Publicidad

Vía Límite

Músicas, artes, pasatiempos y otros aspectos de vida contemporáneos

Cosas del 2007

28 Dic 2007
15:35 
Compartir: facebook twitter meneame delicious

¿Repaso del año?  Aparte de Público, de suma importancia para quienes hacemos estas Culturas (y esperamos que de alguna para quienes lo leen), puede que las dos noticias más trascendentes en el solar patrio vengan de la misma fuente, el gobierno de la nación. Una es buena y la otra nefanda. Una casi desconocida por la gente y la otra reprobada por la inmensa mayoría del personal. Por un lado la elección del nuevo director del Reina Sofía, primera realizada en España con criterios no digitales, y por otro la imposición del canon, de suyo muy digital.

 

¿Cómo es posible que el mismo ministerio pueda dar muestras de un espíritu democrático y contemporáneo delegando en expertos un nombramiento como el Manuel Borja Villel y garantizando su libertad de acción,  para luego hacer oídos sordos al 90% del pueblo que no desea una tasa publica gestionada de manera privada por la SGAE? ¿Misterios de la política? No. Por un lado, en el ministerio corren vientos racionales e informados, por otro, en el gobierno se creen más en deuda y tienen más temor a unos cuantos creadores montados que respeto al público miserere que le votó un 14 de Marzo. Ya se verá si esos dos millones de abstencionistas vocacionales vuelven a acercarse por las urnas. Cosas como esta influyen.

 

En otro orden de cosas el año ha sido curioso. En casi todas las áreas, mucho de lo hasta hace nada puro underground, se ha situado en un nuevo plano que, sin llegar a lo elefantiásico-grotesco, se dirige a unas minorías muy pobladas. En España tenemos a Max hecho un Premio Nacional, a Angélica Lidell en el Centro Dramático Nacional, a Bigalondo saltando de festival en festival, a Humbert Humbert ganando adeptos, a Joaquín Reyes & Co. vacilando en un canal de número… Fuera de aquí sucede un poco lo mismo.

 

Esto es significativo. Quizás se haya consolidado un nuevo segmento en los distintos niveles donde se desarrolla la cultura/entretenimiento. Tenemos la actualmente disparada espectacularización del evento “masivo”, capaz de homogenizar entidades tan heterogéneas como Bruce Springsteen, Bisbal o Paul Potts. La reacción del público es casi la misma en todos los casos, condicionada por algún tipo de estupor. Se sigue discutiendo sobre si esto es sano u otra forma de alienación. En cualquier caso, esta muchedumbre es la mayoría conducida a la repetición del mínimo común denominador. Pero ya no está sola.

 

Otros, millones, acuden cada año a conciertos o abarrotan festivales de grupos que por si mismos igual no llenan un polideportivo pero que unidos logran atraer multitudes muy considerables. Por cada concierto de The Police hay un FIB o un Primavera y los conciertos en salas se cuentan por miles.

 

La irrupción de nuevas tecnologías (P2P, información instantánea, creación de comunidades diseminadas, baratura de las herramientas de creación…) ha generado un nuevo circuito, más o menos independiente pero con otros planteamientos y estrategias. Hace años era un sub-mundo insignificante pero hoy  ha demostrado potencia suficiente como para sobrevivir en sus propios términos económicos y creativos. A veces la Academia los reconoce y los grandes toman nota. Pero no es necesario. Se juega en otro lugar. Fácil de encontrar.

Feliz 2008.

El canon no es de izquierdas

21 Dic 2007
10:43 
Compartir: facebook twitter meneame delicious

No nos libramos del canon. Unas fuerzas políticas apocadas y más dispuestas a escuchar los intereses corporativos de unas multinacionales y unos cuantos artistas famosos que a la razón y al pueblo llano, han reinstaurado lo que no deja de ser un atentado contra las más básicas reglas de la convivencia.
Impresiona que solo el PP haya secundado a Iniciativa per Catalunya para la eliminación del susodicho canon. Impresiona porque oponerse al mismo es una postura de izquierdas y no al contrario. Que haya de recordarse esto es patético, pero visto lo visto, debe hacerse.
El canon establece una tasa sobre productos inespecíficos y presupone, sin pruebas, que todas las personas harán un uso determinado de ellos. Mientras una tasa sobre las cassettes era más o menos aceptable, porque las cassettes solo servían para almacenar sonido, gravar móviles, CD’s, DVD’s, discos duros y demás, es absolutamente injusto. ¿Por qué hemos de pagar a las corporaciones por un teléfono móvil que solo usamos para llamar? ¿Es esto de izquierdas?
El canon se gestiona de forma oscura y no se reparte como nos hacen creer. De hecho, no sabemos como se reparte, aunque la historia nos dice que en su conjunto los creadores cobran un porcentaje que no excede el 10 % o el 15%  del total recaudado (el resto va a los gastos propios, a las multinacionales del disco, del cine o de la edición. Eso sí, algunos autores, sedicentes progresistas, se forran. A veces utilizando trucos verdaderamente rastreros. ¿Es esto de izquierdas?
Es más, lo que ya ha cobrado la SGAE por el canon sobre CD’s y DVD’s en estos años, es mucho más de lo que hubiera ingresado si no existiera ningún tipo de piratería y en España se consumiera como en Alemania. Pero quieren más. ¿Es esto de izquierdas?
Por cierto, ¿cómo es posible que al mismo tiempo que se impone un canon sobre la copia privada, se inventen todo tipo de (ilegales) sistemas de protección para que esa copia no pueda realizarse? ¿Es esto de izquierdas?
Y aún tenemos que aguantar que en una carta abierta patrocinada por Víctor Manuel se explicara como esos derechos que disfruta el autor durante toda su vida y se vuelcan sobre su descendencia y las sociedades gestoras ¡hasta 70 años! después, constituyen el “salario” de los trabajadores de la creación. ¿Salario? Eso es lo que tenemos quienes vamos a currar todos los días. No señores, los derechos de autor no son un “salario”, sino una “renta”. Para unos estupenda y para la mayoría inexistente. ¿Es esto de izquierdas?
Resulta lamentable que aquí vaya a pasar como con la mili: que fuera la derecha quien la aboliera. El PSOE o IU han preferido doblegarse ante sectores que les apoyaron en las elecciones antes de atender a quienes entonces les votaron. Corporativismo frente a sentir popular. ¿Es esto de izquierdas? La verdad, no parece.

Premios culturales y puro desmadre

14 Dic 2007
17:18 
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Ni el santo más candoroso puede ignorar un crudo hecho: el desmadre que rodea muchos
de los premios culturales que se entregan en nuestro país. No hablo solo de los grandes y oficiales, que son una historia siempre atormentada (¿Cómo pudo el difunto Juan Soriano recibir un Premio Velázquez?), sino de los cien mil que crecen como setas otoñales a lo ancho y largo de nuestra geografía. Eva Orúe, compañera de columna, ya se ha reído bastante con los literarios, esos premios que todas las redacciones conocemos a mediodía
aunque se entreguen, con aires de suspense, durante una cena.
Hace solo un par de meses comí con dos miembros de un jurado que había de fallar un premio de ayuntamiento bastante conocido en este ámbito de las letras. Según contaban, les habían cotilleado que el ganador designado era X. Ellos, extrañados y mosqueados, llamaron a un tercer jurado y quedaron en que de ninguna manera votarían a X. Teniendo en cuenta que el susodicho jurado estaba compuesto por cinco personas, la cuestión parecía zanjada. No obstante, mire usted, salió X. ¿Qué les sucedió a mis compañeros de mesa? ¿Tortura china? ¿Ofertas irrechazables?
Estos curiosos fenómenos son extensibles a todas las áreas de la cultura y los premios
Max de teatro, los más importantes de España, no son más que una expresión especialmente absurda de falta de rigor y probable pasteleo. Solo un ejemplo: un profesional de teatro gaditano que se haya registrado como votante por Internet (y no es complicado hacerlo), puede votar tranquilamente una obra que solo se ha representado como “evento especial” (p. e. de carácter promocional) en Barcelona. ¿Qué puede salir de semejante planteamiento? Respuesta: unos galardones políticamente adecuados que en unas ocasiones coinciden con el valor artístico y en otras no. Depende de por donde sople el aire. Eso sí, el reglamento indica que los candidatos deben ser miembros de la SGAE, que organiza el evento. ¡Faltaría más!
Dicho esto y para no aburrir con otros casos igual de aberrantes, debo añadir que no todo
es así. Me han convocado como jurado a un buen número de premios de artes visuales
y, en general, han sido experiencias agradables. Los organizadores de los premios se mantenían en una adecuada actitud de apoyo, el jurado operaba con independencia
y aunque todos tenemos nuestras manías, el choque de las mismas produjo resultados con los cuales sigo conforme. Hay muchísimos premios decentes, no vaya a creerse.
La moraleja, sin entrar en lo beneficioso o negativo de su existencia, es que los premios
tienen una influencia socio-cultural importante. Esta es una responsabilidad que no puede eludirse. No vale argumentar que a veces se trata de galardones privados. Cuando algo es público, debe responder ante el público y respetarlo. Así de fácil.

Karlheinz Stockhausen 1928-2007

08 Dic 2007
10:23 
Compartir: facebook twitter meneame delicious

                               stockhausen_1.jpg

Si existen nombres totémicos en la música electrónica, uno de ellos es el de Karlheinz Stockhausen (1928 Kerpen, cerca de Colonia). Este pionero de la nueva música murió ayer en la localidad de Kürten sin que por el momento se conozcan las causas del fallecimiento.

Stockhausen, formado académicamente, renunció de manera muy temprana a la música sinfónica romántica para comenzar a explorar las posibilidades tecnológicas que se habían ido acumulando en la primera mitad del siglo, pero habían sido utilizadas sobre todo en librar dos guerras mundiales. Casi al mismo tiempo que Pierre Henry abría sus laboratorio de sonido en París, Stockhausen lo hacía en Colonia, produciendo ya en 1953 el Estudio Electrónico, probablemente la primera pieza musical realizada únicamente con ondas sinusoidales generadas con un osciloscopio.

A partir de ahí surgieron centenares de obras, entre ellas clásicos de la contemporaneidad como Gesang der Jünglinge (1956), Kontakte (1960), Hymnen (1967) o el enorme e irregular ciclo Licht, comenzado en 1977 y finalizado solo en el 2005.

La influencia de Stockhausen es inmensa y una buena parte de lo que se llamó kraut

rock la recibió en mayor o menor medida. Eso no impide que fuera un personaje controvertido. Para empezar, vivía en su propio mundo, plagado de ideaciones místicas algo confusas. Para seguir, retenía los derechos de casi todas sus obras y las editaba a unos precios estratosféricos. Y, como consecuencia de ese volar por encima del bien y del mal, podía permitirse decir que los ataques contra las Torres Gemelas habían sido “la mayor obra de arte”. Diabólica, aclaró luego, pero inmensa. El personaje y su obra no tienen por qué ser idénticos.

Buenas prácticas, mejor cultura

07 Dic 2007
14:44 
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Dentro de pocos días se conocerá el nombre del nuevo director del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid (MNCARS en su horrísono acrónimo oficial). Esto no excitaría más que a los muy aficionados si no fuera porque este nombramiento marcará una cesura en la forma en que se rigen nuestras instituciones culturales. Y cualquiera ve a su alrededor como cada vez hay más museos, centros y auditorios propiedad pública. Pagados con nuestros dineros.

Hasta el momento, los nombramientos y ceses en estos lugares han sido puramente digitales. Y así, puede suceder que una consejera de comunidad, Consuelo Ciscar, licenciada en Empresariales, pase a dirigir uno de los principales centros de arte españoles (el IVAM valenciano), simplemente porque había de buscarse acomodo a una zaplanista defenestrada. O que un cambio de gobierno en Galicia signifique la expulsión inmediata del director del CGAC, Miguel Fernández Cid. O que se ningunee a la directora del CAAM de las Palmas, Alicia Chillida…

Así no hay institución que funcione. Como me decía con algo de sorna Norman Rosenthal, director artístico de la Royal Academy de Londres: “Mira, mi problema con el Reina Sofía, es que cada vez que llamo se pone una persona diferente”.

¿Pero en qué país vivimos? Todo esto tiene un tufo decimonónico casi irrespirable de puro anacrónico. Solo ahora y tras la publicación de un Documento de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte por parte de las principales asociaciones profesionales del sector, el actual director general de Bellas Artes, José Jiménez, se ha decidido a dar el salto.

La dirección del Reina Sofía será elegida en convocatoria pública (29 personas se han decidido a optar al puesto) por un comité de expertos en principio independientes. Dispondrá de un tiempo en el que trabajar y de la independencia indispensable para hacerlo.

Seríamos muy pánfilos si pensáramos que una transición de este porte se lograría de forma arcangélica e impecable. Por supuesto que no es así. Hay diarios que parecen querer boicotear la elección; algunos de los métodos empleados no son perfectos… Pero el paso se dará y se aplicará a otras instituciones dependientes del ministerio. Excepto el Museo del Prado, todo sea dicho.

¿Seguirán el ejemplo comunidades y ayuntamientos? Al principio no es probable, resulta fastidioso renunciar a los pesebres. Solo Canarias se ha pronunciado a favor. Pero lo acabarán haciendo. Nuestra cultura no merece ser tratada como una ramera que se ofrece al primer amiguete necesitado.

Nuevos Modelos, nuevas situaciones

01 Dic 2007
11:32 
Compartir: facebook twitter meneame delicious

En la industria de lo cultural, como en la de cualquier otro ámbito económico, existe desde siempre un axioma: la aparición y aplicación de nuevas tecnologías trae consigo nuevos modelos de negocio. Y ahora, lo mismo que sucedió con el descubrimiento de la pintura al óleo, la imprenta de tipos movibles, la fotografía, el cine, la radio, la televisión o los discos, estamos en uno de esos momentos pivotales.

Aunque, como entonces, haya quien prefiera o enterarse y sigue peleando por modelos superados. Utilizando para ello desde la coacción hasta las influencias menos confesables.

La pasada semana hablábamos en este diario con Einstürzende Neubauten, la banda prototípica del Berlín post-punk y una de las más influyentes en lo que entonces se conocía como industrial. Un grupo que nunca transitó las vías habituales del pop-rock. Si uno mira su discografía, resulta muy aparente que rehusaron siempre no ya firmaron una discográfica establecida, sino incluso repetir con sellos independientes. Solo cuando cayó el Muro, que los Neubauten consideraron también una cesura en su propia actividad, aceptaron ligarse a Mute, todavía en manos del gran Daniel Miller. El hecho de que Mute, comprada por EMI, se negara a pagar la producción de su siguiente disco, solo demuestra que la actitud anterior del grupo era la ajustada.

Por supuesto, Neubauten no iban a conformarse o a llorar por las esquinas. Simplemente, decidieron ponerse en manos de sus seguidores. Y la cosa ha funcionado. Lo suficiente como para permitirles seguir grabando, creando, viviendo de su trabajo.

El sistema de la cultura ha cambiado radicalmente. Hay una cultura para quienes no están especialmente interesados en la cultura, sino en su espectacularización. Es la de los grandes números, de los súper-éxitos, de las mega-exposiciones. Pero lo que realmente mantiene viva la cultura y el entretenimiento no son los 52 Nº 1 de cada año, sino los miles de acontecimientos que se producen a niveles discretos, solo aparentes en música cuando millones de personas acuden cada año a festivales con grupos o estilos que jamás aparecen en las listas.

La Gran Industria decreta que Radiohead han fracasado en su venta voluntaria por Internet porque en vez de ganar, digamos, dos millones de euros, solo habrían vendido un millón. ¿Alguien se ha preocupado de preguntar al grupo si esas ventas les satisfacen? No. Asumen que unos artistas piensan en los mismos términos que una compañía multinacional. Por suerte, eso no es así. Los artistas, hoy, pueden relacionarse directamente con su público, dejar que este se convierta en participante de una situación y no solo en receptor pasivo de un espectáculo. Ese es el mundo en cambio que vivimos.