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Vía Límite

Músicas, artes, pasatiempos y otros aspectos de vida contemporáneos

Sinestesia (en la era digital)

30 Oct 2007
11:42 
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Bueno, uno procura ser discreto y le parece regular la autopromoción. Por otra parte, quizás sea de interés para los lectores de este blog lo que va a tener lugar estos días en La Casa Encendida y que ha montado un servidor.

Os dejo el link para que juzgueis por vosotros mismos.

Sinestesia (en la era digital) 

La calle, el graffiti, la huida, la subasta.

26 Oct 2007
00:39 
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Banksy, uno de los graffitistas o grafiteros (o como cada tribu y edad guste) más famosos del mundo, logró vender esta semana y en subasta varias de sus obras por un valor de 785.000 Euros, que no está nada mal. Las piezas eran 10 pinturas originales realizadas mediante spray sobre plantilla y un grabado de billetes de 10 Libras en los cuales el rostro de Isabel II se había cambiado por el de Diana de Gales (34.500 Euros).

En sí, esto no sería nada demasiado extraordinario si no fuera por la personalidad de Banksy, por su filosofía y por sus métodos de trabajo. Banksy parece llamarse en realidad Robert Banks, tiene unos 30 años, nació en Bristol y vive en Londres. Tampoco nada especial. Pero desde principios del milenio sus trabajos, sátiras descaradamente figurativas y acciones ingeniosísimas, alegró de forma inteligente los vaivenes cotidianos de los londinenses y asimilados. Banksy tiene mala leche y mucho ingenio, aunque algún crítico asegure que es “arte para idiotas”.

Lo interesante de esta subasta en la casa Bonhams es que Banksy jamás ha expuesto en una galería. Su lienzo siguen siendo las paredes. Allí desarrolló su técnica de plantillas, cuando, escondido de la policía en Notting Hill, le dio por pensar que la técnica multicolor y de mano libre, dominante desde los albores del género, era arriesgada y frustrante. Banksy no necesita demasiado sprays diferentes, que lo suyo es el negro y el blanco, algo muy neto en la ciudad multicolor. Sin embargo, sus plantillas pueden resultar de lo más complejo y de lo más incriminatorio. Contradicciones de artista.

La única actividad de Banksy en los templos del arte ha sido hasta el momento tomarles el pelo, colgando en diferentes museos parodias de pinturas clásicas modificadas por el mismo o dejando pinturas propias de ratas entre amenazantes y tiernas.

Su estrategia comercial está clara. Tanto en Hollywood como en Londres, Banksy montó el año pasado sendas subastas, llegando a vender una pieza a 40.000 Euros con presencia de gente de lo más espectacular, como Angelina Jolie, Brad Pitt o Kate Moss.

Si Banksy hace una exposición, hace Barely Legal (2006, Los Angeles), focalizada en la pobreza y en la injusticia globales y donde la presencia de una elefante india pintada de rojo y oro dio la nota escandalosa necesaria.

Una muestra de su inteligencia es como ha subvertido los marcos aceptados como inexorables en la comunicación. En la era de la visibilidad total, Banksy permanece en el anonimato más absoluto (incluso lo de Robert Banks es una suposición). Esta no aparición invierte esos términos aceptados: hacerse invisible para ser visible.

Por otra parte, este héroe de la gran ciudad recibiría de inmediato la visita de los mismos policías que caricaturiza si se dedicara a aparecer en ruedas de prensa o sobre alfombras rojas. De hecho, el miércoles también se supo que el barrio londinense de Tower Hamlets va a hacer desparecer sus pinturas, que califica, como cualquier otro graffiti, de vandalismo. Es el único barrio que se ha decidido a ello, pero denota el filo sobre el que evoluciona este hombre.

¿Afecta ese filo a lo ético? Los gritos de “¡vendido!” y “¡traidor!” menudean desde hace tiempo por la red, pero lo mejor que he leído es un comentario en Flickr.com por “Antiresonance”: “En tanto Banksy mantenga una buena proporción de su arte accesible a todos por medio de la calle, no creo que su ética haya de sufrir”. El espacio vital, la calle. Allí donde merece la pena actuar.

Léeme

25 Oct 2007
00:23 
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Este es un blog de lo más serio, pero me he reido demasiado como para no compartir esto:

http://blogs.20minutos.es/desternillablog/post/2007/10/24/con-naamero-1-espejo-regalo

Gracias a Maria del Pilar Hinojosa y Jacinto Tembleque. Dos cracks.

Añadido: Cuenta CO2 en un comentario que el autor es Ernesto Rodera. Vaya el crédito para el.

Una bella pareja, arte y escándalo

19 Oct 2007
21:33 
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                                  Myra Hindley por Marcus Harvey

Hoy en día las artes visuales se encuentran en una encrucijada, como también la música, la literatura o incluso el teatro y la arquitectura. Y en esta duda existencial se están produciendo obras que en algunos casos son verdaderas chorradas y en algún otro atentados contra la más elemental decencia humana.

En nuestro país hay dos personalidades bien conocidas que denuncian a la que pueden los excesos, ciertos o aparentes, del momento: el profesor y crítico de arte Fernando Castro y la periodista Rosa Montero.

Hace bien poco, ambos la han emprendido contra una instalación del nicaragüense Guillermo Habacuc en Bienarte, la bienal de Costa Rica, donde dejó morir de inanición a un perro. Habacuc ha sido seleccionado para acudir a la Bienal Centroamericana Honduras 2008. No consta que se vaya a repetir la acción del perro.

Rosa Montero, amante de los animales, aborda el tema desde este aspecto y llama a firmar una solicitud para que se prohíba la presencia de Habacuc con esa obra (www.petitiononline.com/13031953/). De paso, Montero la emprende contra los críticos por no denunciar este tipo de cosas. El artículo en sí resbala hacia lo (más) tremendista cuando escribe: “¿Les parecerá creativo matar de hambre a un perro? Y entonces, ¿por qué no hacer arte de atormentar a un niño, por ejemplo?” En fin.

Lo que hace un crítico informado como Fernando Castro, es bajar al ruedo y tomar al toro por los cuernos. Los de la creciente espectacularización del arte, fenómeno de fondo sobre el que navegan gentes como Habacuc. Desde hace un tiempo, Castro ha llevado este tipo de temas a la apertura de Cultura de ABC, situándolos en el marco periodístico-sensacional que les corresponde. En estos artículos Castro no se para en lo moral o inmoral de la muerte del perro, que eso pueden decidirlo los tribunales, sino en lo estúpido, oportunista y en el fondo patético de obras de arte de este tipo.

En términos sociales, es normal situarse contra las barbaridades y Rosa Montero está en su derecho de indignarse. Desbarra, eso sí, cuando la emprende contra la crítica. Los críticos, como ciudadanos, firmarán o no la carta de protesta, pero como profesionales aportan criterios sobre los motivos, el contexto o la realización de una obra. Sabiendo que esas obras buscan el escándalo, porque el escándalo es lo único que lleva al arte a las primeras páginas de los medios y lo convierte en efectivo, resulta posible denunciarlas y condenarlas en su probable estupidez específica, lo que esta haciendo Fernando Castro. Esto es mucho más interesante aunque, darle cuartelillo a estas acciones ¿no implica hacerles el juego? Es un antiguo dilema, muy lejos de estar resuelto.

¡Muera el arte! ¡Viva la denuncia!

12 Oct 2007
13:17 
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Es complicado quitarse de la cabeza el atentado de lesa justicia que se cometió hace ahora siete días contra Jammie Thomas, una norteamericana de 30 años a quien el jurado de un juzgado de Minnesota condenó a pagar 158.000 euros por compartir ¡24 canciones!

Las compañías vencedoras Capitol/EMI, Sony BMG, Arista, Interscope, Warner Bros y UMG estaban exultantes: este caso era el primero en que alguno de los 22.000 ciudadanos denunciados por la RIAA (asociación de la industria del disco) se negaba a pagar, iba a juicio y perdía. ¡Castigo ejemplar!

No es cosa de abundar en lo obsceno de un proceso donde grandes compañías oligopólicas lanzan batallones de abogados de la más alta cuota contra un letrado de barrio alquilado malamente por una mujer en paro. Ni en lo absolutamente desproporcionado de la multa. Es un insulto a la inteligencia y a la sensibilidad.

Más allá de la debacle personal de la señora Thomas y de los brindis de los ejecutivos, asistimos a una de las batallas culturales más delirantes que se recuerdan. Según la misma industria y las entidades de recaudación de derechos, son más de 60 millones de personas las que han delinquido en EEUU, compartiendo archivos musicales o visuales de todo tipo. La mitad de la población.

Siguiendo la lógica aplicada en este caso y el nivel de denuncias existente, llegaríamos a que un porcentaje muy notable de los estadounidenses está bajo la espada de Damocles y puede ser denunciado, amenazado y finalmente expoliado de común acuerdo, si se le ocurre compartir unos cuantos cientos de canciones o algunas películas.

Aquí viene al pelo recordar unas declaraciones recientes de The Sea and Cake, gran grupo de pop originado en Chicago en los noventa y donde todos sus miembros son también artistas visuales: “La situación es rara. Por una parte, si no vendemos discos, es ruinoso producirlos y editarlos. Por otra, somos plenamente conscientes de que quienes comparten nuestras canciones no son otros que quienes compran nuestros discos y vienen a nuestras actuaciones. Sería muy injusto y absurdo salir a escena echándole una bronca al público o amenazándole con denuncias. Así pues, operamos de otra manera: en los CD incluimos varias de nuestras fotos. Es un valor añadido y una forma de agradecimiento”.

No serán los triunfadores del caso Thomas, para quienes el nuevo modelo de negocio musical consiste en la extorsión de sus propios clientes (100 millones de dólares hasta el momento), pero hay quien aún mantiene un mínimo de sensibilidad y cordura. La mayoría, creo yo.

UR, el techno es político

10 Oct 2007
17:29 
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A principios de los años 90, una de las discusiones favoritas en Alemania giraba sobre lo político o apolítico de la entonces emergente música de baile electrónica. Una estudiosa de la cultura pop como Jutta Koether, contraponía “el carácter ilusioriamente afirmativo del techno con el autocuestionamiento permanente del indie (rock)”. Para esta autora. el techno-house era, en su falta de expresión explícita de ideas, un movimiento algo sospechoso.
En esa tesitura estábamos cuando en uno de los primeros super-raves, un Mayday, salieron al escenario Underground Resistance. Y se hizo la luz. UR, compuesto en aquellos momentos por los grandes Robert Hood, Jeff Mills y el impulsor de grupo y sello, Mad Mike, salieron a escena vestidos con monos blancos de obrero y emprendieron un asalto sobre los cuerpos, las sensibilidades y las conciencias como sólo se recordaba en los últimos tiempos en grupo tan explícitamente político como Public Enemy.
En realidad, UR eran mucho más potentes que los Enemy, aunque sólo fuera porque la casi absoluta ausencia de palabras en su música hacía su discurso más universal.
Ética clandestina

¿Y el mensaje? Bueno, eso se resolvía teóricamente hablando de “mensajes codificados” y negando la supremacía de la verbalidad sobre otras formas de comunicación de apariencia menos unívoca. Es decir, UR eran (y son) tremendos y políticos.
Uno de sus primeros manifiestos colectivos fue ‘Electronic Warfare’ (1996), un doble vinilo (al igual que esta versión 2.0 que ahora nos ocupa) en el cual el sello, desde su ética casi clandestina, se lanzaba a un discurso semi-jazzístico, que en aquel momento fue admirado pero que no dejó de provocar cierto estupor.
Esta segunda entrega es mucho más combativa que aquella, como si UR, el sello, el colectivo y la idea, quisieran volver a esos orígenes abiertamente revolucionarios y subversivos que describía al principio.
No es que los hubieran abandonado nunca, pero piezas como I Am UR, Technology Gap, Bastille Day, Kill My Radio Station, Detonate o Kut (UR Heavy Analog Deployment), son no solo un asalto a los sentidos, sino a las conciencias. Desde el punto de vista de la música, hay un poco de todo. Desde unas versión a capella de Kill My Radio Station hasta el beat lanzapistas de Kut, este doble elepé recoge buena parte de los principios y las formas sobre los que UR ha edificado su monumento de credibilidad y respeto.
Jutta Koether, hija al fin y al cabo del punk, podía sentir cierta desconfianza hacia toda situación que se produzca en una pista de baile. Pero UR no es disco, es guerrilla electrónica.

Alta tecnología, baja escucha

05 Oct 2007
19:53 
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                 mzowlpasmuco261.jpg                 Masami Akita Merzbow

Hace pocos días, en un concierto de los grandes Grabba Grabba Tape y los un poco menos amenazantes Margarita (neo-post-punk hispano, más o menos) hablaba con los componentes de los no menos célebres Humbert Humbert sobre su próximo CD, ya finalizado y ahora en fase de masterización (pulido final, para entendernos).La discusión giraba en torno a si tanto esfuerzo en refinar lo que es una grabación de pop tirando a punk electrónico, vale la pena. Porque, lo primero que ha de preguntarse uno es si los oyentes de Humbert Humbert o del último de Oasis van a aprovechar tanta fidelidad.

La realidad es que la música se escucha hoy mayormente desde el formato mp3. Los CD’s quedan para ocasiones relajadas en casa y ya no digamos los vinilos, material solo para profesionales como DJ’s o para los maniacos de la alta-fidelidad.

De por sí el mp3 implica una reducción de la calidad, por mucho que a partir de 192 kHz la cosa suene ya bastante bien. Pero no es solo eso. Son las situaciones en las que se escucha. Y estas son básicamente tres: miniauriculares en lugares públicos, altavoces del coche o dormitorio personal.

Ninguna de las tres es óptima, claro. Las dos primeras se explican a sí mismas, y en la tercera solo planteo un par de preguntas: ¿Cuánta gente tiene una habitación lo suficientemente grande como para colocar de manera adecuada un buen sistema de sonido? Aún más, ¿cuánta escucha música con los altavoces del PC o del portátil? En fin que no escuchamos en alta fidelidad sino más bien en fidelidad reducida.

Lo mismo vale para la imagen. Mientras la industria se esfuerza en vendernos la televisión de alta resolución, el pueblo llano comienza a ver películas en artefactos tipo Ipod o en sus agendas electrónicas. ¿Para qué entonces la alta resolución?

No esta la primera vez que sucede este tipo de fenómeno. Los fabricantes de amplificadores cuentan como a finales de los sesenta, prácticamente habían logrado eliminar los acoples con las guitarras eléctricas. Solo para comprobar aterrados que Pete Townshend, Jimi Hendrix o Carlos Santana, basaban su guitarreo precisamente en ese efecto.

En este momento no sabría valorar del todo las consecuencias de lo descrito. Las paradojas nunca son fáciles de interpretar. Solo hay algo cierto, mientras la tecnología busca lo máximo, el consumo tiende a lo mínimo. Ahí debe haber alguna razón oculta.

Lo blando y lo duro

02 Oct 2007
00:27 
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Regresar a una redacción tiene su cosas. Depende mucho de los compañeros, claro, y esta vez ha habido suerte. Hay también persistencias curiosas y una es escuchar como en un diario sigue hablándose coloquialmente de secciones “duras” y “blandas”. Las primeras serían Política, Internacional, Economía, Sociedad… Las segundas Ciencias y, sobre todo, Culturas, más blanda que un pecho de silicona.

Hay cierta razón en esto, me parece a mí. Si dimite la directora del Reina Sofía, le importa a cuatro, francamente. Pero si lo hacen sus equivalentes en otras áreas (un portavoz parlamentario, el presidente de un gran banco, p.e.), tiembla el misterio.

Lo mismo con los sucesos. Como no arda el Palau, lo más que podemos contar son unas goteras en el Prado. Nada comparable a los litros de sangre que inundan cualquier día las redacciones y nos siguen conmoviendo.

Siendo esto así, puede seguirse el razonamiento y concluir que, en su blandura, la ciencia y la cultura son algo amable. Sin embargo, esto resulta algo paradójico si tenemos en cuenta que tanto la gran ciencia como la gran cultura de nuestro tiempo se dedican sobre todo a anunciar/denunciar los peligros que nos esperan o nos acechan. Dibujando escenas de lo menos amable.

Aquí surge la dicotomía entre Cultura y Entretenimiento, la una seria, profunda y un poco pesada y lo otro ligero, superficial y divertido. Es una especie de axioma que olvida como Bélgica ganó su independencia a causa de una manifestación formada tras la representación de una ópera nacionalista, que una comedia de Billy Wilder puede plantear temas tan serios como un drama de Arthur Miller o un concierto de Public Enemy tantas soflamas políticas como un mitín electoral.

Hay cultura más entretenida y cultura más sesuda. Pero la mayor parte, más aún en la era pop, es pura mezcla.

En fin, que al final no tengo nada claro lo apropiado del blando-duro, incluso aceptando su arraigo social. Y es que, si nos ponemos en ello, el líquido veneno de la cobra es tan letal como la guitarra de Woody Guthrie, aquella “máquina de matar fascistas”.