Deudas como panes

25 Jul 2015
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Jezabel Goudinoff y Javier Lechón
Miembros de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda

Te amenaza, te maltrata, te desprecia, te humilla, te infravalora, te explota, te ordena obediencia, te aísla, te empequeñece para sentirse superior, te hace creer que no eres nadie, que fracasarás…

El acoso escolar y la deuda financiera pueden parecer realidades completamente distintas, sin embargo, el cortometraje Em deus 3000 entrepans [Me debes 3000 bocatas] muestra como en realidad se trata de la misma relación de dominación y sumisión aplicada en contextos distintos. El cortometraje del Observatori del Deute en la Globalizació y la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda prescinde de tecnicismos financieros para explicar la deudocracia que domina el mundo mediante una historia de bullying en un instituto. Realizado por TransformaFilms, Em deus 3000 entrepans es una herramienta pedagógica que pretende incidir en los valores y en la educación financiera de la población para construir una sociedad más justa y libre.

La deuda, como el bullying, es simple abuso de poder. Es el mecanismo que permite a los más fuertes de una comunidad mantener y ampliar su posición de dominio a costa de los más débiles. La deuda es el alimento de nuestras sociedades jerárquicas y desiguales. La gestión de la crisis de la deuda europea, y muy especialmente en el caso de Grecia, demuestra que las reacciones de los acreedores no son respuestas racionales que respondan a criterios económicos, sino a posicionamientos políticos de dominación. En nombre de la disminución del déficit presupuestario se imponen medidas que se sabe que aumentarán la deuda (y el sufrimiento). A medida que los países se empobrecen, se hace más evidente que la deuda es insostenible y que no se podrá pagar. Endeudarse más para pagar la deuda es un contrasentido económico que entiende hasta un niño, o el propio FMI.

La solución al drama de la deuda es una cuestión política, no económica. Insistir en austeridad homicida sólo persigue mantener la jerarquía de la UE, saquear toda riqueza en beneficio de las élites, humillar a los países periféricos y anular a los que intenten hacer políticas alternativas. Los mandamases de la Unión Europea insisten en medidas “austeritarias” para demostrar su fuerza, porque pueden hacerlo y nadie se lo impide. El profesorado y la dirección del instituto no vigilan para que no se produzcan abusos en las clases. Obcecados, insisten en que hagamos los mismos deberes que nos han llevado al desastre actual.

Las instituciones europeas han abandonado la ciencia (política, económica, social…) y como fanáticos religiosos, han sacrificado la democracia y los derechos humanos en el altar de “los mercados”. En el claustro de la UE no hay, ni se espera que haya, la cooperación necesaria para encontrar una solución global al problema de la deuda. Una Unión Europea que no es tal, la arquitectura del euro y las instituciones europeas fomentan la competición financiera entre sus miembros. Ignoran que competir implica forzosamente que uno gane y todos los demás pierdan. La UE ignora también que encerrarse en sus posiciones y negarse a encontrar una solución política a los problemas comunes, abre las puertas al fascismo y la barbarie.

Las guerras ya no son estrictamente necesarias para apoderarse de los recursos y las riquezas ajenas, para conseguir el dominio político sobre otros territorios ni para imponer el comportamiento más conveniente. La deuda hace el trabajo sucio. Como canta Vetusta Morla en la canción Golpe Maestro, “cambiaron paz por deudas”, pero el refinamiento metodológico no puede esconder la naturaleza violenta de nuestras relaciones económicas. Un capitalismo global que sobradas veces ha dado muestras de ser injusto hasta la crueldad. Querer cambiar esto implica cuestionar muy sinceramente nuestra escala de valores y en qué sociedades queremos vivir. Y eso puede asustar.

A pesar de su sufrimiento, las víctimas de bullying a menudo aceptan el maltrato y la sumisión como una forma de integración al grupo, como un mal que es necesario tolerar si no se quiere estar solo ni mostrar debilidad. Clara, la protagonista del cortometraje, cómo sucede a menudo con las víctimas del bullying, no cuenta a nadie lo que le ocurre en el instituto. Está paralizada por el miedo y se esfuerza por satisfacer los insaciables deseos de sus agresoras con la leve esperanza que algún día cesarán. Pero el acoso escolar, cómo la deudocracia, no se soluciona poco a poco ni por sí solo. Hay que enfrentarse al miedo, romper las relaciones de dependencia y buscar la solidaridad de aquellas personas y organizaciones que pueden ayudarnos a salir de la espiral de violencia.

Si sufres acoso, busca ayuda para salir, pero nadie puede dar el primer paso por ti. Buscar una solución implica enfrentarse al miedo de verse solo ante una situación nueva, a romper ciertas reglas establecidas. Enfrentarse a personas que aunque tienen mucho poder, también tienen miedo, como tú y como yo. Para acabar con los múltiples conflictos vinculados a la deuda en el mundo, es imprescindible que cada vez más personas y pueblos digan ya basta, NO, OXI, NEIN… Tantas veces y en tantos idiomas como sea necesario. O nos enfrentamos a los abusones o abusarán de nosotros sin fin.


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