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Consenso y democracia

02 nov 2009
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Desde el PP y sus medios afines se escucha con frecuencia la afirmación de que Zapatero ha enterrado uno de los principales legados de la Transición: la práctica del “consenso”. Esas críticas suelen arreciar en presencia de ciertas iniciativas de peso político y moral como la Ley de la Memoria Histórica o la reforma de la Ley del Aborto. El reciente fallecimiento del ex jefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo sirvió de pretexto a más de un analista para contraponer el espíritu supuestamente idílico de la Transición con el clima actual de confrontación civil que promueve, según ellos, el presidente del Gobierno.

La Transición fue un proceso singular para un momento excepcional, y, por lo tanto, por mucho que disguste a los nostálgicos, su vigencia ha periclitado. Evidentemente, el escenario ideal para cualquier sociedad es que cada iniciativa goce del apoyo político pleno. Cuando ello no es posible, la democracia otorga el poder decisorio a la mayoría parlamentaria. Esa mayoría la puede ostentar un solo partido o ser conseguida mediante diversas combinaciones aritméticas. Son obviedades, pero nunca sobra recordarlas a quienes parecen temer la consolidación de la democracia y lloran como troyanas por las épocas del “consenso”.

José María Aznar no apeló al consenso para adoptar la mayor parte de sus medidas; el caso más paradigmático fue la guerra ilegal de Irak. En realidad, la derecha invoca el espíritu de la Transición según las circunstancias, cuando se ponen en marcha iniciativas que chocan contra sus intereses o sus principios morales. Durante la actual crisis económica, para evitar derivas por ellos indeseadas, los analistas conservadores no han cesado de exigir a Zapatero un “gran pacto” con el PP. Hasta hace bien poco le ponían como ejemplo el acuerdo de gobierno de democristianos y socialdemócratas en Alemania. Pero resulta que, tras los últimos comicios, Angela Merkel se ha aliado con los liberales, por lo que ya no vale la cantinela sobre la ejemplaridad pactista alemana. En el tema del aborto, los denominados provida se desgañitan exigiendo “consenso”, cuando no aceptan otra realidad que la abolición del aborto.

La democracia se basa en el principio de que la mayoría decida y que la minoría esté protegida. Así de sencillo. La reforma de la ley del aborto no vulnerará los derechos de la minoría, por la simple razón de que no obligará a nadie a interrumpir su embarazo: se tratará, como hoy, de una opción personal.