POLVO CÓSMICO

30 Jul 2017
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Por José y Jesús Rodríguez Barrio. Miembros de La Comuna.

Polvo cósmico somos y en eso nos convertiremos”….Hombre sencillo donde los haya, esa era una de las frases favoritas de Vicente Antonio López (Antonio para nosotros), militante generoso, íntegro y comprometido durante toda su vida en la lucha por un mundo mejor, que nos dejó el pasado día 24 de julio, justamente el día en el que cumplía 73 años de edad.

Nacido en una familia de campesinos sin tierra en un pueblo de Toledo, narró (en un trabajo documentado de forma rigurosa) el sufrimiento de los prisioneros republicanos de su tierra, que fueron obligados a trabajar como esclavos en el Pirineo de Navarra. Uno de esos hombres era su padre, a quien rindió homenaje el 20 de junio de 2015 en el Alto de Igai, en Navarra.

Militante antifascista desde muy joven, sufrió de forma repetida la represión, la tortura y la cárcel. Las crueles torturas sufridas a manos del torturador Antonio González Pacheco (Billy El Niño) tuvieron como secuela una grave sordera, de origen neurológico, que se manifestó en los años finales de su vida. Al igual que en el caso de nuestro compañero Mariano Aguilar Benítez de Lugo, recientemente fallecido, la impunidad establecida en nuestro país ha impedido que la justicia, por la que Antonio tanto luchó, haya llegado a tiempo para él.

Antonio militó en varias organizaciones de la izquierda comunista, en las cuales dejó siempre claro lo que para él debía ser el fundamento de la lucha emancipadora de los oprimidos: la prioridad de la lucha popular frente a cualquier acción individual. Esa concepción absolutamente democrática, abierta y participativa la llevó a la práctica durante su etapa como dirigente vecinal a finales de los 70 y principios de los 80, que tuvo lugar en el barrio de Palomeras, en Vallecas.

Pero tal vez su aportación fundamental a la emancipación de los oprimidos haya sido su papel como historiador memorialista, que desarrolló principalmente en la última etapa de su vida, en la cual la comunicación escrita tuvo cada vez más importancia, tal vez reforzada por sus dificultades para la comunicación oral.

Historiador autodidacta, sin formación académica, pero con un sistema de trabajo riguroso y escrupulosamente fiel a la realidad y al fundamento de los datos documentales, Antonio fue un historiador de la memoria, uno de esos que siempre hemos necesitado “para construir el pasado común”.

Como historiador de la Memoria de los Oprimidos, Antonio nos dejó una amplia aportación, que tendrá su lugar en la sección documental de la nueva web de la Asociación La Comuna, en cuya fundación Antonio participó en el año 2011 y a la cual perteneció hasta el día de su muerte.

¿Qué más podemos decir sobre ti, Antonio, que no hayas dicho con tus escritos y con el ejemplo de tu vida?. Tal vez únicamente nos resta contar la forma en que te despediste, solo al alcance de aquellos cuyos principios filosóficos y morales están a la altura de la sencillez y la humanidad de su persona.

Generoso y comprometido hasta el final con la humanidad, dejaste tu cuerpo al servicio de la ciencia y la investigación médica, con instrucciones detalladas sobre lo que había que hacer después de tu muerte…

A falta de velatorio, “.. unas tapas de queso y jamón regadas con un buen vino de la tierra”.

“……Solo os pido que me recordéis de vez en cuando, ha sido un placer y un orgullo haberos conocido en esta misteriosa aventura que es la vida…”

No faltaremos a ello y te recordaremos, Antonio.

Y seguiremos recorriendo ese camino misterioso en el que lo más importante no será solo el lugar hasta el que podamos llegar algún día, sino también el haber tenido el honor de caminar al lado de gente como tú.

Hasta la victoria siempre….”


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