Opinion · Verdad Justicia Reparación

Respondiendo a Lidia Falcón por sus “Presos Políticos”

Por Antonio Pérez, miembro de La Comuna

En un reciente artículo de este periódico, Lidia Falcón protesta porque, a su juicio, algunas izquierdas sostienen que la política del Gobierno central contra el independentismo catalán es una política dictatorial. Y lo peor es que, según la misma escritora, equiparar al Gobierno del PP con el franquismo “banaliza la dictadura que padecimos 40 años”.

Antes de seguir, hemos de especificar que La Comuna, Asociación de expresxs del franquismo, no ha preguntado a sus miembros si son independentistas o centralistas porque nuestro objetivo se limita a denunciar la impunidad del franquismo y a buscar “verdad, justicia y reparación”. Suponemos que, de entrar en la polémica catalana, la inmensa mayoría perteneceríamos al bloque republicano antes que al bloque monárquico pero, repetimos, sólo es una suposición ajena a nuestra labor cotidiana. Es decir: quien participara en esa polémica, habría de hacerlo a título personal.

Una vez aclarado este detalle, La Comuna discrepa radicalmente de Falcón. Por varias razones:

– Es Falcón quien banaliza al franquismo pues lo da por finiquitado en 1975. Las dictaduras “dictablandas” –como la de Primo de Rivera-, suelen terminar cuando muere el espadón de turno pero la dictadura esclavista no se termina con la muerte del dictador. En el caso español, evolucionó hacia el neofranquismo disfrazándose de monarquía parlamentaria. Por tanto, desconocer la existencia del neofranquismo es peor que banalizar al franquismo: es apoyar a los neofranquistas.

– Es Falcón quien banaliza al antifranquismo cuando se erige en representante única de “las veinticinco mil personas que estábamos en libertad provisional el 20 de noviembre de 1975, y los miles que seguían en las prisiones franquistas”. No vamos a polemizar sobre esas cantidades pero sí queremos subrayar que los miembros de La Comuna estábamos repartidos en esas dos categorías. Independientemente de ellas, nuestras posiciones políticas de entonces –y de ahora-, eran variadas en lo secundario y coincidentes en lo sustancial. Negar la existencia del neofranquismo es una posición sustancial y por ello, no nos sentimos representados por Falcón.

– En un orden algo accesorio, discrepamos de Falcón cuando cree que los independentistas son millonarios que monopolizan los medios de información. El más elemental de los minutajes nos muestra todo lo contrario: que la propaganda centralista -o legalista o monárquica, como prefiera Falcón- es abrumadora.

Finalmente, Falcón no cree en la existencia del neofranquismo. Entonces, la preguntaríamos: ¿cómo califica la recentísima condena a dos años y un día de doce raperos? Como abogada, ¿está de acuerdo Falcón en que deben ir a la cárcel porque existe un “riesgo abstracto” -Audiencia Nacional dixit- si permanecen en la calle? Además, Falcón sabe que ese “y un día” no es una propina leguleya sino que obliga a que los 12 jóvenes ingresen inmediatamente en prisión. Si este ejemplo entre otros miles no cambia la opinión de Falcón sobre las dictaduras y sobre la continuidad soterrada o abierta del neofranquismo, entonces es que ella y nosotros/as vivimos en siglos distintos, habitamos países distintos y hablamos idiomas distintos.