La Plaza de Cibeles y Carlos Slepoy Prada

05 Nov 2017
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Por Horacio Sáinz, miembro de La Comuna.

El 31 octubre, pasadas las 3 de la tarde, el Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó “interponer querella contra el franquismo en el contexto de crimenes contra la humanidad” y “Pedir a los tribunales que identifiquen a los responsables directos e indirectos y, en su caso, proceder a su imputación, procesamiento, juicio y condena”

Un día grande para Carlos… Habría sido un día grande para Carlos.

En su silla de ruedas, siempre sonriendo a los que estábamos obligados a mirarle desde arriba, desde la altura de nuestras piernas sanas, Carlos habría sido -en el centro de la vorágine del patio acristalado donde nos reunimos (felices, hay que decirlo) al final de la sesión plenaria del ayuntamiento, para abrazarnos, besarnos y fotografiarnos, sentirnos juntos en ese momento tan esperado- el indiscutible polo de atracción al que todos nos habríamos acercado para escuchar sus palabras, sus opiniones, siempre sensatas y mesuradas, pero afiladas y cargadas en su voz de toda la razón y la contundencia de una vida dedicada a luchar por lo que es Justo.

Y si hubiéramos tenido la fortuna de dirigirnos todos en grupo, rodeando a Carlos, arropando a Carlos, en el camino que nos habría llevado a caminar bajo las ramas de los grandes árboles del Paseo del Prado, celebrando estar entre amigos, entre mujeres y hombres reunidos por la voluntad de seguir exigiendo que la Verdad de lo sucedido en los tiempos de la Dictadura y el post franquismo se conozca y se lleve a los culpables ante los tribunales, habríamos acabado – eso es tan seguro como la desaparición diaria del sol-sentados en alguna terraza del Madrid otoñal, compartiendo vinos y cañas – algunas sin alcohol…que nos estamos haciendo mayores- y brindando  felices, juntos y felices, por lo que Carlos simbolizaba como nadie:

La Justicia. Que ha de ser Universal o ya no será Justicia con mayúsculas.

La Justicia, que debe servir para defender a los que menos recursos tienen frente a los poderosos.

Que debe estar al servicio de los desfavorecidos, que debe proteger a las Víctimas de los conflictos frente a sus Victimarios. Que debe exigir que toda víctima, todo colectivo vejado, torturado, expoliado, tiene derecho no solo a una declaración que le otorgue publicamente la razón, sino a recibir Reparación por los daños recibidos.

Esa es la Justicia que Carlos – hombre justo él mismo- nos enseñó a defender. Esa es la única Justicia por la que merece la pena emplear una vida, empeñar todas las energías y toda nuestra capacidad de pensamiento y acción para – disculpadme que enfatice- intentar cambiar el mundo.

Sentados a la sombra de los grandes árboles, al comienzo del atardecer de un día luminoso, rodeando a Carlos -a nuestro buen amigo Carlos- brindamos todas las personas de bien por una sociedad más justa, más solidaria y comprometida con la Libertad y la Justicia.


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