Lo peligroso, Celia Villalobos, es la podredumbre moral no los piojos

Tus palabras han sido: “me da igual que lleven rastas, pero que las lleven limpias para no pegarme piojos”. No te has quedado sola en el territorio del disparate ya que te ha acompañado Pilar Cernuda solicitando “un poquito de limpieza” y aseverando que “digo lo que vi y lo que olí. Hace falta limpieza, que sí. La progresía no está reñida con el baño ni con la ducha”.

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Me resulta muy difícil expresar lo que siento ahora mismo, pero diría que oscila entre la consternación y el aturdimiento. Desconocía la existencia del diputado en cuestión y, por supuesto, no sabía si llevaba rastas o no. Es un detalle que me importa un carajo.

Lo que sí me preocupa es la podredumbre y la miseria moral, la que te acompaña casi en cada palabra que pronuncias o cada acto que acometes. A mí me es indiferente tu forma de vestir, tu peinado, tu sexualidad, tu religión si la tienes,… lo que realmente me importa es tu trabajo como diputada. Y ahí, Celia Villalobos, aunque muy aseada, muy limpita y sin piojos, has sido y eres parte de esa canallesca que ha llevado a este país a una crisis sin precedentes.

Pedro Morenés lleva traje y debería darte pavor por ser un comerciante de muerte, guerra y destrucción. Aznar es un hombre arreglado y su voz debería causarte miedo porque pocas veces las mentiras de un político han estado sostenidas por más cadáveres. Mariano Rajoy, siempre impecable, debería causarte espanto por los casos de corrupción en los que se encuentra envuelto y su capacidad para quedar en ridículo cada vez que responde a una pregunta no preparada. Luis Bárcenas y el resto de tesoreros, siempre a la moda, deberían turbarte con su sola presencia por la corrupción que los acompaña. Jorge Fernández Díaz debería atemorizarte con solo verle aparcar acompañado de Marcelo, su ángel de la guarda, mientras deja las patrullas de miles de guardiaciviles sin chalecos antibalas…

Podría hacer un listado de páginas y páginas siguiendo el guión del anterior párrafo pero es de sobra conocido por todos. No hace falta. Esa miseria y corrupción existente en tu partido, esa inmundicia en la que nadas de forma diaria debería ser la que te preocupase y no si las rastas de un nuevo diputado tienen piojos o no.

El daño que los piojos te puedan ocasionar, si es que efectivamente llegan a tu cuero cabelludo, te aclaro que será muy limitado, pero el perjuicio que vosotros habéis causado a nuestro país será, muy probablemente, irreparable durante los próximos quince o veinte años. Tal vez más.

Hay que tener una colosal bajeza moral y un enorme déficit educativo para juzgar a una persona por su aspecto y hay que ser todavía más inconsciente y más estúpido para compartir dicho juicio con la ciudadanía, con el daño que ello ocasiona a la tolerancia. Pero todavía se puede llegar a cotas mayores de indigencia moral y ello es posible introduciéndote en las listas de un partido político, el PP en este caso, o no exigiéndote de inmediato la dimisión.

A diferencia de tu forma de actuar, no llego a esa conclusión por tu aspecto físico, tu forma de vestir o tu ideología. Llego a ella porque todos sabemos que si estás en las listas del PP no es por tu valía, sino gracias a la posición de tu marido. Pero no solo me baso en la más absoluta ausencia de valor añadido que proporcionas y has proporcionado a tu partido y a la ciudadanía durante estos años, sino en el comportamiento entre grosero y gamberro con el que nos has obsequiado cada poco tiempo. Llego a ese juicio por la desfachatez que tuviste al jugar a un juego en mitad de uno de los discursos más importantes del pasado año. Todo ello por no hablar de la prepotencia con la que te empleas, que no hace otra cosa que revelar tu incapacidad para pedir perdón, o la multitud de episodios que el limitado espacio de este blog me impide comentar.

Susana Griso aclaró a Pilar Cernuda que “ir con traje y con corbata no te asegura que seas más limpio que una persona que va con rastas”. Cierto. Pues te añadiré que si todavía te queda algo de respeto por la ciudadanía y/o por tu partido, en el que seguro hay personas mucho más preparadas y merecedoras del cargo que ocupas, deberías dimitir e irte a tu casa. Si te aburres, te esperamos con los brazos abiertos en Twitter, el estercolero ideal en el que podrás expresar tus mamarrachadas sin que huelan tan mal.

Porque, Celia, ten por seguro que hace tiempo que hueles muy mal.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de las novelas “Código rojo” (2015) y “Un paso al frente” (2014).

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“Código rojo le echa huevos al asunto y no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión” (“A golpe de letra” por Sergio Sancor). ¡Consíguela aquí!

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