Doblemente olvidadas, las mujeres en el franquismo

08 Mar 2016
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Marta Brancas,
periodista, historiadora e integrante de La Comuna

En los últimos años han ocurrido muchas cosas que pretenden levantar el velo del olvido respecto a lo vivido y sufrido por las mujeres en la guerra y en la posguerra, por ello este 8 de marzo merecen ser recordadas.

En primer lugar creo que hay que tener en cuenta los informes de Naciones Unidas, conocidos como De Greiff y de Dzumhur-Dulitzky, realizados tras sendas visitas al Estado español en 2013 y 2014 y presentados ambos en la 27ª reunión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra del 9 al 11 de septiembre de 2014.

El Informe del Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff, constata que varios temas siguen subexplorados, como por ejemplo los trabajos forzosos de presos; muertes en bombardeos; niños robados; las consecuencias de la guerra y diferentes formas de represión, incluyendo la ejercida contra las mujeres.

El Relator Especial nota con especial preocupación el impacto de las violaciones contra las mujeres, sean ellas víctimas directas o indirectas, y la poca atención que generalmente se les presta en el debate social sobre la memoria histórica. Por ello recomienda ampliar los estudios existentes sobre las violaciones a los derechos de las mujeres y desarrollar medidas de reparación y reconocimiento especial del daño que sufrieron como consecuencia de la Guerra Civil y el franquismo, incluyendo la violencia sexual, agresiones, humillaciones y discriminación en represalia por su afiliación, real o supuesta, o la de sus familias o parejas.

El Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias que visitó el estado en septiembre de 2013 con una delegación integrada por Jasminka Dzumhur y Ariel Dulitzky, recoge en el auto de instrucción referencias al secuestro sistemático de niños -se mencionan en el auto 30.960 niños- de los detenidos republicanos que habrían sido entregados a familias que apoyaban el régimen de Franco después de que sus identidades fueran supuestamente cambiadas en el Registro Nacional. Luego, tras el retorno obligatorio de los niños evacuados, estos fueron entregados en patria potestad a Auxilio Social que los dio en adopción sin consentimiento de los familiares.

El Grupo de Trabajo ha recibido información sobre “robos” o “secuestros” de bebés y niños y niñas que habrían ocurrido con posterioridad a la Guerra Civil hasta, incluso, después del retorno a la democracia. Existirían alrededor de 1.500 denuncias en las fiscalías, pero todavía no se ha podido cuantificar el número de afectados por estos hechos.

Sin embargo, según el relator especial, los políticos enmarcaron las discusiones -dice- en el siguiente esquema: “o todos concluimos que ya estamos totalmente reconciliados o la única alternativa es el resurgir de odios subyacentes, lo cual implicaría un riesgo demasiado alto”. ¿Odios? ¿Riesgos de qué? ¿Cuándo concluye y cómo se expresa la reconciliación entre los humanos? Las alternativas que han presentado numerosos grupos de mujeres y feministas o colectivos memorialistas han sido muchas y no revelan odio sino búsqueda de la verdad y de la justicia. Vamos a conocer lo que ocurría mientras lxs observadorxs estaban en nuestros territorios.

El general franquista Queipo de Llano está enterrado en la basílica de La Macarena de Sevilla. El 24 de mayo de 2013, vestidas de riguroso luto, un grupo entró y en silencio depositó sobre la tumba de Queipo una corona de flores en la que se leía ‘Las mujeres no olvidamos. 1936-2013’. La acción, promovida por colectivos feministas de Sevilla, quiso recordar especialmente a aquellas mujeres que sufrieron la represión en Andalucía de la mano del teniente general, que en sus discursos desde Radio Sevilla llegó a afirmar: “Nuestros valientes legionarios irregulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Seguimos en 2013, el colectivo Intxorta 37 impulsó la realización de un documental, «Arrasate 1936. Mujer, guerra y represión» (Dragoi Produkzioak) que recoge el testimonio de 16 mujeres. El 26 de setiembre de 1936, a primeras horas de la tarde, cuando las tropas fascistas entraron en Arrasate, la guerra en Gipuzkoa estaba casi finalizada. Era el comienzo de la represión, del miedo, del exilio, del hambre, de la humillación para el bando republicano. Si el relato de los perdedores permanece aún hoy en día silenciado, más gravosa es todavía la situación en el caso de las mujeres, afirman desde el colectivo.

Otros documentales se han realizado recordando hechos poco conocidos. En 2012 se hizo la película “Indomables, que trata sobre las Mujeres Libres anarquistas realizado por la CGT, y en 2013 la película documental Las maestras de la República de Luz Martínez Ten, apoyada por la UGT, que narra la enorme represión particular que vivieron las enseñantes.

Más de 600 mujeres fueron represaliadas sólo en la provincia de Sevilla durante el franquismo, según los cálculos del historiador José María García Márquez, que tiene contabilizados ya 477 expedientes. Incluso la Junta de Andalucía afirmó: “Nuestro objetivo es resarcir esas vejaciones, que eran una violencia específica contra las mujeres; a un hombre no lo rapaban ni lo paseaban desnudo o con una bata blanca, como si estuviera loco, ni le daban aceite de ricino para que se le soltara el vientre”. Se considera que “las mujeres sufrieron una represión aún mayor, si cabe, que la que sufrieron sus compañeros, y que ellas además constituyeron uno de los pilares básicos para que muchas familias destrozadas por la barbarie franquista pudieran sobrevivir, gracias a su valor, entereza y coraje”.

A veces, los abusos eran tan extremos y descarados que llegaban a los tribunales militares. Así, más allá de los testimonios orales, los expedientes militares son las escasas pruebas documentales de la barbarie, muchas veces aireada por las luchas entre los falangistas. La profesora Pura Sánchez en su libro “Individuas de dudosa moral”, sobre la represión de las mujeres en Andalucía (1936-1958), reconstruye el clima de acoso y estas prácticas represivas a través de los expedientes de los tribunales militares, completados con otros documentos y con testimonios vivos.

“Se llevaron a las más nuevas, a las más jóvenes”. Esa era la frase que repetían a mediados de los 90 los últimos testigos que vieron partir a un grupo de jóvenes raptadas por unos señoritos que las hicieron desaparecer, en lo que se conoce como el crimen de El Aguaucho. La tradición verbal sotovocce durante décadas ha sido documentada y publicada por los investigadores José Moreno y José María García Márquez.

Estos son los hechos: La represión en Fuentes de Andalucía, a 60 kilómetros de la capital, Sevilla, arrojó la mayor proporción de mujeres asesinadas: hasta un total de 27. Entre ellas las cinco jóvenes de entre16 a 22 años que eran sirvientas en casas de señoritos y habían dejado de acudir al trabajo cuando sus señores decidieron boicotear la recolección de las cosechas para tensionar la República. De modo que aquel 27 de agosto del 36 por la mañana los señoritos quisieron dar un escarmiento ejemplar. Las secuestraron, las subieron a una camioneta y se dirigieron a la finca El Aguaucho, donde las obligaron a cocinarles, las violaron, las asesinaron y las arrojaron a un pozo. A la caída de la tarde, se vio a los asesinos volver al pueblo en estado de embriaguez y con la ropa interior de las víctimas ensartada en sus fusiles a modo de trofeo de caza.

El libro de Jose Mari Esparza “La sima”, recientemente editado por Txalaparta, trata de sacar del rumor, el tabú y el mito, la historia de Juana Josefa Goñi Sagardía que, embarazada de siete meses, desapareció de la faz de la tierra junto a sus seis hijos el 30 de agosto de 1936. Arrojada a una sima de Gaztelu, en Navarra, su historia ha estado sepultada en un manto de silencio, y el autor quiere mirar en la sima para que, por terrible que sea, “la luz actúe como bálsamo y sane una herida todavía abierta”.

La marea por la recuperación de la memoria de las mujeres en la guerra y la posguerra está presente este 8 de Marzo, es imparable.


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