Opinion · Voces del mediterráneo

La guerra de Israel contra los abogados defensores de derechos humanos. El caso del abogado Salah Hamouri

David Joseph Deutch

Coordinador de Advocacy e Incidencia | Addameer Prisoner Support and Human Rights Association

El abogado palestino-francés Salah Hamouri,
El abogado palestino-francés Salah Hamouri,

El pasado 26 de febrero, el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, firmó la renovación de la detención administrativa del abogado palestino-francés Salah Hamouri, que fue condenado a cuatro meses más de prisión después de pasar meses en la cárcel.  Basado en informaciones secretas, Salah fue declarado una amenaza para la seguridad según un tribunal militar israelí. Un capítulo más de la persecución a la que está siendo sometido Hamouri desde que tenía 16 años así como una prueba más de las políticas de Israel contra todo aquel que trabaje en la denuncia de las constantes violaciones de derechos humanos que comete.

Desgraciadamente, el caso de Salah Hamouri no se aleja demasiado de la norma. Un activista de los derechos humanos encarcelado en múltiples ocasiones a lo largo de los años; una familia deshecha y un individuo comprometido con la lucha por la igualdad y la auto-determinación. Estos son temas comunes en el contexto palestino.

Aquí, la diferencia es el pasaporte que ostenta el individuo, el lugar donde se encuentra su familia y las opciones que tiene. Salah tiene doble nacionalidad, francesa-palestina. Su esposa y su hijo tienen prohibido entrar en Palestina y por ello viven en Francia. Él siempre ha tenido la posibilidad de irse, sin embargo, Salah se ha quedado en la tierra donde nació y, desde sus días de estudiante, ha estado involucrado en  el activismo, con diferente grados de intensidad. Ha sido arrestado varias veces y ha pasado largos periodos de su vida en las cárceles de la ocupación.

Desde 2014, trabaja en Jerusalén con la Addameer Prisoner Support and Human Rights Association [asociación de apoyo a los presos políticos y de defensa de los derechos humanos] como investigador de campo. Esto significa que tiene la responsabilidad de reunirse con ex-prisioneros y detenidos, y con sus familias, para determinar las circunstancias de su detención y las condiciones en las cuales fueron retenidos. Además de ello, días antes de su arresto, Salah aprobó el examen final para la admisión al Palestinian Bar Association [el Colegio de Abogados Palestino] para poder ejercer como abogado.

Fue arrestado el 23 de Agosto en su domicilio en Kufar Aqab. En mitad de la noche, soldados israelíes llegaron a su puerta, asaltaron la casa confiscando ordenadores y teléfonos. Su detención fue formalmente prorrogada ese mismo día para que las fuerzas de ocupación pudieran examinar los dispositivos. Al no encontrar pruebas para formular cargos contra él, tras una segunda prórroga de la detención, el juez del Juzgado Central de Jerusalén ordenó que Salah fuera puesto en libertad bajo arresto domiciliario de 10 días cerca de Nazareth, se le prohibió estar en Jerusalén durante 90 días y se le impuso una fianza de 10.000 NIS (shekels israelíes), aproximadamente unos 2.400 euros. Como respuesta a tanta indulgencia, el Ministro de Guerra, Avigdor Lieberman, dictó una orden de detención administrativa.

El caso de Salah sintetiza perfectamente el verdadero motivo de la política de detención administrativa. Esa política supone la emisión de una orden de detención de 6 meses, que puede ser renovado continuamente sin cargos ni juicio. Lo emite el Ministro de Guerra para los residentes de Jerusalén, y el comandante de zona de Cisjordania para las personas con documentos de identidad de Cisjordania. La orden se basa en informaciones secretas proporcionadas por los servicios de seguridad. La detención continua más larga realizada al amparo de esta política duró unos 8 años, aunque hay personas que con esa política han estado entrando y saliendo de prisión durante 12 años. La política de detención administrativa se utiliza principalmente contra defensores de derechos humanos, periodistas, activistas y estudiantes.

Está claro que Salah ha sido señalado como blanco de la ocupación. Con la esperanza de encontrar cualquier ‘prueba’, su detención fue prorrogada en dos ocasiones. Cuando la búsqueda de posibles cargos resulto estéril, fue encarcelado arbitrariamente. Esta sucesión de acontecimientos plantea la pregunta de por qué el ‘expediente secreto’, que motivó su detención administrativa, fue convincente para Avigdor Liebermen pero no lo suficiente para que el fiscal formulara cargos.

Actualmente, hay 450 personas que se encuentran en detención administrativa. En 2017, se dictaron un total de 1.060 órdenes de detención administrativa. De estas, solo 379 eran órdenes nuevas. Esto significa que casi el 70% de las órdenes de detención administrativas dictadas eran para casos pre-existentes.

Como respuesta a la posibilidad de una detención potencialmente indefinida, los prisioneros decidieron boicotear a partir del pasado 15 de febrero todos los procedimientos relativos a la detención administrativa. Esto supone que no participaran, ni aceptaran tener un representante legal, en las vistas de confirmación, apelación o en cualesquiera otras vistas formales en relación con su detención. Salah ha tenido un papel activo en el boicot y ha sido la primera persona en rechazar representación legal y en no participar en la vista de renovación de su orden de detención.

A pesar de la posibilidad de no poder ver a su familiar en muchos años, Salah se mantiene desafiante. En diciembre, fue cambiado de la cárcel de al Naqab a la de Megiddo, una prisión mucho más estricta en cuanto al acceso a teléfonos, televisión y material de lectura. Ese cambio fue la respuesta a una entrevista que había concedido al periódico francés l’Humanité.

Salah tiene opciones que otros palestinos no tienen. Puede dejar atrás la ocupación y vivir sin sus barreras constantes a la vida y la libertad. Tiene voz, que puede ser oída en las calles de París y en toda España, más allá de los confines de una cárcel en la Palestina histórica. Pero lejos de querer escapar con ese privilegio, su sacrificio de permanencia es aún más admirable. Con la posibilidad de tener lo que la mayoría de los palestinos anhelan –la normalidad- Salah se ha quedado en la tierra donde nació, comprometido con la lucha por la justicia.

Al ser preguntado si quería enviar un mensaje sobre las campañas de solidaridad, contestó:

…¡Que sepáis que la cárcel no será el lugar donde el ocupante entierre nuestros sueños y esperanzas! Cada día somos más fuertes y estamos convencidos de que la resistencia es un derecho y un deber para todos nosotros. Solamente podremos alcanzar nuestros derechos, nuestra libertad y nuestra independencia mediante la Resistencia. Cada acción que llevéis a cabo [en Europa] es un rayo de sol que calienta nuestras oscuras celdas de prisión en este frio invierno.