¿Cómo acabar con el terrorismo islamista?

Mussa’ab Bashir
Periodista gazatí. Analista de Asuntos Israelíes y ex prisionero político palestino

El terrorismo islamista es un problema que no está afectando sólo a las sociedades árabe-musulmanas sino también las sociedades occidentales. Las entretejeduras históricas, geopolíticas y la colonización y descolonización del mundo árabe-musulmán han hecho que las sociedades “occidentales” tengan minorías árabe-musulmanas.

Para “secar las fuentes del terrorismo” se necesita ir mucho más allá de la opción de seguridad. Se necesita saber cuáles son las fuentes intelectuales de este modo de pensar nefasto y oscurantista.

Hay bastantes imanes que absorbieron esta ideología islamista basada en una lectura superficial, miope y regresiva del Corán, pero sobre todo basándose en una lectura que se articula con libros del legado islámico a los que los poderes políticos antiguos, y actuales, en el mundo árabo-musulmán les dieron un estatus casi sagrado.

Ejemplos de estos libros son Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim, considerados por muchos clérigos musulmanes sunnís como “los libros más correctos después del Corán” y que contienen contienen docenas de miles de Hadith (dichos del profeta Muhammad). El hecho de que los escritores de estos libros nacieran dos siglos después de la muerte del profeta del Islam es una evidencia de la intervención política para justificar muchas atrocidades y, desgraciadamente, muchas atrocidades cometidas por Daesh fueron copiadas literalmente de estos dos libros.

Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim no son las únicas “fuentes”. Los libros de interpretación del Corán como los de Al-Yalalain, Ibnu Kazir, Al-Qurtubi, Sayid Qutb…etc, tienen un enfoque oscurantista que se traduce en el modos operandi de Daesh en Iraq y Siria. La lista de libros de jurisprudencia, Fatwa (instrucción u opinión religiosa) e interpretación es muy larga.

Todas las facultades de jurisprudencia islámica en las universidades públicas o privadas en los países árabes enseñan el mismo tipo de libros. Instituciones religiosas muy importantes en el Islam sunní como Al-Azhar en Egipto, la Universidad Azaituna en Túnez, la Universidad Al Qarawiyyine en Marruecos o, evidentemente, las instituciones religiosas de Arabia Saudí y las monarquías árabes del golfo pérsico, enseñan la jurisprudencia de la “superioridad” de los musulmanes sobre los demás y el odio a todo lo que no es musulmán. Hablan de la “tutela” de los hombres sobre las mujeres, de obedecer al gobernador musulmán aunque sea un tirano porque es mejor que ser gobernado por un no musulmán. Se trata de una jurisprudencia homófoba que considera la música un pecado, sin embargo no considera pecado la esclavitud o matar a los infieles. Esto último necesita el acuerdo del gobernador, lo que significa que no está mal según esta jurisprudencia perversa.

Pero lo peor de todo es que los pensadores islámicos iluminados son perseguidos, encarcelados y asesinados en dichos países, muchas veces con el beneplácito de los gobiernos. Entre los casos más destacados se encuentra el pensador islámico iluminado egipcio Farag Foda quien comprobó que el Corán y el sentido común no son contradictorios y que la jurisprudencia dominante es falsa. Foda fue declarado infiel por los imames de Al-Azhar y luego asesinado en 1992 por dos extremistas. Uno de estos extremistas fue condenado a muerte y el otro a cadena perpetua, aunque finalmente fue puesto en libertad en 2012. En Arabia Saudí el pensador Hasan Al-Maliki fue detenido y torturado varias veces por la policía religiosa de la monarquía saudí por haber sido “un coranista”, es decir, una persona que tienen en cuenta solo el Corán y no los libros del legado islámico.

Muhammad Abdallah Nasr, un joven graduado de Al-Azhar, fue el imán en la plaza Tahrir durante el levantamiento popular egipcio contra el dictador Mubarak. Detrás de él hombres y mujeres rezaban codo con codo, literalmente, algo que contradice la jurisprudencia de Al-Azhar. Muhammad Abdallah Nasr fue atacado por los Hermanos Musulmanes y por Al-Azhar debido a sus opiniones que se basan en el Corán y que abogaban por la libertad de fe, por las libertades personales y por que el velo no fuera ninguna obligación para la mujer musulmana. Su postura fue firme al exponer las contradicciones y atrocidades en los libros del legado islámico y en varios debates con sheijs e imanes de Al-Azhar dijo que estos libros son el tronco común entre Al-Azhar y Daesh. El jefe o el gran Sheij de Al-Azhar lo consideró por ello “un enfermo perdido”. Muhammad Abdallah Nasr fue finalmente detenido hace unos meses por las autoridades egipcias y condenado a cinco años de cárcel por “desprecio a las religiones”.

Sorprendentemente cada año, y sobre todo durante el mes de ayuno de Ramadán, muchos imanes oscurantistas y corruptos vienen a Europa, incluida España que es para ellos “la tierra del paraíso perdido de Al-Andalus”. Llegan para predicar su versión antihumana de la religión. Obtienen visados sin problema, entran, se mueven y propagan su veneno sin ninguna restricción. En España hay una cadena de televisión que se encuentra en “el paraíso perdido” que difunde este tipo de jurisprudencia.

Por esto mismo, lo que sorprende todavía más es la pregunta inocente de cómo se radicalizaron los chavales que mataron a 15 personas en Catalunya.
Si los gobiernos occidentales saben que los nidos del terrorismo son las instituciones de los Estados clientes o socios entonces estamos ante un desastre. Pero si no lo saben entonces el desastre es peor, como dice el proverbio árabe.

Los terroristas que mataron a personas en España, Francia, Inglaterra y otras partes de Europa son europeos: o nacieron en Europa o estudiaron en las escuelas europeas. Así que es legítimo hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué valores aprendieron estos jóvenes en las escuelas? ¿En el seno de qué tipo de familias crecieron? ¿Qué tipo de intervención social se hizo con estas familias? ¿Podemos decir que es consecuencia de un horroroso fracaso de los sistemas educativos, sociales y de integración?

Propuestas
Los gobiernos deberían revisar sus relaciones y políticas con los países árabe-musulmanes que institucionalizan el terrorismo, pero, lo más importante es que se inviertan más en educación.

Hay que facilitar la creación de foros alternativos. Las ideas del islam civilizado tienen que formar parte de charlas en centros culturales y otros lugares donde se debe invitar a los y las musulmanas a que participen activamente. Las mezquitas deben obtener permisos y sus imanes deben acudir a encuentros en centros culturales sobre el tema. Así se puede desmantelar y anticipar los focos del terrorismo.

Las obras y predicaciones de pensadores islámicos como Muhammad Shahrour, autor del libro “Secar las fuentes del terrorismo” (2008) que escribió muchas obras con un interesante enfoque del Islam, Adnan Ibrahim, el lucido predicador que vive en Europa, entre otros, son un magnífico material para incluir en asignaturas y pueden salvar el futuro de muchos niños y niñas musulmanes, además de las vidas de otras personas.

Estos pensadores valdrían también para formar a aquellas personas (musulmanas o no), como gente trabajadora social, que estén encargadas de atender las necesidades de las numerosas familias de migrantes que llegan.

Y no nos olvidemos de las mezquitas, las iglesias y otros lugares religiosos. Todos deben estar en el foco de atención, deben atestar ante el Estado una postura clara en cuanto a la violencia y la aceptación mutua. No entiendo por qué no se aplica la fuerza de la ley sobre unos imanes que llevan años llamando al odio pero sí se aplica sobre supuestos difamadores, personas que presuntamente enardecen el terrorismo en redes sociales.