El gran error de las políticas económicas de la socialdemocracia europea

Vicenç Navarro

Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
La Eurozona tiene un problema gravísimo: la falta de crecimiento económico, que está afectando muy negativamente a cada una de las economías de los países miembros y también a la economía mundial, pues la economía de la Eurozona representa el 17% de la economía mundial. En realidad, según los últimos datos disponibles, la Eurozona está en peligro de entrar en la tercera recesión, desde que la crisis se inició en 2008. ¡Todo un récord!

Las causas de ello son fáciles de ver siempre y cuando uno no esté cegado por el dogma neoliberal que controla el pensamiento dominante, el cual se ha reproducido (y, sorprendentemente, continúa reproduciéndose) en los mayores medios de información y persuasión del establishment político-mediático de la Eurozona y de cada uno de sus países miembros. Una de las principales causas (como algunos de nosotros hemos indicado desde el principio de la Gran Recesión) es la falta de demanda doméstica causada por las reformas neoliberales, que han redistribuido las rentas del mundo del trabajo al mundo del capital (hegemonizado por el capital financiero). La evidencia es tan robusta que economistas que gozan de una gran reputación dentro del establishment político-mediático europeo, como el “senior economist” del Financial Times, el Sr. Martin Wolf, lo están reconociendo por fin. En un artículo publicado hace unos días, este columnista del principal diario financiero del mundo anglosajón reconoce que el mayor problema que tiene la economía de la Eurozona es la falta de demanda doméstica (ver “Reform alone is no solution for the eurozone”, 22.10.14, p.9). Este economista muestra como en la segunda parte del 2014, la demanda en la Eurozona está siendo mucho menor que la demanda que existía al principio de la crisis en 2008.

¿Por qué la demanda ha bajado?

De nuevo, la causa de este descenso es también fácil de ver. Las políticas públicas neoliberales, que se conocen en el lenguaje económico como “reformas estructurales”, son responsables de esta reducción de la demanda. Estas reformas incluyen reformas del mercado de trabajo encaminadas primordialmente a reducir los salarios. Es lo que se conoce en la narrativa neoliberal con el término “desregular los mercados de trabajo”, que quiere decir facilitar el despido de los trabajadores por parte de los empresarios. Además de estas reformas del mercado de trabajo, tales “reformas estructurales” contienen otras medidas como la reducción del gasto público social y la dilución de la protección social, que también tienen como objetivo debilitar al mundo del trabajo. Como consecuencia de estas reformas, las rentas del trabajo como porcentaje de la totalidad de las rentas han ido disminuyendo en todos los países de la Eurozona, y con ello la demanda doméstica (que depende primordialmente, en cualquier país, de la masa salarial).

Los datos existentes que apoyan esta lectura de la realidad son robustos y convincentes para todo aquel que no esté imbuido del dogma neoliberal, dogma totalmente impermeable a los datos. Es más, esta reducción salarial y, por ende, reducción de la demanda, con la consecuente reducción del crecimiento económico, va acompañada de un enorme crecimiento de las rentas derivadas del capital, y muy en particular del capital financiero (en parte como consecuencia de la necesidad de que la gente se endeude, al disminuir sus salarios), el cual, al no conseguir suficiente rentabilidad en la economía productiva (que está en recesión), invierte en actividades especulativas, creando el capitalismo de casino que ha llevado al establecimiento de burbujas y a su explosión, creando la crisis financiera y el enorme problema de falta de crédito, lo cual contribuye –además de la bajada de salarios– a la paralización y regresión de la economía. Este es el círculo vicioso del que algunos hemos estado alertando desde hace tiempo.

¿Por qué se reproducen las crisis en la Eurozona? Las causas políticas

La mayor causa de esta situación es la conversión de la socialdemocracia europea a los principales pilares ideológicos del neoliberalismo. Los partidos conservadores y liberales han promovido las políticas neoliberales como parte de su compromiso y dependencia con el mundo del capital (las grandes empresas, incluyendo las financieras). Así pues, las políticas públicas de estos partidos han conseguido lo que el mundo del capital siempre ha deseado, es decir, el debilitamiento del mundo del trabajo, consiguiendo así las rebajas salariales, el debilitamiento de los convenios colectivos, la destrucción de la protección social y otras medidas que han ido consiguiendo exitosamente durante estos años de crisis. Su comportamiento ha sido, pues, predecible.

Pero el gran cambio en el panorama político europeo ha sido el de los partidos socialdemócratas, que no solo han sido seducidos por los supuestos méritos de las llamadas “reformas estructurales”, sino que se han convertido en sus promotores. Estos partidos han aceptado, por ejemplo, que fueron tales “reformas estructurales”, realizadas por el gobierno socialdemócrata del Sr. Schröder (las famosas reformas Hartz realizadas entre los años 2003 y 2005), las responsables de la recuperación y el gran éxito de la economía alemana. Este argumento es presentado constantemente por portavoces no solo de partidos conservadores y liberales, sino también de partidos socialdemócratas (véanse las recientes declaraciones de Manuel Valls en Francia y Matteo Renzi en Italia).

¿Dónde está la evidencia de este éxito de las “reformas estructurales”?

He escrito extensamente cuestionando el éxito de las “reformas estructurales. Es de agradecer que nada menos que el Sr. Wolf admita, por fin, que de éxito tuvieron muy poco. En realidad, añade Wolf, empeoraron la situación. Léanse el artículo y lo verán. ¡Por fin se ve que el rey está desnudo! Como bien señala este autor, la demanda doméstica, como consecuencia de las reformas estructurales, permaneció estancada, apenas creció anualmente. Los únicos sectores que se beneficiaron de la reducción salarial fueron los sectores exportadores, que vieron su competitividad favorecida por dicha reducción de los costes salariales, lo cual –como bien señala Wolf– reforzó la dependencia de la economía alemana del sector exportador y de la demanda exterior, no doméstica. El estímulo interior, de carácter doméstico, apenas existió, pues además de la bajada de salarios, la “reformas estructurales” incluyeron una reducción del gasto público, reduciendo con ello la demanda, no solo la privada, sino también la pública. Y, para mayor muestra de fracaso, el Sr. Wolf muestra que la productividad alemana apenas creció desde que se inició la crisis. ¿Dónde está, pues, el éxito?

El principal indicador que se muestra como éxito de las “reformas estructurales” es el bajo desempleo, un 4,9%, dato que ha sido mostrado miles de veces por los defensores de tales reformas en España (donde el desempleo es de un 24%) como señal de que estas deben también realizarse aquí. Como consecuencia de esta creencia, las “reformas estructurales” se han ido aplicando en España desde el gobierno Zapatero, y el desempleo no ha disminuido. Todo lo contrario, ha aumentado. Un dato olvidado en la defensa de estas reformas es que el bajo desempleo de Alemania tiene poco que ver con ellas, pues se debe al poder de los sindicatos alemanes, que han impuesto, como solución al desempleo, compartir y distribuir el tiempo de trabajo, en lugar de eliminar puestos de trabajo. Lo que las “reformas estructurales” han conseguido, en cambio, ha sido aumentar la precariedad en el mercado de trabajo español.

A la luz de estos datos, parece más que sorprendente que los gobiernos socialdemócratas de Valls y Hollande en Francia, y de Renzi en Italia, estén todavía enfatizando la necesidad de realizar tales reformas. Esta sorpresa es incluso mayor, pues podrían desarrollar políticas públicas alternativas. Añadiendo el PIB de Francia al de Italia, suman el 37% del PIB de la Eurozona, que es un porcentaje mayor que el 28% que representa el PIB de Alemania. El peso económico que tienen es mayor que el alemán. No se entiende, por lo tanto, por qué ambos gobiernos socialdemócratas no se oponen al liderazgo del gobierno alemán, hoy máximo impulsor de las “reformas estructurales”. La única explicación posible es que se creen el dogma neoliberal y lo aplican. Y ahí está la explicación: la socialdemocracia europea, incluida la española, no ha roto todavía con el neoliberalismo. Y ahí está el problema que está silenciado en los círculos próximos a la dirección del PSOE.

En realidad, cuando yo escribí un artículo crítico con la falta de autocrítica del PSOE durante la última campaña electoral, precisamente en este punto, el artículo fue vetado en uno de los fórums, la revista Sistema, que se consideran de izquierdas dentro de ese partido.

Incluso el FMI y el BCE admiten que se equivocaron

Dos últimas observaciones. Jack Rasmus, uno de los economistas más interesantes hoy en EEUU, acaba de publicar un artículo en CounterPunch (una de las revistas progresistas más interesantes de aquel país) titulado “The Eurozone’s ‘New Austerity Model’” (21.10.14), en el que analiza los cambios que las reformas estructurales han ido experimentando a lo largo de la crisis, señalando que el fracaso tan rotundo de tales políticas está originando un cambio de opinión entre sus promotores (que van desde el FMI al Banco Central Europeo), de manera que ahora admiten el desastre de haber enfatizado la austeridad del gasto público, revirtiendo su postura y aconsejando ahora, incluso, políticas de estímulo económico a base de inversiones públicas en infraestructuras. Ahora bien, Jack Rasmus señala, con razón, que este cambio se ha hecho a costa de intensificar todavía más la necesidad de mantener las reformas laborales encaminadas a debilitar todavía más al mundo del trabajo, y todo ello como manera de conseguir una devaluación doméstica (al no poderse conseguir una devaluación mediante la moneda) y así lograr la recuperación a través del aumento de las exportaciones, medida que se ha mostrado intensamente que no resuelve la situación, pues el eje central de cualquier recuperación es la demanda doméstica, que continúa estancada, pasando de una lentísima recuperación a otra, sin resolver el problema. De ahí que sea fácil de ver que ni Valls ni Renzi lograrán su recuperación. Y si no lo cree, espere y lo verá.

Nota aclaratoria. Manuel Valls está equivocado: Olof Palme no fue un socioliberal

Leo hoy con estupor que el Sr. Valls, que se autodefine como el gran reformador del partido socialdemócrata francés, puso a Olof Palme como su gran inspirador. Tengo que admitir que he tenido que leer la frase dos veces. Conocí a Olof Palme, por quien siempre tuve una gran estima. Y encuentro repugnante que Valls diga que se ha inspirado en su figura y en su gobierno. Valls, con su proximidad y servilismo al gran capital francés, está en las antípodas de Palme. Palme, de procedencia aristocrática burguesa, viniendo de una de las “mejores familias” de Suecia, era odiado por la burguesía pudiente del país, refiriéndose a él, en más de una ocasión, como un “traidor a su clase” (expresión que, aun cuando intentaba ser insultante, Palme tomaba como un cumplido, agradeciéndoles que lo definieran así). ¿Ven al Sr. Valls en una situación semejante?