Se obró el prodigio. La rompepatrias Convergencia (de venta conjunta y, de momento, inseparable con Unió) es ahora un bastión de la decencia diestra. “Cataluña gira a la derecha”, disparaba albricias el editorial de La Razón, antes de pedir asiento en el carro de los ganadores: “Cataluña tiene otras urgencias y hay partidos, como el PP, que no dudarían en arrimar el hombro si quien gobierna lo hace con responsabilidad, con rigor y para todos”. Háganos un sitio, Don Artur(o).
Tal vez como muestra de buena voluntad, ese etnicismo hispanicida del que se acusaba al nacionalismo catalán, se versionea a la madrileña en el mismo periódico. Y nada menos que por José María Marco, ideólogo de FAES. Anoten: “Los madrileños, por su parte, están acostumbrados al ir y venir de gente de poca categoría. Una canción de Séptimo Sello, himno de la nación madrileña, decía: ‘¡Todos los paletos fuera de Madrid!’. Estaba muy bien”. Para que luego digan de Sabino Arana. ¿Les huele a racismo? Puede ser por eso, o quizá, por un editorial de El Mundo titulado “Cataluña pide mano dura”. Basta una frase para salir de dudas: “El hartazgo de la sociedad catalana respecto a la problemática de la inmigración ilegal es más que evidente”.
La cruz del Valle
Para problemas, levanta el dedo desde ABC Juan Manuel De Prada, la oprobiosa ofensa contra el santo lugar del que murió en la cama hace 35 años y tres días. Pues que sepan los que quieren acabar con el Valle de los Caídos que, ejem, no pasarán: “ Una vez restablecido el orden, podrán incluso dar el gustazo a los cristófobos más sañudos de dinamitar la Cruz que preside el lugar: porque coartadas legales y dinamita son tan sólo expresiones diversas de un mismo sentimiento de los que ‘creen y tiemblan’, que los viejos teólogos denominaban odium fidei”.
Y ya que estamos con las cosas de la fe, en La Razón nos advierten que cuando Ratzinger habla de condones, no hay que mirar el dedo del pontífice: “Con lo que ha dicho el Papa sobre el uso del preservativo se corre el mismo riesgo del sabio que señaló la Luna: que los tontos sólo miren el dedo”. Je, pues que se lo expliquen a José Luis Restán, que en Cope nos explicaba así el cambio de tercio de BXVI: “La doctrina de la Iglesia no ha variado en relación al uso del preservativo, lo que sí hay quizás es una novedad y es que el Papa está usando una grandísima transparencia”. O sea, que se pecaba pero no se reconocía. Ya.
Lo previsible. La tajada de Benedictine ha dado paso a un resacón de escándalo. Con su proverbial mal libar, Carlos Dávila se sube a su taburete de La Gaceta y proclama: “Ya era hora de que a este Gobierno que ha terminado de un plumazo al grito de ¡que se jodan los cátolicos! con todo lo que predica y defiende la Iglesia de Roma, le respondiera quien lo puede hacer”. Todavía de rodillas sobre el confeti y el serrín, el editorialista de La Razón, daba muestras de haberla cogido tierna y agresiva a un tiempo: “El cariño y la simpatía de los miles de españoles han reconfortado al Papa, expresión cabal de una sociedad mucho más sensata, afectuosa y hospitalaria que esos inapreciables grupúsculos empeñados en hacer el ridículo para salir en la foto”.
A Juan Manuel De Prada le daba también por la euforia bravucona en ABC y pedía que lo dejaran solo con los laicistas: “Unos y otros, poseídos por el espíritu de Judas Iscariote, son incapaces ya de percibir la visita de Benedicto XVI como recepción de un don espiritual que derrama su aroma de nardos por las estancias de la casa; y que, a la vez que gratifica a los buenos, ahuyenta a los demonios”. A un palmo de página, el recién converso César Alonso de los Ríos daba voces de júbilo por contarse entre los súbditos de la tierra prometida: “España es la nación elegida por el Papa. Cuando éste vuelva en el próximo agosto será la tercera vez que le dedique sus cuidados”. ¡Hics, Hics, hurra!
Mucho chándal
Con los ojos fuera de sus órbitas, lo que tampoco es nuevo, el editorialista de Cope explicaba los prodigios a los que había asistido: “Se ha producido un hecho excepcional: las palabras y los hechos estaban en plena concordancia. Cuando el Papa hablaba del valor infinito de la vida humana ese valor se hacía evidente en el modo que tenía de tratar a los niños con síndrome de Down”. Tirando de menos lirismo, el opinador mayor de Libertad Digital le daba la charla a una columna sobre el “laicismo agresivo que habrá podido comprobar en su propia piel con las muestras de odio de los grupúsculos y lobbies afines al socialismo radical”.
Solo y contrito en un rincón de El Mundo, Salvador Sostres la tenía llorona porque la estética había manchado la presunta ética: “El Papa con su altura incuestionable subrayaba la pequeñez institucional que se encontró ayer en Cataluña, y una algarabía más propia de una visita africana o sudamericana. Mucho chándal”.
Por si acaso se acabara pronto el momio del norte, las manos carpetovetónicas se afanan en ordeñar las ubres de la serpiente. “ETA planea romper la nueva tregua tras las municipales”, ulula La Razón en primera bajo el epígrafe de novela de a duro “Los planes secretos de Batasuna-ETA”. Todo muy creíble, si no fuera porque en quince años de profecías no han dado una. Y de propina, han cambiado sus propias reglas del juego. Hasta hace nada, condenar valía un potosí; ahora, ni una higa, según el vividor de este cuento Iñaki Ezkerra: “Ponerle a esa banda la condena de la violencia como prueba del algodón es tan chusco como si Caperucita dijera que no se fiará del lobo feroz hasta que no condene la ingestión de abuelitas”.
Con el mismo soniquete de caja registradora, en El Mundo comparece Rosa Díez como guest star para hacerse la ofendida a página completa: “Mientras la obra parece acercarse a su fin, oigo voces que especulan sobre la rentabilidad electoral de lo que está ocurriendo. Me asquea ese debate”. Clink, clink, clink, tintinean los votos cosechados por ella en el río revuelto. Si buscan un corolario a este nada conseguido fingimiento, lo encontrarán en la parte final de la perorata de Carlos Dávila en La Gaceta. Tápense la nariz: “¿Hay precedente en algún país decente del mundo en que el presidente regional (Eguiguren) de un partido (el PSOE) actúe judicialmente en defensa de un terrorista como Otegi? Esto es una mierda, señores”.
La muerte es una fiesta
Y la vida en general no parecece tener mejor consideración para el editorialista de Cope, que impelido por su calendario, se atizó ayer una alucinógena loa a la dama de la guadaña: “Para la Iglesia, la muerte no es una tragedia que nos destruye y sepulta, sino que se trata de una realidad esperanzada. Hay que mirarla con serenidad cara a cara y entender que no es el final de todo sino el principio de una nueva vida”. Haití, Pakistán, Irak, Afganistán, Darfur… están llenos de esperanza.
Olvidemos a Tánatos, y pensemos en Eros, siempre en las libidinosas meninges de Juan Manuel De Prada, que ayer volvía a estar un poco verderón en su columna de ABC: “Así, convirtiendo la práctica sexual en una actividad meramente lúdica, se construye una nueva utopía de hedonismo que preconiza la consecución de la felicidad a través de la exaltación del deseo sexual, sin límite moral, legal o corporal alguno”. Que se lo pregunten a Sánchez-Dragó.
Culo veo, culo quiero, en las cocinas de Carpetovetonia se cuela y recuela la caspa ideológica en gruesos calcetines de lana a ver si les sale una versión cañí del té que da nombre, allende el océano, a la panda de montaraces requeteneocons. reconozcamos que el editorialista de Libertad Digital se da buena mano en las filtraciones ponzoñosas: “Estamos en los peores momentos de nuestra historia democrática y contamos con una de las peores clases políticas posibles. Dependerá, pues, de los ciudadanos, de su capacidad de rebelión y movilización, el que las cosas puedan cambiar a mejor”. Queda inaugurado el partido de la tisana.
El jaleo va a venir con la paternidad del plagio. A través de su recadero Ignacio Peyró, La Gaceta reclama para sí la patente: “La Gaceta, de momento, ha conseguido que la derecha española se atreva a decir su propio nombre”. Carlos Dávila, director de la cosa, lo expresa de un modo más racial, sin olvidar el estoque a Zapatero, que hace las veces de Obama en la rancia infusión patria: “Si este individuo es una pesadilla que ha provocado una crisis institucional, territorial y económica sin precedentes, ¿nos vamos a callar? Pues tururú con acento en la u. Ni ‘Torquemada’ De la Vega nos va a silenciar, lo intenta pero no puede”.
En La Razón, caldo de gaviota
En La Razón, allá donde el azul ultramar vira a celeste, prefieren no probar nuevas recetas. Con el caldo de gaviota, les va bien. Aquí tienen una taza servida por su editorialista con los posos de la tradicional encuestita de los lunes: “El estado de la opinión pública es concluyente. El sondeo de NC Report para La Razón refleja un sentir mayoritario hacia un cambio de Gobierno, incluido un relevo en el liderazgo socialista”. Según el hechicero de la tribu razonesca, el 80 por ciento de los españoles quieren un cambio de Gobierno. La semana que viene, un 140.
Y peores números habrá para la ministra de Igualdad, declarada lo peor de entre lo malo, y contra la que se despachaba así Martín Prieto: “Bibiana Aído dijo al tomar posesión que se iba a dejar la piel en el cargo. Debió referirse al cutis de sus congéneres, asesinadas como nunca desde que existe su Ministerio”.
Sin tiempo para la digestión, desde ABC Juan Manuel De Prada nos envía una radiografía de su mente en una columna sobre educación: “[Los padres] claman contra el sistema educativo. Que es como si el sifilítico clamara contra el treponema, camino del burdel”.
Ayer fue doce de octubre. Si no saben lo que significa, tatúense en el muslo este fragmento extirpado del corazón patrióticamente incendidado del editorislista de La Gaceta: “La mayoría de los países iberoamericanos, que respaldan la idea tradicional de una América que reconoce su hispanidad y el invaluable legado histórico que ese puñado de españoles inició aquel 12 de octubre, dando origen a una sociedad iberoamericana unida por la religión cristiana, la lengua, la cultura, la civilización y una raza más o menos mestiza”.
Esa era la de cal. La de arena la ponía en El Mundo Federico Jiménez Losantos, que sostiene que lo que fue un imperio ahora no es siquiera “una nación, salvo que la consideremos como nación sin Estado o nación sojuzgada y colonizada, que eso sí empieza a serlo España, capital Madrid pero metrópoli colonial Barcelona. O sea, que el 12 de octubre, día del Pilar y gracias”. De nada.
Así que lo único que queda es la Historia, eso sí, reescrita por recauchutadores del pasado como César Vidal, que nos cuenta en La Razón la versión buena sobre el primer franquismo: “A lo largo de veinte años durísimos, la nación estuvo sometida a ese socialismo de color azul mahón del que vienen tantos dirigentes actuales del PSOE y, como en todos los socialismos, se sufrió el intervencionismo, la cartilla de racionamiento y el hambre”. Memorícenlo y pónganlo así en el examen.
De Prada, escatológico
Y si les preguntan por algo más reciente, como la figura de Pérez Rubalcaba, hagan caso al editorialista de Libertad Digital: “Rubalcaba nunca entró en Interior para garantizar la seguridad de todos los españoles, sino para controlar las alcantarillas del Ministerio, redactar los términos de la rendición ante ETA y desactivar la alternativa política al PSOE”.
¿Acaban de desayunar o se disponen a hacerlo? Entonces, no sigan leyendo. La próxima cita es de Juan Manuel De Prada en ABC. Dirán que ya están acostumbrados, pero si han decidido continuar, comprobarán que a esto no: “Si a un tío marrano se le ocurre escupir un gargajo, el gargajo deja en el suelo su mancha indeleble per saecula saeculorum; y quien dice un gargajo dice una meada etílica o una vomitona. En unos pocos meses, las aceras de mi calle se han convertido en un ameno atlas de gargajos, meadas y vomitonas que el desprevenido viandante puede disfrutar en su lustroso esplendor los sábados y domingos por la mañana”. Estaban advertidos.
Nueve de cada diez columneros siguen amorrados a la ubre del 29-S -¡para ellos sí ha sido rentable!-, pero ustedes no se merecen otra dosis de sobras recalentadas. Hay vida más allá de la huelga, o no me digan que no es nutritivo, por ejemplo, este pensamiento profundo de Alfonso Ussía en La Razón: “Ver un partido del Real Madrid es más aburrido que ir a una boda y bailar toda la noche con la propia madre. Ver un partido del Real Madrid es como ver una película interpretada por Federico Luppi”.
¿Y algo con un poquito más de sustancia? A ver qué les parece este nuevo ejercicio de amnesia voluntaria de Juan Manuel De Prada en ABC: “En ambas zonas hubo [durante la guerra civil] hombres buenos que también fueron vejados en aquellos mismos años (donde se prueba que el sectarismo feministoide es la forma más cerril de sectarismo ideológico)”. Pío Moa, desde Libertad Digital, puede añadir algo más. Franco era una ursulina con bigote. Casi ni mataba: “Franco consiguió todas sus victorias con un derramamiento de sangre bastante bajo. La guerra civil española fue menos sangrienta que la useña, aunque en esta última hubo una proporción desmesurada de mertes por enfermedad”.
Dragó, celoso de Sostres
Tanta memoria histórica, y el 11-M, sin aclarar. Adivinen, por cierto, qué periódico decía lo siguiente en un editorial: “El maridaje político-judicial surgido en torno a la investigación oficial y a la sentencia del 11-M -ambas sospechosamente coincidentes a pesar de las muchas incógnitas que aún planean sobre el atentado- continúa gozando de buena salud”. El Mundo, claro. No podía ser otro.
También en el diario pedrojotesco, Fernando Sánchez Dragó se ponía celoso del éxito de las demasías ultraliberales de su vecino de tintada Salvador Sostres y se vindicaba como el más políticamente incorrecto de la manada. Lean: “Deberíamos bajar los impuestos a quienes ganan o tienen mucho para que mejore la condición de quienes no están en ese caso. Los ricos, por su laboriosidad, perspicacia y espíritu de iniciativa, merecen un premio; los pobres, un castigo fiscal, ligero, para que espabilen”.
Cosas mundanas, las anteriores, al lado de la visita del Papa, que aguarda de hinojos el editorialista de Cope. Catalunya, evangelizada de nuevo: “En Barcelona se hará patente la presencia viva de la Iglesia en un contexto de amplia secularización, donde es preciso encontrar nuevas formas de anuncio, de cultura y de caridad”. Amén.
Qué tiempos, apenas anteayer, en que los emplumados cavernarios ponían a los sindicatos de cobardes, gallinas y capitanes de las sardinas por no montarle una parda a Zapatero. Ahora que les han hecho caso, se ponen al otro lado de la barricada. “Dos de cada tres trabajadores no harán huelga”, profetiza en primera La Razón, dando por verdad verdadera los datos de una escopeta de feria demoscópica llamada NC Report. El editorialista, que está que se lo guisa y se se lo come, sentencia: “Los abrumadores resultados constatan que este país no está para paros masivos ni parece dispuesto a movilizarse tras unas organizaciones discutidas y en una deriva de pérdida de prestigio social muy preocupante para su futuro”.
Como había que añadir algo más al perol, César Vidal se adentra en la cocina y vierte su ponzoña: “Los sindicatos no pasan de ser una parte de la administración estatal, profundamente ideologizada y costosísima, es decir, los sindicatos verticales de la época de Franco, pero con muchos más pesebres y costando muchísimo más”.
Es que ahora todo es muchísimo peor que en aquellos maravillosos años. Lo dice Vidal y lo sostiene, aún con más entusiasmo, Fernando Sánchez-Dragó en El Mundo: “En la España de Franco que conocí sólo sufrían persecución quienes desde posturas radicales -las mías, por ejemplo- y buscando pelea se enfrentaban al Régimen. Créame si le digo que éramos pocos. Mis recuerdos lo son de un país abierto, alegre, divertido y más libre, en lo menudo, que el de ahora.
Inventar la Historia
¿Y este soltarse el pelo? Ni idea, pero tiéntense las ropas, que parece epidemia. En La Gaceta, el senador del PP Juan Van Halen se apuntaba a la misma moda de vindicar las bondades de los ganadores del 36 y de ciscarse en los que han retratado sus miserias. “Quienes inventan la Historia a su gusto por intereses ideológicos siguen las tácticas totalitarias, fascistas o estalinistas, que para el caso tanto monta”, tenía el cuajo de coronar su versión con sacarina del glorioso alzamiento nacional.
Desde ABC, el últimamente despojado de tribunas Juan Manuel de Prada se reservaba la última palabra en materia de manipulaciones históricas: “Con hombres o mujeres a los que se ha lavado el cerebro tan concienzudamente se puede hacer cualquier cosa, empezando desde luego por abjurar de la verdad histórica, siempre tan nefasta y enojosa”. La “verdad histórica” es “su verdad histórica”, ya saben.
Debe de ser la calma que precede a la tempestad, la galbana de la vuelta al cole o quizá, ahora que se lleva, una tregua difusa. Procede la advertencia para quienes se llegan a estas líneas con el masoquismo en bandolera y hoy tal vez marchen decepcionados por el bajo octanaje de lo recolectado. Otra posible explicación: Diestralandia da el oso por cazado. “El PP roza la mayoría absoluta y le saca 10 puntos al PSOE”, se albriciaba La Razón en primera, y su profeta en nómina, José María Marco, daba por inaugurado -ese era el título de la columna- “El postzapaterismo”.
Por si se lo preguntan en alguna oposición del inminente nuevo régimen, anoten la que, según el erudito Marco, ha sido la seña de identidad de esta era que felizmente dejamos atrás: “Cualquier cosa vale contra quien no piensa como yo, en particular contra ‘la derecha’. Resultado de esta actitud es la degradación de la vida pública (y de la privada) y la sustitución del diálogo por el monólogo ante el espejo de los convencidos”. Si se quieren adornar, pueden plagiar, poniendo los verbos en pasado, la aportación de Juan Manuel De Prada en ABC: “Zapatero, que nos arranca libras de carne con crueldad impávida, no ha traicionado sin embargo sus consignas, que hoy enarbola con mayor ahínco que nunca”.
¿Liberados? No, gracias
Y en esto llegó la lideresa y mandó parar. ¿Quieren gresca los sindicatos? Pues la van a tener. “Aguirre ultima quitarles a los sindicatos 2.000 liberados”, se felicitaba El Mundo en su frontispicio. Entusiasmado, el editorialista sentenciaba: “Disminución de liberados sindicales: una medida valiente y justa”. Ahora sólo hace falta que expliquen cómo la van a poner en práctica. Y como todos queremos más, Libertad Digital ponía negro sobre blanco, también en su editorial, el próximo objetivo: “Por la prohibición de la mafia de los piquetes”, exigía desde el titular. ¿Habrá miedo de que la huelga del día 29 no sea el anunciado fracaso?
Desde su diario parte de guerra en La Gaceta -ya saben que la acre pieza lleva por título “En el día de hoy”-, Carlos Dávila se ocupaba de los villanos del nordeste peninsular apelando, tiene gracia en él, a la memoria: “Aquí hay que tener memoria porque de tontos es no recordar que ambos, Montilla y Mas, se fueron al notario para echar de Cataluña al Partido Popular. Es de esperar que tampoco Rajoy se haya olvidado el sopapo del charnego Montilla y del soberanista Mas”. Continuará.
Ya era bastante atrevido lo de la semillita que papá dejaba en la tripa de mamá, como para que venga la panda de sátiros gobernantes con la idea de llevar a las aulas la educación sexual. Carpetovetonia se planta y denuncia al lúbrico ejecutivo: “Hay algunos ministros de este gabinete que desean imponer la pedofilia educativa y el voyeurismo. Llevar la asignatura sexual a los infantes de tres años desvela el psicoanálisis de los ministros Ángel Gabilondo y de Trinidad Jiménez Villarejo, creo que necesitados de bromuro en el agua mineral”, se explayaba ayer Martín Prieto -sí, él- en La Razón.
Eso era la versión con sacarina. Dos cuadras a la derecha del periódico de la mancheta azul, en Libertad Digital, el inefable Pío Moa ponía el grito en un cielo aún más alto: “Una ‘educación sexual’ en manos de delincuentes como los políticos actuales no me parece, francamente, que pueda producir otra cosa que delincuentes semejantes. Tal educación sexual se llamaba en otros tiempos perversión de menores”. Si creen que lo de exterrorista no es superable, verán que queda casi versallesco al lado de la descarga de bilis de Juan Bosco Martín Algarra en La Gaceta. Cuerpo a tierra: “A mis hijos tú no los vas a educar, Trini, y menos en cuestiones de pitología. porque lo que tú piensas sobre el sexo me da asco, Trini. ¿Te enteras de una maldita vez, Trini? Asco. Me da, y nos da (a miles de españoles), un asco gigantesco”.
Elogio de la santa ira
Eso está a la altura del mismísimo Juan Manuel De Prada, que ayer contaba en ABC que se le habían puesto los pelos como escarpias al ver a un sacristán expulsando de una iglesia a un turista con pantalón corto al grito de “Tú, cerdo, vete a hacer fotos a la pocilga de tu casa, donde tu madre te dejará ir vestido como un mamarracho”. Tras la narración del edificante episodio, el corolario pradiano: “Transido de emoción, me arrodillé y rogué fervorosamente a Dios que concediera muchos años de vida a aquel sacristán, y que le mantuviera incólume la virtud de la santa ira”.
Si es cierto que la mala leche es vehículo de santidad, pronto tendrá sitio en los altares Salvador Sostres, que les mandaba desde su columna en El Mundo este recado a los activistas españoles apaleados en Marruecos: “Lo que resulta absurdo, e inadmisible por cierto, es la sorpresa, esas exclamaciones de indignación como de niña tonta en medio de una orgía”. La pieza se titulaba “¿Qué os esperabais?”
Mientras Rajoy recarga la batería opositora, el látigo de azotar al inquilino de Moncloa está en las mejores manos. ¿González Pons? ¿Montoro? Ya quisieran ellos tener la muñeca de la Virgen de Agosto, inspiradora, según La Gaceta, de una rebelión contra el leonés que deja en broma la de Gómez: “Si Zapatero, con su cruzada turbolaicista, se empeña en retirar los crucifijos de las aulas, son miles y miles de familias las que hoy desfilarán al completo en las procesiones de cada uno de nuestros pueblos y ciudades, manteniendo sin ningún problema ideológico la vieja terna del comer, beber y rezar”, proclamaba el heraldo de Intereconomía el domingo.
Ustedes, pecadores, se han quedado en dos de tres de esa terna. Así les va. Ni siquiera llevan en el salpicadero del coche una estampita con la leyenda “Yo conduzco, ella me guía”. Pues dice el editorialista de Cope que no hay forma más efectiva de ahorrar puntos de carné y vidas. Vean: “Para los creyentes, la razón de esa esperanza, incluso teniendo en cuenta los problemas y los riesgos de la carretera, se funda en la certeza de que, en el viaje hacia una meta, Dios camina con el hombre y lo preserva de los peligros”. Palabrita de los obispos encargados de la Pastoral de Carretera. Les juro que existe tal cosa.
Comulguemos
Deberían saber que en la Conferencia Episcopal hay de todo, incluso un prefecto para el culto divino y la disciplina de los sacramentos al que Juan Manuel De Prada dedicaba en ABC una pieza titulada “Qué grande eres, Cañizares”. Aplaude al cardenal el lamepilas zamorano por su propuesta de rebajar la edad en que se suministra la primera comunión a los católicos alevines. El razonamiento les va a dejar las cejas a la altura del flequillo: “Cuanto más pequeño sea el niño más posibilidades hay de que comulgue creyendo en la naturaleza del sacramento, creyendo que de verdad Cristo viene a vivificar su fe para siempre. Y esto es lo que los enemigos de la Iglesia pretenden evitar a toda costa”. Vamos, que cuanto más tiernas, más fácil será engañar a las criaturas.
Y como va de comuniones, para terminar, una rueda de molino administrada por Agapito Maestre en Libertad Digital: “Mientras existan jueces en la Audiencia Nacional que permitan manifestaciones de carácter abertzale, ETA seguirá viva, presente en las calles y, por supuesto, legitimada para negociar su actualización en las instituciones democráticas”. ¡Demócrata!