autista” y José María Carrascal envidaba: “La huelga bastarda”. Ambos se quedaban con el premio de consolación ante la pregunta de Edurne Uriarte en el titular de su redacción escolar: “¿Son demócratas los sindicatos?”
Desde Libertad Digital, levanta el dedo una de las mascotas de Losantos, de nombre Manuel Llamas, y recita de memoria: “Muchos sindicalistas firmarían hoy el Estado de Bienestar hitleriano”. Su pieza se titulaba “El eje Toxo, Méndez, Hitler”. Y va el gachó que versionea en La Gaceta esta humilde columna y suelta: “¡Así está la Cheka mediática!” Pues sí.
Habrá que reconocer a los sindicatos, esos de los que se dice que están en fase terminal, que conservan facultades para alborotar el gallinero diestro. Un vídeo paródico y una palabra gruesa les han bastado para tomar el monte alto y plantar la bandera de la huega general del día 29. “Toxo y Méndez presentan la gran putada”, anunciaba en primera La Razón, subyugada por el vocabulario recio del secretario general de Comisiones Obreras. Bajo los efectos del mismo hechizo, El Mundo titulaba “Marchando una de gran putada”, y se recreaba en uno de sus editoriales: “La huelga general es una ‘gran putada’, en efecto, porque es la demostración palpable del fracaso de los sindicatos en su aportación al desarrollo del país”.
Mejor que no se hayan cansado del exabrupto, porque a Ignacio Camacho le ha debido de hacer especial gracia. Hasta media docena de veces lo reproducía con indisimulada delectación en su columna de ABC. Tres de ellas, en una misma frase, esta: “La huelga es, en efecto, una putada, una gran putada para todos: para sus convocantes, para sus sufridores y en general para un país que ya está bastante puteado”.
El violento vídeo de UGT
Con el reloj opinativo retrasado, como casi siempre, Agapito Maestre vivía aún en la hora del vídeo de UGT. Su veredicto, solemnemente dictado en Libertad Digital, es que habría que prohibir la guasa protagonizada por David Fernández: “El ‘humor’ socialista, como el del vídeo de los sindicatos, es una forma agresiva, muy peligrosa por su violencia, que debería proscribirse de sociedades civilizadas, entre otras cosas, porque toda posible contestación a esa basura, degradación máxima del lenguaje político, nos obligaría e entrar en las reglas violentas de quienes utilizan ese humor”, sentenciaba el belicoso filósofo.
Seguramente, Maestre hubiera preferido que el guión fuera de Antonio Burgos. ¡Ése sí que tiene gracia! Verán las agujetas en el estómago que les va a provocar un fragmento de lo que escribió ayer el ingenioso cómico sevillano en ABC. Hablaba -si es que a todo le encuentra la vuelta chisporroteante este hombre- del último comunicado de ETA: “Todos hablan de ‘los encapuchados’. Pero nadie ha destacado que el comunicado de la vieja farsa lo leyó una tía, una nekane rabiosa, de éstas pelorratas teñidas de berrendo en colorado. O sea, que deben ser ‘encapuchados y encapuchadas’, como los ‘trabajadores y trabajadoras» de Rodiezmo”. Eso es arte.
Etiquetas:
abc,
antonio lucas,
cope,
dios,
el mundo,
francisco camps,
ignacio camacho,
juan bosco martín algarra,
la gaceta,
la razón,
stephen hawking
No rompan aún sus carnés de católicos. Él no lo sabe, pero lo que ha hecho en realidad Stephen Hawking es probar la existencia de Dios en lugar de negarla. El editorialista de Cope -no iba a ser el de Mundo Obrero- nos alivia con la interpretación correcta: “Stephen Hawking afirma que el universo pudo surgir de la nada, gracias a la existencia previa de una serie de leyes físicas. Pues bien, por lógica ese mismo argumento debería llevar a concluir la existencia de Dios”. Ya, y también la del ratoncito Pérez.
No pongan esa cara de sarcasmo. La Iglesia, nos dice el sabio adoctrinador de la cadena episcopal, siempre ha estado al lado de la ciencia: “Si la razón humana ha avanzado tanto en el conocimiento del universo ha sido gracias al cristianismo, que superó los antiguos cultos a los astros y permitió al hombre lanzarse a estudiar el mundo sin temor, convencido de que todo había sido creado por Dios en un acto de amor”. Que se lo pregunten a Galileo.
Siguen sin tragar, ¿no? Eso es porque carecen del olfato del bloguero de La Gaceta Juan Bosco Martín Algarra. A él no se la dan con física: “No se ha fumado nada don Stephen, aunque desvaríe un poco. Lo que no se le escapa a don Stephen es que soltar una parida teológica suficientemente escandalosa como para copar todas las portadas en vísperas de la visita del Papa Benedicto XVI produce unos réditos editoriales impresionantes. En eso sí que es listo”. Vaya, era por la pasta.
Camps sí existe, seguro
Dejemos el terreno de las especulaciones y vayamos al de las certezas. Camps sí existe, para tormento de Rajoy, que lo confirmó entre dientes como candidato del PP en las próximas autonómicas valencianas. “No hay razones para lo contrario, pues pese a las campañas y manipulaciones, Camps es el hombre de las mayorías absolutas del PP en Valencia”, se ufanaba el editorialista de La Razón.
Lo normal en la prensa de orden, pensarán. No está tan claro. Ignacio Camacho, capo de la opinión de ABC, no parecía muy convencido. Escruten: “El visto bueno de Rajoy lleva una cláusula condicional implícita. Es simple: el deber de Camps consiste en concurrir a las elecciones y ganarlas o retirarse si acaba imputado antes de que se celebren”. Ahí, por lo menos, cabía la duda. En El Mundo, Antonio Lucas la descartaba de plano: “Por más vueltas que le doy, y por más que miro y olfateo, nadie me convence de que lo que he pisado no es mierda”. Sí, eso iba por lo de Camps.
Tras su gesta melillense, José Mari matamoros luce esplendoroso en los papeles adictos, aunque alguno deja a la vista el verdadero motivo de la excursión. “Aznar devuelve a Zapatero la zancadilla de su viaje a Rabat”, canta de plano El Mundo. En pretendido elogio de la virilidad del caudillo gaviotil, el vate de ABC Ignacio Camacho descubre que fue el rencor más que el patriotismo lo que le hizo cruzar el Estrecho: “A este hombre le corre sangre por las venas, aunque mezclada con una dosis considerable de resentimiento. A otros parece que no les corre más que horchata”.
Dos corcheas de entrega más arriba, el editorialista del vetusto diario recuerda que los héroes de la nación van donde les sale de la sobaquera: “Aznar es una referencia indiscutible para el centro derecha español. Como es natural, está en su legítimo derecho de realizar actividades públicas y pronunciarse sobre cuestiones relevantes de la política española”.
Perejil en la memoria
¿Sólo legítimo derecho? ¡Más que eso! Es un deber, según palmotea en La Gaceta Carlos Dávila, evocando el glorioso episodio del islote con nombre de condimento: “El PP y Aznar (que impidió la conquista de Perejil) tienen la obligación de estar donde no están ni Zapatero ni Moratinos ni Rubalcaba”. Y por si no se había captado la grandeza de la hazaña, el editorialista -o sea, él mismo- vuelve a recitarla: “A los socialistas les escuece la presencia del gobernante que paró los pies a Marruecos en la crisis de Perejil, en 2002, y al que no le tembló el pulso al defender a España”. Al alba y con fuerte viento de Levante de 35 nudos. ¡Cómo olvidarlo!
Desde su puesto de acollejamiento en ABC, Hermann Tertsch también lanza aleluyas por el Hombre Nuevo de Valladolid y envía un rayo destructor a quienes no le rinden pleitesía: “Están de los nervios. Y ya no saben más que insultar a los adversarios, desposeídos como están de cualquier argumento en esta realidad tan desagradecida con sus buenas intenciones”. Fantástico autorretrato.
Esto sólo lo puede redondear uno de los oníricos amigos americanos de los que nos habla César Vidal en La Razón. Admírenlo: “Well… si yo no lo he entendido mal, me dice usted que menos de catorce millones de españoles están manteniendo a casi cinco millones de funcionarios, a unos cinco millones de parados y a más de ocho millones de pensionistas. Los que producen son muy pocos para mantener a toda esa gente que no produce”.
Tras su gesta melillense, José Mari matamoros luce esplendoroso en los papeles adictos, aunque alguno deja a la vista el verdadero motivo de la excursión. “Aznar devuelve a Zapatero la zancadilla de su viaje a Rabat”, canta de plano El Mundo. En pretendido elogio de la virilidad del caudillo gaviotil, el vate de ABC Ignacio Camacho descubre que fue el rencor más que el patriotismo lo que le hizo cruzar el Estrecho: “A este hombre le corre sangre por las venas, aunque mezclada con una dosis considerable de resentimiento. A otros parece que no les corre más que horchata”.
Dos corcheas de entrega más arriba, el editorialista del vetusto diario recuerda que los héroes de la nación van donde les sale de la sobaquera: “Aznar es una referencia indiscutible para el centro derecha español. Como es natural, está en su legítimo derecho de realizar actividades públicas y pronunciarse sobre cuestiones relevantes de la política española”.
Perejil en la memoria
¿Sólo legítimo derecho? ¡Más que eso! Es un deber, según palmotea en La Gaceta Carlos Dávila, evocando el glorioso episodio del islote con nombre de condimento: “El PP y Aznar (que impidió la conquista de Perejil) tienen la obligación de estar donde no están ni Zapatero ni Moratinos ni Rubalcaba”. Y por si no se había captado la grandeza de la hazaña, el editorialista -o sea, él mismo- vuelve a recitarla: “A los socialistas les escuece la presencia del gobernante que paró los pies a Marruecos en la crisis de Perejil, en 2002, y al que no le tembló el pulso al defender a España”. Al alba y con fuerte viento de Levante de 35 nudos. ¡Cómo olvidarlo!
Desde su puesto de acollejamiento en ABC, Hermann Tertsch también lanza aleluyas por el Hombre Nuevo de Valladolid y envía un rayo destructor a quienes no le rinden pleitesía: “Están de los nervios. Y ya no saben más que insultar a los adversarios, desposeídos como están de cualquier argumento en esta realidad tan desagradecida con sus buenas intenciones”. Fantástico autorretrato.
Esto sólo lo puede redondear uno de los oníricos amigos americanos de los que nos habla César Vidal en La Razón. Admírenlo: “Well… si yo no lo he entendido mal, me dice usted que menos de catorce millones de españoles están manteniendo a casi cinco millones de funcionarios, a unos cinco millones de parados y a más de ocho millones de pensionistas. Los que producen son muy pocos para mantener a toda esa gente que no produce”.
Dime cuánto te tiemblan las piernas cuando insinúan una subida de impuestos y te diré de qué tamaño es tu cartera. Las de los ruiseñores de Carpetovetonia deben de ir bien surtiditas a juzgar por el crujir de dientes. “Zapatero castigará a los españoles con la mayor carga fiscal de la zona euro”, melodramatizaba Libertad Digital. “El Gobierno no tiene un euro y quiere meter mano a nuestra cartera sin piedad”, se tiraba de los pelos -es un decir- Carlos Dávila desde La Gaceta.
Ni se les ocurra explicarles que -a lo mejor, quién sabe, pudiera ser- esos impuestos son para financiar la sanidad, la educación o las carreteras. Les contestarán, como Carlos Rodríguez Braun en La Razón, con el primer versículo de la Biblia liberal. El que quiera esos vicios, que se los apoquine: “Los humanos libres nos protegemos, por ejemplo, con seguros, y no tenemos por qué aceptar como obvio el que nos arrebaten la libertad y los bienes a cambio de una seguridad que definen otros y pagamos todos”.
Señorito recién llegado a la Hermandad Neocon, Salvador Sostres señalaba en El Mundo con una mueca de desprecio al hijo de descamisados que ha anunciado la subida: “Las únicas circunstancias que conoce Pepiño son las de su padre camionero y las de su madre costurera, y las suyas propias, de empleado socialista. Seguro que los tres han pagado mucho menos de lo que han recibido a cambio”. Chusma, y además, roja, sentenciaba en ABC Ignacio Camacho: “Ser de izquierdas consiste en penalizar el ahorro, frenar la inversión y lastrar el crecimiento. Como toda la vida”.
En USA no se habla de otra cosa
Les sorprenderá saber que en Estados Unidos, a falta de otros problemas, la situación de la economía española va de boca en boca. Hay tal pasión por conocer los intríngulis financieros de la piel de toro, que el otro día el veraneante César Vidal pasó un mal rato, según contoba en La Razón: “Lo que les resulta más enigmático, casi digno de un relato de Poe, es cómo hemos podido pasar de la floreciente situación económica de la Era Aznar a este desastre. Hoy me han arrinconado y no he podido eludir el tema”. No teman por el arriesgado turista. Largó y salió con vida.
Un héroe, Vidal, como su vecino de tinta Alfonso Ussía, que tiene la solución para lo de Melilla: “Si hay que llenar el ferry Málaga-Melilla de alimentos, se hace. Si para ello hay que dejar en tierra los coches de los marroquíes, en tierra los coches”. Y si no, la Legión, ¿no?
Etiquetas:
abc,
carlos dávila,
césar vidal,
cope,
el mundo,
ignacio camacho,
iñaki ezkerra,
la gaceta,
la razón,
salvador sostres,
tomás gómez,
trinidad jiménez,
vicente díaz de villegas
Los milagros existen. Hace dos meses nos íbamos por el desagüe económico y hoy la mayor tribulación que nos aflige es la cuita interna en la sucursal madrileña del PSOE. Debe de ser más gordo de lo que parece, porque en la Carpetovetonia agosteña no se habla de otra cosa y sus próceres emplumados corren a enrolarse a las filas del bien. “Me cae bien Tomás Gómez. Coño, me cae muy bien”, se retrata Luis María Anson en El Mundo. Menos entusiasta, en La Razón Iñaki Ezkerra le concede un minipunto perdonavidas al alcalde de Parla: “Alguien que le planta cara al prestidigitador y le dice ‘no soy un conejo’ me merece un respetillo simplemente por ese detalle. En la vida, para que no te tomen por un conejo los prestidigitadores del tres al cuarto, hay que decirlo en voz alta”. Marchando la zanahoria para Ezkerra,
Abrazado inopinadamente a las huestes gomecistas, Carlos Dávila advierte desde La Gaceta a su patrocinado: “Pero, ¡ojo, Gómez, que ya te la están comenzando a liar! Algunos de los que hasta ahora están en su bando se están pasando al enemigo a velocidad de vértigo: sin pudor, trotando como caballos hambrientos de más pienso”. En ABC, Ignacio Camacho le pone nombre y apellido al peligro y como quien sí quiere la cosa, iguala al inquilino de Moncloa con Hannibal Lecter o El Arropiero: “El presidente del Gobierno es un asesino frío que te ejecuta con la mejor de sus sonrisas y una proclama de buen talante en los labios”.
A Trinidad Jiménez ni agua
Como adivinarán, la otra candidata en liza no se come un colín en la papela diestra. Tan sólo Salvador Sostres le arroja desde El Mundo un azucarillo, eso sí, un tanto displicente: “Y Trini, ¿qué quieres que te diga? Demasiado lista no es, pero se le ve buena chica. No creo que merezca tanta desdicha”. El editorialista de Cope, sin embargo, no es tan piadoso con la rival de Tomás Gómez: “Trinidad Jiménez representa ese nuevo socialismo de Zapatero basado en la disolución de lo que hace a la persona más libre. Un socialismo que trabaja incansablemente por modificar el mapa ético de los españoles”.
Va el regalo final, que nada tiene que ver con la batallita del socialismo madrileño, sino con la guerra de verdad. Firma, desde ABC, el general Vicente Díaz de Villegas: “Los costes en vidas son los más importantes, aunque si la guerra es necesaria, las cifras están muy por debajo de los muertos en carretera o por suicidio”. O por corte de digestión, ¿no?
Etiquetas:
abc,
carlos dávila,
el mundo,
el país,
fernando savater,
hermann tertsch,
ignacio camacho,
jaime gonzález,
josé luis alvite,
la gaceta,
la razón,
libertad digital,
paco reyero,
salvador sostres
Los amanuenses de Carpetovetonia se ponen muy faltones cuando palman. La prueba, en esa primera página que El Mundo donó ayer a la antología de la sobrada. “Triunfaron los animales”, pretendía ofender el portadista bajo una foto de Montilla y Carod Rovira. En el interior, el bípedo plumífero editorialista desarrollaba la gracia: “Podría decirse en este contexto que en Cataluña han triunfado los animales políticos menos racionales”. Después de doce páginas de llanto y morro torcido por la pérdida de su sangrienta diversión, Salvador Sostres berreaba: “La izquierda es esta rabia. Siempre han querido nuestras mujeres y nuestro dinero. Y hundirnos el yate sólo porque ellos no saben navegar”.
Eso, como botón de muestra. Lo demás, se lo sirvo sin anestesia. “Es una vara de castigo clavada en el morro de un toro simbólico llamado España”, se dolía Ignacio Camacho en ABC. “Todos estabulados y felices bajo la señera y del manto de la arrogancia. Dóciles todos y con vocación de ganado de establo, el toro bravo y la lidia son para ellos una provocación”, bramaba Hermann Tertsch también en el vetusto diario. “Bravo, tontitos”, se adornaba Carlos Dávila en La Gaceta, que acusaba en su primera página: “Zapatero calla ante el tauricidio en Cataluña”. A ver quién explica a los intereconómicos que “tauricidio” es, justamente, lo que se ha prohibido.
Lo próximo, los orgasmos
Luego hablarán en nombre de la lengua, como hacía en La Razón Paco Reyero: “Cataluña esgrime el derecho a decidir sin límites y mientras prohíbe los toros e impide la enseñanza en castellano.”. Su vecino de páginas azules, José Luis Alvite, derrotaba, como en él es costumbre, por la ingle: “Los seres humanos somos tan idiotas que el día menos pensado castigaremos algo tan natural como que la tentación de buscar el orgasmo concluya a veces en el placer de conseguirlo”, vaticinaba.
En Libertad Digital, la herida que escocía era la de rigor: “Menos España es menos libertad, también en los toros”, avisaba el editorialista. Por ahí va la obsesión de Jaime González, que en soberbia imitación de Arias Navarro gimoteaba en su videoblog de ABC que “España está en peligro”. Desde El País, parecía tranquilizarlo Fernando Savater subrayando la inequívoca españolidad de la medida: “El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros pero de paso reinventa el Santo Oficio, con lo cual se mantiene dentro de la tradición de la España más castiza y ortodoxa”.