Al margen de achacar todos los males de la economía a Zapatero y los sindicatos, los empresarios agrupados en la patronal CEOE harían bien en abrir una reflexión sobre la persona que los representa. Según revela hoy Público, el Ministerio de Economía ha abierto una investigación a Díaz Ferrán por irregularidades en la compañía aseguradora Seguros Mercurio. De confirmarse las infracciones, el empresario, que ya fue objeto de medidas especiales de control hace cinco años por motivos semejantes, podría ser inhabilitado durante 10 años para operar en el sector.
El presidente de la CEOE tiene también problemas con su aerolínea Air Comet y es más que probable que recurra a ayudas oficiales para tapar los agujeros. Curioso liberal este, que, cuando llega la crisis, reclama “paréntesis” en la economía de mercado. Curioso interlocutor social de supuesta imparcialidad que califica de “cojonuda” a Esperanza Aguirre y le suelta dinero a la fundación que financia sus campañas electorales.
Ahora, por supuesto, sus amigos del PP y los medios afines denunciarán que es objeto de una cacería por parte del Gobierno. Como con el caso Gürtel. Son los mismos, por cierto, que exigen abaratar el despido y que infaman sin tregua a los sindicatos.
Mariano Rajoy lleva seis meses sin comparecer ante la prensa en la sede nacional del PP. Ayer lo hizo para hablar monográficamente sobre el caso Gürtel, y el resultado fue una exhibición de falta de vergüenza y un insulto a los ciudadanos, incluyendo a los 700.000 militantes de su propio partido. El líder conservador justificó el sacrificio del secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, con el argumento de que el “nivel de exigencia” de un político de su rango debe ser elevado, pero no aplicó la misma doctrina al presidente de la Comunidad y jefe de Costa, Francisco Camps, que decía querer “un huevo” a El Bigotes y lo llamaba “amiguito del alma”. Por el contrario, en una delirante huida hacia adelante, Rajoy ató su destino político al de Camps, a quien expresó su confianza hasta el punto de garantizarle la continuidad como líder de los populares valencianos y postularlo como candidato a las próximas elecciones autonómicas.
Tras presentar la red Gürtel como la de unos chorizos que se aprovechaban de contactos personales, y no institucionales, en el PP, Rajoy llegó al apogeo del cinismo al anunciar un “código de buenas prácticas” para “reforzar la transparencia” de la gestión del partido.
En todo este muladar de corrupción que salpica a varias comunidades gobernadas por el PP y al propio ex tesorero nacional Luis Bárcenas, el único asomo de dignidad lo ha aportado, paradójicamente, el inmolado Costa, que hace unos días afirmó sentir “vergüenza” por las informaciones que aparecían sobre sus andanzas. Vergüenza: es lo que hoy falta en las altas instancias del PP.
La historia parece sacada del caciquismo más rancio de la España del siglo XIX. Medio centenar de personas (en este caso inmigrantes latinoamericanos) reciben en Castellón la promesa de un trabajo en la cosecha del ajo en Albacete y Murcia. Dos días antes de la supuesta firma del contrato les pusieron como condición que participaran en un mitin del PP en Valencia. Bajo tal coerción intervinieron en aquel acto memorable del 2 de junio en que Rajoy se deshizo en elogios al imputado presidente valenciano, Francisco Camps, y le transmitió que siempre estaría con él “adelante, atrás o a su lado”. Después de soportar estoicamente semejantes confesiones públicas de lealtad, los inmigrantes –que con sus familiares sumaban un centenar– no recibieron finalmente el empleo prometido: un intermediario les dijo que el trabajo era preferentemente para españoles.Desprecio por la democracia, desprecio por los seres humanos, desprecio por los inmigrantes… Todos los elementos se suman en esta historia que tiene lugar –oh, casualidad– en Castellón, la provincia gobernada por el pluri-imputado Carlos Fabra.El PP está en la obligación de aclarar este incidente, que no es, ni mucho menos, un hecho asilado. Según diversos testigos, personas vinculadas al PP contactaron con algunas asociaciones de inmigrantes para “aconsejarles” asistir al mitin.Por lo visto, los conservadores son muy beligerantes contra la entrada de inmigrantes en España; pero, una vezadentro, les interesa tenerlos como extras en sus actos públicos.
La esperada intervención de Obama ante el mundo musulmán no defraudó. Con un discurso emotivo en la forma y firme en el fondo, el presidente de EEUU abogó por un nuevo marco de relación basado en la tolerancia y en la superación de los tres mayores focos de tensión: el terrorismo, el conflicto israelo-palestino y las ambiciones nucleares.
Obama se esforzó por lograr un difícil equilibrio: exaltó los valores musulmanes, criticó la política de asentamientos de Israel y la “humillación” de los palestinos en los territorios ocupados, citó sin rodeos a Palestina cuando sus antecesores solían hablar del “futuro Estado palestino”, admitió que EEUU había actuado contra sus propios ideales en Irak y Guantánamo… Pero al mismo tiempo reafirmó el lazo “inquebrantable” con
Israel y reclamó a los países musulmanes que reconozcan de manera activa y abierta la existencia del Estado judío. Respecto a las armas nucleares, dijo comprender que ciertos países vean injusto que otros tengan armas atómicas y se comprometió a avanzar hacia un mundo libre de arsenales nucleares; pero avisó a Irán de que, mientras llega ese tiempo idílico, se opondrá a sus ambiciones nuclares con fines militares.
En suma, un discurso suave y a la vez contundente, que entierra la doctrina de Bush de rediseñar el mundo árabe-musulmán con el pretexto de “democratizarlo”. Obama apuesta por la no injerencia y por la aceptación recíproca de los sistemas de gobierno (aunque recomendó gobiernos que den “libertad para vivir como uno decida”). Lo que está ahora por ver es cómo se traduce la retórica en los hechos. Entre otras cosas, si Obama tiene el poder y la voluntad real para superar el conflicto derivado de la ocupación israelí de Palestina.
Su actividad no se ciñó a financiar las campañas electorales de 2003, que llevaron a Esperanza Aguirre al poder. Fundescam, la opaca fundación del PP madrileño, recibió importantes donativos en vísperas de las elecciones generales del 2004, que Mariano Rajoy perdió ante el socialista Zapatero, según revela hoy Público. Entre los donantes, además del presidente de CEOE, figura la compañía Iberia, que previamente había sido privatizada por el Gobierno de Aznar.La Junta Electoral Central, a la que ha recurrido el PSOE para que aclare el caso, debe actuar con celeridad y el máximo rigor, porque lo que está en juego es, nada más y nada menos, la credibilidad del sistema democrático. No estaría de más que la Fiscalía indagara de oficio por si de las actuaciones de Fundescam se derivasen hechos delictivos. ¿Y el PP? Ha reaccionado como de costumbre: pasando al contraataque. Querellándose contra el líder socialista madrileño por dar a las revelaciones de este diario la importancia que merecen. Son así.
El jefe de CEOE nunca ha ocultado sus inclinaciones políticas. Sin embargo, un micrófono inoportuno las aireó con una nitidez que ni él mismo se hubiera atrevido a expresar en público: la crisis es culpa de “los años de Zapatero” y Esperanza Aguirre es “cojonuda”. En realidad, el cojonudo es él, Díaz Ferrán: el líder de la patronal figura como el mayor donante de Fundescam, la fundación del PP madrileño que en 2003 financió las campañas del tamayazo, según desvela hoy Público. Resulta llamativo que varias facturas de aquellas campañas que llevaron a Aguirre al poder se pagasen a Special Events, empresa que se encuentra en el núcleo del caso Gürtel.Díaz Ferrán aportó en total 246.000 euros cuando ya era beneficiario de varios contratos públicos, lo que contraviene la ley de financiación de partidos. Una de esos contratos fue la compra, por un dólar, de Aerolíneas Argentinas, privatizada por Aznar y que a continuación recibió 300 millones de dólares de los contribuyentes para sanear su deuda.Tras las revelaciones de este diario, la Fiscalía está en la obligación de investigar las actividades de Fundescam, cuyos ingresos y gastos son, cuanto menos, opacos e irregulares. También deberían explicarse los empresarios que hicieron donativos al chiringuito conservador. Empezando por Díaz Ferrán, ese sedicente liberal que pide abaratar el despido de los trabajadores mientras aprueba una indemnización de 1,9 millones de euros al ex número dos de CEOE tras quitárselo de encima. La patronal haría bien en reflexionar si está bien representada.
El debate sobre el estado de la nación constituye el acontecimiento político más importante del año. Esta nueva edición tiene la trascendencia añadida de que coincide con la peor crisis económica en la historia reciente de España. Si el anterior debate (el de 2007, pues el del 2008 no se celebró) tuvo como eje la política antiterrorista, no cabe la menor duda de que la economía será esta vez el tema estrella.Para conjurar las acusaciones de inactividad, Zapatero prevé anunciar medidas de corte social y arrojar señales sobre el modelo económico que quiere para España, una vez demostrado el fracaso de la cultura del ladrillo. Aunque el déficit y la deuda pública han aumentado de manera notable (menos, en todo caso, que en EEUU, Francia o Reino Unido), Zapatero sabe que aún tiene margen para no ceder a las voces que urgen recortes del gasto social y reformas del mercado laboral.Zapatero ha ganado a Rajoy los anteriores debates y no sorprendería que esta vez también lo derrotara, en vista de la pobre actuación del líder del PP. Pero el verdadero reto del presidente no es tanto doblegar al rival, sino convencer a la desconcertada opinión pública de que hay un capitán al mando de la nave. Algunos vaticinios económicos (BCE, Banco de España) invitan al optimismo. Pero, hoy, la crisis aprieta y el paro asfixia.
No son buenos tiempos para el Gobierno. Los datos siguen siendo muy preocupantes; sin embargo, algunos indicadores apuntan a que la economía comienza a encontrar frenos en su hasta ahora libre caída. Quizá esa circunstancia esté influyendo en el estado de ánimo de los ciudadanos. El último Publiscopio refleja una leve mejora en la percepción de los grandes asuntos sociales y de la gestión del Gobierno. Los encuestados castigan la actuación del Ejecutivo ante la crisis, pero incluso en este apartado aumenta el porcentaje de quienes creen que el Gobierno lo está haciendo “bien o muy bien”, y baja el de los descontentos.Un dato llamativo lo constituye la alta valoración de la política antiterrorista: sin duda, en su puntuación ha jugado un papel el hecho de que en los días de realización de la encuesta se produjo la detención del número uno de ETA en el sur de Francia.Zapatero no tiene un horizonte apacible, sobre todo si se considera que el paro irá en ascenso en los próximos meses. La valoración de la gestión del Gobierno mejora una décima respecto a marzo, pero sigue siendo un suspenso de 4,5. Sin embargo, empiezan a soplar algunas corrientes de brisa favorables. Y, sobre todo, el PP sigue sin levantar cabeza pese a las exhibiciones públicas de unidad. El principal partido de la oposición recibe una nota de 3,7. Sus propios simpatizantes le puntúan más bajo de lo que lo hacen los simpatizantes socialistas con el Gobierno. Zapatero tiene, en ese sentido, una fuente de tranquilidad, a la espera de que arrojen frutos las iniciativas gubernamentales de estímulo a la economía o de que, simplemente, la economía mundial salga de su atolladero y arrastre a la española.
Señalan diversos indicadores que la fase más grave de la crisis está concluyendo. Por lo visto, la economía ya no está en caída libre, sino que comienzan a aparecer signos de amortiguamiento. La noticia es positiva, pero tampoco hay que cantar victoria: la crisis aún no ha tocado fondo y nadie sabe con certeza qué sucederá cuando finalmente lo haga.El tiempo juega especialmente en contra de España, por la vulnerabilidad de su mercado laboral: el índice de desempleo está en niveles inquietantes. En este escenario, Zapatero mantiene su esperanza en que los planes de inversión pública, las líneas de apoyo a las pymes y la inyección de liquidez a la banca estimulen la economía y se sigue oponiendo con firmeza a las voces que reclaman una reforma del mercado laboral y una rebaja deimpuestos.Por supuesto que el déficit irá en ascenso, pero el presidente está demostrando con sus actos que la economía también es ideología. Aunque ayer el secretario general de CCOO insinuó la posibilidad de movilizaciones, lo cierto es que la mayor actividad contra la política del Gobierno procede desde el PP y desde el Banco de España, cuyo gobernador, aupado por Zapatero, mantiene unas posiciones ortodoxas que no encajan en la visión económica y social de Gobierno.
Habrá que esperar meses –hay quienes dicen que dos o tres años– para evaluar los efectos de las medidas anunciadas ayer por el G-20. Por el momento, una lectura de urgencia a la cumbre de Londres permite extraer algunas conclusiones importantes. La primera es que el encuentro ha tenido más contenido de lo que muchos esperaban. La decisión de inyectar un billón de dólares a la economía mundial, incluyendo un paquete de 100.000 millones a las economías menos desarrolladas, sumada a la voluntad de ejercer un mayor control sobre el engranaje financiero internacional y los paraísos fiscales constituyen anuncios a los que no se puede negar trascendencia.
Se trata, claramente, de medidas que pretenden sanear y preservar el capitalismo. En ese sentido, los partidarios de un cambio radical de modelo tienen motivos de decepción. Sin embargo, cabe al menos confiar en que el neoliberalismo salvaje, que se entronizó a comienzos de los ochenta con Thatcher y Reagan, quede enterrado para siempre.
Se abren ahora numerosas incógnitas. Una fundamental consiste en aclarar bajo qué condiciones el FMI, organismo con una reputación bajo mínimos, ejercerá su papel de socorrista de la economía mundial. Otro interrogante, vista la falta de voluntad de erradicar los paraísos fiscales, se refiere a cómo se articulará su control.
Ya en clave doméstica, el PP tendrá que admitir que el esfuerzo diplomático de Zapatero para estar en la cumbre mereció la pena, con independencia de si se comparten o no los resultados del encuentro. El presidente español trabajó para la aproximación de posturas de EEUU y el eje franco-alemán, lo que contribuyó a que hubiera acuerdo. Ahora sólo queda esperar su desarrollo.