Cosas del 2007
¿Repaso del año? Aparte de Público, de suma importancia para quienes hacemos estas Culturas (y esperamos que de alguna para quienes lo leen), puede que las dos noticias más trascendentes en el solar patrio vengan de la misma fuente, el gobierno de la nación. Una es buena y la otra nefanda. Una casi desconocida por la gente y la otra reprobada por la inmensa mayoría del personal. Por un lado la elección del nuevo director del Reina Sofía, primera realizada en España con criterios no digitales, y por otro la imposición del canon, de suyo muy digital.
¿Cómo es posible que el mismo ministerio pueda dar muestras de un espíritu democrático y contemporáneo delegando en expertos un nombramiento como el Manuel Borja Villel y garantizando su libertad de acción, para luego hacer oídos sordos al 90% del pueblo que no desea una tasa publica gestionada de manera privada por la SGAE? ¿Misterios de la política? No. Por un lado, en el ministerio corren vientos racionales e informados, por otro, en el gobierno se creen más en deuda y tienen más temor a unos cuantos creadores montados que respeto al público miserere que le votó un 14 de Marzo. Ya se verá si esos dos millones de abstencionistas vocacionales vuelven a acercarse por las urnas. Cosas como esta influyen.
En otro orden de cosas el año ha sido curioso. En casi todas las áreas, mucho de lo hasta hace nada puro underground, se ha situado en un nuevo plano que, sin llegar a lo elefantiásico-grotesco, se dirige a unas minorías muy pobladas. En España tenemos a Max hecho un Premio Nacional, a Angélica Lidell en el Centro Dramático Nacional, a Bigalondo saltando de festival en festival, a Humbert Humbert ganando adeptos, a Joaquín Reyes & Co. vacilando en un canal de número… Fuera de aquí sucede un poco lo mismo.
Esto es significativo. Quizás se haya consolidado un nuevo segmento en los distintos niveles donde se desarrolla la cultura/entretenimiento. Tenemos la actualmente disparada espectacularización del evento “masivo”, capaz de homogenizar entidades tan heterogéneas como Bruce Springsteen, Bisbal o Paul Potts. La reacción del público es casi la misma en todos los casos, condicionada por algún tipo de estupor. Se sigue discutiendo sobre si esto es sano u otra forma de alienación. En cualquier caso, esta muchedumbre es la mayoría conducida a la repetición del mínimo común denominador. Pero ya no está sola.
Otros, millones, acuden cada año a conciertos o abarrotan festivales de grupos que por si mismos igual no llenan un polideportivo pero que unidos logran atraer multitudes muy considerables. Por cada concierto de The Police hay un FIB o un Primavera y los conciertos en salas se cuentan por miles.
La irrupción de nuevas tecnologías (P2P, información instantánea, creación de comunidades diseminadas, baratura de las herramientas de creación…) ha generado un nuevo circuito, más o menos independiente pero con otros planteamientos y estrategias. Hace años era un sub-mundo insignificante pero hoy ha demostrado potencia suficiente como para sobrevivir en sus propios términos económicos y creativos. A veces la Academia los reconoce y los grandes toman nota. Pero no es necesario. Se juega en otro lugar. Fácil de encontrar.
Feliz 2008.










