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No estaba todo dicho sobre la liberación de Pascual y Vilalta. Los amanuenses rezagados reclaman, en compañía de los columneros de la penúltima fila, su derecho a píar. Pase el primero, de nombre, Paco Reyero, con domicilio en La Razón: “La necesidad de aventura de Pascual y cía ha derivado en una oportunidad de lucimiento para Zapatero, dispuesto siempre al arrullo de aquellos ‘españoles por el mundo’ con los que se saca brillo a las uñas”.
Premien al meritorio con un ¡oooh! admirado y déjense seducir por Miguel Durán, padre de Don Sebastón y cachiporrero dialéctico de La Gaceta, que tiene una pregunta para ustedes: “¿Se moverían ZP y su Gobierno junto con toda la ‘progresía subvencionada’ de igual modo si los secuestrados fueran unos cuantos curas o monjas?”
Más difícil todavía, ¿y si hubieran sido españoles de pura cepa? Desde ABC, Martín Ferrand se temía que tampoco. “Lo de los cooperantes de la ONG secuestrados el pasado noviembre en una caravana en la que no lucía ninguna bandera española y sí varias cuatribarradas, es otra tartita de la pastelería monclovita”, anotaba el perspicaz opinador.
El milagro de Mali
Ahí está el matiz, diría Cantinflas, y con él, Arcadi Espada, que celebraba en El Mundo el milagro obrado por el cautiverio en uno de los secuestrados: “Es que Vilalta había dicho ‘nuestro Gobierno’. No sólo eso: su Gobierno era el Gobierno del Estado español. Y postdata: lo estaba diciendo en lengua catalana, que siempre es más dulce y donde el signo lingüístico tiene que hacer piruetas. ¿Cuántos años hace que no oía eso en boca de un catalán?” ¡Albricias!
Si eso no les ha enternecido, sólo podrá hacerlo el editorialista de Cope con su advertencia a los Señores del Mal. Vean: “Al Qaeda debe saber, de una vez por todas, que el mundo libre detesta el terrorismo y está dispuesto a luchar con armas sólo aparentemente menos fuertes. Esperemos pues, que la pacífica solución de este secuestro refuerce los lazos policiales y jurídicos e impida que Al Qaeda imponga su barbarie”. “Ríndete, Bin Laden”, habría añadido Ruiz Mateos.
Y quien dice Bin Laden, dice Zapatero, que tanto monta, según bramaba Agapito Maestre en Libertad Digital: “La vuelta al vale todo, incluida la violencia y el terror, del estalinismo y, por supuesto, del trotskismo, que también en esto coinciden estos dos ismos, tiene en Rodríguez Zapatero uno de sus iconos contemporáneos”. Que se sepa y no se olvide.
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Los amanuenses de Carpetovetonia se ponen muy faltones cuando palman. La prueba, en esa primera página que El Mundo donó ayer a la antología de la sobrada. “Triunfaron los animales”, pretendía ofender el portadista bajo una foto de Montilla y Carod Rovira. En el interior, el bípedo plumífero editorialista desarrollaba la gracia: “Podría decirse en este contexto que en Cataluña han triunfado los animales políticos menos racionales”. Después de doce páginas de llanto y morro torcido por la pérdida de su sangrienta diversión, Salvador Sostres berreaba: “La izquierda es esta rabia. Siempre han querido nuestras mujeres y nuestro dinero. Y hundirnos el yate sólo porque ellos no saben navegar”.
Eso, como botón de muestra. Lo demás, se lo sirvo sin anestesia. “Es una vara de castigo clavada en el morro de un toro simbólico llamado España”, se dolía Ignacio Camacho en ABC. “Todos estabulados y felices bajo la señera y del manto de la arrogancia. Dóciles todos y con vocación de ganado de establo, el toro bravo y la lidia son para ellos una provocación”, bramaba Hermann Tertsch también en el vetusto diario. “Bravo, tontitos”, se adornaba Carlos Dávila en La Gaceta, que acusaba en su primera página: “Zapatero calla ante el tauricidio en Cataluña”. A ver quién explica a los intereconómicos que “tauricidio” es, justamente, lo que se ha prohibido.
Lo próximo, los orgasmos
Luego hablarán en nombre de la lengua, como hacía en La Razón Paco Reyero: “Cataluña esgrime el derecho a decidir sin límites y mientras prohíbe los toros e impide la enseñanza en castellano.”. Su vecino de páginas azules, José Luis Alvite, derrotaba, como en él es costumbre, por la ingle: “Los seres humanos somos tan idiotas que el día menos pensado castigaremos algo tan natural como que la tentación de buscar el orgasmo concluya a veces en el placer de conseguirlo”, vaticinaba.
En Libertad Digital, la herida que escocía era la de rigor: “Menos España es menos libertad, también en los toros”, avisaba el editorialista. Por ahí va la obsesión de Jaime González, que en soberbia imitación de Arias Navarro gimoteaba en su videoblog de ABC que “España está en peligro”. Desde El País, parecía tranquilizarlo Fernando Savater subrayando la inequívoca españolidad de la medida: “El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros pero de paso reinventa el Santo Oficio, con lo cual se mantiene dentro de la tradición de la España más castiza y ortodoxa”.