Opinion · Verdad Justicia Reparación

Los piropos presentes y los futuros

Por Antonio Pérez, miembro de La Comuna.

En pleno auge de las campañas contra ese primer paso hacia el feminicidio que es el acoso, ha ocurrido un milagro: ¡Alberto Rivera se ha posicionado claramente sobre el piropo callejero! Clara, enérgica y machistamente, pues lo defiende. Claro está que eso fue hace pocos días por lo que, hoy, el Capitán Veleta ha podido cambiar de opinión.

Arrullado bajo el aluvión de requiebros que le dedican todos los medios, es natural que este político defienda el piropo pero debe saber que las lisonjas con las que le bañan son antagónicas a las que sufren las señoras viandantes. Dicho en plata: “Señor Rivera: aunque le parezca increíble, no sólo le piropean a Usted. Sepa que las ternezas que padecen otras personas son agresivas, obscenas y hasta delictuosas”.

Pero seamos meticulosos; Rivera es un enemigo declarado de la rectitud y un adicto al mareo de la perdiz al que le resulta imposible no zigzaguear. Por ello, conviene trascribir literalmente sus palabras: “Si los piropos son para halagar y respetan a todo el mundo, no sé cómo se pueden prohibir, no se me ocurre cómo prohibirlo”. Analicemos las dos partes que componen esta declaración de principios:
a) Si los piropos son para halagar y respetan a todo el mundo. Ningún piropo es halagador sino invasivo y, por ende, ninguno es respetuoso –y menos contra viandantes desconocidas. No quiera Usted repicar y andar en la procesión. Aunque sabemos que tal es su hábito político, déjelo para los medios pero no para la calle y menos contra las mujeres, sean o no sus coach.
b) No sé cómo se pueden prohibir, no se me ocurre cómo prohibirlo. O sea, que si se le ocurriera, ¿los prohibiría? Pues después de varios años de impedir que se expulse del Gobierno a la Banda de Rajoy, debe ser la primera interdicción en la que no ha pensado. Por ello, aunque declare día y noche que no quiere prohibiciones porque es liberal, esta vez le traicionó el subconsciente y dejó ver su verdadera cara, la del feroz neoliberal con ansias por mandar a los tanques a la Diagonal.

Otra perla extraída de la misma entrevista en Onda Cero: se quejó por enésima vez de que “lo queremos regular todo”. En nuestra traducción, Rivera quiere decir que, por ejemplo, los convenios laborales no deben regularse sino que deben confiarse a las pezuñas de las grandes empresas –adiós al Estado del Bienestar y a los cuatro convenios indefinidos que sobreviven en este país.
Los políticos prefabricados -como el urbanita maximus- no tienen ideas propias sino mecenas y asesores. Entonces, me pregunto: ¿quién habrá aconsejado a Rivera que se metiera en semejante jardín? Nunca lo sabremos pero, como la especulación es libre, sigo mi lógica burocrática y me pregunto por los antecedentes. Y no encuentro ninguno más bochornoso que aquel grito de miles de ancianas prematuras en pleno ataque de nervios: “Felipe, capullo / queremos un hijo tuyo”. Por lo tanto y dada la gran amistad que les une, no me extrañaría que hubiera sido el hiper-piropeado Gonzalex quien haya asesorado en esta tesitura a su hijo putativo.

Ahora bien, sin salirnos de la misma entrevista radiofónica, ¿por qué la habrá aprovechado don Alberto para manifestar sus dudas sobre la campaña anti-piropo recientemente lanzada por la Junta de Andalucía? Olvidemos por un instante lo incongruente que resulta atacar a una Junta en la que co-gobierna Ciudadanos y olvidemos la posibilidad de que Rivera haya tomado al pie de la letra algún chascarrillo de Gonzalex. Sólo nos queda la obsesión del Capitán Veleta de morder la mano que le da de comer; si mordisquea la de Rajoy, ¿por qué no habría de hacerlo con una pieza menor como es Andalucía?

Un líder universal como el que constantemente contempla –vestido o desnudo- en el espejo, sabe que la única mano que no debe morder es aquella que se esconda tras guantelete de hierro. Lo sabe desde que saltó al gran público financiado por el capital semilla que le puso in illo tempore el connotado negociante de armas Declan Ganley. De ahí que haya sido presentado en la alta suciedad por el civil más militar que conoce la Patria: Eduardo Serra, paradigma de resiliencia –en castizo, chaqueterismo. Aquel que fue altísimo cargo de Defensa con Calvo Sotelo, Gonzalex y Aznar. Aquel que, en pleno Aznarato, desde su Fundación Everis y con la firma del Ibex 35 y de ‘expertos’ como Eduardo Punset, proclamaba en 2010 que la Marca España iba a conquistar el planeta porque estábamos consolidando el Estado de Bienestar.
Claro que ese “estábamos” no es el plural común a los españoles sino el plural mayestático de los neoliberales. Y reza así: “Nos, que ya tenemos controlado el dinero público más abundante y más opaco –huelga añadir, el de Defensa-, vamos a renovar la política por la vía de incrementar nuestro bienestar. Se acabaron esas corruptelas que aparecen en los medios y que realmente son calderilla. Nos, implantaremos la Gran Corrupción, la de los negocios colosales, la que se legaliza en el Congreso dictada por los Bancos y las multinacionales. La millonada regalada a la Banca se va a quedar pequeña. Siguiendo el ejemplo de Noos, Nos estimularemos negocios que nada arriesgarán porque, si los promotores meten la mano en la caja antes de tiempo, de todas maneras serán indemnizados -evidentemente, abogamos por una seguridad total y absoluta para los empresarios.

Por cierto, ya que no han sabido defenderse, ¡a la mierda los currantes y al horno tanatorio los jubilados! ¿Y la agonizante clase media? Pues que se conforme con sus ridículos sueldos; habiendo multinacionales españolas, no necesitamos arruinar a emprendedores de chichinabo… Ah!, ya que las feminazis están tan alzadas, también las daremos gustirrinín y acabaremos con los piropos. Además, lo haremos mediante una revolución cultural que dejará chiquito al mayo 68: cuando mañana España se tiña de naranjitas, sólo estarán permitidos los piropos a los hombres. De guantelete, of course”.