Oaxaca- Nochixtlán: tirar a matar

03 Jul 2016
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Todo crimen de Estado, violación de los derechos humanos, represión y violencia policial en América latina, si no proviene de los considerados gobiernos “populistas” se invisibiliza. Pero cualquier decisión política que suponga un revés en el proceso desestabilizador llevado a cabo por la oposición venezolana, se magnifica. Mientras los muertos los pongan las clases trabajadoras, las víctimas sean mujeres, como ocurre con el feminicidio perpetrado en Ciudad Juárez o correspondan a las Guarimbas impulsadas por Leopoldo Lopez, en la operación “Salida” con un saldo de 43 muertos, 800 heridos entre militantes y simpatizantes del gobierno y pérdidas valoradas en más de diez mil millones de dólares, no ocuparan espacios en los telediarios. Algo similar ocurre con los últimos acontecimientos en Oaxaca, Nochixtlán.

Cuanto más habrá que soportar. Ya no se trata de indignación. Las reformas neoliberales se están llevando por delante la decencia y la vergüenza. Las matanzas y desde luego la represión indiscriminada forman parte de su patrimonio, Sus reformas destilan sangre. No hay argumento capaz de justificar la violencia como parte del discurso político, menos aún bajo el recurso espurio de actuar bajo presión y disparar en legítima defensa.

Siempre igual, las víctimas son hombres, mujeres, jóvenes comprometidos   con un futuro mejor y no ser sobrevivido como excresencia de la economía de mercado. Se resisten a ver como México se desintegra por la ineficacia de una oligarquía política incapaz de comprender el significado de las palabras dignidad, democracia, negociación, participación, mediación y representación.

Para quienes hoy detentan el poder, el PRI y sus colaboradores necesarios, los enemigos a combatir son la juventud, los pueblos originarios, las organizaciones populares, los movimientos sociales, las cooperativas de producción campesina, los estudiantes, maestros, sindicalistas, intelectuales, deportistas, en definitiva, aquellos que levantan las voz, que han mostrado la desnudez de un mal gobierno y de sus prácticas corruptas. Los mismos que se han llenado los bolsillos a costa del sufrimiento de las clases trabajadoras.

Nos despertamos con el horror, con un acto de absoluta arbitrariedad. Ya no se trata de una acción aislada, cuya explicación se encuentra en una orden a destiempo, en el miedo de un policía inexperto, que dispara. El asesinato, por el momento de nueve muertos, 22 desaparecidos y 45 heridos de bala, responde a una acción conjunta, pensada, articulada y definida como estrategia de guerra total contra la sociedad civil organizada, donde el miedo, la represión y la violencia se conjugan en una sola propuesta: tirar a matar. Así dejan constancia Genero Bautista y Franco Gabriel, como lo señala Luis Hernández Navarro en su artículo de La Jornada: Oaxaca en las Barricadas. Igualmente, se procedió a realizar maniobras de tiro en medio de un mercado popular concurrido, generando pánico.

Las autoridades guardan un silencio cómplice frente al horror de la matanza de Nochixtlán. O como ya es costumbre se parapetan en la manida frase: “se investigará hasta las últimas consecuencias. Caiga quien caiga”. Demagogia fácil, la misma que emplearon en Acteal, Atenco, Tlayala, Michoacán o Iguala. Los verdaderos responsables siguen usurpando el poder, beneficiándose de un control despótico, que oculta  a sus compinches y deja libre a los culpables. Con uno o varios chivos expiatorios será suficiente. Algo similar a lo acontecido con Ayotzinapa. Transcurridos más de quince días de lo sucedido, nada ha cambiado, por el contrario, las fuerzas de orden público, ahora acompañadas por los militares se adueñas de las calles y militarizan la ciudad.

Peña Nieto y sus ministros, los mismos que no tienen problemas en desnacionalizar el petróleo, privatizar y desregular a gusto de las grandes corporaciones trasnacionales son los únicos responsables de la violencia, del uso de la fuerza descomunal, tan irracional como desigual. En la matanza de Oaxaca no existen eximentes, solo cabe definirla como una estrategia de extermino. Armas de última generación, drones, helicópteros lanzando gases lacrimógenos sobre la población, tecnología punta para reprimir y acallar las voces de los maestros, cuyo único delito ha sido y sigue siendo, ser escuchados.

La política contra la CNTE, sus dirigentes y portavoces, ha sido permanente. Cuenta con el beneplácito del ministro de Educación, Aurelio Nuño, y el eterno apoyo de la mafia del SNTE, verdaderos beneficiados de las reformas. Para el ministerio y el gobierno ha sido más fácil descalificar, identificar a los docentes refractarios, con maestros que se oponen a ser evaluados. Ignorantes, sin formación y con escasos meritos, incapacitados para sentarse en una mesa de diálogo y negociación, solo les cabe asumir las reformas. Bajo esta mentira, han recibido el desprecio y se les ha colgado el San Benito de enemigos del cambio. Se les ha criminalizado, ya no son maestros, docentes, profesores, son alborotadores, vende-patrias, mafiosos y narcotraficantes. Gentes sin honor, despreciables. El gobierno del PRI no ha escatimado recursos para presentar al movimiento de maestros de la CNTE ante la opinión pública internacional como gentes sin escrúpulos dispuestos a todo con tal de mantener sus privilegios, sin explicar cuáles.

En España, todo lo anterior se desprecia y manipula, hablan de enfrentamientos entre las fuerzas de orden público y grupos de encapuchados que dispararon a las fuerzas de orden cuanto se disponían a despejar las carreteras bloqueadas por grupos de manifestantes. Bajo el paraguas de “la legítima defensa”, no hubo alternativa, dispararon para protegerse de los alborotadores, quienes disparaban, levantaban barricadas y profanaban los valores patrios. En fin, una retahíla de argumentos para justificar el asesinato a manos de la policía de ocho ciudadanos, trasformados en terroristas urbanos, delincuentes profesionales cuya finalidad era sembrar el caos y desconocer el poder legítimamente constituido. La autoridad, por tanto, no pudo dejar de actuar. El Estado de guerra es ya una realidad en México. Disparen a matar.

 

Marcos Roitman Rosenmann


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