Opinion · Fundación 1 Mayo

Hasta las estadísticas oficiales descalifican la Reforma Laboral

Ramón Gorriz, secretario de Acción sindical de la CS de CCOO.
Manuel Lago, economista del Gabinete Confederal.

 

La primera entrega de la encuesta anual laboral (EAL) refleja como respondieron las empresas en 2013 a los problemas causados por caídas en su actividad. Es el primer ejercicio de aplicación completa de la reforma laboral que impuso el Gobierno de Rajoy a partir del año 2012.

El Gobierno desregula y se lava las manos; desequilibra nuestro modelo de relaciones laborales y lo hace en el peor momento porque, pocos meses antes de su reforma, las empresas y los sindicatos habían acordado responder a los desafíos de la crisis con medidas pactadas y equilibradas.

El II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) 2012-2014 fue la respuesta a una situación que requería adoptar medidas excepcionales para favorecer el mantenimiento del empleo. La moderación salarial, los cambios en la estructura de la negociación colectiva y la apuesta por la flexibilidad interna frente a la destrucción de empleo eran los ejes de un acuerdo muy relevante, firmado en enero de 2012. Pero la reforma laboral lo arrasó.

La EAL depende del Ministerio de Empleo y Seguridad Social y su objetivo formal es analizar cómo responden las empresas ante los cambios de la economía; pero en realidad es un intento de avalar la reforma. Pues bien, ese intento de justificación ha fracasado porque los datos de la encuesta demuestran lo contrario: la reforma laboral no ha sido positiva en ninguno de sus grandes objetivos formales.

Flexibilidad externa contra flexibilidad interna

En primer lugar, la reforma no ha conseguido que las empresas aplicaran medidas de flexibilidad interna frente a los ajustes del empleo ante caídas en su nivel de actividad. Solo el 6 % de las empresas han aplicado únicamente medidas de reordenación interna —salarial o de jornada— frente al 39 % que utilizó en exclusiva el ajusto duro, los despidos y la no renovación de contratos temporales.

En un intento burdo de esconder esta realidad, la EAL crea una categoría intermedia agrupando las empresas que han aplicado los dos tipos de medidas, de flexibilidad interna y externa, que son el 21 % del total. Pero el análisis detallado de este agregado refleja que la gran mayoría de las empresas ajustaron el empleo con medidas duras, mientras que las de flexibilidad interna fueron un simple acompañamiento que la práctica —e incluso la norma— hace habitual en nuestro país.

En realidad, las empresas han aplicado fórmulas de flexibilidad interna que ya existían antes de la reforma, básicamente, reducciones de jornada y suspensiones de contratos mediante expedientes de regulación de empleo. La conclusión es clara: las empresas han hecho sus ajustes con despidos, gracias a una reforma laboral que anuló los mecanismos pactados por empresas y sindicatos en el AENC, con el objetivo de utilizar de forma preferente las medidas de flexibilidad interna.

No era necesario modificar el ámbito de la negociación colectiva

En segundo lugar, la reforma no ha conseguido modificar los ámbitos de la negociación colectiva, en especial, descentralizarla potenciando los convenios de empresa en contra de los de sector.

Pero antes de analizar este punto, la EAL desvela un aspecto muy relevante: el 98 % de las empresas regulan sus relaciones laborales con convenios colectivos. En el año 2013 se extendió la idea falsa de que la cobertura de la negociación colectiva había entrado en un pronunciado declive, que se había reducido mucho el número trabajadores con convenio. La EAL demuestra lo contrario: en ese año, prácticamente el 100 % de los trabajadores están cubiertos por la negociación colectiva.

La negociación colectiva sigue siendo sobre todo sectorial, porque más del 82 % de las empresas están reguladas por un convenio de sector. La apuesta por un cambio de ámbito en la negociación de convenios en favor de los de empresa ha fracasado. En la justificación de la reforma se insistía en la necesidad de descentralizar la negociación para acercarla a las necesidades de las empresas, pero este discurso se ha demostrado como falso. Y no solo porque las empresas no lo hayan hecho, sino porque la EAL refleja algo mucho más relevante: la inmensa mayoría de las empresas estaban y están cómodas con el modelo de negociación colectiva en el que predomina el ámbito sectorial.

El 81 % de las empresas encuestadas dicen que no necesitan un convenio de empresa porque el sectorial se adapta mucho o bastante a sus necesidades y tan solo un 4 % dice que no se adapta. Se suponía que la reforma del Gobierno —entremetiéndose en lo que debe ser negociado entre empresarios y sindicatos— respondía a una demanda empresarial, pero la EAL desvela que las empresas españolas, las grandes y las pequeñas, no plantean dificultades sobre la estructura de la negociación colectiva.

El despido sigue siendo la principal vía de ajuste en las empresas

Por último, la EAL pregunta cómo responden las empresas ante los cambios en su nivel de actividad, esto es, ante aumentos o caídas relevantes y de cierta duración de su demanda. Recordemos que otro objetivo formal e importante de la reforma era cambiar el modelo de ajuste de las empresas ante la caída (o el aumento) de las ventas.

Y la Encuesta también refleja otro objetivo frustrado porque las empresas se reafirman en el viejo modelo de ajuste: ante una hipotética caída de su actividad, el 67% de las empresas optarían por reducir sus costes laborales y lo harían de la misma forma que hasta ahora, despidiendo a sus trabajadores temporales en primer lugar; es decir, la variable de ajuste sigue siendo el empleo y, en especial, el eventual.

La respuesta a como actuarían las empresas ante un aumento relevante y duradero de la demanda, resulta aún más preocupante: el 68 % contratarían eventuales, y un 12% acompañarían esta medida con un aumento de las horas de trabajo o la subcontratación. Solo el 19 % de las empresas recurrirían a los contratos indefinidos. Este resultado descalifica la reforma que abarató y facilitó el despido para impulsar la contratación indefinida. Solo una de cada cinco empresas utilizará la contratación estable y cuatro de cada cinco prefieren seguir utilizando la eventualidad o la subcontratación ante un aumento de actividad significativo y estable.

Conclusión final: la reforma fracasa en sus objetivos formales

La conclusión final de este informe es que los resultados de la encuesta laboral anual confirman las críticas del movimiento sindical sobre la reforma laboral. El Gobierno facilitó la vía de ajuste a través del despido y dejó en manos de las empresas todo el poder de decisión para aplicarlo, y estas optaron por la vía más fácil y rápida: reducir sus plantillas.

El resultado ha sido una mayor destrucción de empleo de la que se hubiera dado de aplicarse un modelo más equilibrado en el reparto de los costes de la crisis entre el trabajo y el capital, en la línea de lo pactado en el AENC que apostaba por utilizar prioritariamente las medidas de flexibilidad interna.

Y, lo que es peor, la EAL señala que este modelo de ajuste vía empleo es el que aplicarían las empresas en el caso de una nueva recesión, de forma que, si no se deroga la actual normativa laboral, España volvería a destruir empleo con gran intensidad y rapidez ante cualquier caída en la actividad productiva de las empresas.