¿Qué mujer no ha fantaseado con penetrar, en vez de ser penetrada? ¿Con tener entre las piernas ese (eréctil) objeto de deseo? ¿Con hacerlo en posiciones físicamente imposibles para nosotras?
Akasha explica en el blog de Ana Serantes que jugaba con esa idea desde la adolescencia:
Cuando tenía 16 años, solía jugar a que follaba a un hombre por el culo. Podía tener a mi novio boca abajo en la cama y ponerme a horcajadas en su espalda. Separando sus muslos arrodillados, manteniéndole boca abajo y sujetándole cabeza con una mano, podía colocar mis caderas en el lugar adecuado y, burlándome de él, frotar sugestivamente mi entrepierna contra su culo. (…) La sensación de poder era extraordinaria: tenerle boca abajo, sujetando su cara, oyendo sus protestas amortiguadas. Me preguntaba cuán bueno sería poder tener la capacidad para convertirlo en realidad.
Habrá muchas que quieran dejarlo en el terreno de las fantasías, pero para las que no, es suficiente este trío: un arnés, un dildo y la complicidad de tu pareja, como confesaba hace unas semanas una amiga: “Cuando me di cuenta de que realmente estaba penetrándole… me excité muchísimo… creo que fue sobre todo la bestial sensación de control que provocó que me corriese enseguida…”
En el largo interrogatorio posterior, una preguntó: “¿Y él lo ha probado? Porque los tíos también fantasean con penetrarnos simultáneamente por delante y por detrás, ¿no?” La protagonista de esa tarde puso los ojos en blanco y sonrió, dando a entender que sí (que lo había probado y le había gustado).
Le pedimos un breve manual de instrucciones y repitió algunas de las indicaciones dadas en posts anteriores: “Mucho lubricante para no hacerse daño, confianza en el otro y pocos tabúes. Y las primeras ir poco a poco, con mucho cuidado, hablando y preguntándole si le duele, cómo se siente, diciéndole lo que sientes tú…”
Sólo me queda añadir que para evitar infecciones es necesario que cada uno tenga su propio dildo y no intercambiarlo nunca ni pasarlo de la vagina al ano y viceversa. A partir de ahí, queda abierto a la imaginación y la práctica…
¿Lo has probado? ¿Te gustaría? ¿Algún consejo para la primera vez? ¿Dudas?
Si crees que en este post falta información sobre qué arnés y dildo elegir, qué usos tiene cada modelo, cómo usarlos, etc. esta web puede serte muy útil.
Cualquier tema que queráis proponer, sugerencias, críticas o lo que os apetezca, podéis escribir a tresposemana@publico.es
El invierno es la estación del chocolate; un alimento muy ligado al placer. Conscientes de ello los británicos Philip Neal y Cal Brown han ideado una línea bautizada Erotique, en la que los bombones Theobroma-Cacao se transforman en bustos de Adonis y Venus, y minuaturas de penes. Por un presupuesto de entre 25 y 35 libras esterlinas puedes insinuarte golosamente.
El chocolate está considerado una fuente de energía y vigor. La idea de que puede funcionar como un sustitutivo del sexo está muy extendida aunque hay personas que no los consideran al mismo nivel. Un estudio realizado en Reino Unido reveló que la mayoría de las inglesas prefería el chocolate al sexo, mientras que ellos se decantaron por el sexo en un 87%.
Pero hay más cifras sobre la relación chocolate/sexo. Una encuesta realizada en el hospital San Raffaele de Milán reveló que las mujeres que consumían regularmente chocolate estaban más satisfechas con sus relaciones sexuales y experimentaban mayor deseo sexual que las que se privaban de él.
¿Te has insinuado alguna vez con bombones eróticos?, ¿crees que la satisfacción sexual está relacionada al consumo de chocolate?, ¿has comido glandes/pezones de chocolate?


El cine las ha arrinconado a locales clandestinos ligados a prácticas sadomaso. Películas como Irreversible y Pulp Fiction las segregan a contextos gays, pero la figura emergente de la dómina está contribuyendo a la par conditio del consumo de máscaras como fetiche sexual.
Desde el punto de vista histórico, la máscara ha sido un medio para suplantar la propia identidad. Ese fue su uso original en el carnaval de Venecia –y figuras como Arlequín, Columbina, Polichinela– y así funciona también en el terreno fetichista del sexo. En este ámbito quien las compra se muestra determinado y seguro de sí mismo. “El cliente que las pide sabe a lo que viene y no vacila ni un momento”, comenta Blas Gallardo, propietario de la boutique Toysex de Madrid (San Bartolomé, 7). El fabricante británico Zado dispone de un amplio catálogo de máscaras en piel.
Castigo invisible
Como en casi todos los productos relacionados con el sexo, las máscaras guardan secretos. Así, los pequeños orificios para respirar por la boca esconden un pene, que se va hinchando en la boca del sodomizado según accione el partner la bomba de aire. El modelo tiene un precio de 124 euros. Otras, incluyen cremalleras u orejas y hocico, a modo de perro.
Estas máscaras tienen uno o varios elementos que pueden desligarse: en algunos modelos, los ojos; en otros, la boca… La versión más lúdica y menos cara remite a la lucha mexicana, con modelos muy llamativos que oscilan entre los 12 y los 14 euros.
Descendiendo a materiales de peor calidad, encontramos las máscaras de látex (disponibles en diversos colores), con huecos en los que enmarcar los ojos y la boca y cuyos precios van desde los 24 a los 38 euros. Cualquier atrezzo sadomaso que se precie no puede prescindir de fusta. Las de la casa Zado cuestan en torno a los 30 euros. Las hay con mangos que imitan al pene y azote en trencillas de piel o en forma plana. Guantes y chalecos constituyen los complementos perfectos de toda máscara.
———-Modelos: artesanía al servicio de la confusión———
Son el exponente más refinado de la máscara. No llevan gomas de sujección sino una varilla lateral que debe ser sujetada. Una alternativa menos anónima pero igualmente atractiva es el antifaz.
Inspiradas en los luchadores americanos, son coloridas y desenfadadas. Prescinden de cremalleras y elementos de quita y pon. Esta sencillez se nota en el precio, inferior al de las máscaras sadomaso.
Las máscaras usadas en las prácticas sadomaso son siniestras y convierten a quien se las pone en un siervo. Elaboradas en piel, incorporan apéndices como hocicos u orejas de animal. Son de las más caras del mercado erótico.
“El sexo anal es impresionante”. “Una pasada”. “¿No lo has probado? Intenta convencerla”. “Yo lo hice la primera vez con una tía que quería llegar virgen al matrimonio”. Eran las tantas de la madrugada. En mitad de una fiesta. Y casi todos los hombres heteros respondieron que les gustaba el sexo anal.
Pero al preguntar si alguna vez les habían metido a ellos un dedo, dos, tres o algo más por el culo, se formó un silencio incómodo. Y después la mayoría empezó a decir atropelladamente que “no”, “eso no”, “a mí el culo no me lo tocan” y si alguno lo había probado no se atrevió a hablar.
Muchos no lo harán nunca, pero para los que sienten curiosidad el folleto de instrucciones incluye pasar por una farmacia para hacerse con varios botes de lubricante, agarrar los prejuicios, meterlos en un cajón donde cojan polvo, buscar una postura cómoda y relajarse. A partir de ahí, lo mejor es probar, solo o en compañía…
La teoría dice que hay que encontrar el punto P y la forma más fácil es tumbarse boca arriba y presionar con un dedo hacia la parte superior, haciendo movimientos circulares. Si lo combinas con el sexo oral, tendrás un orgasmo de vértigo.
La práctica -y sus efectos secundarios- la explican algunos bloggers:
ESDLV:
Yo acepté la maniobra como una curiosidad y me sorprendí retorciéndome sobre la cama, gimiendo como no sabía que pudiera y aferrado al cabezal en un vano intento de mantener los pies en los estribos. No sabría decir cuánto duró aquello, si dos minutos o media hora. Sólo sé que cuando me corrí ni siquiera me di cuenta. La experiencia llevaba un rato siendo tan sobrecogedora que no supe distinguir el orgasmo que asociamos a la eyaculación del resto de sensaciones que de manera tan intensa me venían embargando desde lo que parecía el principio de los tiempos.
Luis:
Un día empezó a rondarme la idea de probarlo. Finalmente no aguanté más y un buen día salí de la ducha totalmente desnudo y con un empalmazo monumental. Me senté a cuatro patas sobre la alfombrilla del baño y lubriqué mi dedo índice derecho con gel de ducha, bajé la cabeza apoyando mi mejilla en el suelo mientras notaba mi pene colgando ardiente y a punto de estallar; entonces me llevé el dedo hacia el culo y empecé a deslizarlo en el interior de mi ano… ¡dios! Fue fantástico.
¿Lo has probado? ¿Qué sentiste? ¿Recomendaciones?
“Cam 4 va a hundir a la industria del porno”, escuché decir recientemente a un productor. ¿Pero no lo habían hecho ya sitios de Internet como youporn o pornotube, donde centenares de personas cuelgan vídeos -supuesta o realmente- amateurs?
Cam 4 (u otros como Adultfriendfinder, Alt y un largo etc.) van un paso más allá. No son sólo porno, es porno en directo. Son miles de personas delante de una webcam a cualquier hora del día mostrando cómo se masturban, qué les da placer, qué juguetes utilizan, cómo mantienen relaciones sexuales con sus parejas.
Y los que miran pueden interactuar con ellos a través de un chat, ordenarles lo que quieren que hagan en ese momento, expresar su envidia por no estar ahí, decir lo mucho que les está excitando, intentar quedar con él/ella o ellos en un chat privado o en la vida real.
En sólo unos minutos, es fácil darse cuenta de que a pesar de la repetición a la que nos someten muchas películas pornográficas tradicionales, la sexualidad real es infinitamente más diversa. Pero lo que me parece más interesante es que, al igual que pasa con los blogs, donde miles de personas explican cada día sus experiencias más íntimas, el anonimato (y el ancho de banda) favorece que muchos hayan dado un paso más y ahora lo graben en vídeo. E incluso que se animen y se exciten mostrando su cara.
¿Somos una sociedad mucho más exhibicionista que las anteriores o siempre había existido esa necesidad de mostrar la intimidad pero se reprimía? ¿Te planteas encender la webcam? ¿En solitario o en compañía? ¿Prefieres ser voyeur?
Series de pésimo gusto como Escenas de matrimonio han revitalizado el tan mediático debate del apetito sexual, que nosotros retomamos aquí de una forma mucho más cachonda.
La escena típica-tópica arranca cuando él quiere mambo y ella no. A continuación, las tres respuestas posibles:
Opción A/ “Me duele la cabeza”. Típica de beatas y/o mujeres sin imaginación, a las que no sólo les aburre su pareja sino el hecho mismo de inventarse una respuesta propia. Si aún no has pronunciado esta frase, no lo hagas nunca: contribuirás a derribar uno de los estereotipos más llanos del imaginario mundial.
Opción B/ “No me apetece follar contigo”. Las más inteligentes eliminan el contigo y se ahorran un montón de problemas, como las típicas preguntas de ¿qué quieres decir, que con otro sí?, ¿y con quién?, ¿por algo lo habrás dicho, no?, etcétera.
Opción C/ “Hagámoslo a mi modo”. Y compóntelas como puedas.
Escena típica-tópica 2: Ella no quiere follar pero él no se da por vencido. Aquí, también, varias posibilidades:
Opción A/ Él adopta una pose melodramática de folletín rosa que, en realidad, puede encubrir una gran manipulación. Sus frases típicas serán Ya no me quieres; Sólo estás conmigo por… [generalmente, ni ellos mismos encontrarán la palabra]; Esto es horrible; etcétera.
Opción B/ Él empieza a hacer gracias hasta que te relajas. Es la táctica más inteligente y, por lo mismo, la menos practicada. Generalmente logra dar la vuelta a la tortilla porque siempre es mejor follar con un simpático que con un merluzo.
Opción C/ Se la casca. Y compóntelas como puedas.
Bien, ahora las preguntas: ¿Te consideras simpático o merluzo?, ¿has vivido alguna de estas situaciones con tu pareja? Esperamos vuestras aportaciones con lascivia.
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Nota a pie de página: Por supuesto, todas los diálogos aquí reunidos son producto de la más absurda fantasía y su parecido con la realidad es mera coin [jajajajajaja], coinci [jijijijiji], coinciden [jejejejejejejeje]
“Un chiste machista cuenta que las mujeres ven las pelis porno enteras, pues anhelan que al final se casen los actores. Nosotros que también las vemos enteras, pero en primer plano, por que nos va más participar en ellas, opinamos que como muchos otros que ya lo han conseguido, el amor verdadero te espera, sí a tí, una noche de estas, no muy lejana, en… La Revuelta escena 2“. A quién le interese el porno alternativo, queer y político, tiene una cita en Lavapiés (Madrid) el 5 de noviembre. Intervendrán las Gender Jockeys, Fran de O G Producciones y la pornoterrorista Diana Junyent.
Si alguien está por la capital estos días puede ir también al Festival de Cine Lésbico y Gay y el jueves apuntarse al fiestón pornozombie en Sagasta, 22. donde pinchará el mismísimo Bruce Labruce.
A los que tengan la suerte de vivir en Barcelona, estos días les esperan la Fiesta Tranzmarikabollo y el domingo aniversario de la mítica Bata de Boatiné, con dress code S&M.
En Alicante se estrena una obra de teatro basada en 40.000 relatos de internautas sobre la primera vez.
¿Y a que viene todo esto? A que en breve estrenamos agenda. ¿Tienes más eventos? Cuéntanoslos y los colgaremos.
“Si, así como suena, que salgo y bebo y al día siguiente estoy encendido como un tea. Pero no podéis imaginar cuánto… Y no, no es porque como no me como un colín estoy que me salgo. Es una cosa que me ha pasado siempre. Puedo tener una resaca de miedo, de esas que te da la luz y del bofetón te caes al suelo, y ahí está mi líbido, como un faro, reclamando la atención de todo el planeta. Y no es que la resaca me ponga cachondo, eh? Es que cuando estoy con resaca estoy cachondo”.
Eso es lo que dice Don Otto Más en su mariblog. Pero no es el único. A raíz de la conversación con un amigo, que comentó que había empezado a tener fantasías sexuales -un día que arrastraba una tremenda resaca- leyendo en el metro la columna de la coautora de este blog, empecé a descubrir que, uno tras otro, casi todos los hombres que me rodean coinciden en los síntomas (lo sé de oídas, claro) : están más empalmados y excitados a la mañana siguiente de haberse quedado KO por el alcohol.
Las amigas tienen respuestas menos contundentes y más ambiguas: algunas sí, la mayoría no. De hecho, muchas ponen cara de sorpresa y aseguran que no lo habían pensado nunca.
¿Y tú? ¿A ti se te despierta la libido cuando mentalmente no puedes con tu alma? ¿Tienes idea de por qué? A lo mejor hoy, que es lunes, te queda algo de alcohol por las venas…
Mónica Bellucci -no ella exactamente sino Alex, su personaje en ‘Irreversible’- tiene una teoría sobre el sexo. En el trayecto de metro para ir a una fiesta con su novio Marcus y su ex, Pierre, comenta que el secreto del sexo placentero es ocuparse exclusivamente del propio placer. ["¿Eh?", dirán algun@s]. Según ella, cuando uno se concentra en su propio goce, hace gozar al otro automáticamente. Es decir, nos pone ver que el partner se retuerce de placer. De hecho, Alex le reprocha a su ex que se preocupa demasiado por el goce ajeno y eso no le permite vivir plenamente su sexualidad.
Personalmente, creo que es un poco inverosímil tener sexo a medias con una mujer como la Bellucci pero la teoría del propio placer no va mal encaminada. Efectivamente, si uno goza es más probable alcanzar un goce común aunque no es garantía de nada. Para Sergio (26) todo depende de la implicación emocional que exista entre ambos. Si es una relación de una noche, confiesa no preocuparse mucho por el goce ajeno pero si para él significa algo más, entonces “me lo curro”, dice. Y tú, ¿qué opinas? ¿Tenemos que ir cada uno a nuestra bola o preocuparnos por la bola del otro?
“Sólo hay un problema: vivo con mis padres. Pero si haces todo lo que te digo, no pasará nada”. Escuché estas palabras de boca de un treintañero en el metro. No iban dirigidas a mí sino que relataban su hazaña sexual -“la mejor tía que me he tirado en mi vida, tío”- a un compañero de trabajo, mientras le explicaba cómo había tenido que taparle la boca para ahogar sus gritos.
Imagino que muchos habremos vivido esa experiencia alguna vez. ¿O no? Pero me cuesta imaginar repetirla durante meses y meses, años y años. Basta pensar que tradicionalmente ha sido uno de los motivos principales de la emancipación de los hijos.
Como alternativa me vinieron a la cabeza los love hotels japoneses (conocidos como albergues de tránsito en Argentina, moteles de paso en México y como hoteles por horas aquí), donde las parejas –y turistas curiosos- meten yenes en una máquina instalada en la recepción y reciben a cambio la llave de la habitación elegida (ya sea de temática mang, decorada con hello kitty, de sadomaso, romántica, llena de espejos, con disfraces de todo tipo para los huéspedes…).
Posibles de alquilar por una hora, dos, tres, cuatro o la noche entera por precios que oscilan (en España) entre los 40 y los 80 euros, estos hoteles priman la discreción y suelen estar preparados para evitar al máximo el contacto entre huéspedes. Sin llegar a la sofisticación japonesa, las habitaciones suelen disponer de camas redondas, jacuzzis en el baño, luces rojas, espejos en el techo, todos los canales porno posibles en la televisión y otros complementos asociados con el sexo esporádico, adúltero o morboso.
En Barcelona es fácil tropezar en los bares nocturnos con folletos del hotel Regàs y del hostal La Paloma y rebuscando por Internet aparecen los apartamentos Luxtal o el Berlin 53 pero en Madrid no he sabido encontrar ninguno, más allá de los que se ofertan en sitios de contactos y parecen ser de particulares. ¿Tú conoces algún otro? ¿Los has probado? ¿Qué te parecieron? ¿Otras alternativas?