Opinion · Verdad Justicia Reparación

El torturador, su medalla y la vergüenza. Carta abierta a un (ya casi) exministro del Interior

Por La Comuna, asociación de presxs y represaliadxs del franquismo

Sr. Zoido, quienes le escribimos esta breve misiva somos el grupo de víctimas del torturador González Pacheco, alias Billy el Niño, que ayer asistimos, por invitación del grupo de Unidos Podemos en el Congreso y otros, a la sesión de preguntas al gobierno en la sede parlamentaria.
El diputado Pablo Iglesias le preguntó si pensaba su gobierno retirar la condecoración que dicho torturador recibió de otro presunto criminal franquista, Rodolfo Martín Villa, en 1977.
Usted, en lugar de limitarse a contestar que no había intención de hacer tal cosa por parte de su gobierno, decidió argumentar dicha negativa. En concreto, dijo que no se podía retirar la condecoración porque González Pacheco no había sido condenado por esas supuestas torturas, algunas de las cuales, testimonios directos de personas torturadas por aquel, leyó el propio Iglesias en la réplica.
El argumento no podría haber sido más cínico: usted sabe perfectamente que esas torturas, así como otros crímenes de lesa humanidad, han sido denunciadas por sus víctimas, tanto en el juzgado nº 1 de Buenos Aires, en 2010, como, más recientemente, en diferentes juzgados españoles. Y es precisamente su gobierno, bien directamente, bien a través de la Fiscalía General del Estado, quienes han impedido la tramitación de todas esas denuncias.
Sabe también que un amplio repertorio de organismos e informes internacionales han exigido al Estado español que aplique los principios de verdad, justicia y reparación a los crímenes de lesa humanidad cometidos por el franquismo, que no prescriben ni pueden amnistiarse.
En otras palabras, ustedes amparan al torturador y son, por lo tanto, cómplices pasivos de sus crímenes, y al hacerlo pretenden crear una fraudulenta coartada para su impunidad. Y, ya puestos, se burlan descaradamente de las víctimas.
Eso con independencia de que, siendo la condecoración, o su retirada, una decisión política, los argumentos jurídicos o penales serían en todo caso secundarios.
La otra justificación que ha esgrimido es la falta de una petición formal para la retirada de la condecoración. En este caso añade la mentira a la burla: ni se necesita ninguna petición formal de terceros para un acto discrecional del gobierno como es este, ni es cierto que no se haya solicitado: la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) lo ha hecho oficialmente el 10 de mayo.
Sr. Zoido, sus aspavientos ayer cuando rechazaba cualquier connivencia con los torturadores no nos impresionan. Usted y su gobierno han demostrado cuán hipócrita y oportunista es su apego a los derechos humanos. Golpes de pecho y proclamas encendidas hacia las víctimas del terrorismo; indiferencia cuando no desprecio hacia las víctimas del franquismo y de la extrema derecha; para ustedes, los derechos humanos tienen color político e ideológico, y más aún, son fuente de réditos electorales.
Usted y otros compinches de ese ya exgobierno nos habían avergonzado no hace mucho cantando a pecho henchido (solo les faltó despechugarse un poco) el himno de la Legión, una imagen en perfecta sintonía con la ideología oscurantista y represiva que han imprimido en estos años de legislatura, criminalizando toda forma de protesta y disidencia, abusando de figuras penales como la apología del terrorismo, rebelión, sedición o los delitos de odio.
La involución en materia de libertades ha hecho revivir situaciones que creíamos enterradas como la de presos y presas, exiliados y exiliadas políticas, amenazadas con peticiones de condena absolutamente desmedidas que, en algunos casos, ya han sido cuestionadas por instancias judiciales europeas. Y es que ustedes han manipulado e instrumentalizado a unas fuerzas del orden y una judicatura heredadas, sin apenas retoques cosméticos, de la dictadura.
La que esperamos sea su última aparición pública ha sido un chorro de vinagre sobre nuestras heridas nunca curadas ni reconocidas, una exhibición de insensibilidad democrática y humanitaria, un despliegue de prepotencia e hipocresía.
Pero la lucha contra la impunidad de los crímenes franquistas en la que nos encontramos comprometidos no acaba aquí; es por el contrario una marea imparable que crecerá y se llevará por delante todas las falsedades y artimañas que ustedes han creado.

Usted, Sr. Zoido, representa el vergonzoso apoyo a la tortura en el parlamento. A nosotros nos queda la esperanza de que, ahora sí, la hora del valor, la verad, la dignidad y la memoria suene por fin en el reloj de la justicia de nuestro país.