Diecisiete días les bastaron: homenaje a Granado y Delgado

18 Oct 2016
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Carlos Olalla,
actor

“Diecisiete días. Diecisiete días les bastaron. No les hizo falta ni uno solo más. Y podrían haberlo hecho incluso en menos si no hubieran tenido que esperar al consejo de ministros de los viernes, siempre los viernes, fatídicos viernes de enterados del Gobierno que preceden a los asesinatos al alba del día siguiente. Todo en vuestro caso fue una farsa, una criminal farsa con la que el régimen quiso dejar claro que no toleraría ni un solo movimiento en su contra. Acababan de fusilar a Julián Grimao y no querían nuevas protestas en Europa. De ahí su prisa. Había que asesinaros cuanto antes, en agosto, cuando la gente mira a otro lado.

Os detuvieron, oficialmente dicen que por casualidad, el 31 de julio frente al museo del Prado. De allí os llevaron a los macabros calabozos de la Dirección General de Seguridad donde os torturaron durante seis días hasta que firmasteis cuanto os pusieron por delante. No deja de ser terriblemente clarificador que en ese edificio, ocupado ahora por la Presidencia de la Comunidad de Madrid, donde fueron miles los luchadores antifranquistas torturados por defender la libertad, no haya ni una sola placa en su recuerdo. Este país solo concede esos honores a quienes defienden lo que ellos consideran su patria, una patria que entierra a sus dictadores en mausoleos y a sus poetas en cunetas, una patria que niega sus vergüenzas y pretende cubrir con un manto de olvido los crímenes que cometieron los “salvapatrias” que tanto abundan en este país.

De allí os llevaron a la cárcel de Carabanchel, máximo exponente de la represión franquista que fue demolido con nocturnidad por un gobierno autoproclamado socialista negando el derecho a construir sobre esa prisión un espacio dedicado a la memoria de quienes lucharon contra la dictadura. En cuanto tuvieron vuestra declaración autoinculpatoria constituyeron un consejo de guerra sumarísimo para poder condenaros a muerte lo antes posible. De nada sirvió que manifestarais que vuestra declaración había sido hecha bajo tortura. Con esa única prueba os condenaron en una práctica judicial que ha perdurado hasta nuestros días en los que la Audiencia Nacional ha seguido condenando a inocentes basándose en declaraciones hechas bajo torturas que, sistemáticamente, se han negado a investigar siquiera. El régimen os condenó a muerte habiendo cumplido su ley, una ley según la cual tuvisteis un juicio público y justo. Que vuestro abogado defensor no estuviera siquiera titulado en derecho no importó, como tampoco importó que afirmaseis vuestra inocencia hasta el último segundo de vuestras vidas, como tampoco importó que la prensa internacional se hubiera hecho eco del comunicado de Defensa Interior en el que reivindicaba la autoría de los atentados de los que os acusaban confirmando que quienes los habían cometido no erais vosotros. De nada sirvió nada. El régimen necesitaba sangre, vuestra sangre, para perpetuarse en el poder. Al alba del 18 de agosto, en absoluto silencio para que vuestros compañeros presos no pudieran siquiera despedirse de vosotros, os condujeron a la capilla donde os aguardaba el garrote vil, el mismo con el que, once años después, asesinarían a Salvador Puig Antich. No había pruebas contra vosotros, sabían que erais inocentes, pero eso no importó. Os asesinaron con las primeras luces del día. Nadie fue juzgado por vuestro asesinato. Nadie fue condenado porque lo que hicieron con vosotros fue un crimen legal, su crimen legal.

Y si atroz fue ese crimen no lo es menos que su ignominia perviva todavía hoy, más de cincuenta años después, transcurridos más de cuarenta años de lo que ellos llaman democracia, una democracia que se ha negado a revisar vuestro caso, que os ha negado la justicia que merecéis y que se empeña, día a día y consenso tras consenso, en negar su propia historia, su propia verdad, manteniendo en las calles el recuerdo de vuestros verdugos y negando el reconocimiento público que merecen quienes lucharon contra el fascismo y dieron su vida por la libertad. Por eso estamos hoy aquí. Para reivindicar vuestra inocencia, para exigir justicia y para impedir que, otra vez, vuestros asesinos se salgan con la suya.

Gracias por haber querido sumaros a este acto que pretende homenajear a Francisco Granado y a Joaquín Delgado. Este acto es un homenaje, sí, pero también es una exigencia: la de que, por fin, se haga justicia con ellos, que se juzgue a sus asesinos, que se conozca la verdad, esa verdad ocultada y silenciada durante generaciones. Así pues estamos hoy aquí para rendirles homenaje y para exigir justicia, pero también estamos para otra cosa más: para denunciar que la represión de entonces sigue vigente ahora. Puede que hayan arrinconado el garrote vil, pero siguen recortando nuestras libertades; puede que ya no fusilen, pero dejan ciegas a personas con sus pelotazos de goma… Iba a decir puede que ya no torturen, pero eso sería faltar a la verdad porque la tortura se sigue practicando en este país. Y también iba a decir que ya no condenan con la única prueba de declaraciones autoinculpatorias hechas bajo tortura, pero eso también sería faltar a la verdad.

La justicia que les negaron y les siguen negando a Francisco y a Joaquín es la que también nos niegan a todas y todos impidiendo que se revise su caso o intentando prohibir que víctimas y, sobre todo, responsables de los crímenes del franquismo presten declaración ante la jueza Servini. Siento verdaderas náuseas al ver el papel de la Fiscalía General del Estado oponiéndose a que se puedan investigar los crímenes del franquismo, como lo siento también al ver a reyes y ministros celebrando el acuerdo de paz en Colombia cuando al mismo tiempo entorpecen todo lo que pueden el camino hacia la paz y la convivencia en Euskal Herria manteniendo la dispersión de los presos y presas e incumpliendo la legislación europea para alargar sus condenas. En este país no se puede hablar de justicia, de democracia o de separación de poderes. Franco murió pero su dictadura sigue enraizada, demasiado enraizada, en nuestra mal llamada democracia.”

Palabras pronunciadas en el homenaje a Francisco Granados y Joaquín Delgado celebrado en Madrid el 7 de octubre de 2016 (primer homenaje realizado en esta ciudad, 53 años después de su asesinato). 

Enlace al vídeo del acto de homenaje:

https://www.youtube.com/watch?v=DH3CzxLklno

Enlace al documental ‘Granados y Delgado, un crimen legal’, de Lala Gomà y Xavier Montanyà:

https://www.youtube.com/watch?v=bWk_fxPjcPc


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